Blog de notas

Publicado el Vicente Pérez

Estigmatización estudiantil

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A nivel planetario hay una sensación de inconformidad y manifestación civil que ha sido recogida y propulsada –partiendo de los albores de la occidentalmente llamada primavera árabe a finales del año pasado– por distintos medios de comunicación de bastante respeto. Son distintos los factores que confluyeron este año para que se despertara esa capacidad de cuestionamiento social sobre el orden de las cosas. Así en Wall Street se protesta como en la Puerta del Sol, por desigualdades económicas; Libia, Egipto, Tunez (entre otros) se sublevan por democracia, apoyados por potencias como Estados Unidos y Palestina se mueve por legitimar su ya establecida democracia, con la desaprobación de éstas potencias; Chile se manifiesta por mejor educación y con costos más justos; y a cada movimiento social se le da un eco global que genera esperanza, que a algunos les huele a utopía pero indudablemente se nota una conciencia social, unas demandas que deben ser escuchadas y apoyadas masivamente. ¿Cuál es la reacción general al respecto? Argumentos a favor de los árabes, que ellos también merecen democracia, que es loable el valor de los insurrectos; que es indiscutible que la facción neoliberal del capitalismo ha sido un fracaso, que hay más pobres que hace quince años (cuando la ONU inició un plan para reducir la pobreza), que hay que reconsiderar el modelo económico y propender por un mundo más equitativo… ¡suena tan políticamente correcto!, pero es intrigante la reacción de la sociedad misma en Colombia cuando las manifestaciones son en casa, pareciera que ahí los ojos se volvieran ciegos, los oídos sordos y el pensamiento sesgado.

A saber, incoherencias no faltan en el Estado cuando propone una agenda abierta en lo social, que lógicamente le permite a la gente sentir que puede expresarse porque son las preocupaciones del Estado. Y las reacciones del gobierno son un discurso de cajón que suena más a cortina de humo que a justificación: “la protesta estuvo infiltrada por la guerrilla”, “hay infiltrados de la guerrilla en las universidades”, “eso es propaganda terrorista”, bla bla bla… Basta con analizar las reivindicaciones indígenas, de los desplazados y de los estudiantes para entender que no piden nada exagerado, de hecho piden lo mínimo, y la estrategia para postergar la responsabilidad estatal es disuadir a la opinión pública con la consabida noticia de los disturbios, la violencia en las protestas, etc.

El miércoles hubo una multitudinaria manifestación estudiantil en todo el país rechazando una propuesta en contravía de las necesidades mundiales, más neoliberal, más clasista, más mediocre, y los estudiantes no piden universidad gratis, pero tampoco quieren la privatización solapada de un bien público. Sin embargo, mientras las noticias chilenas por aquí suenan bien, a mucha gente le parece que los estudiantes son una clase rebelde, irracional y con tintes de izquierda, como si ser de izquierda fuera un delito. Mas, el pueblo piensa, y no piensa mal, sólo es mal orientado, ¿por quién? ¡Por los de siempre!: los medios de comunicación sensacionalistas (principalmente noticieros de televisión) que, por ejemplo, en vez de explicarle a la gente por qué protestan los estudiantes, se limita a denunciar si hubo disturbios o no, a mostrar explosiones y presuntos infiltrados terroristas, reforzando su tesis con la cara oficialista del ministro del interior conjeturando que si hubo personas con papas bomba entonces la protesta estuvo infiltrada por la guerrilla y con tres sofismas deslegitiman una petición (que debería ser una exigencia) genuina de la población.

A todas luces la población estudiantil es el potencial de transformación de un país, y es muy positivo en el contexto de la reconciliación nacional, unirse a la población estudiantil consensuando los intereses estudiantiles con los generales. Contrario a esto, en un arrebato desesperado para omitir las iniciativas juveniles se adelanta un pesado movimiento de estigmatización estudiantil.

Estas pistas hacen sospechar si seguimos influenciados por las costumbres de esos tiempos feudales en los que nadie quiere un pueblo educado, porque mientras más educación halla, más se entiende, más se exige y menos se permiten las irresponsabilidades y absurdos de un Estado.

Y lo más curioso es que, como dice un artículo de la BBC, mientras en Chile se protesta por obtener un modelo más parecido al colombiano, en Colombia se protesta por evitar llegar al chileno. Alguien que me explique entonces por qué se apoya más la petición de allá, si en últimas se pide lo mismo…

A PROPÓSITO: es de resaltar la iniciativa de Manos Limpias promoviendo la indignación y la crítica responsable en Colombia.

@VicentePerezG

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