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Ya estamos en posconflicto

En algunos círculos académicos, empresariales y políticos se habla de la etapa de posconflicto para referirse a la fase posterior a los acuerdos que eventualmente se logren en La Habana, espero que sea así, entre el gobierno nacional y las FARC.

Dos cosas llaman la atención de esas discusiones. La primera más semántica, pero no por ello menos relevante, es la denominación “posconflicto” que considero errónea pues supone un idílico escenario en donde partimos del supuesto que solo hay un conflicto y lo acabos. En el mejor de los casos, luego de las negociaciones en Cuba se cerrará el mayor conflicto político del país, lo que se ha llamado también conflicto armado. Pero en términos claros esto no acaba de manera amplia los conflictos, mucho menos las amenazas en seguridad en donde no hay interlocutor validado y en tal sentido no se pueden llamar conflicto, como lo son las que suponen las bandas criminales, por ejemplo, que de hecho representan actualmente el principal problema de seguridad pública y ciudadana en el país, más que las guerrillas. Por eso creo que la mejor denominación sería “posacuerdos”.

Lo segundo que llama la atención de cierta manera actual de entender el mal llamado “posconflicto”, o lo que yo denomino la etapa posterior a los acuerdos, es pensar que hay ciertos asuntos que podemos preparar previo a los acuerdos y que lo demás será menester atenderlo una vez estos se den de manera firme.

Esta posición no solo es un poco ingenua sino que es peligrosa para el Estado pues la contraparte no lo ve de esa manera y ya está avanzando en su reconfiguración ante la eventualidad de los acuerdos. Por eso no es gratuito que en muchos lugares del país los miembros de las FARC, en especial aquellos renuentes a la desmovilización, ya estén negociando y finiquitando su paso a otros grupos, llámese guerrilleros o bandas, lo que explicaría la fortaleza reciente que comienza a tomar el ELN y su reactivación militar.

Lo claro es que el posconflicto es ya, y lo que muchos en las fuerzas armadas y el Ministerio de Defensa llaman los vacíos de poder que se van a generar con la desmovilización, no parece que ocurrirá, por el contrario, la transición armada está dándose de una manera tal que no exista un día acéfalo en el poder ilegal en los territorios, los reacomodos ya se están fraguando a manera de empalme ilegal, mientras el Estado está expectante previendo vacíos que tendría que llenar, los mismos que no parece se darán.

La institucionalidad debe entender que ya estamos en escenarios y acciones de posconflicto y que no se trata de prepararnos para luego, que se trata de atender estos asuntos ahora.

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