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Sobre la victoria de Santos

Por: SANTIAGO SILVA JARAMILLO (@santiagosilvaj)

El día de ayer, a eso de las 4:50 de la tarde, Colombia ya tenía bastante claro que Juan Manuel Santos sería su presidente por cuatro años más. En una votación menos apretada de lo que muchos analistas habían esperado, el presidente-candidato logró imponerse por unos 911 mil votos sobre su contendor, el candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga. Los sorprende es que Santos, que había perdido le primera vuelta ante Zuluaga y se había enfrentado a varios inconvenientes durante su campaña reeleccionista para imponerse sobre el uribismo, alcanzara la victoria con un poco más del 50% de los votos.

¿Cómo se explica la victoria santista?

Primero, veamos los cambios en el mapa electoral. Hace veinte días, en la primera vuelta de la votación presidencial, Zuluaga había obtenido la votación más alta en 16 departamentos, los consulados y en Bogotá, alcanzando 3.759.971 votos, mientras que Santos había obtenido la votación más alta en 17 departamentos, con 3.301.815 votos. El candidato del Centro Democrático se había asegurado los votos del interior del país, mientras Santos había ganado los de las costas caribe y pacífica y algunos de la periferia.

Pero de la repartición de los votos por departamentos destacaba un fenómeno: en donde ganaba Zuluaga la participación había sido alta, mientras que en donde ganaba Santos (sobre todo la Costa) la participación había sido bastante baja. De igual forma, la diferencia entre los votos que sacaba Santos en los lugares que ganaba sobre los que sacaba Zuluaga era sustancialmente mayor que la diferencia en los lugares donde ganaba Zuluaga sobre los que sacaba Santos.

La primera vuelta dejó claro que mientras el potencial de crecimiento de Zuluaga era reducido, si Santos lograba “sacar” a votar a las regiones en donde ganaba, tendría la ventaja.

Y en efecto, eso fue lo que pasó el 15 de junio, en la segunda vuelta presidencial colombiana. La costa Caribe, tan apática en primera vuelta, se volcó a las urnas. De igual forma, Santos logró ganar Bogotá e incluso competir en algunas de las regiones “zuluaguistas” por los votos.

Así, mientras Zuluaga dobló su votación de primera a segunda vuelta en Bogotá (pasó de 542 mil votos a un millón 70 mil votos), Santos se triplicó (pasando de 444 mil votos a un millón 337 mil votos). La campaña de Santos dirigió su atención a la capital casi al tiempo que se conocían los resultados de la primera vuelta; llevó a las calles a figuras como Gina Parody y los hermanos Galán, mientras conseguía el apoyo de Gustavo Petro y Clara López. Los votos de la izquierda y los independientes le permitieron sacarle una ventaja de algo más de trescientos mil votos en Bogotá a Zuluaga.

En la Costa, el reto fue llevar a la gente a las urnas. Para eso, Santos “apretó” a los congresistas costeños, que se aseguraron que la participación en departamentos como Atlántico pasara del 24% en primera vuelta al 41% en segunda o en Córdoba, donde la participación pasó del 36% en primera vuelta a 52% en segunda.

Finalmente, Santos logró ganar votos incluso en los “fortines” uribistaszuluaguistas, como Antioquia, donde el presidente casi triplicó su votación, frente a Óscar Iván Zuluaga, que duplicó la suya. Así, los antiqueños aportaron la nada despreciable suma de 704 mil votos a la victoria de Santos. Esos votos fueron, ante todo, en contra del candidato uribista.

Apostarle a Bogotá, sacar a los costeños a votar y presentarse como el voto “antiuribista” le permitió al presidente reelegirse. Y ahora, frente a las cenizas de una de las contiendas más difíciles y antagónicas que recuerden los colombianos, el nuevo-conocido presidente debe enfrentar los enormes retos que representan gobernar a Colombia.

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