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Riñas y narcisismos

Por: Luis Gabriel Merino (@luisgabrielmeri)

Una inundación de afirmaciones en pro de la tolerancia inundó las redes sociales y los medios después de los hechos contra los caricaturistas parisinos. Y bien que así sea, ya que la intolerancia es la génesis de una de las más comunes formas de violencia colombiana: la riña callejera.

Borges, que idolatraba el tema, escribió sobre la riña lunfarda: dos hombres se declaraban un duelo a muerte, a cuchillo, al son de una triste milonga. Pero de aquella riña por honor nos queda poco y lo que presenciamos a diario es una multiplicidad de malos encuentros ciudadanos. En los videos difundidos esta semana de taxistas furiosos que amenazan a sus pasajeros con cuchillo, hay muy poco de poético.

Según datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en Colombia la riña ha sido la principal manifestación de la violencia interpersonal y la principal causa de lesiones personales con objetos contundentes y armas blancas. Es un fenómeno que se presenta en mayor medida en el ámbito urbano, en lugares públicos y en la que está involucrados en su mayoría jóvenes solteros de 15 a 34 años, (aunque se ha detectado que la participación de la mujer ha ido incrementado).

Durante el 2013 en Colombia se presentaron 158.798 lesiones personales lo que significó una tasa de 337 sobre cien mil habitantes. Las constantes del fenómeno en los últimos 10 años son: en promedio se afectan 18 personas cada hora (12 hombres y 6 mujeres) y con mayor frecuencia en junio, julio y agosto, y los días domingo. Bogotá ocupa el primer lugar con 45.433 casos, le sigue Cali con 6.933 casos y Medellín con 6.490 casos. La tasa departamental más alta por cada 100.000 habitantes la tiene San Andrés (651,88) seguido de Bogotá D.C (592) y Casanare. Antioquia presentó una tasa de 215.64, ocupando el puesto 23. Las tasas más bajas las tuvieron Guainía (2,49) y Vaupés (7).

Freud utilizaba un concepto muy apropiado para referirse a las constantes rencillas entre países colindantes, “Narcisismo de las pequeñas diferencias”, y lo utilizó para explicar por qué la pulsión agresiva sale a flote especialmente con el vecino. Para el psicoanálisis la agresión es estructural: cierto grado de agresividad y odio nos acompañará mientras estemos vivos y en la mayoría de los casos la primera forma de expresarse es a través del vecino. La idea no es determinista. Aunque exista un impulso innato el sujeto siempre tendrá la posibilidad de elegir cómo, cuándo y en qué medida le abre la puerta a la pulsión. El conflicto siempre existirá, la diferencia radica en cómo se resuelve.

Para Freud una sociedad efectiva es aquella que logra enfatizar en normas que regulen los vínculos sociales y los encuentros entre los ciudadanos. De aquí la importancia de un sistema educativo que sepa enfatizar la diferencia y la tolerancia, pero también el límite y la norma. Es inevitable: un mayor desarrollo cultural exige a su vez un incremento en las restricciones de las pulsiones agresivas.

El panorama de seguridad en el postconflicto recaerá en la agudización de la violencia urbana. Las políticas públicas tendrán que ir dirigidas a regular la convivencia ciudadana, que será un tema más significativo después del énfasis que hemos hecho durante 50 años sobre la ruralidad de los grupos armados. Hay que revisar la pertinencia de las penas por lesiones personales, que según nuestro Código Penal son máximo de 12 años, aumentar pedagogía sobre utilidad y ubicación de las Unidades de Reacción Inmediata, profesionalizar cada vez más la fuerza pública y agilizar la atención en las líneas 123.

Es fácil culpar a la sociedad colombiana por resolver las diferencias de forma violenta. Y es más fácil hablar de la sociedad en tercera persona. Pero la sociedad colombiana somos nosotros. Es fácil vestirnos de tolerantes en una red social y opinar con mesura frente a eventos de otras latitudes. Lo difícil es traducir este pregón en pro de la tolerancia en un ejercicio real que implique una mejoría en la convivencia en nuestras calles, dejar a un lado el “narcisismo de las pequeñas diferencias” y entender que es más lo que nos une que lo que nos diferencia.

 

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