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Publicado el Bajolamanga

Qué viva la pólvora

Hoy martes 1 de diciembre de 2015 los habitantes de Medellín se dividen en dos, y no precisamente entre hinchas de Medellín y de Nacional, sino entre quienes no pudieron dormir por el ruido de la pólvora en la alborada y quienes tenemos “guayabo” de la parranda que nos pegamos anoche.

Y aunque los primeros, en medio de su ignorancia o de su voluntaria desmemoria, usen los términos indistintamente, la pólvora no es lo mismo que la alborada.

El término pólvora se usa de forma genérica en Colombia para designar esos dispositivos que al hacer combustión generan 3 tipos de efectos pirotécnicos. Sin embargo, en el país es tradicional el uso de la pólvora detonante (sonora), sobre la de luces (visual), y la de humo (fumígena).

Otra cosa es la alborada.

A diferencia de la pólvora que es un artefacto, la alborada es un evento. El “albor” designa la luz del alba, es decir, la primera luz del día antes de salir el sol.

La alborada es el amanecer de un nuevo día, de una nueva semana, de un nuevo mes, o incluso de un nuevo año.

En este caso mi querido trasnochado la alborada que no te dejó dormir es la de una temporada, la navidad, que se celebra en el mes de diciembre, la cual recibimos hace unas horas, y se repetirá dentro de un mes cuando recibamos el 2016.

Ahora bien mi querido trasnochado, después de este par de aclaraciones ¿es lo mismo la pólvora que la alborada? ¿La rabia es con la pólvora o con un evento que sucede todos los días al amanecer? ¿La rabia es con la pólvora que llena de humo la salida de un artista en el escenario o de un equipo de fútbol en el estadio? ¿La rabia es con la pólvora que ilumina los cielos cuando se inaugura o se clausura en evento de gran magnitud? O ¿la rabia es con la pólvora que detona?

Creo que la respuesta de los más tartufos sería decir: “todo eso es lo mismo”, y la de aquellos más sensatos sería responder afirmativamente sólo a la última pregunta, lo cual me parece completamente respetable, así como a mí me molesta el parlante a todo volumen de mis vecinos.

Ahora bien, la discusión alrededor del uso de la pólvora en la alborada se ha extendido al ámbito de la moral.

Que la pólvora es “hija de las plazas de vicios y alambiques, preferida de los jíbaros y borrachos” generalizaba alguien sin memoria en las redes sociales.

Que la alborada “es una tradición impuesta por traquetos, delincuentes y narcotraficantes” decía un editorial de Bajo La Manga bastante flojo y lleno de afirmaciones ligeras hace un par de años.

Cada día mueren más animales en los mataderos para alimentar a los habitantes de Medellín y Antioquia que los que mueren en la alborada.

Yo prefiero que mueran pájaros ipso facto por la detonación de la pólvora a que mueran vacas, marranos y gallinas torturados por matarifes. Demás que ustedes los que condenan la alborada son vegetarianos, o si no son¡hipócritas!

Y el otro argumento, el más pobre de todos, dice que la pólvora y la alborada tienen un origen mafioso. Olvidan, conscientemente, que ésta ha hecho parte de la cultura antioqueña desde hace muchos años. Ya lo decía Tomas Carrasquilla: “la pólvora es pasión del antioqueño”.

¿Las celebraciones con pólvora son una práctica nueva? No me vengan con ese cuento tan chambón, desde que tengo uso de razón en Medellín estalla la pólvora cuando un equipo de fútbol queda campeón, un candidato sale electo, e incluso cuando la Señorita Antioquia es elegida como Reina Nacional de la Belleza.

Lo que olvidan los hipócritas trasnochados es que la alborada es el recibimiento de la navidad, una tradición que también podríamos calificar como “una tradición impuesta” por ladrones, violadores, pederastas, entre otros calificativos que también la caben a la Iglesia Católica.

No me importa que la navidad sea una tradición de la iglesia, y tampoco me importaría que la alborada fuera una tradición de los mafiosos, ya que ambos son ralea de la misma calaña.

*Mi opinión no compromete la institución a la cual estoy vinculado laboralmente. 

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