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Miss identidad

Por: Juan Felipe Suescun 

Quería hablar en esta columna sobre un programa de la televisión pública nacional que aborda temas de nuestra identidad, pero lo dejaré para la próxima semana porque no puedo pasar por alto la elección de la señorita Colombia Paulina Vega como Miss Universo.

Según este concurso la barranquillera en este momento es la mujer más hermosa del planeta, exacerbando ese sentimiento de identidad colombiana que desde el año pasado ayudó a despertar, en el Mundial de fútbol, la selección nacional.

El domingo después de las once de la noche escuché gritar a mis vecinos como si estuvieran celebrando un gol de la selección, y la avalancha de twitts, memes, cadenas, etc. además del despliegue informativo de los medios de comunicación, no se hizo esperar anunciando la corona que por segunda vez trae Vega para el país.

La identidad tiene muchas definiciones pero tratando de resumirla al máximo, es la sumatoria de aquellos elementos materiales e inmateriales que nos permiten reconocernos como iguales al interior de un grupo determinado y por ende como diferentes frente a los otros.

En este sentido la selección de fútbol y Miss Universo hacen parte de esos elementos en los cuales se reconocen en este momento la mayoría de los colombianos como tales.

Ahora bien, en una entrevista para El Espectador sobre su nuevo libro “El dibujo secreto de América Latina” el escritor William Ospina haciendo referencia a la identidad decía que “cuando nuestros países se independizaron de España existió el imperativo de tener naciones y tener identidades propias. Queríamos ser repúblicas y se fue formando la identidad colombiana, la ‘leyenda nacional colombiana’, pero su construcción dejó por fuera un montón de cosas que eran Colombia”, y es por eso que argumenta, con la misma pasión que identifica a los colombianos, que “estamos en deuda de construir una nacionalidad incluyente que incorpore todos esos elementos que han quedado por fuera”. (Ver entrevista en: http://www.elespectador.com/noticias/cultura/grandeza-de-los-libros-hacen-sus-adversarios-articulo-539538 )

¿Son los triunfos de la selección Colombia y la corona de Miss Universo aquellas cosas que, según William Ospina, hemos dejado por fuera en la construcción de la identidad colombiana?

Sin demeritar el buen fútbol con el cual obtuvimos el quinto lugar en el Mundial, y sin despreciar la belleza de Paulina Vega, Colombia está lejos de pagar esa deuda consigo misma, es decir, con su identidad.

La selección de fútbol y la corona de Miss Universo son eventos que le han permitido al pueblo colombiano reconocerse frente a las otras selecciones de fútbol o frente a las mujeres de otros países.

Es así como estos elementos son útiles para diferenciarnos de los otros, sin embargo, retomando la definición de identidad ¿qué tan útiles son para reconocernos como iguales? Explico: si no es para jugar contra otras selecciones ¿qué sentido tiene la selección Colombia? o si no es para medirse frente a las candidatas de otros países ¿qué sentido tiene ser la señorita Colombia? Ninguno!

Los éxitos de estos representantes del país son efímeros como lo fue el triunfo 5 – 0 frente a Argentina en 1993 o la corona de Miss Universo de Luz Marina Zuluaga en 1958, los cuales en su momento contribuyeron a despertar el sentimiento de identidad, pero que después de un tiempo han quedado en el lugar que les corresponde, como eventos de la historia nacional y nada más.

Volviendo entonces al llamado que hace William Ospina para pagar esa deuda que tenemos con nuestra identidad los colombianos debemos encontrar aquellos elementos que además de diferenciarnos de los otros, como lo han hecho la selección de fútbol y Miss Universo, también sean útiles para reconocernos como iguales aunque hayan estado por fuera de la construcción explicita de la identidad nacional.

Para esto no hay que ir a revolcar las tumbas de los chibchas, basta con mirarnos a nosotros mismos todos los días para encontrar, no sólo “las cosas” de las que habla William Ospina, sino también el estilo de producir cotidianamente los elementos materiales o inmateriales que si bien compartimos con otros, como es normal en un mundo globalizado, nos hace iguales entre nosotros y diferentes frente a los otros.

Sobre el estilo particular de producir nuestra identidad colombiana en la vida cotidiana escribiré la próxima columna cuando haga referencia al programa sobre el cual iba a escribir esta semana.

* Mi opinión no compromete la institución a la cual estoy vinculado laboralmente.

 

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