Bajolamanga.co

Publicado el Bajolamanga

Los pilos y las becas

Por: Alejandro Cortés 

Este semestre se empieza a implementar en Colombia el programa “Ser pilo paga”, que da becas-crédito a 10.000 bachilleres de bajos recursos para que accedan a la educación superior. Como explica Ángel Pérez, experto en temas educativos, el programa se basa en dos factores para el otorgamiento de una beca-crédito: i) el mérito y ii) la pobreza. En efecto, para la concesión de estas becas-crédito era necesario que el aspirante: i) obtuviera un puntaje superior a 310 en las pruebas Saber 11 del año 2014 (el factor mérito), y ii) que su familia estuviera clasificada “en el SISBÉN con puntajes de 57,21 sobre 100 en el área urbana (14 principales ciudades), 53,32 en otras cabeceras y 40,74 en el área rural” (el factor pobreza).

El programa funciona así: a los beneficiarios se les otorga un crédito del Icetex, que cubre la totalidad de sus estudios en una de las 33 universidades del país que han sido acreditadas como de alta calidad. El crédito será completamente condonado (perdonado) si el beneficiario del mismo logra graduarse; si llega a desertar de la universidad, entonces quedará debiendo al Estado el valor total del dinero que se haya usado para financiar sus estudios. Adicional a lo anterior, a los beneficiarios del programa se les dará un subsidio de sostenimiento, para que puedan pagar gastos como fotocopias, transporte y materiales de estudio.

Frente a este programa han surgido varias opiniones. Una es la del Gobierno Nacional, que es en exceso optimista. El Presidente Santos, al anunciar la creación de “Ser pilo paga”, soltó frases como: “¡esto es equidad y paz!”, “vamos a tener a los mejores estudiantes, sin importar si son ricos o pobres, estudiando en las mejores universidades del país” y “llegó la hora de que construyamos entre todos un nuevo país: un país en paz, con equidad y el más educado». Con frases de ese tipo, cualquiera creería que Santos garantizó por decreto la gratuidad y cobertura universal de la educación superior en todo el país y que estamos frente al Presidente de la Educación, lo cual no es cierto.

Como señala Pérez, las 10.000 becas-crédito representan menos del 2% de los 573.544 bachilleres que se graduaron en 2014, y apenas el 2,2% de los 457.824 estudiantes que ingresaron a la educación superior en 2013. Teniendo en cuenta estas cifras, es claro que “Ser pilo paga” va a dejar por fuera a muchos estudiantes de bajos recursos y que no va a resolver por sí solo el tremendo problema de la desigualdad en el acceso a la educación superior que aqueja a nuestro país.

Además de esto, no puede dejarse de lado el argumento de analistas como Mauricio García Villegas, quien se preguntó si, teniendo en cuenta que en Colombia hay un déficit de cobertura en la educación superior del 55% y que las universidades públicas reciben únicamente el 0,39% del PIB, no sería conveniente destinar los recursos de “Ser pilo paga” a la ampliación y el mejoramiento de las universidades públicas.

Las anteriores críticas permiten ver que este programa no es la solución a los problemas educativos del país, como pareciera sugerir el Gobierno. Pero esto no significa que “Ser pilo paga” sea inútil o que no debamos apoyarlo. Por el contrario, si bien no estamos frente a la panacea de la educación superior, a mí me parece que este programa debe ser defendido, pues de tener éxito podría volverse un precedente y un elemento de aprendizaje para futuras políticas públicas educativas más ambiciosas e incluyentes. Además de esto, el 85% de los beneficiarios del programa atenderán universidad privadas como la Universidad de los Andes, la Universidad Javeriana, la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad EAFIT. Esto forzará a las universidades de élite a volverse más incluyentes, y con suerte hará que tanto ricos como pobres se hagan más abiertos y tolerantes, al poder interactuar con personas de orígenes sociales diferentes al propio.

Cuando en el 2010 empecé mi primer semestre de Ciencias Políticas en EAFIT, entré junto con varios estudiantes becados. Entre ellos estaban Cindy Suaza, Kelly Valencia y Estefanía Bolívar. Kelly era la mejor estudiante de los primíparos, y de ella aprendí el valor de la disciplina y el estudio. De Estefanía aprendí el valor del esfuerzo y la superación, pues pasó de ser una estudiante tímida y callada en clase, a ser una brillante expositora. Y de Cindy, a quien considero una de mis amigas más cercanas y con quien tuve el orgullo de graduarme el pasado diciembre, aprendí sobre la solidaridad, la amistad, el buen humor y la risa, y sobre todo, aprendí a entender que el mundo no era el que yo creía, y que más allá de mis barreras y prejuicios personales, tenía muchas cosas nuevas que entender. “Ser pilo paga” no es solo una oportunidad de estudio para los pobres, también es una oportunidad para que los más afortunados de la sociedad entendamos en dónde estamos parados realmente.

Pero no olvidemos que existe un gran riesgo para los beneficiarios de este programa, pues si llegan a desertar, entonces tendrán una gran deuda con el Estado. Y como señala Rodolfo Arango, “hoy del 45% al 50% de los estudiantes universitarios desertan a mitad de camino, más si se trata de personas de escasos recursos donde las limitaciones materiales, la marginalidad y el clasismo confabulan en su contra”. Por ello, estudiantes y profesores de las universidades a las que llegan los pilos tenemos el deber de estar pendientes de ellos y dispuestos a darles una mano, para evitar que abandonen el camino que han emprendido hoy y que, sin duda alguna, puede cambiar radicalmente sus vidas.

 

Esta y otras columnas podrá leerlas en www.bajolamanga.co (@bajo_lamanga)

Comentarios