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Los hicieron ir de El Mango

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El Mango, es un corregimiento del municipio de Argelia, cerca al cañón del río Micay al suroccidente de Colombia, en plena cordillera que atraviesa el departamento del Cauca.

El pasado lunes 22 de Junio, la población campesina tomó la decisión de alejar a la fuerza pública (específicamente a 35 efectivos de la Policía Nacional), sacándolos de la estación que situaron en el barrio El Recreo, en un acto de desobediencia y resistencia pacífica los expulsaron, aduciendo que sus vidas estaban en riesgo por el recrudecimiento del conflicto en la región, debido al levantamiento del cese unilateral del fuego decretado en diciembre de 2014 por las Farc en medio de las negociaciones de paz.

Afirman los habitantes del territorio, que la Policía Nacional los utilizaba como trinchera para escudarse en los enfrentamientos con la insurgencia, que no se sentían protegidos ni defendidos con la presencia de los uniformados, y que muy por el contrario, vivían en un estado de zozobra y angustia permanente por la suerte que pudieran correr con los bombardeos, las confrontaciones, los sobrevuelos de los helicópteros, el sonido de las metrallas y el tránsito de la guerrilla.

Los policías también se manifestaron en los medios, diciendo que la institución los abandonó a su suerte, que habían denunciado un sinnúmero de veces que sus vidas corrían peligro y que serían sacados por la comunidad si no les construían una subestación en donde pudieran estar en condiciones dignas, tal y como lo había determinado un juez de la república finalizando el año pasado, frente a lo cual el general Palomino les dijo “cobardes” por dejarse desterrar del corregimiento.

Al día siguiente, los civiles acompañaron a los efectivos en una caravana que llegó hasta el casco urbano de Argelia mientras las fuerzas militares sobrevolaban y hostigaban la región; también ese día se dieron a la tarea de destruir las localidades que hacían de subestación, para asegurar el no retorno.

Éste hecho suscitó todo tipo de opiniones y denuncias, entre ellas que el bloque 60 de las Farc que hace presencia en el corregimiento, fue quien obligó a la población civil a desalojar los policías del territorio, estigmatizaron a los pobladores y a los líderes comunitarios afirmando que tenían vínculos con el grupo insurgente, todos, desde el Procurador, pasando por el Ministro de Defensa, hasta el general Rodolfo Palomino rechazaron los hechos y exhortaron a la fuerza pública a que volviera a enviar sus tropas e instaurara de nuevo la presencia estatal.

El Estado, un estado presente pero sólo cuando de fuerza se trata, rápidamente mandaron de nuevo un helicóptero con otros uniformados porque “ningún lugar del territorio nacional debe estar vedado para la fuerza pública”, otra vez y solo la fuerza. Porque sigue vedado el territorio para la educación; en la escuela que está situada a unos metros en la entrada del caserío, asisten los 600 alumnos a estudiar a la intemperie, también sigue vedado para la calidad de vida de sus habitantes, vedado para la construcción de infraestructura pública dada la carencia de vías para salir a comercializar los productos sembrados que les ha imposibilitado obtener su sustento, y cuando en el año 2012 lo intentaron, la policía les decomisó las panelas que llevaban para la venta a la capital del Cauca por no poseer el registro Invima, días después, el trapiche voló tras un bombardeo de la guerrilla.

La comunidad se manifestó a través de una marcha alzando sus voces y diciendo que no son guerrilleros, que son campesinos cansados de la guerra, anunciando que si regresa la fuerza pública, se verán obligados a salir de nuevo de sus tierras y en efecto, este domingo cuando llegaron a retomar el control, los 800 efectivos de la fuerza pública que mandó el Ministerio de Defensa, burlando el cordón humano hecho por la población y asentándose en un lote en donde se iba a construir una escuela, se produjo un éxodo masivo de 1.800 campesinos hacia la cabecera municipal de Argelia. El líder comunitario Dagoberto Muñoz, dijo que sólo volverían si la policía es reubicada lejos de la comunidad, los habitantes del Mango reclaman un estado presente, no sólo a través de la fuerza.

Así rezaba una de las pancartas que acompañó a la población civil en su manifestación: “El que no vive la guerra, es difícil que la entienda.”

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