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Los cultos puentes peatonales

Por: Sara Arango (@sarangof)

En nuestra cultura a veces parece que actos como parquear en cualquier parte son nuestro pleno derecho, los pitos hacen parte del paisaje sonoro y el desorden diera la impresión de ser el patrón ideal de convivencia en las vías. Eso sí, en ocasiones parece haber unanimidad en que no hay nada más inculto que no usar un puente peatonal.

Es cierto: como sociedad acordamos (hace rato) que los puentes peatonales habrían de usarse en ciertos cruces. Por tanto no cruzar por estos lugares es hacer una maniobra inesperada que arriesga nuestra seguridad y la de los demás.

Aclaro que, por las razones explicadas anteriormente, la intención de esta columna no es incitar a nadie a no utilizar estos puentes. Mi propósito es argumentar que los puentes peatonales no son la mayor materialización de una cultura de convivencia para la vialidad, más bien todo lo contrario.

Los puentes peatonales existen para dejar cruzar a las personas de manera segura en algunas vías. Los peatones se ven obligados a realizar un esfuerzo físico considerable – equivalente al producto de su masa, la aceleración de la gravedad y la altura del puente. Al menos un esfuerzo físico muy grande comparado con el que tendrían que hacer los conductores de auto al pisar una o dos palancas para frenar.

Los puentes peatonales segregan, aíslan, son excluyentes. No hay tal cosa como un puente peatonal “incluyente”, por más rampas y facilidades que pueda tener. La razón es precisamente la diferencia de esfuerzos físicos. ¿Cómo puede una ciudad ser “humana” o “para la gente” si prioriza un tiempo de circulación ficticio* ante la seguridad y el bienestar de los seres humanos? ¿Podemos decir que estamos priorizando a los peatones sobre cualquier modo de transporte si defendemos los puentes peatonales como solución de convivencia en las vías? ¿Es justo que los ancianos, personas con coches de bebé o personas con dificultades para movilizarse deban hacer esfuerzos tan grandes, sólo para evitar que unos autos se detengan por un tiempo?

Un enfoque meramente funcionalista de las ciudades nos dice que tenemos que construir ese tipo de puentes para permitir el “flujo vehicular”. Este enfoque desde hace décadas se ha probado un ente destructor de las ciudades y segregador de sus dinámicas y su gente, ya que desconoce la importancia del espacio público como sitio para la interacción, y de asuntos como el paisajismo en el éxito o fracaso de las urbes. No olvidemos que los puentes peatonales son sitios perfectos para propiciar el crimen y generar espacios públicos inservibles.

Los puentes peatonales, como las autopistas urbanas, hacen parte de una visión de las ciudades que cada vez vamos probando menos eficiente en hacerlas más vivibles. En últimas, estamos tildando de inculto a quien no usa una invención ineficiente y cuestionable. Es hora -me estoy uniendo a una voz muy extendida en el mundo- de discutir sobre el papel de los puentes peatonales.

*Mientras más esfuerzos se realicen por aumentar un tiempo de circulación al corto plazo, más aumentará este tiempo al mediano plazo.

 

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