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“Las historias se conquistan con la suela de los zapatos”

Guarnizo

Entrevista BAJO LA MANGA: @bajo_lamanga

Aunque la pintura y la escritura eran sus pasiones, tuvo que ingresar a la universidad a estudiar Derecho, porque sus padres no le dieron otra opción. Sin embargo, sólo aguantó tres semestres. Siguió más de un año dedicado a la pintura, pero un día en Ibagué, su ciudad natal, tomó la decisión de presentarse a Periodismo en  la Universidad de Antioquia. Pasó a la universidad, y desde que empezó a estudiar, le ha dedicado su vida a contar historias.

José Guarnizo es hincha del Tolima, equipo del que fue recogebolas cuando era un niño. En Ibagué pasó su infancia y juventud, pero ahora está radicado en Medellín, trabajando para la revista Semana, aunque sus letras ya han pasado por las páginas de El Mundo, El Colombiano, la Revista Don Juan y El País de España. Acaba de publicar su segundo libro, que cuenta la historia de varias personas que han sido extraditadas por error.

Bajo La Manga: ¿cómo llegó al periodismo?

José Guarnizo:  yo solamente tuve la opción de estudiar Derecho porque mi padre me dijo que sólo me pagaba una carrera si estudiaba Derecho. Por supuesto, en tercer semestre, después de haber pasado toda la parte filosófica empecé a ver Derecho Civil y otras cosas, dije: esto no es lo mío. Me salí y me advirtieron que no me iban a pagar otra carrera. Me dediqué a pintar un año y medio con una prima que se dedica a eso, hasta que un día vi un letrerito en el periódico que decía: Comunicación Social – Universidad de Antioquia, y me vine para Medellín, presenté el examen y pasé. Dejé la pintura porque como escribir era tan difícil, me dediqué 100 por ciento a la escritura.

BLM: en esta carrera periodística ha pasado por varios medios de comunicación: ¿qué ha aprendido de ellos?

JG: los medios te restringen un poco, en cierta medida, al momento de querer hacer periodismo narrativo y escribir historias muy profundas. Pero de esa frustración nacen las ganas de querer escribir más largo y dedicarle más tiempo y esfuerzo. Aquí no ha llegado la crisis de los medios. La crisis que hay no es de los medios, sino de tiempo. Los medios no tienen tiempo para investigar, y no quieren sacar espacio para trabajar a diferentes ritmos y ofrecerle al lector algo más mesurado, reposado, reflexionado.

El periodismo se aprende en la calle, gastando suela, y tratando de encontrar lo misterioso en lo cotidiano. Por todos los medios que he pasado, finalmente han sido una escuela.

BLM: pero ha logrado hacer periodismo narrativo en los medios, a pesar de esa falta de tiempo…

JG: eso es como jugar billar. A veces podés hacer carambolas, y a veces no. Yo he metido algunas carambolas, pero también he tenido algunos trabajos que no han tenido tanto espacio como uno quisiera. Hay muchos periodistas que se quejan de que el medio no les ofrece muchas cosas. Yo pienso que la actitud que hay que tener es: ahí voy a estar siempre para, cuando se me abra un espacio, ir con una gran historia. Es de persistir e ir contra la corriente. Lo que uno piensa del periodismo debe ser más grande que el medio en el que trabaja, y más grande que el jefe que tenga en ese momento. Las buenas historias siempre van a encontrar un lugar dónde publicarse.

BLM: usted escribe de diferentes temas, pero generalmente los periodistas se encasillan en cubrir un solo tema…

JG: yo siempre me he preguntado por qué hay periodistas que se enfocan en ciertos temas, y no los sueltan. Yo nunca me imaginé escribiendo sobre fútbol, y cuando me propusieron la crónica de Steffan Medina (ver: El matoneo a Steffan Medina), utilicé las mismas técnicas como si estuviera haciendo una historia sobre el conflicto, y rehuí a todos los lugares comunes que se encuentran en las prensa deportiva. Lo que hice fue tomarme en serio escribir una crónica sobre fútbol. Me lo tomé tan en serio como si fuera un tema de corrupción o política. Por fortuna tuvo muy buena aceptación, y me gustaría explorar más. Mi crónica favorita es la que Gay Talese le hace a Joe DiMaggio, el jugador de beisbol. Hay que tomarse en serio las historias, vengan de donde vengan, y siempre tratar de encontrar el conflicto de la historia, porque finalmente uno escribe sobre seres humanos.

BLM: ¿cuál es la historia que más recuerda en estos años de periodismo?

JG: lloré una vez haciendo reportería, y fue con la historia de Julián Andrés Taborda, el mimo de Altavista (ver: El silencio perpetuo del niño mimo). Uno trata de no involucrarse mucho, porque se trata de que el lector se meta en los zapatos del personaje, y que sienta muchas cosas, pero no que las sienta uno. A él lo velaron en un salón comunal. Ahí estaba el ataúd, y dejaron que entrara la perra que tenía. Apenas abrieron la puerta del ataúd, la perra empezó a ladrar, a ladrar, a ladrar, y se montó encima del ataúd. Luego pusieron un video beam, y empezaron a pasar fotos de él pintado de mimo, y fue de la única forma en que la perra se calmó. A mí se me vinieron las lágrimas…me pareció una escena muy fuerte. El resto de la reportería la hice llorando.

BLM: la función básica del periodista es informar, pero, ¿el periodismo puede ayudar a construir un mejor país?

JG: muchas veces uno escribe algo, y no pasa nada, y la gente dice: ve, vos hiciste tal denuncia y no pasó nada, no se cayó nadie. La misión del periodismo es contar una historia. Lo que pasa es que esa historia, si está muy bien contada o logra convertirse en una verdadera intérprete de la realidad, esa historia puede cambiar algo a alguien en su cabeza, y eso es muy poderoso. La meta es que la persona que lea lo que escribiste, a lo mejor no sea el mismo después, aunque eso es muy difícil de lograr. Como decía Gabo, yo siempre trato de poner toda mi fuerza y mi voluntad en eso, porque al final, algo de esa voluntad queda. Es tratar de meterse en la cabeza de la gente y ponerla a reflexionar.

BLM: ¿se pueden callar verdades para llegar a un bien común?

JG: no. La visión del periodismo es buscar la verdad, y a veces se reúnen alrededor de esa verdad ciertos propósitos que pueden ser loables o perversos, que tratan de soslayar esa verdad. Me acuerdo de una historia que contó Daniel Coronell hace muchos años, y es que estaban en pleno proceso de paz en el Caguán, y resulta que un periodista se dio cuenta que las Farc tenían civiles armados en el Caguán, y estaban controlando el territorio, como si fuera la Policía. Un periodista se enteró y fue a Bogotá a llevar la historia, y el Comisionado de Paz, si mal no recuerdo, llamó al director del canal y le dijo que no dejara publicar eso porque iba en contra de la paz, y la nota no salió. La reflexión de Daniel fue la siguiente: a lo mejor nos hubiéramos evitado muchas cosas si eso hubiera salido a la luz en ese momento. Un propósito como la paz tiene que ser transparente, no se puede tejer a base de mentiras.

BLM: ¿cómo llegó a la historia de los extraditados por error?

JG: en una conversación con Edgar Téllez, el editor de Planeta, me dijo que siempre había tenido curiosidad por esa historia, y apenas me mencionó el tema, quise escribirlo. Empecé a encontrar muchas historias de personas que habían sido extraditadas por error, pero me enganché con cuatro de ellas, y son las que están en el libro. Fue un año de reportería y escritura. Mucho tiempo tratando de que me tuvieran confianza. Cuando contacté al esposo de Margarita Salinas, una de las protagonistas, ella había acabado de llegar de Estados Unidos, y tenían todo fresco. Estaban muy paranoicos con mi llamada. Fue un proceso largo hasta que aceptaron. Empecé a acompañarlos en su cotidianidad, yendo a los cultos cristianos y demás actividades. Siempre escuchándolos, poniendo en duda lo que decían y contrastándolo con lo que aparecía en los procesos judiciales, hablando con exagentes de la DEA y abogados.

No pude entrar a la cárcel de Nueva York donde estaba, entonces busqué planos de la e historias que se habían escrito sobre la cárcel, hasta hacerme una idea veraz de lo que era la vida por dentro.

BLM: ¿con cuál de los dos libros se ha sentido más cómodo?

JG: yo no espero ser de aquellos que denigran de su primer libro. Eso me parece muy pretensioso. Pero hay una evolución que uno mismo debe ser capaz de reconocer al ver el resultado. Este segundo libro, desde la estructura misma, está hecho como siempre quise escribir un libro: es periodístico, lo que quiere decir que todo es verdad, pero tiene la forma de una novela. Es una novela corta de no ficción.

BLM: ¿qué similitudes se pueden encontrar en los personajes de este libro? ¿qué es lo más destacable?

JG: son varias historias: la de Gabriel y su hijo Ñoño, la de Margarita y su familia y la del capitán Ortega. Gabriel es vendedor de plátanos de Barranquilla, y cierto día le piden 50 plátanos para una fiesta, y él lleva la carreta hasta allá y resulta que este personaje que le pidió los plátanos estaba siendo interceptado por la DEA, y la DEA asumió, por la llamada telefónica, que no eran 50 plátanos sino 50 kilos de coca, y ahí inicia esa historia. La historia de él es la de un colombiano al que le han pasado muchas cosas malas en la vida: es la lucha por sobrevivir.

La historia de Margarita la ubicaría más en un estrato medio, pues era una comisionista de bolsa que se llega cierto tipo, un informante de la DEA, la enreda en una conversación, y ahí cae. Es el ejemplo de que a cualquiera de nosotros nos puede pasar. Esa es una historia de amor de ella con su hijo y su esposo, al punto de que ella decide firmar un acuerdo de culpabilidad en los Estados Unidos, para volver rápido y ver a su hijo. Es un drama muy fuerte.

La historia del expiloto, de Carlos Ortega, es la historia de una persona de la alta sociedad bogotana que se vio involucrada en eso simplemente porque su mejor amigo lo traiciona, y es la lucha de una persona por limpiar su nombre, la lucha por la dignidad. Cuando lo capturan, ni sus amigos ni familiares lo saludan ni vuelven a contestar.

BLM: ¿qué historia tiene en mente?

JG: no sé. Quiero seguir explorando perfiles del fútbol. A lo mejor escribir un libro sobre un personaje, aunque no quiero escribir un libro tan rápido. No quiero ser una máquina de escribir libros.

BLM: a La patrona de Pablo Escobar le hicieron una serie de televisión. ¿Han respetado lo que dice en el libro?

JG: los derechos de adaptación cinematográfico los adquirió RTI, e hicieron una serie que se transmitió en Estados Unidos, que se llama La viuda negra. Los libretistas fueron Yesmer Uribe y Gustavo Bolívar. La historia cambia mucho, pero a mí no me molesta porque son dos productos distintos. Mi libro es un texto periodístico que se puede sustentar con documentos y hechos, pero esta serie usa otros códigos. En el fondo es la misma historia alimentada con otras cosas.

BLM: ¿no es irresponsable que hayan cambiado apartes de la historia real? Es decir: la gente no ve el libro de José Guarnizo, sino una historia distinta

JG: es difícil hablar de eso…yo pienso que uno no escribe un libro pensando en que se vuelva una película o una serie de televisión. Pero es una sensación grata ver que algunas de las cosas que escribí están en medios audiovisuales

BLM: por último, José, ¿cuál es el principal problema de los medios de comunicación en Colombia?

JG: son muchos. Últimamente me preocupan mucho las noticias falsas que se están reproduciendo en los medios. ¿Cómo diablos un medio reproduce una noticia falsa si uno de los pilares fundamentales es contrastar la información? Estamos cayendo en esa trampa. Internet ofrece unas oportunidades gigantescas para hacer buen periodismo, pero la gente está entendiendo mal el mensaje, y muchos periodistas están creyendo que Twitter es periodismo. Así como Faulkner decía que un paisaje se conquista con la suela de los zapatos, así mismo creo que las historias se conquistan gastando suela. Esa es una premisa que suele repetir Salcedo Ramos en la que yo sigo creyendo. Twitter es muy importante, porque flota una audiencia fuerte, pero no es toda la audiencia. Todos los medios reprodujeron una noticia sobre James Rodríguez, con el siguiente mensaje: “la prensa colombiana dice que, según la prensa española, que dice que, según una fuente anónima, James Rodríguez firmó un preacuerdo con el Real Madrid”. ¡Por dios! ¿Es que nadie es capaz de levantar un teléfono y verificar? Pero ese es sólo un ejemplo de lo ligeros que nos estamos volviendo en internet. Eso se da por la crisis de tiempo. No hay nada que se valore más que una historia bien documentada y escrita. Eso en internet está desapareciendo, desafortunadamente.

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