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La cortina de humo de los partidos

En este mismo espacio un compañero a quien respeto, pero con el que a veces no coincido, Juan Felipe Suescún, planteaba la importancia que tenían los partidos políticos en las “democracias desarrolladas” y su preferencia o expectativa por un candidato que en Medellín le ofreciera un proyecto de ciudad ligado a un partido político estable, lo que lo distancia del candidato Federico Gutiérrez, contra quien escribe su columna.

Yo, contrario a lo que señala Suescún, no soy un idílico de los partidos ni de ninguna forma de organización política. Creo que las estructuras se establecen en entornos culturales, económicos, sociales y políticos que determinan sus estándares de éxito y los parámetros que les permiten mantenerse avante conforme las expectativas y gustos de los ciudadanos, en últimas su cultura política.

Si en Colombia, los partidos son instituciones desprestigiadas que cada vez ven como los militantes descienden a la par que la preocupación civil por sus propuestas, no puede decirse que esto sea resultado de “una visión mediocre” de los ciudadanos o los políticos, sin cuestionar el comportamiento público de estas instituciones, únicas responsables directas e indirectas de su propia imagen y debacle.

Decir que los partidos son necesarios o deseables y que las democracias desarrolladas tienen partidos fuertes parte de un supuesto bonachón de la cultura política como algo que debe ser o propender por el altruismo, desconociendo el fondo objetivo del fenómeno político: las consideraciones políticas y la misma cultura política no pueden caracterizarse como buenas o mala, como tampoco decirse mediocres o cultas las posiciones, siempre respetables, de los ciudadanos respecto a x o y institución. De los estudiosos de la política se espera posiciones no sentimentales: la cultura política es de una manera y tiene unas características, el carácter valorativo tiene un tinte de moralismo.

Curiosamente Suescún critica a Gutiérrez por no tener “compromiso con  ningún colectivo político” partiendo de la clásica mirada, muy anticuada para mi gusto, que dice que el sistema político y su subsistema electoral, se conforma primigeniamente por partidos políticos organizados en torno a propuestas que disputan elecciones, una posición canónica en la Ciencia Política desde planteamientos eastonianos de mediados del siglo pasado que choca de facto contra una situación política mundial que cada vez se aleja más de la participación militante en organizaciones rígidas, justamente por los cuestionamientos mundiales a la corrupción y por fenómenos mediáticos de redes sociales y acceso a la información.

Viéndolo en lo local, parece razonable una posición de un político que se acerca más al descontento del ciudadano por los partidos que al interés de las élites políticas por mantener sus paquidérmicas estructuras de intrigas. En últimas el político, más que a la estructura clásica del sistema político se debe a su esencia: a los ciudadanos.

Abrir las miras en este tipo de asuntos y concentrar la mirada en el mundo y no en el empolvado libro permitiría descubrir que un político que se dedica 4 años después de haber perdido una elección a estructurar una propuesta de ciudad y se mantienefirme en su propósito sin caer en las tentaciones nacionales de las intrigas de partido o en las seductoras propuestas de la empresa privada, claramente tiene detrás suyo un colectivo político, obviamente tiene un proyecto de ciudad y no está solo en ese camino.

Yo prefiero para Medellín un alcalde que se concentre en sus ciudadanos, sus problemas y sus necesidades y que uno que se preocupe por intrigar dentro de los partidos.

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