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Fundamentalismo, religión y violencia

Por: Santiago Silva (@santiagosilvaj)

Consternado, el mundo observó la semana pasada las imágenes de un Paris convertido en zona de guerra. Dos hermanos, y otro hombre, en dos hechos diferentes pero conjuntamente planeados, atacaron las instalaciones del periódico de sátira política Charlie Hebdo y tomaron rehenes en un supermercado de comida kosher, a gritos de “Allahu Akbar” (en árabe, “Dios es grande”).

Las muertes de los caricaturistas del periódico francés, dos policías y al menos una docena de civiles más generó no sólo un enorme rechazo de la comunidad internacional (particularmente en Occidente), sino complejas discusiones sobre la naturaleza de los ataques.

Y entre esas discusiones dos asuntos parecen los más controversiales: los límites de la libertad de expresión y la relación entre la religión, el extremismo y la violencia.

En efecto, algunas personas plantearon dudas sobre las implicaciones que una libertad de expresión “sin límites” puede tener para una sociedad. Según ellos, utilizar la libertad de opinión para irrespetar otras culturas y religiones no sólo puede promover reacciones como las vistas en Paris, sino violar las creencias de millones de personas.

Claro, las burlas de Charlie Hebdo pueden ser irrespetuosas; sus representaciones de algunos aspectos del Islam resultan ofensivas, no solo para sus practicantes, pero ese es precisamente su mérito: probar los límites de nuestra propia tolerancia. Porque el periódico satírico no solo molestaba al Islam, también se ha burlado del catolicismo, de los políticos franceses y de los líderes internacionales con igual irreverencia.

El problema de “poner límites” a la libertad de expresión es quién y en qué circunstancias los va a poner. Dejar en manos del poder político establecer las fronteras de lo aceptable o no en términos de opinión resulta terriblemente peligroso. O todo se puede decir, o nada se puede decir.

La libertad de expresión se construye en los límites del aceptable, en las opiniones e ideas que incomodan. La ironía es criticar la libertad de expresión haciendo uso de la libertad de expresión. No valorar lo que sobra. La libertad de expresión es de esas cosas que una sociedad no valora mucho sino hasta que está realmente en peligro.

Ahora, el asunto de la religión. Muchos “opinadores” internacionales –particularmente conservadores, de derecha, pero también prominentes ateos como Richard Dawkins– se han deleitado culpando al Islam (sí, a todo el entramado de creencias y a unos 1,2 billones de creyentes) por la masacre de Charlie Hebdo. Sostienen dos cosas: la primera, que los clérigos y creyentes musulmanes no han “condenado suficientemente el terrorismo islamista”, y la segunda, que el Islam es naturalmente anti liberal y violento.

Ambos argumentos son flojos. Por un lado, porque el extremismo no es –ni mucho menos- un fenómeno circunscrito a la religión, mucho menos al Islam, y la su naturaleza da cuenta sobre todo, de la radicalización instrumentalizada por la política.

Curiosamente, en la Biblia existe un versículo que condena la blasfemia, el Viejo Testamento sostiene que quién diga el nombre de Dios debe ser lapidado. En el Corán no existe un pasaje similar, y en ninguna fatwa o ley islámica hay castigo concedido para la blasfemia, es más, tampoco para el crimen que supuestamente estaban “vengando” los atacantes de Paris de representar en imágenes a Mahoma.

Por otro lado, pedir a los musulmanes que condenen el terrorismo islámico es ofensivo en dos niveles. Primero, porquebuena parte del terrorismo de naturaleza islamista se concentra en el sur de Asia, Medio Oriente y el Norte de África. En efecto, el 45% de los incidentes asociados a actos de terrorismo entre los años 1970 y 2013 (un total de algo más de 125.000) ocurrieron en países de estas regiones del mundo, particularmente Pakistán, Afganistán, India, Irak, Siria e Israel. Sus principales víctimas son, claramente, musulmanes.

Y porque ya lo han hecho, repetidamente, y para la muestra, las palabras del hermano del policía parisino Ahmed Merabet asesinado durante el ataque a las instalaciones de Charlie Hebdo:

Mi hermano era musulmán y fue asesinado por personas que pretenden ser musulmanes. Son terroristas, eso es todo.

 

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