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El próximo presidente será un muerto

Por: MANUELA RESTREPO SYLVA (@manurs13)

Las elecciones Presidenciales del 2014 son la prueba de la carencia absoluta de renovación y verdadero liderazgo político en Colombia.

Una campaña que no solo no despega sino que pareciera no interesarle a nadie, debe ser razón para reflexionar sobre las opciones de líderes que tenemos y la función que deben cumplir los partidos políticos como formadores de dirigentes y estadistas.

Por un lado la única oposición oficial que tiene el país está representada por un partido, el Polo Democrático, que no despierta ninguna pasión ni entusiasmo y donde el último recuerdo que se tiene sobre él fue la barbarie cometida con las finanzas y el futuro de Bogotá. Por otro, la candidatura conservadora que no cuenta con el apoyo de los congresistas más importantes de su partido y que ha tenido que ser ratificada por el Consejo Nacional Electoral para gozar de algo de legitimidad. Además de esto, un candidato verde al que las directivas de su partido no reconocen y que tuvo que lucharse solo, un aval que hasta el último momento estuvo en duda. Un candidato del nuevo partido de opinión, el Centro Democrático, al cual el electorado difícilmente reconoce, que fue fruto de una convención opacada por los escándalos de corrupción e irregularidades y que debe salir siempre al lado de su caudillo para lograr alguna recordación. Y por último, un presidente candidato que logró llegar a la Casa de Nariño bajo engaños de políticas que jamás ejecutó y acompañado de un vicepresidente que representa las ansias de poder y la falta de identidad ideológica.

El panorama es preocupante.

Y sin ánimo de poner a consideración reflexiones tan comunes por estos días como que todas las propuestas son iguales, que ninguno tiene un verdadero proyecto de país y que no hay hasta el momento acciones políticas arriesgadas que los pongan en el mapa, esta situación nos debe llevar a pensar en que hemos hecho con la formación de nuevos liderazgos políticos y en el futuro que puede tener un país como el nuestro donde se siguen caudillos y se opacan ideas.

Este ramillete de candidatos refleja el estado crítico de nuestra formación en política. Ninguno es fuerte porque ninguno ha construido una carrera desde su partido, de logros individuales y colectivos y de reconocimiento por trabajos previos. Pareciera que se nos acabaron los líderes y que estamos echando mano de los pocos voluntarios que aún quedan. Pareciera que dejamos de formar dirigentes por dedicarnos a seguir personalismos.

Imaginemos que mañana no están en nuestro panorama ni los Santos, ni los Vargas Lleras, ni los Uribe, inclusive ni los Fajardo…¿Quién sigue? ¿Quién de los jóvenes o asiduos militantes de nuestros partidos está facultado y posicionado (no hablo de capacitado) para asumir nuestras riendas? ¿Qué perfiles están en construcción dentro de los partidos, capaces de mover opinión pública y de proponer proyectos de país?

La cabeza de los partidos es permanente y solo se cambia la cara que dice representarlo, no hay opciones para propuestas innovadoras y los jóvenes líderes que conocemos y que parecieran tener alguna posibilidad, son en su mayoría delfines.

La función formativa de los partidos políticos está en entredicho, así como su capacidad de consolidar nuevos liderazgos y candidaturas que brillen por sí mismas. Los partidos están en crisis de reconocimiento y no reflejan a los votantes una imagen sólida. La política nacional se ha vuelto tediosa, sosa y carente de interés inclusive para los que la tenemos como pasión.

No espero mucho del próximo presidente, sea el que sea será sin duda un muerto; sin ideas, sin propuesta, sin partido, sin verdaderos seguidores, sin alma ni consciencia política. Los siguientes cuatro años para Colombia deberían ser cruciales, pero con las opciones de voto que tenemos, yo sinceramente, lo dudo.

NOTA: muy sorprendente ver como en el último debate presidencial de Teleantioquia, la propuesta perfecta de país y a replicar era Antioquia la más Educada. Ahora todos son fajardistas.

 

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