Bajolamanga.co

Publicado el Bajolamanga

El nuevo emprendimiento I

Por: 

Cuando se habla de Medellín y en especial de los paisas se dice que son emprendedores, echados pa`delante y verracos, y de eso no hay duda. La ciudad se viene transformando desde hace años y ha demostrado una capacidad de resiliencia como pocas.

Pero el concepto de emprendedores ha venido cambiando con el tiempo. Desde la época de la colonización antioqueña, hecho que marcó en lo económico, social y cultural territorios como los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, hasta la parte norte de otros como Tolima y Valle del Cauca, donde se dio paso a las numerosas familias con la creencia de que cada hijo traía consigo la arepa debajo del brazo; pasando por la Medellín que vio nacer grandes empresas y grupos económicos como el Grupo Empresarial Antioqueño o la ANDI, hasta la Medellín movida por la economía del narcotráfico, llegando a la Medellín más innovadora.

Cada vez se está quedando más atrás la concepción de ese paisa ventajoso que solo buscaba el beneficio propio tumbando a los demás, aquel que se describe muy bien cuando se habla de la cultura del avispado. Aquel personaje atrevido, recursivo, vivo, cañero, que lo que no sabía se lo inventaba para salir siempre victorioso de cualquier situación. Aquel que se ufanaba cuando tumbaba a otro. Todavía hay indicios de esa cultura en la ciudad, claro, pero cada vez tiende más a desaparecer ese pensamiento que elogió la intuición y la improvisación sobre el conocimiento y la planeación, o más que desaparecer, se está transformando.

Cuando me refiero al cambio en el concepto de emprendimiento no me refiero exclusivamente a la creación de empresa. Emprender es una actitud, y la gente vive día a día emprendiendo. Emprender para seguir adelante, emprender para poder subsistir, emprender por los hijos, emprender en el trabajo o cualquier proyecto. Cada uno de nosotros, indistintamente donde vivamos, o del estrato social al que hagamos parte, estamos emprendiendo en nuestra vida constantemente.

El imaginario colectivo empieza a ver a Medellín de una manera diferente y las generaciones actuales han sido importantes para crear ese punto de quiebre, se está dando paso a una manera diferente de hacer la cosas y a una manera diferente de pensarlas. Hoy lo importante no es sacar ventaja del otro, sino cómo salimos adelante juntos; no es como gana uno, sino como ganamos todos. Los empresarios se dieron cuenta de la importancia de trabajar juntos con los políticos en proyectos de beneficio para la ciudad, y los políticos se dieron cuenta que son los empresarios los que mueven la economía para generar más empleo e ingresos para todos; los estratos altos comprendieron que sus impuestos se han invertido en mejorar las condiciones y la calidad de vida de los estratos más bajos, y estos a su vez han empezado a valorar la inversión que se ha hecho en ellos.

Hemos avanzado, pero nos sigue faltando. La división de la gente en estratos sociales ayuda a acentuar la inequidad y seguimos siendo la ciudad más desigual del país; nuestros jóvenes se están sumando a un fenómeno global de desempleo juvenil; las mujeres siguen siendo maltratadas y con condiciones desiguales a las de los hombres, y las minorías poblacionales aún siguen luchando por sus derechos; las bandas criminales y los combos se siguen dividiendo la ciudad; los indicadores de la calidad educativa no dan tregua; la movilidad cada vez es más caótica; la corrupción en las instituciones y los políticos sigue a pasos de gigante y nos falta todavía en corresponsabilidad.

Nos falta. Tal vez estamos acostumbrados a tantas cosas que no conocemos otra forma, o no la hemos buscado lo suficiente. Según la encuesta de Gallup de hace algunos días el país parece estar sumido en un pesimismo generalizado y profundo, y en Medellín aumentó el número de personas que creen que las cosas no van bien en la ciudad.

Cuando la realidad de la sociedad sobrepasa todos los esfuerzos es cuando los que queremos hacer las cosas bien debemos intensificar las acciones, multiplicar el mensaje y sumar en lugar de restar. Está prohibido para nosotros perder la esperanza, y tenemos que inspirar a las generaciones actuales y educar a las que están llegando como un compromiso y una responsabilidad social, debemos poner de nuevo en lo alto los principios, pero sobretodo debemos seguir creyendo y soñando que las cosas pueden mejorar, y que nosotros, todos, somos parte de la solución.

Es el momento para que la ciudad le de paso a un nuevo emprendimiento que piense en todos, que le dé oportunidad a las nuevas ideas y se transforme no solo físicamente, sino también mentalmente. Tiene todas las condiciones para ser más emprendedora de lo que ha sido. Es hora de mostrar porqué somos Medellín.

Ésta y otras columnas puede leerlas en Bajo La Manga (www.bajolamanga.co)

Comentarios