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Ejemplo mundialista

Por: ALEJANDRO GAMBOA (@dalejogamboa)

El premio al juego limpio concedido a Colombia por la FIFA no sólo es una reivindicación de las dificultades que en común sentimos la mayoría de los colombianos viendo los partidos de la selección (en especial el de Brasil, donde a la inmensa mayoría nos quedamos con un sin sabor que casi siempre se remata con que eso si era gol de Yepes), un gran respeto por las reglas, por el juez y por el adversario les dieron el mérito para recibir este reconocimiento.

La designación de la selección como un equipo que juega limpio en medio de los interminables elogios para el estilo de juego colombiano, para las figuras de una selección que llenó de esperanza al país es un motivo de orgullo nacional, es antes que nada un ejemplo mundialista, para un país ad portas de un acuerdo de dejación de armas con una de sus guerrillas más antiguas, con la ilusión de iniciar el camino a la paz.

El juego limpio de la selección es una inspiración para los miles de colombianos que debemos iniciar un proceso sin fin que nos permita reconocer que respetar las normas es una forma más que adecuada, necesaria para hacer posible la paz, de hacerle el quite a la corrupción que nos roba todas las oportunidades.

El juego limpio es fundamental para la batalla que se avecina en un congreso más polarizado que nunca, un congreso que tiene el reto de encontrar el camino para zanjar diferencias y construir acuerdos de nación para la elaboración de legislaciones que nos permitan prepararnos para la paz. En ese congreso sí que será importante una lección de juego limpio, un poco del ejemplo que hoy nos dan los jovencitos de una selección que jugó con humildad, pero con magnificencia.

Juego limpio esperamos cada día de las altas cortes, a ver si limpian esa imagen que se mezcla más con la repartija burocrática que no hace parte del debate argumentativo de los jueces. Juego limpio para decidir y juzgar.

El juego limpio no puede ser conceder o regalarlo todo, la propia selección nos demostró lo contrario. Es más bien lograr los objetivos de manera transparente, con estrategias que no impliquen hacer la zancadilla al contrario, con escándalos, chuzadas y otras tantas maniobras con las que muchos competidores políticos suelen trabajar.

Preocupa entonces el panorama que viene para la paz y el ejemplo mundialista de nuestra selección. Es entonces un llamado oportuno a que se den los debates más limpios, rebosantes de argumentos y no de luchas personalistas que puedan opacar la oportunidad de paz que este país, para bien o para mal tiene en manos de sus políticos.

 

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