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Diplomacia

Por: MANUELA RESTREPO SYLVA (@manurs13)

La última semana, el diario La República publicó la medición de los mejores y los peores Ministros según 250 empresarios. La canciller María Ángela Holguín está en el cuarto lugar con una muy buena puntuación y reconocida como una de las mejores del gabinete gracias al mejoramiento de las relaciones exteriores de Colombia con sus países vecinos y el excelente manejo del proceso de entrada a la OCDE y la Alianza del Pacífico.

El presidente Santos ha entendido la norma básica y clave para obtener frutos de las relaciones internacionales: la continuidad. La ministra, con sus altos y bajos ha sabido mantener durante estos primeros cuatro años, una misma imagen en el exterior de Colombia y de ella y su equipo de trabajo. Las delegaciones internacionales han encontrado siempre la misma cara y el mismo discurso en la cancillería, generando así lazos de confianza que al fin de cuentas son el único activo valioso de las relaciones exteriores.

Colombia que venía en el último gobierno Uribe de tener unas pésimas relaciones con los países vecinos y una diplomacia manejada a partir del pago de favores políticos, se reubicó en el panorama internacional como un país emergente, donde se le da confianza al inversionista y esto ha sido sin duda en gran medida por el trabajo de la canciller quien ha entendido que las relaciones internacionales no solucionan nada, pero lo facilitan todo.  Y a lo que voy es que esta cancillería ha comprendido cual es el verdadero papel de la sobre valorada diplomacia, ha entendido que de nada sirven los conflictos con otros países si no hay un indiscutible vencedor en una guerra que haya dejado miles de millones de dólares, que no se pierde la soberanía sobre un territorio si convencemos a todos nacionales y extranjeros de que todavía es nuestro y que es más importante pertenecer al club de los países ricos que seguir mendigando recursos de cooperación que solo llenan las arcas de los operadores de estos.

Las relaciones internacionales por si solas no cambian nada, no arreglan nada. Son una herramienta valiosa para hacerles creer a los demás países que lo estamos logrando y que somos fichas claves en el desarrollo internacional; son un elemento de confianza que nos permite inmiscuirnos en las elites mundiales y apalancarnos con el progreso de otros, son un medio de creación de confianza, que a Colombia hasta el momento le ha salido muy bien.

El presidente acaba de ratificarla para su nuevo gobierno y esto más que un espaldarazo por una muy buena gestión, supone para ella unos retos importantes.

De firmarse un tratado de paz con las FARC, la posición de Colombia en el panorama internacional daría un giro radical. Todos los recursos de cooperación que a la fecha entran con la excusa de la promoción y protección de los derechos humanos de las víctimas del conflicto se quedarían sin piso y tendrían que cambiar su destinación a la de la paz. Se vendrían algunos años de recepción de altos volúmenes de recursos y cooperantes con la excusa de apoyar la construcción de paz, y el acercamiento de Colombia con los demás países dejaría de ser en términos de ayuda humanitaria a ser un exportador de buenas prácticas. El reto es grande, es la gran prueba de lobby internacional, demostrando a la comunidad cooperante que aún se necesita de su apoyo y más que por el tema de los recursos, por la validez que le da a nuestro proceso de paz que este culmine con ayudas extranjeras.

El logro de este escenario depende única y exclusivamente del trabajo que hagala canciller en los próximos meses, cuando será el momento de recoger los frutos de la confianza que se ha ganado en el ámbito internacional en 4 años continuos de trabajo.

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