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Descarbonizar nuestras ciudades

Columnista invitado: Santiago Ortega Arango (@sortegarango)

Santiago Ortega es Ingeniero Civil y magíster en Ingeniería de Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente es profesor de la Escuela de Ingeniería de Antioquia y miembro del equipo coordinador de La Ciudad Verde. Trabaja en temas de energía renovable, ciencias de la tierra, cambio climático y reducción de emisiones.

Cuando consideramos todos los problemas que tienen nuestras ciudades latinoamericanas, descarbonizar es lo último en la lista de prioridades. Seguridad, equidad, movilidad, espacio público y vivienda digna son necesidades más urgentes de los ciudadanos. A esto se le suma, que en términos absolutos, las emisiones de nuestras ciudades son muy inferiores a las del mundo industrializado

Es muy fácil caer en la trampa de creer que hay que escoger entre el ambiente y la economía. Con un poco de lectura del sistema, y los incentivos indirectos adecuados, reducir emisiones se puede volver muy rentable y puede incluso transformar los sectores económicos. Esto suena a teoría bonita, pero en Colombia tenemos un ejemplo del éxito: el sector eléctrico.

Por razones de confiabilidad, la expansión del sector eléctrico Colombiano se hace principalmente con grandes embalses y centrales térmicas, porque son las que pueden garantizar la energía a pesar de que nos lleguen las fuertes sequías, como las del fenómeno del Niño.  Las pequeñas centrales hidroeléctricas proveen energía cero-carbono, y desplazan a la energía fósil, entonces reducen emisiones.

Históricamente, para las pequeñas centrales era difícil competir porque son caras en proporción a su tamaño. Hace unos años, con la entrada del Protocolo de Kyoto, estas centrales empezaron a generar ingresos y a obtener incentivos tributarios por reducir emisiones, lo que las hizo atractivas para los inversionistas. Luego los bancos empezaron a perder el miedo a financiar estos negocios, y así creció la bola de nieve.

Hoy en día, incluso con la incertidumbre del futuro sobre el mercado de emisiones internacional, las pequeñas centrales son una opción muy atractiva de inversión y estamos experimentando un boom de desarrollo de pequeños proyectos. Al punto que ya hay especulación de permisos de concesión de agua a lo largo del país.

Algo parecido puede pasar en nuestras ciudades. Los proyectos urbanos más icónicos de Colombia como el Transmilenio y los Metrocables, efectivamente reducen emisiones y obtienen ingresos por estos conceptos. Además de esto, estas obras resuelven necesidades de transporte eficiente, y en el caso del Metrocable, generan equidad, fortalecen el tejido social y se convierten en proyectos de renovación urbana.

Las ciudades concentran a la mayor población, y son una oportunidad gigante para reducir emisiones.  Por eso, necesario empezar a buscar nuevos negocios que tengan a la reducción de emisiones en el cetro de su filosofía. ¿Dónde atacar? El transporte eficiente, el aprovechamiento energético de residuos, el cambio de las flotas a fuentes eléctricas, la generación urbana de energía y la construcción sostenible son apenas unos sectores que pueden despegar y convertirse en nuevos motores de desarrollo.

Si nos ponemos más creativos, podemos incluso vincular a la ciudadanía para que compense sus emisiones. Desde un sistema de cobro por el carbono emitido de los automóviles particulares, hasta compensación voluntaria de emisiones, hay oportunidades para generar ingresos que se inviertan en mejoramiento urbano de nuestras ciudades.  Así podríamos atacar varios problemas urbanos a la misma vez.

 

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