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Del miedo a la confianza

Por: Andrés Felipe Tobón Villada (@tobonvillada)

Esta semana defendí -¡por fin!- mi tesis de maestría. En la exposición de mis descubrimientos y propuestas expliqué, en tres breves momentos, por qué el miedo y la confianza son contrarios (casi antónimos). Antes de hablar de estos escenarios no dejaba de preguntarme «¿Por qué es necesario descubrir algo que es, de por sí, evidente?» y «¿Por qué si no es necesario indicar ‘blanco no es negro’ sí es necesario hacerlo para hablar de confianza y miedo?»

Fue de este modo como descubrí que la primera defensa la tendría ante mi consciencia. En efecto, después de investigar y leer (y releer), los asuntos los tenemos tan a la mano que empiezan a hacer parte del paisaje. El miedo, como negación de la confianza, se me hacía tan evidente que decirlo en voz alta parecía un sinsentido. Sin embargo, el jurado no daba a la espera. Empecé a hablar rememorando una serie de anécdoras y fue allí cuando, de repente, recordé lo que me había llevado a estar de pie en ese lugar, con un centenar de páginas en mi cabeza y unos marcadores en mi mano derecha.

En un primer momento expliqué el qué de la confianza. La comprendí, a medida que hablaba, como una decisión moral-racional con la que nos volvemos vulnerables. Descubrí, a la par que mis labios, que la vulnerabilidad es propia de los escenarios sociales y que esta virtud nos permite ser colectividad más que individuos.

Luego, indiqué algunas visiones que creen que la confianza puede ser empleada para destruir la sociedad. Expliqué que la confianza solo tiene el modo «construir» y «enlazar» en su proceso social y que los usos intencionados que se dan con apariencia de confianza tienen, por lo general, un trasfondo y una explicación última que definitivamente no es la acción confiada.

Por último, como refuerzo y conclusión de la anterior idea, expliqué que -por ejemplo- la acción victimizadora de los grupos criminales respecto de las comunidades, aún cuando se argulle que estas confían en quienes «los cuidan», terminan por encontrar su comprensión en la naturaleza del miedo y no de la confianza. Que cuando el riesgo de victimización está de por medio, la aceptación y normalización del accionar criminal no se explica en la confianza que estos grupos generan en las comunidades, sino en la potencial utilización de la violencia y, por tanto, en el miedo.

A la final, casi a gritos, invitaba a una comprensión de la confianza como atributo de comunidad que requería de una delimitación en su uso, para garantizar el proceso que representa. Al final, con alegría desbordada, deposité mi confianza en el público -mis amigos- y toda duda -casi, para ser sinceros- desapareció de mi mente. Gracias. Mil gracias.

 

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