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Defender la fauna

Por: Alexánder Bolívar (@alexbolivarf)

El Consejo de Estado, en una decisión tan absurda y contradictoria como a las que ya estamos acostumbrados por parte de la justicia de nuestro país, suspendió la restricción que tiene el científico Manuel Elkin Patarroyo para usar las especies Aotus vociferans y Aotus nancymaae, las cuales son unos micos nocturnos que habitan en el amazonas colombiano y son usados, torturados diría yo, para investigar en ellos la vacuna contra la malaria, que supuestamente dice él, entregará en dos años.

“Colectores indígenas van a la selva, los procesos de captura son bastante devastadores porque ellos talan alrededor del nido donde los micos están durmiendo en ese momento, entre 15 a 100 metros de radio alrededor de donde están los animales, dejan un puente para que los animalitos bajen y ponen una malla de pescar alrededor para que no se puedan escapar una vez estén en el suelo.” Esto fue lo que le dijo Ángela Maldonado, directora de la Fundación Entropika, a Defenzoores en una entrevista en el 2014 en la cual se dejó claro cómo son capturados, transportados, vendidos, torturados, y algunas veces abandonados en pueblos o a mercenarios para la venta ilegal pues no cumplen con los requisitos para la investigación. (Aquí pueden leer la entrevista completa)

Lo peor  de todo es que nuestra mentalidad de creernos especies superiores y que podemos manejar a, por ejemplo, estos micos como se nos antoje, por el simple hecho de parecernos en muchas cosas a ellos genéticamente y por ende biológicamente, no nos da una visión clara sobre la gravedad de torturar y maltratar a estas especies y cómo las están llevando poco a poco a su extinción. He leído comentarios como “es por una buena causa”, también “la única manera de avanzar en la cura de las enfermedades es experimentando en los animales”, o “¿y no les da pesar de los millones de niños que se mueren por culpa de la malaria?”. Aquí la cosa no es qué es más importante, o si es por una “buena causa”, el punto es que el ser humano ya ha llevado a su extinción a muchas especies por acabar con su hábitat y ha intervenido muchos nichos afectando el equilibrio ecológico, y no es posible que esto siga sucediendo en un país con una diversidad biológica inmensa que todos tenemos el deber de proteger.

Todavía falta que la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonía (Corpoamazonía) decida si el instituto para el cual trabaja este científico cumple con las normas y condiciones para su funcionamiento y así seguir la investigación. Espero la respuesta sea negativa y se comience a investigar a más empresas, fundaciones e instituciones que usan animales para sus experimentos y dar una lección sobre la protección a la fauna que habita en nuestro territorio.

 

Otra cosita: hablando de malas decisiones, qué triste que la Corte Constitucional haya decidido darle aval al “arte” de las corridas de toros en Bogotá. Algo tan sangriento, por el simple hecho de ser tradicional, no debería existir. Como lo dijo Daniel Samper Ospina (@DanielSamperO) esta semana: “Si la tradición es un pretexto para justificar la brutalidad, la Corte no sólo debería autorizar la tauromaquia sino también la ablación.”

 

Otra cosita (2): aquí la historia de la semana del libro “Los hijos de los días” de Eduardo Galeano.

 

Febrero 5

A dos voces

Habían crecido juntas, la guitarra y Violeta Parra.

Cuando una llamaba, la otra venía.

La guitarra y ella se reían, se lloraban, se preguntaban, se creían.

La guitarra tenía un agujero en el pecho.

Ella, también.

En el día de hoy de 1967, la guitarra llamó y Violeta no vino.

Nunca más vino.

 

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