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Colciencias: imprudencia sabia

Por: LAURA GALLEGO (@lauragallegom)

Más vale metido a tiempo dicen por ahí, cuando no falta quien en medio de una imprudencia desnude una realidad incomoda. De ello es representante la hoy ex directora de Colciencias, Marcela Arias Pulgarín, quien en una muestra de inconformismo y con algunos tintes de ligereza, se “atrevió” a cuestionar ante un auditorio de investigadores y académicos que constantemente reflexionan sobre la importancia de la ciencia y la innovación para el desarrollo, que paradójicamente el Gobierno Nacional tenía planeado disminuir, casi a la mitad, el presupuesto destinado año a año justamente a invertir en  investigación en ciencia, tecnología e innovación en Colombia.

Una alarma que por supuesto, ante tal público, genero una serie de interrogantes y criticas entre funcionarios del Gobierno, académicos y medios de comunicación pues, a semanas de poner en discusión la agenda gubernamental del próximo cuatrienio y siendo la ciencia y la tecnología una de las promesas incumplidas de Santos y sus 5 locomotoras, se trata de un tema que no es menor, cuando sí definitivo de cara al desarrollo en términos no solo de incentivos a la investigación y la especialización educativa, sino especialmente respecto al acceso a la educación misma y el perfilamiento de la innovación como apuesta que aún no termina por generar resultados que sitúen a Colombia en una posición relevante.

Sin duda la torpeza de la directora la celebramos. Si supuestamente Colciencias es hoy administrativamente una entidad de peso en el desarrollo del país, es absurdo pensar que su presupuesto es de 289.000 millones, sustancialmente menor al necesario, y que ello suponga un paso hacia delante en materia investigativa. Cualquier retroceso, así sea de tipo administrativo o incluso procedimental, en la inversión y el nivel de prioridad de la ciencia, la tecnología y la innovación suponen un retroceso para el desarrollo del país y limita su deseo de progreso. La ciencia y la tecnología, al tratarse de variables que repercuten de forma directa en el desarrollo sistémico de la economía, la calidad de la educación, el empleo, la red empresarial, la inversión extranjera y el desarrollo social, son elementos innegociables en la construcción de una visión de país.

En resumidas cuentas Paula Arias fue retirada de su cargo por asuntos de forma, pero es en el fondo sobre el que quedan varios interrogantes. El recorte presupuestal es apenas el síntoma de una discusión mayor que esta por darse y que me alegro sea hoy de interés no solo académico, también político y mediático. No hay que olvidar que Colciencias, que debería ser una de las instituciones más respetadas del país, ha cambiado cuatro veces su director en menos de tres años y que, de cuenta del Nuevo Sistema General de Regalías y su intención de irradiar mermelada a cada rincón del país a fin de democratizar el desarrollo, ha visto comprometida y obstaculizada la posibilidad de tomar decisiones, priorizar objetos de investigación y responder institucional y autónomamente a los retos que se vienen gestando en el mundo académico internacional. Como resultado de esa nueva estructura paralela, amarrada con frecuencia a la influencia de algunos sectores políticos sin criterio, Colciencias termina por verse sujeta a que otros definan qué es lo realmente importante y que debe desarrollarse desde una visión de gobierno generalmente de cuatro años.

Si el “desarrollo” es más que una palabra para la dirigencia en Colombia, valorar la ciencia es el primer paso que debe darse para alcanzar ese objetivo. Las oportunidades alrededor de la educación y la investigación no son accesorias respecto del desarrollo, optimizar los recursos del Estado que por definición son escasos en ampliar los conocimientos y fortalecer las capacidades de sus habitantes, es apostarle a una visión del progreso con pertinencia y acorde con la realidad.

 

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