Bajolamanga.co

Publicado el Bajolamanga

Campaña política

Por: ANDRÉS FELIPE TOBÓN VILLADA (@tobonvillada)

Cada tanto, esto es, cada vez que en nuestro país tienen lugar elecciones en función de algún cargo público nacional, regional o local, la campaña política se convierte en el aliciente vital de un sistema que pervive del asunto, en primera instancia, y de una ciudadanía desinformada en segunda.

En primera instancia se encuentran aquellos y aquellas –para hablar en lenguaje incluyente- que viven de la política. No en materia de contratación pública corrupta y clientelar, sino en el sentido más vago del término: viven del mundo de la política. Este tipo de personajes son los que toman campañas cada dos o tres años, y tienen la difícil –a veces- tarea de vender a un candidato ante un cluster determinado de electores. Así, el candidato es un producto más que tiene que parecer lo suficientemente bueno como para conducir el futuro de ciertos temas en ciertos escenarios. Para ello el candidato no solo debe tener buenas ideas y experiencia que acredite su desempeño futuro, además debe vestirse bien, hablar bien, aparecer bien y, por encima de cualquier cosa, no equivocarse en ningún momento.

Sin embargo, en algunas circunstancias la campaña política abandona estos dos grandes conjuntos del ideario y la apariencia, y dirige su atención a la destrucción del adversario. En este punto la política como discusión desaparece de la mesa. Hasta ahora, el candidato se había pensado como un eterno preparado para los debates: lucir bien para decir bien lo que tiene que decir sin equivocarse. Cuando se abandona esta idea básica del marketing político, y nos sumergimos en la cuestión de cómo lograr que el otro candidato se vea peor que el mío, las opciones habitan tanto los lugares de la verdad como los de la mentira. De hecho, para algunas campañas el tema de la verdad y la mentira es un asunto de grises y no de extremos; afirmar un acontecimiento nada tienen que ver con decir la verdad o con mentir: todo por la campaña, todo por ganar.

Del otro lado, en segunda instancia, están los ciudadanos desprevenidos que toman por ciertas todas las afirmaciones de la campaña. Están aquellos que hoy creen en Santos, mañana en Zuluaga y, luego, madrugan a votar por Peñalosa. Igualmente están aquellos que consideran que la opción es clara, y no están dispuestos a tirar su voto a la basura (por el tema del voto en blanco). Sin embargo, las preocupaciones de los ciudadanos parecen estar cada vez menos dirigidas al país que sueñan, y más a los calores de la campaña. Ayer la vida personal de Clara López y los narcos de Santos, hoy el supuesto hacker de Zuluaga. ¿Realmente estamos dispuestos a dejarnos conducir por los doctores del marketing? Decía Spinoza que para poder tomar en peso la vida y halarla de las riendas, era primero necesario desentrañar aquella voluntad ajena que nos lleva a actuar. Hoy la invitación transita este escenario. Si se siente empujado por la información que le arrojan, piense de nuevo su voto. Si no le parece del todo cierto lo que dicen en las noticias, piense de nuevo su voto. Si le parece que la gente dejó de hablar de los asuntos que verdaderamente competen a la realidad del país, piense de nuevo su voto. Recuerde que usted no va a comprar una caja de cereales: va a elegir el presidente de la República.

 

Ésta y otras columnas podrá leerlas en www.bajolamanga.co (@bajo_lamanga)

Comentarios