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Anorexia de contenidos: no más trinos vacíos

Por: SARITA PALACIO GARCÉS (@saritapalacio)

Twitter, depende del lado en el que se le mire, podría ser un campo de batalla en el que uno o más bandos se enfrentan. Enfrentamientos que tienen más de forma que de fondo, que se quedan en emisiones de 140 caracteres. Twitter se ha convertido en la mejor plataforma para pavonearse, para exhibir puntos de vista, para conquistar adeptos. Pero… ¿qué hay del fondo?

Hoy, sin lugar a dudas, tenemos en frente una realidad que dibuja ante nuestros ojos el peor caso de anorexia de contenidos. ¿Cuál es el almendrón de la realidad? ¿Dónde están los argumentos? ¿En qué lugar se quedaron reposando las razones? Realidades, argumentos y razones son el alma que tienen que habitar tras los trinos, son el ADN que tiene que llevar cada caracter, es el espíritu al que debe llegar el lector.

Y usted… ¿candidato, político o gobernante? ¿dónde ha dejado reposando sus argumentos en el universo digital?

Está claro que en redes sociales es necesario pasar del trino al hecho. Sí, de eso no hay duda. Pero, el universo digital no puede actuar solo como sobra del espacio tangible. En ambos tienen que tener presencia los argumentos, para que, quien se tope con ellos en cualquier caso, tenga el elemento que le permita decidir entre una u otra posición.

Lo anterior, si a usted le interesa ser la opción que el ciudadano elija con base en razones. Pero, si usted solo aspira a ser electo a través de la maquinaria, este artículo no es de su interés. Usted por años seguirá recurriendo al tamal, al ladrillo y al tono alto para acallar cualquier duda que exista con base en su discurso. El volumen no es el que tiene que convencer, no a mi juicio.

Hace poco, haciendo un paneo general por las redes sociales en el mar de propuestas que generan oleadas en la actualidad, me topé con un contenido en el que en poco tiempo, con poco fondo y con argumentos gastados, se exponía cómo debía ser la educación del país. Su poca monta se ve reflejada en la poca interacción que generó. Además de dar pesar, (por el país) me da lástima de quienes manejan esta estrategia. La educación es el tema de nuestras vidas y hay quienes lo resuelven en pocas líneas. Me da pesar del país porque estamos acostumbrados a votar por argumentos de pocos caracteres… pero ese no es el tema hoy.

El tema nuestro hoy es hablar de cómo deben ser esos contenidos. A continuación cinco sugerencias para tener en cuenta a la hora de trinar, a la hora de elevar el valor de los 140 caracteres.

– El video es un excelente formato: a los usuarios les gusta mirar a los ojos. ¿Por qué? Porque es el mejor escenario para generar confianza. En las redes tenemos más y mejor acceso al conocimiento. Eso está claro. Pero también está claro que nunca antes, como hoy,  habíamos estado más lejos del contacto humanizante, ese que genera confianza. Pues bien, la aspiración es llegar cada vez a más población, pero no se trata del número, sino de la intensidad de la relación y a esa calidad en comunicación le llamamos confianza. Mirar a los ojos, tener la posibilidad de detallar el movimiento de manos, la intensidad de la mirada, y la fuerza de los argumentos en vivo son elementos ganadores en un contenido.

Es fundamental estar con las razones donde existe apetito de éstas. CISCO indica que en 2017 el contenido audiovisual supondrá el 69% de todo el tráfico de Internet.

Además, es importante tener en cuenta que a la hora de los argumentos es fundamental la discusión y la recordación. El contenido audiovisual ayuda a aumentar el conocimiento sobre el producto en un 74% y como si esto fuera poco, el 80% de quienes navegan en Internet dicen recordar los videos a los que accede durante su recorrido digital.

– Simpleza no es ausencia de un enlace: sinceramente no sé en qué momento a los estrategas digitales les dio por decir que más valía una palabra que diez caracteres agrupados en un enlace. Yo creo que se quedaron cortos. Está claro que el arte de la simpleza es fundamental a la hora de pegar un concepto, una idea, un imaginario. De eso no hay la menor duda. Pero, considero, que proponer el desarrollo de una razón para quien quiera profundizar en ella, en lugar de quitar, genera un valor de grandes dimensiones.

Pese a que la imagen se procesa en el cerebro 60% más rápido que el texto, nunca está de más desarrollar la propuesta de la que algunos sólo leerán el enunciado, para que quienes accedan a ella, se encarguen de discutirla, reinventarla y hacer el eco que se espera.

Los argumentos tienen que habitar en la red. No hay que dejarlos en la basura. Señoras y señores: no estamos asistiendo a la muerte de los blog.

– Contenidos pensados para la audiencia: mientras usted siga hablando en el lenguaje que algunos académicos han adoptado, su discurso se quedará circulando en los espacios que ya conocen muy bien su argumento.

No se trata de trivializar el fondo, pero sí de simplificar el lenguaje. ¿Qué necesidad hay de decir periplo si usted puede decir viaje, tránsito o recorrido?

Hay una regla clave en el marketing de contenido: hablar al público, en el lenguaje público sobre lo que el público vive.

– Creatividad, la regla de oro: esto no implica abusar de la diversidad de formatos. El exceso de multimedios no es condición  de éxito. ¿De qué se trata? De pensar en el tema y cuál es la mejor forma de presentarlo.

No todo se resuelve en una columna de opinión. No todo se resuelve con un video, o con una foto, o con una caricatura. ¿Qué tal una entrevista a múltiples voces y que usted responda luego en un blog? De eso hablo cuando sugiero la creatividad. De explorar nuevas opciones. El éxito en redes es equivalente a los experimentos.

– Sea usted: la autenticidad en los videos, en las fotos, en los textos, en los trinos, en las preguntas y respuestas son condición de recordación. ¿Qué tal un selfie de vez en mes? A Francisco le funcionó. ¿Por qué a usted no?

Se trata de poner sobre el papel, bueno… en este caso, en la pantalla más fondo que a través de la forma logre seducir. No quedarnos en la forma porque al final ésta se traducirá en olvido.

Ahí les dejo la inquietud.

 

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