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Algo ilegal

Por: ANDRÉS CARRILLO (@ciertazcosas)

Lo hice no porque lo estuviese planeando de antemano, hace rato no lo hacía a decir verdad, en realidad lo hice fue porque poco antes de terminar mi horario en el trabajo me llamó ella, me propuso que hiciéramos algo indecente, pero que lo hiciéramos también con él; no supe lo que se proponía, hasta que me lo dijo, entonces supe que lo debió haber hecho de otra forma, porque lo que me propuso no tenía nada de indecente, aunque lo de la indecencia se quedó ahí.

La verdad, lo que ella quería, que además no lo había propuesto ella sino él, era más bien ilegal, pero bastante decente en lo que a mí concierne. Yo tampoco entiendo cómo algo ilegal puede ser decente, pero así lo es, es una actividad muy natural, nunca ha hecho daño a nadie, solo produce placer.

Bueno, el caso fue que ellos quedaron de recogerme en casa después de llegar del trabajo, de allá saldríamos hacia las montañas, o a donde fuera, algún lugar preferiblemente deshabitado, donde nadie nos conociera, ojalá donde no hubiese nadie; hay gozos que aunque se realicen de a tres son casi íntimos, no hay razón para estar echando en cara a nadie lo que uno hace en su privacidad.

No hubo que andar un gran trecho para encontrar una carretera deshabitada, era de noche y hacía frío, lo cual, al contrario de lo que puedan pensar, jugaba a nuestro favor. Dentro de un momento, cuando comenzáramos, es probable que no sintiéramos ni las piernas; es probable que estuviésemos tan embriagados en nuestro propio gozo que no nos acordáramos del mundo, la verdad, para lo que íbamos a hacer no necesitábamos sino un poquito de calor; y así, prender por fin lo que luego sería imposible de parar.

No sé quién nos delató, pues todo parecía solo, deshabitado por completo. El caso es que cuando vimos unas luces titilando rojo y azul algo empezó a oler mal, era la policía, no nos podían estar buscando, acabábamos de empezar, debía ser cuestión de rutina. Decidimos parar, esperar a que se fuera, sonreír como si fuéramos almas de Dios, e irnos a otro lugar.

Esta vez sí nos aseguramos de que estuviésemos solos, gritamos un poco para ver si alguien respondía y nada pasó. Ansiosos como estábamos empezó primero él, que era quien había propuesto el plan, luego ella, y por último yo, no nos pusimos de acuerdo en que así fuera, pero así sucedió.

Lo hicimos; y cuando nos dio hambre decidimos partir. Al regresar nos dimos cuenta de que estábamos perdidos, comenzamos a dar vueltas por las calles sin encontrar ninguna dirección, nos preocupamos mucho, no queríamos quedarnos cerca de aquel lugar. El tiempo se empezó a hacer lento, lentísimo, un minuto una hora, una hora tres años. Sentíamos que habíamos estado dando vueltas toda la vida.

De ahí en adelante todo terminó de suceder con facilidad, acordamos que la comida  era la más rica que habíamos probado en la vida, reímos como locos, fue una buena noche. Hasta el día de hoy no lo hemos vuelto a hacer.

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