Por Marco Antonio Valencia

Para el DANE cerca del 40% de la población colombiana vive en pobreza y cerca de 24% de la población padece desnutrición por falta de alimentos. Pero no hablemos de cifras ni porcentajes, hablemos de personas, de vecinos nuestros que ya sufren estos males.

Los desplazamientos forzados, los coletazos de la pandemia, la ruina que causan los cierres ilegales de la vía Panamericana, el aumento de precios de los alimentos, la falta de empleos estables, son factores que generan pobreza y hambre en nuestro Cauca, en Popayán.

Que tengamos tantos pobres en las calles y semáforos es el espejo y el reflejo de un fracaso social y un fracaso de nuestros gobernantes.

No vivimos en el Cauca falta de productos agropecuarios para alimentarnos, pero el alza de precios, la inflación, y la devaluación de la moneda están afectando la economía de todos en la región. Además, ya casi nadie quiere trabajar el campo, unos por miedo a los factores armados y otros porque ven en el raspar coca algo más lucroso para sus vidas.

Un buen candidato para gobernar a Popayán, incluso el Cauca –a futuro–, debe hablarnos de cómo resolver los problemas de hambre y de pobreza creciente.

Hay gente en Popayán condenada a la miseria y hay gente condenada a la indiferencia. Los primeros podrían morir de hambre y los otros, tal vez, nos deberíamos al menos, enfermar de vergüenza.

Hay que reforzar los sistemas de atención, mejorar la ayuda y apoyo para los habitantes de calle. El hambre, el frío, la falta de hogar, la falta de salud, la falta de agua, de servicios sanitarios, el olvido y la indiferencia de muchos… los está matando.

No estamos viviendo una guerra, pero como si lo fuera. Tenemos gente viviendo en Popayán en condiciones infrahumanas, como refugiados. ¿Y a nadie le importa? ¿Nadie va hacer nada? En la historia de la humanidad ninguna guerra, conflicto de tierras, disparos entre mafias, plaga o pandemia ha matado más gente como el hambre.

Dejemos de ser tan inhumanos. Salgamos de nuestras casas de cristal, dejemos el miedo, abramos los ojos para ver el desastre humanitario que está pasando frente a nuestros ojos, allí en los semáforos.

No es en Ucrania donde se requiere nuestra ayuda, son los desterrados sin casa ni pan que viven en los semáforos de Popayán los que piden ayuda.

Hacen falta ciudadanos que se preocupen por los pobres de Popayán. Organizar brigadas, acciones humanitarias. (No esperemos que el gobierno haga algo, están demorados ya).

Que la indiferencia no sea la vida normal entre nosotros. Que la falta de empatía no sea nuestra forma de vivir.

Ayudemos a los que ayudan, apoyemos a las entidades y ONG que están ayudando a los pobres, a los sin casa, a los sin pan, a los sin nada.

Los habitantes de calle son seres humanos con la fortuna al revés, con la suerte de espaldas. Viviendo en carne propia malas decisiones económicas y políticas de una sociedad cada vez más indiferente. No seamos parte de la tragedia, ni cómplices de la miseria.

¿Vamos a dejar morir frente a nuestras propias narices a estas personas sin hacer nada?

Siendo solidarios no cambiaremos la historia, la pobreza está generalizada, pero podemos hacer la diferencia.

 

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