“El mundo entero se detuvo esta mañana. ¿Sabes por qué? Porque el tanque de un niño de 8 años estaba vacío.

Había comenzado otra semana, el sol comenzaba a salir en el horizonte, la radio anunciaba las noticias del día.   Los niños estaban empacando sus libros en la maleta y su madre se estaba preparando para irse al trabajo, cuando de repente notó que su hijo menor estaba de pie en el baño secándose las lágrimas.  Se detuvo en la puerta y le preguntó si estaba bien.

Miró hacia arriba, aún con lágrimas rodando silenciosamente por sus mejillas y negó con la cabeza. Cuando le preguntó si había pasado algo, volvió a negar con la cabeza.

Así que se sentó a un lado de la bañera y lo tomó en sus brazos, le dio un beso en la frente, acarició su mejilla y le dijo que a veces los tanques de nuestro corazón se sienten vacíos y necesitan ser rellenados.    Lloró en su pecho desconsoladamente y lo sostuvo con fuerza.  Le preguntó si podía sentir en ese abrazo todo su amor llenándolo…  Asintió levemente con su cabeza y las lágrimas comenzaron a detenerse…

Esperó un minuto y dijo…

-¿Ya te ha llegado a los dedos de los pies? preguntó

Él negó con la cabeza…

-Vale…  Tomaremos todo el tiempo que necesites. El trabajo no importa en este momento, ni el colegio tampoco es importante. Esto de aquí -posando la mano en su pecho- es lo más importante hoy, ¿de acuerdo? … suspiró el niño… 

Ok, esperemos un minuto más…

-¿Está tu corazón lleno de amor de mamá ahora?

-Si- Respondió en medio de otro suspiro…’

Tomó su cara en sus manos, lo miró a los ojos y le dijo -¡Lo veo brillando allí, estás lleno hasta el tope y estás sonriendo!…   Tu tanque está nuevamente lleno.  

El niño sonrió, miró un rayó de sol que entraba ligeramente en la ventana y salió corriendo a terminar de empacar sus libros, no sin antes darle un abrazó a su mamá”  

Puede que no tengas 8 años, puede que tengas 30, 43, 50 o los que sea, pero TODOS, todos tenemos días en que nos quedamos vacíos como él. Su semana tal vez estuvo tan ocupada y tan llena de cosas y su pequeña alma estaba seca, vacía… ¿Les ha pasado?. 

Alguna vez leí algo que decía “fingimos sonrisas para ahorrarnos preguntas” y eso es muy cierto, pero he aprendido que se vale estar triste y no pasa nada. No hay que dar explicaciones, hay que vivir cada emoción como llega, a todos se nos vacía el tanque, a veces despertamos tristes por algo, por nada en particular o por todo y tenemos que hacer una pausa y tomarnos un momento para volver a llenarnos con las cosas buenas que nos rodea.  

A veces el abrazo de un amigo, las palabras precisas que llegan inesperadamente, la conversación con una hermana, la compañía de una mascota. Como el niño de 8 años poco a poco vemos llenar el tanque del corazón nuevamente con pequeños momentos. Tal vez una canción que cantamos a grito herido, un meme que alguien nos envía y nos saca una sonrisa, una lectura reconfortante, un mensaje, una caricia, una puesta de sol, una flor… Tantas cosas mágicas que vuelven a llenar, a recargar el corazón.

Como bien lo decía el poeta mexicano Amado Nervo:

“Siempre que haya un vacío en tu vida, llénalo de amor”

 

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