Nada más propicio en este día 31 de octubre que intentar describir los rasgos más vistosos del disfraz del Tigre para Halloween, que es la única fiesta donde debería estar. Para empezar, hay que destacar la espectacularidad con la que se desplaza por todo el país, haciendo gala de su fiereza como un auténtico felino depredador, que merodea y se pasea entre sus presas abatidas y esposadas. Es admirable su forma de desafiar y humillar a los criminales, ya “neutralizados” o esposados. Su valor es indescriptible, pues lo hace acompañado de una modesta seguridad, rodeado de escudos y unos cuantos escoltas, si acaso portando para su defensa personal una simbólica pistola y un sencillo Walkie-talkie. Por eso su manada cada día lo admira y glorifica como su máximo líder, el héroe salvador de la patria. Su manada lo aplaude y delira con su rol de Rambo invencible y se identifica con su implacable ejercicio de la autoridad, que fustiga a tan temibles criminales con su mirada de Basilisco y los condena con su verbo punitivo, sin recurso legal alguno y les da una efusiva “Bienvenida a la Patria Milagro”, enviándolos al infierno del sistema carcelario. Allí deberían haber estado desde su nacimiento, como pobres diablos que son. Basta mirar sus horrendas y tenebrosas pintas, propias de Halloween: negros, mulatos, desarrapados, tatuados hasta el alma, feos, harapientos, desencajados y de miradas torvas. No merecen la Patria Milagro, solo el Infierno de la Picota, mientras se construyen las megacárceles, en donde pagarán con dignidad sus fechorías, si es posible hasta el final de sus días.
Metamorfosis Teratológica
Es comprensible que así se comporte el Tigre, aunque ayer, como exitoso abogado penalista de delincuentes de cuello blanco y asesor de criminales de lesa humanidad, reclamará para sus clientes la presunción de inocencia y el debido proceso, hasta no ser vencidos en juicio, como en efecto lo fueron David Murcia Guzmán, los comandantes paramilitares y pronto lo será su entrañable amigo Alex Saab, a quien asesoró personalmente y defendió su bufete de abogados en Miami, hoy investigado por un fiscal en Estados Unidos por ocultar un presunto lavado de activos del narcotraficante “boliche”[i]. Se entiende, pues, que tal cambio de comportamiento, lenguaje y espectacular forma de actuar obedezca a una metamorfosis teratológica, ni siquiera imaginada por Kafka, como es la de un impoluto abogado penalista transformado en un fiero Tigre vengador, gracias a los votos de su manada, que hoy le reclama que no sea inferior a sus promesas. Que cada semana, por lo menos, satisfaga su sed de “justicia y seguridad”, con redadas en las principales ciudades y bombardeos en el campo, sin inhibirse por respetar el Estado de derecho y menos el cumplimiento del DIH, coartadas de los mamertos y el wokismo internacional. Una metamorfosis que, no hay que olvidar, la hizo apropiándose la camiseta de la selección Colombia en la campaña presidencial y durante el mundial de fútbol, siguiendo la táctica de Jahir Bolsonaro en Brasil, hoy condenado y con su par de vástagos bajo la protección de su padrino Trump. Una admirable, bella y patriótica familia brasileña, de la que ya no es cercana el Tigre, más por motivos de seguridad y pragmatismo, pues necesita la colaboración de Lula, que no hace parte del “Escudo de las Américas” y su frontera en la Amazonía con Colombia supera los 1.600 kilometros. Una frontera rica en coca, en oro, minerales estratégicos, tierras raras, hoy infestada de alimañas que hay que bombardear y exterminar.
Colombia y su disfraz de “Patria Milagro”
Ese es precisamente otro rasgo tan vistoso como mentiroso y peligroso del disfraz del Tigre, su fantasiosa “Patria Milagro”, que pretende apropiarse exclusivamente de COLOMBIA, desconociendo su complejidad, su disputada historia, su portentosa pluralidad cultural, étnica, política y rica biodiversidad, para beneficio de grandes inversionistas internacionales y privilegiados empresarios nacionales, todo ello bajo el disfraz de la “Patria Milagro” y con el apoyo de su movimiento político “Defensores de la Patria”, respaldado por una vasta red de iglesias evangélicas y sus pastores. Por eso no es un capricho personal, ni mucho menos una cortina de humo, su intento fallido de borrar del Museo Nacional y de sus salas “Hacer Sociedad” y “Memoria y Nación”, más de 50 obras sobre el proceso de paz, las luchas feministas y la diversidad sexual, que hoy de nuevo están en el Museo gracias a la orden del juez César Enrique Osorio Ortiz[ii]. Entre esas obras censuradas y retiradas, nada menos, se encontraba un ejemplar de la 7 papeleta, a la que debemos la Constitución del 91, lo que demuestra la inquina e irrespeto del Tigre y su manada por el Estado Social de derecho y tres artículos que son constitutivos de nuestra identidad nacional, el 7: “El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”; el 13: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica. El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados. El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que, por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan”, lo que contrasta con su silencio presidencial, casi sepulcral, ante el asesinato cometido por miembros de la Policía Nacional del joven negro Donovan Balanta, y, por último, tenemos el artículo 22: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.
La Paz sin bolígrafo
Por supuesto, también se retiró el bolígrafo con el que se firmó el Acuerdo de Paz entre el Estado y las Farc-Ep, en el Teatro Colón, porque el Tigre precisa borrar de la memoria de los colombianos todo vestigio de la superación de la guerra por vía política. Lo cual es comprensible para una manada de bestias furiosas que solo respeta la ley de la selva, la del más fuerte, y desprecia el principio de la civilidad y la política que rige en todas las sociedades modernas en virtud del tránsito del estado de naturaleza a la sociedad civil y el Estado de derecho. Ya lo expresó Hobbes hace más de tres siglos: “la Paz es el primer imperativo de la Política”, por eso la exige el artículo 22 de nuestra Constitución como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento para todos los colombianos, cuya violación celebran todos los días quienes ganaron el plebiscito contra el Acuerdo de Paz y hoy gobiernan a punto de rugidos, zarpazos contra la Carta y consignas letales en nombre de “Cristo Rey” y la “Patria Milagro”. Toda una comparsa de disfraces acompañada de gritos sacrílegos, más apropiados para celebrar Halloween, no para gobernar una sociedad que lleva más de medio siglo haciendo la guerra en nombre de la paz, con un lastre de más de 10 millones de desplazados por la violencia, cerca de 800 mil víctimas mortales y 136.010 personas desaparecidas[iii], lo que significa que “al menos una persona ha desaparecido cada dos días este año por el conflicto armado colombiano”, según el CICR[iv]. Frente a semejante horror, hay que reconocer la osadía del establecimiento y su corifeo de aduladores de presentar a Colombia con el impecable disfraz de la democracia más estable y profunda de Latinoamérica.
[i]https://www.garua.org/investigacion-de-the-new-york-times-revive-el-pasado-de-abelardo-de-la-espriella-como-abogado-en-estados-unidos/
[ii]https://cambiocolombia.com/regresan-al-museo-nacional-las-casi-50-obras-que-el-ministerio-de-las-culturas-habia-desmontado-sucede-luego-de-una-orden-judicial
[iii] https://caracol.com.co/2026/04/08/nueva-cifra-de-desaparecidos-en-el-conflicto-armado-en-colombia-es-de-136010-a-que-se-debe/
[iv]https://www.elheraldo.co/colombia/2026/08/28/cicr-alerta-que-en-colombia-desaparece-una-persona-cada-dos-dias-por-el-conflicto-armado/
Hernando Llano Ángel
Abogado, Universidad Santiago de Cali. Magister en Estudios Políticos, Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. PhD Ciencia Política, Universidad Complutense Madrid. Socio Fundación Foro Nacional por Colombia, Capítulo Suroccidente. Miembro de LA PAZ QUERIDA, capítulo Cali.