Por: David Saavedra // Concejal de Bogotá
En tiempos de desinformación, populismos de derecha e izquierda, escándalos de corrupción y de discursos libertarios que buscan llevarnos a la anarquía capitalista para que nadie pague impuestos, es impopular hablar de ellos. Lamentablemente Bogotá fue víctima de todos estos actores en la reciente discusión del “Acuerdo para una ciudad inteligente” que logramos aprobar en el Concejo. Sin embargo, es indiscutible que el pago de tributos es absolutamente necesario para que una sociedad avance y se modernice.
Fue Antanas Mockus quien por primera vez estableció un pago voluntario en los impuestos predial, vehicular y de ICA cuando les planteó a los bogotanos una sencilla pregunta: “¿Confías suficiente en tu ciudad como para pagarle un poco más de lo que te toca? La respuesta contagió a más de 56 mil ciudadanos que dieron un 10% adicional.
Sin embargo, ese pacto se rompió de alguna manera con el carrusel de la contratación, denunciado entre otros por el actual alcalde Carlos Fernando Galán, porque los ciudadanos dejaron de confiar en lo público. Y aunque en los últimos tres años este pago voluntario volvió a crecer desde los 14 mil en 2022 y a los 24 mil en 2025, la cifra sigue estando lejos de los tiempos de Mockus.
Da manera que es urgente que ese pacto se restablezca en beneficio de la ciudad que hoy luce atrasada en tecnología y ese fue el voto de confianza que dimos en el Concejo de Bogotá en pro de la modernización. El rezago que tenemos en alumbrado inteligente es inaceptable: Buenos Aires tiene más de 200 mil puntos telegestionados, Río de Janeiro 130 mil, Cali 33 mil, Bucaramanga 11 mil. ¡Y Bogotá ni uno! Estábamos en deuda de lograr la evolución del alumbrado para que se convierta no solamente en postes con mejor iluminación, sino en cámaras de seguridad con videos de alta calidad y en la atención de desastres con sensores de sismos e incendios.
El caso de Buenos Aires es bien interesante porque es la ciudad más avanzada de la región en convertir su alumbrado público en inteligente. Allá el impuesto ABL (Alumbrado, Barrido y Limpieza) se cobra desde hace décadas, aunque desde 2013 unificado para la modernización e inclusión del Internet de las Cosas (IoT) en los postes de energía. El pago de este impuesto mensual varía dependiendo del valor de la propiedad, entre 33 mil y 100 mil pesos colombianos, pero se les cobra a todos, sin importar los ingresos. Su resultado traducido en una mejor infraestructura, es la demostración de que el pago de tributos sí se traduce en avances para la ciudad.
En Bogotá, la propuesta presentada por la Administración Galán para acabar con el atraso respetó el principio de progresividad que ordena la Constitución, es decir, que los que más tienen sean los que más paguen. Por eso, en lo aprobado quedó establecido que la sobretasa al predial para financiar esta modernización no la pagarán los estratos uno, dos y tres, salvo que tengan predios de más mil millones de pesos. En el estrato cuatro el pago será de 11 mil pesos mensuales, en el cinco será de 19 mil pesos mensuales y en el seis de 29 mil pesos mensuales; mientras que en el comercio será de 67 mil pesos, en las industrias de 139 mil pesos y en el sector financiero 195 mil pesos mensuales.
Oponerse a esta iniciativa bajo algunos argumentos de colegas de la derecha, enemigos per se de los impuestos, es sencillamente proteger a los más privilegiados de una sociedad a costa de los más vulnerables. Porque si ellos no aportan, no se logra la modernización que garantizaría el Distrito para que, por ejemplo, cerca de una vivienda de estrato bajo se instalen uno o varios postes telegestionados. Quizá habitantes de conjuntos cerrados en estratos cinco o seis sí estarían dispuestos a pagar esa tecnología en su administración, pero no el impuesto. ¿Por qué no permitir que la haya en toda la ciudad?
La sobretasa del predial, las modificaciones en el ICA y otros beneficios tributarios que trae esta iniciativa que aprobamos, no son un cheque en blanco para esta y las administraciones distritales futuras. Por eso, desde el Concejo estaremos vigilantes y haciendo control político para que se haga realidad la modernización del alumbrado público y para que se cumplan las proposiciones que respaldamos durante el debate para exigirle a Enel Colombia, así buscamos que la infraestructura –es decir, los postes de luz– vuelva a ser propiedad del Distrito y que esta empresa empiece el soterramiento de los cables, que se traduce en bienestar, embellecimiento de la ciudad y salud pública para los ciudadanos. “Los impuestos son el precio que pagamos por la civilización”, era la reflexión sobre justicia tributaria esbozada por el juez estadounidense Oliver Wendell Holmes. No puede ser que renunciemos a ella simplemente por la desinformación, populismo y corrupción que les señalaba al inicio. El futuro de una Bogotá moderna tiene un costo que será retribuido en beneficio de todos los que aquí vivimos. Así que, mi invitación a los ciudadanos con lo que significa este voto de confianza, más allá del cobro de un impuesto y de la modernización de la ciudad, es a que volvamos a confiar en lo público y a trabajar juntos por un propósito superior que es Bogotá.
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