No me invites, que no puedo ser el amor de tu vida. En este reino soberano ya llegué a mi trono, y no quiero, ni puedo, añadir a lo temido y adorado.

Suena el pájaro que no conozco y cae una rama.

Me aterriza en este hoy tan pausado para entender que nuestras casas no sabrán nunca que nos hemos ido.

De ese lado nos susurran los recuerdos frescos de quienes decidieron llamarse amores de la vida.

Me devuelves a los días en los que fuimos niños y entraste a ver mis medallas de natación diciendo que recorrerías el mundo de mi mano, volteando la esquina de una credencial.

No quiero que me invites a la otra orilla.

Yo sé mucho sobre los amores de la vida. En ellos, las promesas no se extinguen, porque reflejan los ojos en un espejo propio y sin tiempo, en una burbuja de protección incontenible.

Si me llevas, soportaré menos descifrar las agresiones de los insolentes que se autoproclaman perfectos.

Aquí sobrevivo con la ilusión de que un día, en esos pequeños ojos, retomaremos tiempos de vidas pasadas, sin prejuicios, en el reconteo de palabras de las canciones de siempre.

Solo repetiré emociones, sin la novedad del repentino descubrimiento.

No me invites, que no puedo ser el amor de tu vida.

En este reino soberano ya llegué a mi trono, y no quiero, ni puedo, añadir a lo temido y adorado.

Suena el pájaro que no conozco, escucho un zumbido y cae una rama en lo profundo de mis manos.

Adriana Patricia Giraldo Duarte Avatar

Comparte tu opinión


Todos los Blogueros

Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.