Diversos pensadores han alabado las ventajas de ser breve y no extenderse demasiado, especialmente en la literatura. Existen autores que se especializaron en construir relatos que no consumieran demasiada tinta, pero tampoco gastaran los ojos de sus lectores, es la minificción o literatura breve.
Nota preliminar: Este artículo se publica simultáneamente en la columna semanal que llevo en El Correo del Golfo, en donde el autor firma con su nombre de pila, Dixon Moya.
Hoy prometo no demorarlos en la lectura de la presente columna, para ser consecuente con la idea de la brevedad, que voy a desarrollar. Los siguientes párrafos serán los estrictamente necesarios para dar una noticia personal.
Diversos pensadores han alabado las ventajas de ser breve y no extenderse demasiado, especialmente en la literatura. Existen autores que se especializaron en construir relatos que no consumieran demasiada tinta, pero tampoco gastaran los ojos de sus lectores, es la minificción o literatura breve.
El escritor y divulgador Orlando Mejía Rivera, define la minificción como el cuarto género literario, citando a David Lagmanovich, quien acuñó el término. Es complejo definir sus límites porque puede ir del cuento corto al verdadero microrrelato, Ana María Shua, gran exponente de la minificción habla de un género fronterizo, entre el poema en prosa, la ironía, el aforismo.
Antecedentes de la minificción se encuentra en los clásicos fabulistas, en filósofos como el chino Zhuangzi, incluso en las parábolas bíblicas de Jesús, hasta refranes, proverbios o las greguerías de Ramón Gómez de la Serna.
Maestros universales de lo efímero, aunque paradójicamente de recordación inmarcesible, son Antón Chéjov, Franz Kafka, Italo Calvino, Jorge Luis Borges, Yasunari Kawabata, Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Juan José Arreola, Julio Torri, Rubén Darío, Alice Munro, Raymond Carver, Eduardo Galeano. A Ernest Hemingway, se le atribuye un microrrelato que para quienes hemos sufrido una pérdida, lo dice todo: A la venta: zapatos de bebé, sin usar.
En la época contemporánea, imperdibles como Naguib Mahfuz, Lydia Davis, Juan José Millás, Luis Britto García, Amy Hempel, George Saunders, Espido Freire, Jamaica Kincaid, Donald Barthelme, Alfonso Sastre, Luis Mateo Díez, Virgilio Piñera, José María Merino, Jairo Anibal Niño, el citado Orlando Mejía Rivera. A todos los que faltan, mis rendidas excusas, pero no hay mucho espacio en la minificción.
Hoy deseo anunciar con alegría poco disimulada, que honrando la tradición de la brevedad, he publicado una colección de historias cortas con la editorial venezolana Letralia, de la que soy colaborador desde el año 2000, cuando se iniciaba como un sitio en Internet y hoy es un referente literario en Hispanoamérica. El título del libro: 50 (sin cuenta) microrrelatos.
Me queda mal hablar bellezas de este libro, sólo puedo decir que se trata de cincuenta relatos honestos así sean mentiras literarias, cuentos cortos y algún verdadero microrrelato, aunque el lector ocasional no necesitará lupa para encontrarlo. Ideal para la lectura en cualquier medio de transporte, en estos tiempos de afanes y azares. Además, su forma y peso corresponde al contenido, es blando, pequeño y liviano, no incrementa el volumen del equipaje.
Si deciden comprar el libro, que se puede adquirir en Amazon, apoyarán una buena causa, la de adelantar la jubilación de su autor, lo que le permitirá escribir nuevas cosas antes de que llegue el Apocalipsis, bien sea por la Inteligencia Artificial o el Cambio Climático. La humanidad embelesada en sus teléfonos móviles no se decide a escoger el menú del final colectivo.
Gracias de antemano, a quienes decidan gastar tiempo y dinero en un libro que aunque breve, ha sido hecho con cariño y más importante que cuenta con las virtudes y defectos de las neuronas humanas, pues su redacción ha sido inmune a la supuesta perfección de la IA, tan en boga hoy día y que visto lo visto, será al final nuestra perdición.
En cualquier caso, espero que la lectura les sea agradable y si es así, agradezco que recomienden el libro a familiares, allegados y amigos, o si les parece pésimo que lo aconsejen a sus mal querientes. De cualquier modo, se agradece su amable intención. Bienvenidos a la lectura breve o brevísima.
P.D.: Para quien desee ampliar información sobre el libro y su autor, comparto lo que apareció en Letralia, a su Director Jorge Gómez Jiménez y a todo el equipo, un agradecimiento nada pequeño ni efímero, por su dedicado trabajo con este libro y su afecto consanguíneo:
En lo que sigue llamando Twitter lo encuentran como @dixonmedellin y en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social
Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)
Advenedizo extraviado en la dimensión desconocida. Alguna vez aspirante a diletante cronopio y decantado en aceptable fama. De los pecados, errores y calamidades cotidianas me rescata Patricia, incondicional compañera. Cuando salgo del espejo de Alicia, me pongo corbata, apellidos de pila e intento aplicar lo aprendido en la Universidad Nacional de Colombia y otros gratos centros de estudio, en la diplomacia. Estuve en el desierto y ojalá pudiera dejar huella.
En horario no laboral me pueden ubicar en Twitter:
@dixonmedellin
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