Más allá de la medicina

Publicado el jgorthos

¿PREINFARTO? MEJOR HABLEMOS DE DOLOR TORÁCICO

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Con frecuencia encontramos personas que ingresan a los servicios de urgencias con síntomas de dolor en el pecho, ansiedad, sudoración, sensación de palpitaciones y síntomas generales que no terminan en nada concluyente y requieren estudios adicionales; al volver a su medio social nos cuentan que tuvieron un preinfarto.

No existe un consenso médico que así lo catalogue; además de ser un término impreciso, le da al paciente un estatus de cardiópata; en muchos casos el dolor puede ser de origen digestivo, se puede asociar a patología osteo-condral, o a patologías derivadas de ansiedad o estrés laboral.

Para ser precisos, mejor hablemos de dolor torácico; de esta manera sabremos qué hacer y qué no hacer ante un episodio de esta naturaleza cuando estemos en el trabajo o en el día de descanso familiar.

En un estudio del Reino Unido, publicado en el 2010, se mostró que el dolor torácico representaba el 1% de las consultas de medicina general, el 5% de las consultas en los servicios de urgencias y hasta un 25% de hospitalizaciones en los servicios de urgencias.

Recuerdo mi época de estudiante de medicina cuando, con la guía del doctor Cediel, aprendíamos semiología y nos aproximábamos a la práctica clínica. La famosa guía nos indicaba todas la causas posibles de dolor torácico. Era una interminable lista de posibilidades que nos indicaba que no siempre el dolor torácito es cuestión del corazón.

Para resumir, el origen del dolor torácico puede ser:

  • Angina de pecho, infarto agudo de miocardio, crisis hipertensiva, pericarditis, enfermedades valculares, sindormes disautonómicos, aneurismas, anemisas, etc.
  • Trombo embolismo pulmonar, hemotórax, infarto pulmonar, hipertensión pulmonar, neumopatías, neoplasias, epoc, neumoconiosis, mediastinitis, etc.
  • Reflujo gastroesofágico, espasmos esofágicos, hernia hiatal, colecistitis, colelitiasis, ulcera gástrica, pancreatitis, distensión gástrica, cólico biliar, neoplasias, etc.
  • Musculo-esquelético. Osteocondritis, enfermedad muscular inflamatoria, tensión muscular, herpes zoster, artritis, traumas costales, síndrome del opérculo torácico, enfermedad degenerativa de la columna vertebral, glándulas mamarias voluminosas, etc.
  • Psicógeno. Síndrome depresivo, trastornos de ansiedad, psicosis cardiaca, estrés laboral, síndrome de hiperventilación, somatización.
  • Neurológico. Neuralgia intercostal, radiculitis, neuropatía traumática, enfermedad vertebral.

Ante esta lista de posiblilidades el médico hace acopio de todos sus conocimientos y, con base en los signos y síntomas, va orientando el diagnóstico y la aproximación de patologías. Aquí es donde el arte de la medicina, desde la ciencia, logra entender, estudiar, investigar y ajustar la manera de identificar la enfermedad, precisar el tratamiento y ayudar a los pacientes con sus dolencias.

Generalmente, por cada diez pacientes con dolor torácico que entran al servicio de urgencias, dos presentan patología cardiaca. Aquí es donde se deben afinar las estrategias diagnósticas para dar los mejores desenlaces.

En este proceso se pueden presentar tres grupos de pacientes: los que se sub diagnostican con un dolor torácico de origen coronario y son enviados sin adecuados estudios a sus hogares. En estos casos, la mortalidad puede ser del 25%

El otro grupo está dado por los pacientes que exageran y, sin adecuado enfoque; es decir, sin la aplicación estricta de las guías de práctica clínica, son hospitalizados sin necesidad de requerirlo y hacen que se presenten demoras en el diagnóstico y tratamiento respectivo.

Cuando los pacientes con dolor torácico llegan a un centro de atención, el médico debe evaluar su edad, sus antecedentes familiares y personales, realizar un adecuado examen físico y, al menos, realizar un electrocardiograma que permita aproximarse y determinar si se presenta en un síndrome coronario agudo que requiera atención específica.

El siguiente nivel diagnóstico implica la solicitud específica de enzimas cardiacas que, de acuerdo con protocolos, permitenn evidenciar si existe un daño progresivo en el musculo cardiaco y de esa manera confirmar la lesión del mismo.

Es acá, cuando el médico en emergencias, solicita la interconsulta del cardiólogo para interpretar adecuadamente el cuadro clínico y los hallazgos de los diferentes elementos de apoyo diagnóstico.

En este momento se identifican tres grupos de pacientes, así: el que presenta patología cardíaca y requiere manejo agudo; el de dudosa patología y que exige mayor observación y nuevos exámenes; finalmente, el grupo que no tiene etología coronaria. Este ultimo grupo es la mayoría y requerirá de acuerdo a los hallazgos estudios complementarios que muchas veces se realizarán de manera ambulatoria.

Como podemos ver es complejo etiquetar con facilidad el dolor torácico; de todas formas existen protocolos establecidos que facilitan la evaluación y clasificación inicial, para poder definir la ruta del tratamiento a seguir.

No todo dolor torácico es de origen cardiovascular, pero es importante que el paciente consulte un servicio de urgencias para que allí lo definan.

Y definitivamente no es correcto nominar todo dolor torácico como pre-infarto  y yo siempre menciono que ese termino se podría equiparar a mencionar un pre-embarazo, debemos esperar a que el grupo interdisciplinario logre un diagnóstico definitivo y esto permita un manejo correcto para el paciente y su familia.

Nuestra sociedad se enfrenta a cambios epidemiológicos por nuevos estilos de vida; la obesidad, el sedentarismo y el estrés laboral nos llevan a un nivel en el que patología cardiovascular y las enfermedades asociadas están al orden del día.

Por eso, antes de que lleguemos a un servicio de urgencias a causa de un dolor dolor torácico, procuremos siempre la promoción y prevención de la salud con nuestros médicos en consulta externa, exámenes de rutina, controles programados, etc.

Conviene evaluar periódicamente cambios de estilos de vida y tener claridad de los riesgos asociados a los antecedentes familiares y la condición de cada paciente. Esto nos evitará llegar angustiados y desorientados a una sala de reanimación de un servicio de urgencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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