Más allá de la medicina

Publicado el jgorthos

CONTROL DE LAS DROGAS ILÍCITAS EN COLOMBIA: EL PRINCIPIO DEL MAL MENOR

 

En días pasados se ha generado una discusión pública alrededor del uso de Glifosato en los cultivos de la coca en los territorios del país. Se han alzado las voces que explican desde la formula química como es el mecanismo de acción del conocido herbicida, sus riesgos para la salud de la población y hasta sociedades científicas se han pronunciado en el decomiso de la llamada dosis mínima.  

¿Pero qué es lo que pasa realmente y cuál es el impacto de esos cultivos, de esa fumigación, de la erradicación manual o de cualquier solución que pueda aproximarnos a un control de esta compleja realidad? 

Veamos algunas cifras y hechos para entender mejor a que nos enfrentamos antes de salir a marchar por las calles haciendo uso de nuestro derecho a la protesta. 

El observatorio de drogas de Colombia (O.D.C) menciona en su página web la caída en hectáreas de coca sucedida en 2012 donde cayó por debajo de las 50,000 hectáreas pero que en forma creciente ha logrado sobrepasar las 150,000 hectáreas a finales de 2017. 

Al  observar la gráfica que sobrepone las hectáreas plantadas, la erradicación manual y la aspersión aérea se nota como al bajar la aspersión se disparó el crecimiento de los cultivos ilícitos casi de manera proporcional. 

El pasado 8 de octubre en su versión digital la revista Newsweek encabezaba el siguiente titular: “La producción y cultivo de cocaína en Colombia continua y rompe record “, explican que el crecimiento entre 2017 y 2018 llega a un 17% de crecimiento y si se compara con 2016 el crecimiento es del 31% capaz de producir 1520 toneladas de cocaína. Es un hecho que la sustitución de cultivos no será nunca eficiente en la medida que no tiene posibilidades de competir una hectárea de cacao con una de coca en términos de rentabilidad donde quienes controlan esos territorios son grupos armados ilegales expertos en el tráfico de narcóticos con dinero y poder territorial basado en las armas. La corte constitucional mientras tanto pide más estudios sobre el uso del herbicida para erradicar estos cultivos. 

En 2013, 2015 y 2017, el Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed) de la Universidad de los Andes, realizó un estudio con hombres y mujeres de entre 18 y 35 años sobre consumo de drogas lícitas e ilícitas como lo son el alcohol, tabaco, marihuana y cocaína en Bogotá. La cifra de consumo de cocaína se duplicó, donde pasó de 7,5 % en 2013 a 17 % en 2017. Es decir que ya no es un problema del consumidor norteamericano de los años 80 el cultivo y producción de la cocaína; sino que ya está siendo parte de la política pública en nuestro país que desde la entrada de la constitución de 1991 donde el libre desarrollo de la personalidad protege su consumo; hemos logrado entre cultivos de oferta y proteccionismo de su consumo en un respeto de libertades ir incrementando los adictos en nuestro país. 

El impacto de esas toneladas cultivadas, convertidas en droga para el consumo y transportada a Norteamérica, la Unión Europea y el oriente son devastadoras en efectos y ya somos parte de un mercado interno que ha crecido aprovechando el proceso de paz con crecimiento por hectáreas y en oferta al consumidor. 

Cuando se ven las fotografías satelitales de monitoreo de los cultivos, cuando se escuchan las noticias de las áreas especializadas en cultivos queda claro que en esas zonas los campesinos, raspachines, comercializadores están dedicados de lleno a tan lucrativo negocio y poco les interesan los efectos de la gasolina, éter, thinner, ácido sulfúrico y otros precursores del procesamiento de la cocaína que les puedan generar cáncer. Pero el Glifosato es muy dañino si lo intentan utilizar para la aspersión.  

Aparece entonces la necesidad de ponderar el sujeto moral de dichas campañas o estrategias que neutralicen una producción de drogas deletéreas para nuestro país, para otros ciudadanos del mundo y sobretodo que en la cadena de la comercialización demoraran el famoso concepto de paz en nuestro país pues los dineros que producen las drogas ilícitas alientan la compra de armas, la minería ilegal, los asesinatos asociados al control de territorios y rutas del narcotráfico. Ese sujeto moral es el Estado Colombiano que debe definir si entendiendo el impacto del negocio del narcotráfico que con otros nuevos actores sigue manteniéndonos como el primero productor mundial de coca. 

Los últimos dos gobiernos del presidente Santos mostraron que las políticas de erradicación manual y sustitución de cultivos fueron ineficientes y lograron todo lo contrario ser un estímulo para el crecimiento en la producción del alcaloide. 

Entonces irrumpe una decisión incomoda políticamente y es enfrentar los cultivos con el uso de herbicidas que logren destruir de manera eficaz los miles de hectáreas que hoy persisten y quieren seguir creciendo.  

Acá se debe poner en la balanza los riesgos y beneficios de seguir haciendo lo mismo y saber sus desenlaces en las poblaciones alrededor del cultivo y producción y al final e la cadena el daño en quienes serán los consumidores finales. 

Es entonces necesario anteponer un principio ético en la toma de las decisiones que el Estado Colombiano debe definir, dice el filósofo y teólogo Santo Tomás de Aquino:  “un legislador sabio permite el mal menor para evitar el mal mayor” (Summa theologica, I, q. 48, a. 6)  

Usar un herbicida que logra destruir los miles de hectáreas que hoy están invadidos y que de esa manera se tumbe el cultivo que evitará la producción y su comercialización, podrá entonces romper la cadena del narcotráfico con el control de tantos eventos adversos que genera.  El mal menor seria le uso del agente si se hacen campañas controladas en las poblaciones de manera previa, si se piden abandonen las áreas de aspersión en el entendido que son ilícitos y no deberían ser parte de este negocio, que se les garantice acceso a cultivos sustitutos y en zonas protegidas que estén controladas por el Estado.  

Pareciera por encima que el daño de seguir viendo de manera contemplativa el crecimiento de la cocaína por las montañas de Colombia por las razones que sean; producen más muertos y adictos que fumigar periódicamente. 

Esperemos este gobierno como se enfrenta al acuerdo del teatro colón donde hablan de tres líneas para el control de los cultivos ilícitos ( sustitución de cultivos, programas de salud pública y desarticular los criminales que comercializan) , a las altas cortes que siguen estudiando la estructura molecular de los herbicidas buscando un herbicida que destruya sin dañar y que no tenga efectos colaterales, los consumidores internos que  marchan por la plazas de Colombia en nubes de humo pidiendo el libre desarrollo de la personalidad y el consumo recreativo como un derecho constitucional.

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