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Las medidas en contra de la minería ilegal en la Amazonía colombiana no son suficientes

  • Una ofensiva liderada por militares contra la minería ilegal en el corte de Colombia ha privado a los lugareños de una fuente de sustento clave, lo cual lleva a muchos a cultivar coca.

(Mongabay Latam / Bram Ebus)

PUERTO LEGUIZAMO, Colombia — Infame por la producción y el conflicto de la coca, el departamento de Putumayo, al suroeste de Colombia, colinda con Ecuador y Perú y es propicio para una variedad de delitos ecológicos. En el 2016 hubo 45 arrestos en la región relacionados con el contrabando de especies silvestres, la extracción de oro y el comercio ilegal de madera.

Estos crímenes plantean serias amenazas a la biodiversidad local de la Amazonía colombiana y sus poblaciones nativas, especialmente ya que Putumayo es hogar de enormes extensiones de selva, las cuales son difíciles de patrullar.

Con el principal grupo guerrillero de Colombia (las FARC) desmovilizado, las Fuerzas Armadas tienen más tiempo para perseguir a los criminales ambientales. Foto de Bram Ebus para Mongabay
Con el principal grupo guerrillero de Colombia (las FARC) desmovilizado, las Fuerzas Armadas tienen más tiempo para perseguir a los criminales ambientales. Foto de Bram Ebus para Mongabay

Las fuerzas armadas de Colombia han avanzado en la lucha contra la minería ilegal a través de una serie de medidas. Parte de ese éxito se debe a que la Fuerza Naval del Sur de Colombia ahora tiene más tiempo para combatir los crímenes ambientales, ya que el grupo guerrillero más grande del país, las FARC, recientemente se desmovilizó.

Sin embargo, los delitos ecológicos en la Amazonía no se eliminan fácilmente y los grupos armados ilegales continúan atravesando los bosques. El aumento de las operaciones contra la minería ilegal, en particular, solo ha disminuido —pero no eliminado— el problema. La minería ilegal de oro ha tenido un grave impacto en los ecosistemas amazónicos, ya que cuando los inmensos territorios estuvieron bajo comando de las FARC, las fuerzas armadas colombianas tuvieron dificultad de controlar los bosques. Sin embargo, de acuerdo con la Marina, los tiempos han cambiado. Los bosques de la Amazonía se han vuelto más fáciles de patrullar por las fuerzas armadas debido al reciente acuerdo de paz con las guerrillas de las FARC.

APLICACIÓN Y CONSECUENCIAS

Según los residentes del pueblo de Puerto Leguizamo, la destrucción de equipos mineros ilegales por parte de la Marina ha impactado la economía local. Los lugareños que viven a orillas del río Putumayo, frontera con Perú, dicen que su sustento se basada en la extracción de oro de los lechos de los ríos cercanos.

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Muchas personas involucradas pueden ser caracterizadas como mineros de subsistencia cuyos medios de vida se ven amenazados si los proyectos de desarrollo no logran brindar alternativas a los trabajos ilícitos.

Según Rodrigo, exminero de 40 años —quien pidió que su nombre completo no se usara— el impacto ya se sintió.

“La mayoría de los mineros ya se fueron y hubo muchos”, dijo Rodrigo durante una reciente entrevista desde su casa construida con tablones de madera junto al río Putumayo, donde vive con su familia extendida. Rodrigo dice que, debido a la falta de inversión en educación, infraestructura y empleo en la región, muchos residentes se han visto obligados a realizar actividades ilegales, como la extracción de oro sin licencia y el cultivo de coca.

Un tubo grande se usa para dragar los cauces del río en busca de oro. Foto de Bram Ebus para Mongabay
Un tubo grande se usa para dragar los cauces del río en busca de oro. Foto de Bram Ebus para Mongabay

“Los otros fueron a sembrar coca, y algunos recogen las hojas”, dijo Rodrigo. Él solía cultivar unas pocas hectáreas llenas de la planta prohibida antes de recurrir a la minería de oro ilegal cuando el precio del metal se disparó a principios de la década del 2000.

“Aquí no había nada más que hacer”, dijo mientras miraba la lluvia fuera de su casa.

Puerto Leguizamo es un pueblo aislado rodeado de ríos el cual tiene una larga estación húmeda. La principal ruta de acceso es el río Putumayo. La ciudad más cercana es Puerto Asís, a 200 kilómetros (124 millas) río abajo hacia la frontera ecuatoriana, y a nueve horas en bote.

Los vuelos fuera de la región con la empresa Satena, propiedad de la Fuerza Aérea, son demasiado costosos para la mayoría de los locales.

DEFORESTACIÓN Y CONTAMINACIÓN

El abandono estructural del estado y la riqueza de minerales para explotar han tenido consecuencias inevitables en Colombia. La minería ilegal es un impulsor de la deforestación en la Amazonía colombiana —la cual cubre el 42.3 % del territorio del país. Colombia ha perdido más de 5.9 millones de hectáreas de bosques en los últimos 25 años, gran parte se han reemplazado por minas ilegales.

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Los ríos del país también se enfrentan a la devastación debido a la flotilla de botes de dragado, llamados dragas o balsas, que agitan los lechos de los ríos para obtener oro.

El mercurio se usa para extraer el oro del lodo dragado, pero contamina el suelo y el agua. En el 2014, los investigadores encontraron que el 30 % de los peces en el área tenían niveles de mercurio por encima del estándar nacional, según el Instituto Amazónico de Investigaciones científicas (SINCHI), lo cual propulsa el metal pesado a lo largo de la cadena alimenticia. Esto afecta especialmente a las comunidades indígenas que viven en las riberas de los ríos, para quienes el pescado capturado localmente es un alimento básico.

César Augusto, investigador local de SINCHI que estudia los ecosistemas acuáticos, dice que el colombiano promedio come cinco kilogramos (11 libras) de pescado al año, pero la población urbana de Puerto Leguizamo come 45 kg (99 libras) mientras que la población rural come pescado diariamente, y asciende a 126 kg (278 libras) por persona por año.

SINCHI ha pedido a los institutos de salud y medio ambiente, así como a las organizaciones pesqueras y al público en general, realizar estudios más profundos sobre este tema. Sin embargo, para algunos ya es demasiado tarde.

“Ya no comeré bagres”, dijo Augusto.

Una versión ampliada de esta historia fue publicada en Mongabay Latam. Puedes leerla aquí.

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