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13

05

2013

Marco Antonio Valencia

MADRES ALCAHUETAS, ¿HIJOS PERDEDORES?

Por: Marco Antonio Valencia

Una mala educación, da como resultados, malos ciudadanos.

Twitter: @valenciacalle

Tener un hijo es un milagro de la naturaleza. Educarlo: una proeza y maravilla de la vida.

Nada más grato en el papel de una madre, que tener la oportunidad educar un “ser” para el amor y el bien de la sociedad.

Nada más exigente en la existencia de una mujer que ser “ejemplo”  y modelo de “persona” para un hijo.  Nada más grotesco y penoso que una mamá mediocre y de pésima conducta.

Es una vergüenza escuchar a Madres de Familia decir que no saben qué hacer con sus hijos que apenas están en primaria, o que los llevan al colegio y le dicen a la profesora “allí se lo entrego porque yo no sé qué hacer con él”. Estas mujeres, perdieron el norte. Por culpa de estas mujeres, es que la sociedad se fracturó y tenemos tanto malandro suelto.

No duden que cada pandillero, que cada degenerado, que cada ladrón y cada asesino, es producto de la mala educación recibida por una pésima madre. Una mujer cría y modela el espíritu, la conducta y la forma de ser de sus hijos.

Ellas y nadie más que ellas tienen el poder y la capacidad de criar buenas o malas gentes. Hay mujeres que piensa que ser madre es parir y recibir regalos el día de la madre, o quejarse y dar cantaleta todo el día. No señores, eso no es ser mamá. La cosa es más seria.

La sociedad es, y será el resultado positivo de la educación otorgada por una madre a sus hijos. El padre ayuda, los profesores ayudan. Pero son las madres las que cultivan la forma de ser de sus hijos, que luego serán hombres.

Una mamá no puede ser permisiva ni con el niño ni con el muchacho, porque en menos de lo que canta un gallo ella se vuelve un cero a la izquierda, víctimas de mentiras, engaños y abusos.

Madres permisivas, madres sin autoridad, madres alcahuetas son un grave problema para la estabilidad social.  Una verdadera mamá tiene que tener carácter: esa es su principal arma. Si se dedica a gritar como cotorra loca todo el día, ningún hijo la va a tomar en serio.

Una mamá, desde temprano debe exigirles a sus hijos a cumplir con las normas de la casa y de la sociedad. Debe obligar a sus hijos a entender que cada acto negativo tiene consecuencias.  Una mamá debe educar a sus hijos con seriedad, sin democracias, con dureza. Las mamás bonochonas tienen hijos delincuentes.

Una mamá debe enseñarles a sus hijos el valor de la libertad. Y libertad es el premio que se tiene luego de hacer la tarea, la limpieza del cuarto, la tendida de la cama, de acostarse a la hora adecuada, de ayudar con el aseo de la casa, de prepararse los propios alimentos…

Cada malformación de un ser, es el resultado de una inconsistencia en el papel de una madre. 

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06

05

2013

Marco Antonio Valencia

LA PROFESORA QUE DECOMISÓ UN SMARTPHONE

Por: Marco Antonio Valencia

Twitter: @valenciacalle

profes

La profe A1,  soltó la bomba: -Acabo de decomisar tres celulares en décimo. Se estaban burlando de mí con mensajes de texto ¿pueden creerlo? ¿Para eso es que la Personera Estudiantil pide que se les permita usar el teléfono en las clases?

El recreo, es la hora del café entré los profesores. Un espacio perfecto para intercambiar saludos, afectos, reclamos, chismecitos, inquietudes… y de vez en cuando para conversar sobre las ideas que nos cruzan la vida. Esta semana nos permitimos un agradable conversatorio sobre “las nuevas competencias” que debemos impulsar y tener los profesores para la educación del siglo XXI.

-Al  profesor Jiménez, -intervino el profe B2-, una estudiante de once lo hizo quedar en ridículo ayer, y quedó tan traumatizado que hoy no vino a trabajar. Jiménez (que orienta filosofía, y los estudiantes le dicen el gordito Jiménez), expresó: “y como dijo Aristóteles en el siglo IV…” pero no había terminado la cita, cuando Valeria Urbano, con smartphone en mano le corrige: -Profe: Aristóteles es del siglo IV, pero antes de Cristo, y de otro lado, dicen en Wiki pedía, que él no dijo nada, que lo único que hizo fue recapitular y criticar a los pensadores anteriores a él y nada más.

-! Imaginen!, corregirle en público a Jiménez con esa sabiduría andante de 25 años. Se puso lívido, recogió sus cosas, y les dijo que “como parece que la señorita Valeria está en mejor capacidad de dar la clase que yo, es mejor que sigan con ella”.  Y según la secretaria, le dio un pre-infarto, y por eso no vino.

-Yo creo que Jiménez esta es muerto del oso. –Apuntó la profe C3, que dicta Artes Plásticas. Y todos rieron, pero a ninguno le hubiera gustado estar en su lugar.

-Lo que pasa colegas, -le dije-, es que tenemos que aprender a reírnos de nosotros mismos, y a reírnos con los muchachos. Además, ¿cómo les vamos a quitar los celulares y las tabletas a los muchachos si allí está la vida de ellos? Esos aparatos son su presente y su futuro. Un colegio que no les permita usarlos, que no intervenga para enseñarles a usarlos bien, es obsoleto. Es como si hace diez años se les hubiera quitado los diccionarios y las calculadoras.

Y allí comenzó la charla de siete profesores tomando tinto.

-Esos aparatos no los dejan estudiar. Muchos los usan para jugar, y para el matoneo virtual.

-Al contrario, con esos aparatos es que estudian. Y nuestro trabajo es enseñarles a usarlos para el bien.

- ¡Ah, tan moderno el profesor! Entonces que se sienten a leer sus tabletas y no vengan al colegio.

-No, no se trata de eso. Una cosa es la información que ellos pueden acceder en celulares y aparatos digitales, y otra cosa es la educación que nosotros como profesores les podemos ofrecer.

-Nuestro trabajo es enseñar qué hacer con la información que “San Google y Míster Wikipedía” les brindan. Allí está el valor de la educación. En el caso de Valeria, por ejemplo, ella usó bien el aparato, pero no estaba preparada humanamente para usar esa información sin ofender ni molestar al profesor.

-Cada experiencia de aula forma la mente y el corazón del ciudadano del mañana. Entonces, cada profesor tiene el privilegio de tener en su salón de clases el espíritu y la inteligencia de un niño o niña para moldear su futuro.

-Estamos los educadores de hoy en un momento crucial para la humanidad, la transición a una realidad distinta. La civilización se transformó, y se está transformando de manera constante y acelerada.  Pasamos de una economía agrícola a una economía del conocimiento, de la realidad al mundo virtual.

-Y eso  desencadenó una crisis en la educación porque muchos maestros no estábamos, ni estamos preparados para ello. Y lo que es peor, o más triste, muchos ni siquiera quieren actualizarse.

-En las escuelas nuestros muchachos pasaron de consumir información, a construir conocimiento. Los profesores pasamos de dar información, a enseñar qué hacer con esa información. Y es fácil decirlo, pero complejo asumirlo.

-No podemos seguir creyendo que dar clases es dar una charla expositiva, que el muchacho repita lo que dice el profesor para el examen de manera exacta. Tal vez, los conocimientos sigan siendo igual, pero la forma de enseñarlos y evaluarlos no. Allí están los cambios.

-La vida de ahora es la velocidad. Un tema se aprende hoy con un video de media hora, mientras que antes un profesor se gastaba dos meses tratando de enseñarlo con la fuerza de su palabra.

-Los profesores enseñamos a pescar, no regalamos pescados. Y lo que hacemos genera inclusión y la llave para salir de la pobreza. Por eso, tenemos que enseñar con las herramientas que la tecnología,  la informática y las comunicaciones nos brindan. Allí es el reto.

-La sociedad del conocimiento, nos pone en el reto de formar gente de alto desempeño para una economía global basada en el conocimiento. ¡Qué gran reto, que maravilla, y que responsabilidad tenemos como profesores!

-Entonces, ¿al quitar los celulares me convertí en profesora retrógrada? Nooo, pido respeto.

-¿Qué habilidades tenemos que formar y desarrollar en nuestros estudiantes? Mire, según he leído las tecnologías que más impacto tendrán en la educación mundial son la representación tridimensional, la realidad aumentada, la negociación semántica…  No tenemos por qué temerle a las nuevas realidades.

-Pero cuándo ha dicho el gobierno a los profesores de educación pública “vengan señores profesores los prepara o actualizo en estos temas”. Nunca. Y el salario es tan escaso, que por ejemplo a mí no me sobra para pagar cursos adicionales. Yo sé en qué anda la educación hoy, pero solo puedo dar de lo que tengo.

 

-Estoy de acuerdo: una cosa es dar información, otra es dar conocimiento. Nosotros enseñamos algo en el aula, pero apenas salen de la escuela, van y se conectan a sus propias realidades.

-¿Hay que reinventar la escuela, o hay que reinventar a los profesores?

-Tal vez no. Tal vez tan solo sea una crisis que nos remite a cualificarnos como docentes, a programar cursos adecuados a lo que vivimos y necesitan los jóvenes, con flexibilidad de currículos.

- Las nuevas tecnologías nos remiten a un ejercicio docente con incertidumbre y complejidad; algo con lo que ya viven nuestros estudiantes frente a sus aparatos conectados a internet.

-Éramos estáticos, pero lo que está pasando en la escuela con los jóvenes nos hizo despertar, capacitarnos, investigar, ponernos acorde con la educación de nuestro tiempo. Yo por ejemplo, ya tengo mi blog, y subo mis clases allí para que los alumnos, pero también los padres, miren lo que hacemos.

-Mucho de lo que estamos haciendo está bien, ¿pero no estamos haciendo lo que se hace a nivel internacional, estamos acorde con la globalización del mundo?

-Pregúntale a San Google. Ese lo sabe todo. Y reímos.

-Y tu ¿qué vas a hacer con los celulares decomisados?

-Pregúntale a Wikipedia, a tienen la respuesta de todo.

Suena el timbre.  Y de nuevo a las aulas. A seguir moldeando el futuro de la nación.

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30

04

2013

Marco Antonio Valencia

¿POR QUÉ MI HIJO NO SE HA LEÍDO EL QUIJOTE?

Por: Marco Antonio Valencia

DON QUIJOTE

Me increpa un padre de familia a la entrada del colegio. –Profe, me dice, ¿por qué mi hijo no se ha leído el Quijote? Yo a su edad, ya me había leído el Quijote, la Eneida, La Ilíada, la Vida es Sueño y dos o tres libros de Shakespeare, y hasta me sabía capítulos enteros de memoria.

Le digo que me regale unos minutos de su tiempo, y con gusto le cuento que es lo que hacemos ahora en las instituciones educativas.

-¡Nada!-, me dice. Ahora no enseñan nada.

Y comienzo a explicarle que ahora, no enfocamos el trabajo de literatura en leer muchos libros, sino en que el estudiante aprenda a leer bien. Lo que nos importa en el colegio, es que el niño o el joven, tenga competencias lectoras. Una vez, el muchacho sabe leer bien, de manera autónoma puede buscar los libros que nosotros le orientamos, pero no le exigimos cuál libro tiene que leer. En otras palabras: el estudiante, de acuerdo a su vocación puede escoger el libro que quiera leer.

El señor, con el ceño fruncido y rascándose un carrillo de su regordeta cara con la lengua, me indica que necesitaba una mejor explicación del significado de “educación por competencias”. Y es lógico, a veces ni los mismos maestros entendemos bien en qué consiste todo este rollo de las competencias.

-Mire, mi estimado señor-, comienzo. La educación de hoy con el asunto de las nuevas tecnologías, la globalización y el internet, ha cambiado mucho. El mundo ya no es el mismo en el que usted y yo, cuarentones ya, nos educamos.  Ahora la única realidad es el que el mundo cambia de manera acelerada y tenemos que educar a nuestros niños para estar acorde con esos cambios-. El padre toma aire, me acepta la invitación a sentarse y se cruza de brazos.

-Los muchachos de ahora tienen nuevos intereses; por lo tanto, si la escuela quiere captar su atención tiene que avanzar con ellos.  Y si bien es cierto que somos profesores formados en el siglo pasado para enseñarle a jóvenes del siglo XXI, nos estamos acomodando a las nuevas circunstancias.

El hombre cruzó las piernas y comenzó a mover el pie que le quedaba en el aire con impaciencia. Hice una pausa, le regalé una sonrisa para calmarlo, le ofrecí un chicle que me recibió con avidez y continué.

-Los planes de estudio que tenemos hoy en día son muy flexibles, sin desconocer unos estándares básicos, es decir, unos temas concretos que se nos exige observar y evaluar. Ahora nos enfocamos en que los muchachos aprendan a solucionar problemas.

-La idea, mi  señor, es que los muchachos aprendan a estudiar de manera autónoma, por sí solos, de manera independiente. En esa medida, el mundo puede cambiar, pero el muchacho estará siempre dispuesto y con los conocimientos necesarios para aprender por sí solo. ¿Me capta?-.  Y movió la cabeza como diciendo más o menos. Respiro hondo, y continuo.

-La palabra “competencias” engloba una educación en torno a la integración de conocimientos, habilidades y actitudes; que a su vez tienen que ver con los valores y la reflexión centrados no tanto en la memorización, sino en el desempeño, es decir en lo que el muchacho es capaz de hacer con el conocimiento que tiene. Entonces, las competencias sirven para que el estudiante aprenda a solucionar problemas cotidianos de manera positiva y eficiente con lo que sabe.

Por fin sonríe un poco y mueve la cabeza afirmativamente, sin decir nada.

-Para evaluar las competencias de un estudiante lo juzgamos desde un estándar. Y estándar ya le dije, es lo que las autoridades educativas, como el Ministerio de Educación, nos piden que enseñemos. Un estándar es lo que el estudiante debe saber para resolver equis o ye problema. ¿Me capta?

-¿Y allí termina el trabajo del profesor?-.

-No, no señor. Las competencias y los estándares son la base de nuestro trabajo. Pero desde allí, desde los conocimientos esenciales que son los estándares, comenzamos a formar habilidades de comunicación, de lectura, de razonamiento, en fin… y todo eso lo hacemos de manera permanente.

-¿Y cómo es que enseñan ahora?-. A pesar del tono despectivo, la pregunta me indicó que ya nos comenzábamos a entender.

-Lo que pasa, le dije-, es que antes la educación se centraba en el profesor y en la enseñanza. Ahora nos enfocamos en el ser de los estudiantes. En planear la clase pensando para qué le va a servir ese conocimiento al muchacho. Ya no exigimos aprender todo de memoria. Ahora nos centramos más en los resultados, en la funcionalidad de los conocimientos. Y cuando logramos que un estudiante “aprenda” a aprender, es lo máximo, la dicha total.

-Y para calificar, ¿cómo hacen?

-Ya no calificamos, ahora evaluamos.  Y estamos pasando de los exámenes de papel y lapicero a reconocer otras formas de demostrar que se tienen conocimientos básicos sobre un tema. (Y como dejó de masticar y estiró la boca hasta tocarse la punta la punta de la nariz con los labios, me apresuré a decirle).  Mire, mi señor. Todo esto es muy complejo, es cierto, pero no estamos dejando a un lado lo fundamental de la educación, no hemos dejado de hacer y preocuparnos por los temas de siempre. Seguimos ofreciendo temas clásicos y fundamentos teóricos y jamás dejaremos de preocuparnos por reforzar lo que los padres enseñan en casa: los valores, la convivencia, el amor por el conocimiento… es solo  que nos reinventamos para asumir la realidad compleja y cambiante que nos tocó vivir.  ¿Estamos?

-No, profe. En realidad sigo sin entender por qué mi hijo a su edad y a su nivel no lee. Se la pasa pegado a computador mañana tarde y noche, y nunca lo veo con un libro entre las manos.

-A ver… – Y parpadeo para llenar mi espíritu de paciencia y con una sonrisa trato de explicarle.

-¿Qué creé que se la pasa haciendo su hijo en el computador? Tranquilo, yo le digo. Se la pasa leyendo. Si, leyendo. Su hijo es un gomoso de la lectura. Sí claro, tal vez no está leyendo el Quijote, como quisiéramos sus profesores o su papá, pero si se la pasa toda la tarde y todos los fines de semana leyendo, creo que lee más de lo que leía usted en su tiempo. Tal vez no lea un  solo libro, pero a lo mejor está leyendo, escribiendo y aprendiendo lo que necesita saber y entender para el siglo XXI.  Es solo cuestión de re-orientarlo, de convencerlo de la bondad que tiene leer el Quijote para que lo lea de manera virtual. Pero de leer, su hijo lee bastante señor.

 

*El texto, corresponde es una manera didáctica de explicar la Educación por competencias.

 

 

 

 

 

 

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23

04

2013

Marco Antonio Valencia

EN EL DIA DE LOS NIÑOS, PENSAR UNA CIUDAD PARA LOS NIÑOS

Por: Marco Antonio Valencia

PLAN LECTOR

Qué bueno sería una escuela donde los menores participaran de manera cierta en la construcción de un proyecto pedagógico opinando sobre lo que quieren y desean aprender. Pero lograrlo no es gratis. Ese sueño hay que construirlo: asumir el reto de enseñarle a los niños a pensar, pero sobre todo, a expresarse es tarea compleja. Y para ello, se necesita una escuela con paciencia, capaz de interactuar con los niños y construir con ellos, en conjunto, el sentido de la ciudadanía que deseamos desde el consenso. Un proyecto así nace de la capacidad escolar de reconocer al niño como sujeto clave de la sociedad. De la capacidad de un maestro que hace su trabajo desde la pedagogía, desde la capacidad de los padres para ver a sus pequeños como sujetos, y no como seres de espíritu voluntarioso y gastos insospechados.

Los niños y las niñas pueden y son capaces de ayudar a tomar decisiones válidas para la construcción de la cotidianidad y de la vida misma. Porque, aunque muchos no lo crean, los niños con su inocencia e imaginación son capaces de pensar buenas ideas para definir y encontrar las respuestas que necesitamos en la casa, en la escuela y en la ciudad… y en general para vivir mejor en muchos aspectos.

Pero lograr que algunos niños se expresen no es fácil. O incluso, tal vez puedan expresarse, pero como adultos no logramos entenderlos. En esa medida, hay que brindar condiciones pedagógicas para construir confianza en los niños. Los niños que están en un entorno de familiaridad interactúan con naturalidad, y es allí donde hablan, cuentan, proponen y dan ideas.  La tarea del padre y del maestro es impulsar, acompañar, animar esa posibilidad expresiva. Es decir, hay que empoderar al niño de la palabra para que fortalezca su autonomía. 

El juego es el principio de la participación, allí se entrena y fortalece la toma de decisiones, la expresión y la capacidad de liderazgo. El juego es un espacio social donde se asumen roles, se dan conflictos, entornos agradables, simulación de momentos agresivos, de goce y desafíos. El juego en un niño genera complicidad, tener causas comunes y la posibilidad de asumir retos. Por lo tanto, la escuela que enseña jugando, tiene un modelo pedagógico válido, importante y necesario.

Celebramos el trabajo de muchos establecimientos educativos que incluyen el fortalecimiento de la autoestima desde el juego, que fomentan la creación con recreación; y que a su vez, generan autonomía desde modelos y practicas escolares novedosas. Son espacios donde  a los niños los dejan opinar, expresar y tomar decisiones. Establecimientos que educan al niño de hoy, al tiempo que forjan al líder de mañana.

Los adultos tenemos que hacer el esfuerzo para ser cómplices de los niños y lograr su formación sin recelos o desconfianzas.  Entender que el niño no va una escuela para ser cuidado en la ausencia de sus padres, o que lo estamos induciendo a una educación básica por ley social, sino para ser formado como un ciudadano visible e importante de nuestra sociedad.

La escuela tiene que proponerle a las administraciones municipales la inclusión de políticas públicas para los niños. En esa medida, adecuar espacios urbanos para el uso y goce de los infantes es una responsabilidad de quienes detentan el poder del Estado. Un barrio, una ciudad que crezca sin pensar en los niños desconoce a un grupo social clave de su entorno y de su futuro. Una ciudad  que no fomente el diálogo con los padres de familia para atender  y proyectar las necesidades culturales y deportivas de los niños en espacios públicos esta desconociendo su función y responsabilidad social.

Los Derechos de los niños no pueden ser papel, o discursos de papel. Los niños tienen derechos, dignidad, ética, autonomía… y como adultos tenemos que repensar los modelos culturales y pedagógicos que les brindamos.

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14

04

2013

Marco Antonio Valencia

“EL PAN DEL SABER Y LA LUZ DE LA CIENCIA”

Por: Marco Antonio Valencia

50 años del Colegio San Francisco de Asís

a escudo san fco  

La fama de Popayán como ciudad ilustre, de cultura y buena educación, no es gratuita. Es una fama construida en 200 años de trabajo, dedicación y perseverancia. Una gloria edificada desde la misión básica de sus centros educativos: el seminario, los claustros universitarios, los colegios que se tienen.

Padres de familia de todo el país avizorando futuros promisorios para sus descendientes, por dos siglos han traído a sus hijos a estudiar a Popayán. Los ex alumnos de colegios públicos y privados siempre sobresalen por sus buenos puntajes. Y los Centros Universitarios, ya tienen – o trabajan para obtener-, certificaciones de calidad para avalar la fama de ciudad universitaria, con egresados distinguidos por su cultura, tan apetecidos laboralmente.

La historia educativa de Popayán inicia con el Real Colegio Seminario en 1638, con autorización para funcionar dos años después. Luego se crearon los Claustros para Señoritas, la Universidades, los diversos centros de capacitación que hoy tenemos… instituciones que hacen lo posible por mantener una excelencia educativa con una visión y misión clara: ofrecer la mejor educación del país.

Durante años el Seminario y el colegio San Francisco estuvieron fusionados, regidos primero por jesuitas y luego por vicentinos, con el apoyo de la Curia. En la historia de este centro educativo figuran muchos momentos aciagos: tres terremotos que destruyeron sus edificaciones, abandonos estatales, crisis administrativas, destierros, cierres y traslados de sedes, en fin; en doscientos años han pasados muchas cosas. Lo más grave fue cuando el Seminario cerró el colegio. Pero, sus exalumnos reinventaron el centro educativo, se constituyeron como Sociedad, luego Asociación en 1964, y luego se fortaleció como Fundación en 1990, y ahora, estrenan sede propia en un sector exclusivo de la ciudad.

La ciudad y el país le deben mucho al colegio San Francisco de Asís. Allí se han educado los hombres más ilustres, capaces y pensantes del Cauca. En esta Institución Educativa, el esfuerzo por una educación de excelencia nunca ha sido un sueño, sino una realidad. Lo demuestran los resultados de sus alumnos. El respaldo de los padres de familia, su historia y la fortaleza corporativa y económica de la que goza. Y por la alta cualificación de sus profesores hoy en día, es sin duda, uno de los mejores colegios privados del sur-occidente colombiano.

Cuando el Presbítero Pedro Vargas Sáez le pidió a la iglesia un colegio para Popayán escribió: Pido un colegio “para que no le faltan a sus hijos el pan del saber y la luz de la ciencia” y bajo ese lema, el colegio ha crecido, transformado y proyectado, y sus directivas no han sido inferiores a este noble postulado.

Hoy, cuando el Real Colegio San Francisco de Asís se preparara para celebrar sus 50 años de vida laica, con nuevas edificaciones y novedosas propuestas pedagógicas, como ex alumno me uno a las felicitaciones que ya le comenzaron a llegar del país y del exterior.

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07

04

2013

Marco Antonio Valencia

LAS JUANAS

Por: Marco Antonio Valencia

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Detrás de la iglesia de la Ermita de Popayán, al final de la calle de Santa Catalina, queda hoy el barrio Loma de Cartagena, sitio que hasta 1848 fue el cementerio de los pobres que no podían pagar tumba en camposantos católicos; y el lugar donde reposaron los restos de Barbarita Aldana, una de las Juanas más queridas y olvidadas del ejército Libertador.

“Las Juanas”, era el apelativo común para llamar a las mujeres que acompañaron a los ejércitos patriotas en la guerra por la independencia y posteriores conflictos de La Patria Boba. Mujeres dedicadas a menguar las fatigas, hambrunas y dolores de todos los que se jugaron la vida en busca de ese ideal esquivo llamado libertad para las nuevas generaciones, que somos nosotros.

Las Juanas estuvieron allí no solo para limpiar heridas o brindar agüitas de panela a los emparamados, pelar plátanos, desplumar gallinas, coser uniformes,  organizar misas y persuadir a los jóvenes para no desertar cuando apremiaba el hambre; sino que también fueron capaces de estabilizar la ansiedad de los soldados con la actitud sacrificada de meretriz samaritana. Incluso, nos las podemos imaginar con un palito hurgándole las orejas a unos, cortándole las uñas a otros, limpiándoles los dientes a los comandantes con espinas de pescado y luego brillándoselos con telas de costal humedecidas en ceniza.

Barbarita Aldana, la Juana patoja, se sentaba a vender panela en la plaza de mercado, ubicada donde hoy está el parque Caldas, y ya mueca y medio ciega, contaba -mientras mambeaba bollos de tabaco-, que su mejor trabajo había sido acompañar el miedo de nuestros guerreros.

La gente no era cobarde, pero el miedo los hacía vivir con piel de gallina. Los soldados, como todo el mundo, le temían tanto a Dios como al Diablo, a los embarazos indeseados y a lo sobrenatural: cualquier rayo, tormenta o temblor de tierra, los hacía poner de rodillas y comenzar  a rezar.

Le tenían pánico a los fusilamientos realizados por los españoles, y sudaban frío al imaginar sus  cuerpos “arcabuceados” y colgados para escarmiento de otros.  Contaba Barbarita que los patriotas le tenían especial culillo a los negros del Patía. Pues corría la voz que en Haití, una vez alcanzada la emancipación, los afro descendientes degollaron a sus antiguos amos y se quedaron con el territorio. El 22 de julio de 1810, ese mismo recelo les hizo imaginar y creer que un grupo de campesinos que llegaban a la Nueva Granada era una cuadrilla de negros que venían a decapitarlos para quedarse con todo. Pero allí estaban ellas, las Juanas, siempre listas, para decirles a sus hijos y a sus amados que los negros también eran hijos de estas tierras, habían combatido a los chapetones, y hasta donde se sabía, buenos miembros de la comunidad.

Los soldados eran bravos de día pero en la noche, agazapados entre los faldones y enaguas de las Juanas  lloraban de solo imaginar que podían morir en la batalla y quedar insepultos, expuestos a los pájaros carroñeros; entonces ellas, las Juanas, además de prometerles y practicarles una cristiana sepultura, rezaban rosarios adelantados para que el alma de sus amados patriotas, al morir, salieran pronto del purgatorio y se fueran directo al cielo, junto a todos los héroes que en esta vida, han luchado por la libertad.  

NOTAS:

1.       Pido un minuto de silencio, por las miles de mujeres que han sacrificado su vida para que los hombres tengan tiempo de luchar por la paz y la libertad de nuestros pueblos.

2.       Pregunta: ¿Ha valido la pena hacer la guerra por tantos años para tener el país violento que tenemos hoy? 

3.  Foto: Archivo Museo Nacional: Batalla de los Ejidos de Pasto. Autor José María Espinosa. http://www.bibliotecanacional.gov.co/?idcategoria=38000

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03

2013

Marco Antonio Valencia

MAÑANA, DESPUÉS DEL TERREMOTO

Por: Marco Antonio Valencia

 @valenciacalle

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Sobrevivir a un terremoto es cuestión de suerte, pero subsistir al día siguiente, eso sí es coraje. El terremoto dura unos segundos, pero el desconcierto de los días que vienen en compañía del miedo, sin luz, sin agua, con el olor a muerto, sin abrigo, rebuscando un pedazo de comida y un techo para pasar la noche… eso es otra cosa, y no es cuestión de suerte.

No todos tienen la fortaleza física y mental para resistir. La gente cae, llora sin razón, se desespera, se suicida, se encierra o se dedica a caminar por las calles sin juicio ni destino. Otros se dejan arrastrar por las drogas o el alcohol y se vuelven irascibles. Hay quienes no quieren saber nada de nadie, gritan, oran, rezan, se arrodillan, le reclama a Dios, se quieren morir, se quiebran por dentro, se abandonan… Todo es un bazar de locura, rabia, desasosiegos, desesperación.

Después del terremoto de Popayán de 1983. No volvimos a ser los mismos. Allí se nos fue una vida, y sentimos pasar, como en una procesión interminable, todas las desgracias juntas de la existencia frente a nuestros ojos. Perdí a una abuela y el luto nos llenó el corazón. Y no sabíamos si llorábamos por su muerte o la destrucción de la ciudad. Si el olor a sangre seca de la calle era por la abuela o las heridas de los vecinos. Estábamos de luto y no había donde comprar flores, ni ataúdes. Solo nos mirábamos sin respuestas para mostrarnos el brillo de la angustia en la mirada. En el cementerio los muertos se habían salido de las fosas, y el olor nauseabundo se nos pegaba al cuerpo. Y las lágrimas, que era lo único que teníamos de sobra, no servían de nada. No le interesaban a nadie.

Perdimos la casa: las paredes se desplomaron y el techó se cayó encima. Al rato, los ladrones, a vista de todos, vinieron y se llevaron el resto. Las ratas humanas, decía mi padre, nos hicieron más daño que el desastre natural. No pudimos sacar nada. Una casa es el hogar,  el lugar donde se aloja el amor de la familia, el sitio en la tierra donde tenemos un domicilio, el cordón umbilical, una morada… Y perderlo de un tajo, es quedarse en el limbo. La mente se ofusca, no se puede pensar con claridad. No sabíamos dónde íbamos a guarecernos de la noche, de la lluvia, del frío, de los ladrones.

Me recuerdo sentado en un andén viendo pasar sobrevivientes rebuscando comida, techo, medicinas, niños perdidos. Gente histérica caminando de arriba-abajo, de mal genio, furiosa, adolorida, gritando por nada y por todo. Muchedumbres enteras transitando entre neblinas de polvo, presos de una pesadilla de dolores infinitos. Y todo ese ruido de helicópteros, sirenas de bomberos y carros de policía recordándonos que todavía estábamos vivos, que era verdad, que no era un sueño.

Ese terremoto acabó con la vida de unos, la fortuna de otros, los sueños de todos.  Y los sobrevivientes, esos guerreros que resistimos un dolor que todavía no termina… porque el recuerdo lo llevamos tatuados en la mirada después  de treinta años, solo pedimos un poco de respeto para el luto que nos embarga el corazón. Porque fuera del dolor, hay que decirlo, todo lo demás se lo robaron los invasores oportunistas. 

terremoto1terremoto 3Terremoto

fotos: públicas de internet. Archivos particulares.

 

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03

2013

Marco Antonio Valencia

Cuento de Semana Santa

Por: Marco Antonio Valencia

CATALINA, LA ÑAPANGA

@valenciacalle

 Catalina de Belálcazar era sobrina del conquistador Sebastián de Belálcazar. Una niña bien dotada, tanto de herencia como de belleza. De senos grandes, piel canela y aterciopelada, tobillos pronunciados, caderas anchas, nalgas de pera, labios a lo Angelina Jolie, lunareja, ojos carmelitos…  y devota del buen Cristo,  al punto que a sus quince años (hasta) se vistió de ñapanga un martes Santo.  Día en que la vio por primera vez Francisco García, poeta payanés. Fue un ínfimo cruce de miradas, pero suficiente para quedar enganchados de amor. Un amor eterno que los hizo vibrar, vivir, gozar, llorar, sufrir y morir. Un amor secreto de pasiones indescriptibles nacidas y narradas en las posteriores cartas alucinadas del poeta, y de todos los poetas que pasan por Popayán.

 Corría el año de 1576, cuando a la pobre Catalina la obligaron, por conveniencia social, a casarse con un capitán español de ojos azules llamado Lorenzo de Paz, venido de Salamanca a la gobernación del Cauca a ocupar el cargo de encomendero de Caloto. Se casaron en una iglesia de retablos quiteños, toda de blanco ella, con un bouquet de tallos largos en la mano, mientras en su corazón resonaban los sonetos del bardo pobre, mestizo y sin apellido, dedicado a vivir su despecho con guarapo en trapiches de tercera, por los lados de Molanga.

 No había pasado la luna de miel, cuando ya el poeta arremetió de nuevo en sus galanteos literarios dedicados a Catalina. Para hacérselos conocer, compró los servicios de la negra Bárbula, criada de confianza de la familia. Y de verso en verso, de poema en poema, de canción en canción, la voluntad de la mujer se quebró, y la gentil dama se dejó caer en brazos del poeta en su propia cama de matrimonio.

 Cuando el marido salía a atender los asuntos de gobierno, la mujer entraba en sus aposentos al bardo, y mientras la negra Bárbula vigilaba que el amo no fuera a llegar de improviso, por los pasillos del caserón sólo se escuchaba gemir, por horas y horas ¡ay poeta, ay mi poeta! Y se amaron tanto, como dice la canción, que cuatrocientos años después, por las calles y pasillos de la ciudad blanca, todavía se escuchan, a media noche, algunos vientos fríos que susurran ¡ay poeta, ay mi poeta!

 

 Quince años les duró el amorío secreto hasta que don Lorenzo, avisado y furioso, volvió de improviso a su casa. Y como si fuera el celoso Otelo que Shakespeare describiera años más tarde, mientras le daba espuela a su caballo, por la cabeza le corrían a chorros   escenas vergonzantes que le nublaban la razón.

 La negra Bárbula avisó tarde, el marido entró espada en mano y atravesó de lado a lado el corazón del poeta sin miramientos; mientras que de su boca menudeaban los calificativos de perra, zorra, puta y judas para su desleal esposa. La alcanzó en la cocina, y allí, hirviendo de celos, le clavó quince puñaladas.

 El proceso judicial contra el encomendero Lorenzo de Paz  Maldonado, en primera instancia lo condenó a la pérdida de sus bienes y a ser degollado en plaza pública. Pero el infeliz apeló, y sin saber cómo, por esos milagros y entuertos perversos de la justicia ciega, el uxoricidio quedó impune.  Dos años después, se casó don Lorenzo con otra Catalina, de apellido Zúñiga, hija del conquistador Francisco Mosquera y Figueroa.

 Esta noche, en la procesión, me voy acordar de Catalina la ñapanga. Y en medio de la procesión voy a buscar con la mirada un destello de amor. Porque, dice la leyenda, que los amores que nacen en una procesión de Semana Santa en Popayán, además de bellos, lujuriosos y encantadores, hacen perder la razón. Son poéticos, musicales y duran para toda la vida.

*Recreación de una historia de la vida real

PREGUNTAS:

¿Por qué no se castigaba el uxoricidio igual que el parricidio?

¿Hemos logrado, en nuestros tiempos, aplacar los crímenes pasionales?

¿Es el amor, una causa de pasiones negativas, como los celos y la infidelidad?

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03

2013

Marco Antonio Valencia

SOBRE EL MATONEO EN LA ESCUELA

Por: Marco Antonio Valencia

 

El hombre nace salvaje y podría ser un peligro universal durante toda su vida si no lo meten a un aula de clases para domesticarlo. Pueda que allí pierda sus sueños y le corten sus alas y le amarren sus ímpetus y le dobleguen el espíritu y le deformen la mente y le dañen el corazón. Pueda que todo eso pase y ocurra, y hasta más; pero es preferible una “domesticación” sutil, conducida, formadora, que padecer las furias y las bestialidades del hombre salvaje.

Los hombres en su estado salvaje son crueles y hacen daño por naturaleza. No piensan, son impulsivos. Seres al servicio de las causas más innobles de la maldad. Hay quienes creen que los hombres malos están poseídos por el diablo, y puede ser. Hay quienes creen que los hombres dañinos son enfermitos mentales, y puede ser. Hay quienes defienden a los hombres malos diciendo que actuaron impulsados por equivocaciones pasajeras… Y puede ser. Pero también es cierto el hombre es malo por naturaleza, y si la sociedad no lo educa y no  lo corrige, entonces comienza a padecer la intolerancia, la maña y la crueldad de los salvajes.

A la escuela llegan niños y niñas bien cuando tienen la fortuna de tener padres que medio los han formado en valores, el respeto al otro y el cumplimiento de ciertas normas sociales de convivencia. Pero también llegan espíritus salvajes es estado puro…

La vida en la escuela, puede ser un mundo cruel y despiadado. Los niños se burlan de todo, abuchean por nada, señalan y se ríen del otro hasta que lo hacen llorar, traumar o suicidar. Los niños amenazan sin piedad, intimidan a sus compañeritos con saña, tienen comportamientos feroces, actitudes desalmadas, protagonizan eventos violentos, grotescos, inverosímiles.

Los niños sin los padres presentes son otros. Y si no tienen quien los vigile sacan su espíritu maligno para dañarse entre ellos. A veces los padres no creen, lo dudan, no saben de la naturaleza humana y sienten que el angelito de casa, que no habla ni para pedir comida sería incapaz de dañar a otros. Pero no, la cosa es sería. Deje a un niño solo en casa, déjelo crecer sin autoridad y verá lo dañino y peligroso que puede llegar a ser.

Las historias de vida de niños que crecieron sin autoridad, de niños que crecieron haciendo lo que les venía en gana con la anuencia de sus padres, son para no creer.  Fiscalías y juzgados están llenos de casos de historias de niños y jovencitos perversos haciéndole daño a la sociedad porque sí, porque les da la gana, por molestar, por divertirse, porque no tienen nada qué hacer…

Por eso, la ley que acaba de expedir el gobierno colombiano para evitar y controlar el matoneo escolar no es gratuita, era algo necesario. Un pañito de agua tibia, porque es una ley sin dientes que busca denunciar y poner en evidencia a los niños malos, y nada más. Al menos hará que los padres de familia se enteren de que sus angelitos son capaces de cometer fechorías. Al menos para que la sociedad se entere del trabajo difícil y peligroso que tienen los maestros… y lo duro de que les toca a muchos padres cuando sus hijos se les salieron ya de las manos.

 NOTAS:

El viernes fue sancionada la Ley de Convivencia Escolar,  una ambiciosa herramienta para la prevención de la intimidación escolar.

En los siguientes enlaces encontrarán dos videos sobre el tema:

 VIDEO ANIMADO

http://www.youtube.com/watch?v=MfpfFqshZI8&feature=share&list=UUj90jmXV50k1TMSnrjE8LdA

 VIDEO DIEGO MOLANO

http://www.youtube.com/watch?v=4Na2jayCPCo&feature=share&list=UUj90jmXV50k1TMSnrjE8LdA

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06

03

2013

Marco Antonio Valencia

CAUCANISTAN 1: ¿POPAYÁN SITIADA?

Por: Marco Antonio Valencia

Si fuera periodista me hubiera gustado cubrir  conflictos como el apartheid en África, las marchas chavistas en Venezuela, las protestas de la Primavera árabe, en fin. Me hubiera gustado estar en esos despelotes que los seres humanos arman para justificar el poder, las injusticias, o las ideas…

 Es más. Hasta me habría arriesgado ir a Popayán para ver si eran ciertas las denuncias que circularon en facebbok sobre una ciudad sitiada por los protagonistas del “paro cafetero”.

 Dicen que manifestantes cerraron las vías de entradas a la Ciudad Blanca desde el 25 de febrero, y en consecuencia, ocho días después, comienzan a escasear algunos alimentos, la gasolina y dotaciones clínicas… Que hace pensar en una población de 280 mil almas abandonada por Dios y por el gobierno, a pesar de tener 20 iglesias católicas, una docena de cultos cristianos, 4 senadores y 4 representantes a la Cámara. Denuncias que, extraña, muy extrañamente, los noticieros televisivos ni radiales nacionales mencionan a pesar de tener corresponsales en la zona.

 Si yo hubiera sido periodista, con libreta en mano, grabadora digital y una cámara fotográfica en el pecho, como les dije, habría viajado a Popayán, para contarles todo sin omitir detalle.

 Y sería algo así como:

 Foto 1: En el aeropuerto Guillermo Valencia. Gente aglutinada, manoteando y peleando a grito limpio para comprar pasajes aéreos a precios agiotistas, ansiosos por salir hacia Cali o Bogotá para resolver urgencias médicas, familiares o de negocios, porque salir por carretera de Popayán, hace 8 días es imposible.

 Foto 2: Terminal de transporte Guillermo León Valencia. Con una toma algo oscura, pero se podría divisar a varios choferes reunidos junto al baño riendo y pasando el tiempo. A un lado, un numeroso grupo de personas que incluye a niños, ancianos y mujeres en embarazo, adueñados de las bancas donde han improvisado un campamento, todos con cara de incertidumbre, pálidos, angustiados, sin poder salir de la ciudad para continuar sus destinos. A las afueras del terminal 400 peruanos retenidos esperan un avión de la Cruz Roja de su país que los venga a rescatar.

 Foto 3: Avenida Guillermo Valencia semivacía. Un taxista, como buen informante, me explicaría que hace días no hay gasolina en las estaciones de servicio, porque la ciudad tiene un exagerado número de carros, y la gente apenas se declaró el paro cafetero salió como loca a comprar comida y gasolina. “Una vez los indígenas hicieron un taponamiento de la Panamericana que duró más de un mes, por eso ahora, ya no nos cogen desprevenidos”, diría.

 

 Foto 4. Hospital Universitario San José. En la puerta retrataría a una señora indígena, ya vieja, con el cuello forrado de collares y atractivo sombrero de fieltro, mientras con su mano extendida le ruega al portero que la deje entrar. A su espalda, una guambianita acurrucada con la cabeza metida entre las piernas, y más atrás, una fila increíble de rostros de dolor, esperando que “el doctor portero” los inspeccione de arriba abajo, y con su ojo clínico, decida si pueden o no acceder a servicios médicos. El gerente del hospital me dirá que se está acabando el oxígeno para atender urgencias, y que están restringiendo el servicio y los suministros como una medida de contingencia, por si hay una catástrofe ocasionada por el paro de los campesinos cafeteros.

 Foto 5. Primer plano del Secretario de Salud frente a un micrófono dando declaraciones a la televisión local diciendo que tiene en sus manos denuncias hechas por ciudadanos en las redes sociales, donde le informan que las EPS no estarían  remitiendo pacientes de urgencias a Cali con el pretexto del paro cafetero.

 Foto 6. Fachada del Teatro Guillermo Valencia. Un grupo de escolares con uniforme caminan por las calles semivacías. Todos quedan en la foto de espaldas en pos de la majestuosidad del teatro. La toma me gustará, será como una alegoría: escolares camino hacia el edificio que representa la cultura. Un niño rubio de unos 13 años, zapatos sucios, camisa de uniforme por fuera del pantalón, me dirá que en facebook andan diciendo que el agua de Popayán está envenenada y que, como no hay gasolina, no habrá transporte público, y por eso los despacharon para la casa.

 Foto 7. El alcalde de Popayán. Sentado en una poltrona de cuero café, mangas de camisa, cara de preocupación y pies cruzados hacia adentro, con micrófono en mano mira a una cámara de televisión local, explica las razones del paro cafetero e informará que, a partir de las seis de la tarde del 2 de marzo, habrá ley seca todo el fin de semana, y que es falso el rumor que circula en las redes sociales sobre el agua envenenada… A su espalda, un imponente cuadro de Guillermo Valencia.

 Foto 8. Fila de gente frente al Banco Agrario. Será una foto tomada desde el balcón de la alcaldía al parque central. Una inmensa fila de personas bajo la llovizna y el frío. Un periodista local me dirá que son los clase media que invirtieron sus millones de pesos en el DRF, y ahora sufren la humillación de hacer fila para recibir 14 mil pesos, plata con la que seguramente, irán a comprar los víveres para aprovisionarse por si el paro de cafeteros dura más de ocho días, y se reirá…

 Foto 9. Retrato de familia. Aprovecharía mi viaje para visitar la familia de una compañera de trabajo que vive en el barrio Valencia, para almorzar, y si es posible, dormir y ahorrarme el dinero de los viáticos. Como prueba tomaría una foto para el muro del facebook de mi amiga. Todos en el comedor: el padre, un honorable barrigón y barba ganadera, me dirá mientras le tomo la foto, que los caficultores tienen derecho a ser su huelga y sus protestas, pero no tienen derecho taponar la Panamericana para sitiar la ciudad. Qué si el gobierno accede a las pretensiones económicas de los caficultores, entonces también tendrá que negociar con los floricultores y con los ganaderos que también están trabajando a pérdida. La señora de la casa quedará en la foto con los ojos cerrados y la boca abierta, como gritando “Dios mío”, pero en realidad me estará diciendo: hasta cuando esta locura: por culpa del paro cafetero, la libra de alverja pasó de 2 mil a 4 mil, y la papa de 400 pesos a 900, y la habichuela de 500 a mil. Y a la derecha de la foto quedará el universitario de la casa muy serio mirando su plato de lentejas. Y me acordaré de él, porque luego de la toma me dirá, que el paro es justo, que hay que movilizar a los sindicatos y estudiantes para respaldar a los compañeros campesinos que luchan frente a un gobierno que no escucha… Qué esto es el inicio de un paro nacional que aglutinará a todos los sectores, y si logran movilizar a todo el país, los inconformes del pueblo tumbarán al presidente como hacen en Ecuador…

 Foto 10. Cabina de radio de un noticiero local.  En la foto saldrá un señor de corbata roja que habla a nombre de la Cámara de Comercio haciendo un llamado para que los ciudadanos salgan el próximo lunes 4 de marzo a protestar por las calles. Todos preocupados por los cafeteros, dice, pero los damnificados por el bloqueo causado por los cafeteros somos los habitantes de Popayán. A la derecha del locutor, un hombre que queda en la foto con la cara agachada dirá como representante de los ganaderos, que están pensando seriamente en demandar al Estado por negligencia. En una esquina de la cabina, parado, un hombre de sombrero dirá que es el representante  del movimiento “Por la dignidad de los cafeteros”.

 -Primero, no somos guerrilleros. Segundo, no vamos a levantar el paro ni a destaponar las vías hasta que el gobierno atienda nuestras demandas.

Y el locutor, un imberbe con cara de indígena egresado de la Concentración Escolar Guillermo Valencia, le preguntará, en tono de desafío, cuáles son esas demandas. Y el del sombrero volverá a repetir, por enésima vez, que quieren precios competitivos, que el gobierno no importe café, que no hipotequen a los pequeños caficultores por deudas bancarias, que rebajen y subsidien los precios de los abonos e insumos agroquímicos, que no se permita la minería en zonas cafeteras porque causa desplazamiento y devaluación del peso.

 Y entonces, como todo un periodista enviado especial, saldré a la calle para charlar a punta de tinto y cigarrillo con la gente del común. Caminaré por el parque Caldas  hasta el Museo Guillermo Valencia, mientras intento entender lo que está pasando. Perplejo me diré, que no entiendo nada, que los periodistas no entendemos nada, que solo tomamos fotos y dejamos que otros hablen.

 

Entraré a internet  y descubriré que en tuiter hay  una verdadera batalla. Unos dicen que se acabó el paro de cafeteros; otros que una cosa son los cafeteros, y otra cosa muy distinta los caficultores, y que es falso que se haya levantado el paro. Alguien publicará fotos de las reyertas en Mondomo ocurridas en los últimos minutos, y anuncian la llegada de dos mil indígenas a Piendamó. Sintonizaré  la radio y allí estarán y repitiendo lo que se dice  en  facebook y en tuiter. Los portales de prensa nacional solo hablarán de las reuniones fallidas en Bogotá entre actores del conflicto. Y en la noche, para los tele-noticieros, lo del paro será una noticia  de cuarta categoría y de la situación de Popayán no se dirá nada.

 Bueno. Menos mal no fui periodista. Esta comprobado que tengo mal olfato para las noticias. El verdadero conflicto está en la elección del nuevo Papa. Y yo aquí, aguantando hambre y atormentado por nada.

 Si esto de la Popayán sitiada fuera importante  saldría en los noticieros de televisión, pero no. Una ciudad de 280 mil personas retenidas no es importante para nadie.

 Respiro hondo, abro los ojos y me digo: menos mal no fui periodista. Me tiro en el sillón con mi litro de coca-cola y mi poma de crispetas, y me dispongo bien cómodo a verme una copia pirata de “Los Miserables”, esa pelicula de la que no han dejado de hablar en todos los noticieros.

 Notas:

  1. Miércoles 06 de marzo del 2013, y el paro cafetero sigue. El bloqueo a Popayán continua. son ya 9 días.
  2. La noticia de una ciudad bloqueada no sigue siendo noticia en los medios nacionales.
  3. Se habla de que Popayán tiene 1.300.000 habitantes.
  4. Un pasaje en avioneta para 8 pasajeros a Cali, está costando 150 mil.
  5. Un Pasaje Popayán- Bogotá en Avianca, está costando  $795.000 más caro que ir a Miami.
  6. En ninguna Estación de servicio de gasolina NO hay combustible. Han llegado aviones cisternas del ejército para carros de servicio público, fuerzas armadas, policía.
  7. En los super-mercados de cadena como Éxito y Carrefour, ya no hay alimentos perecederos como lácteos, carnes, frutas, verduras. En las plazas de mercados están escasas y altos precios.
  8. Los intentos de diálogo promotores del paro y gobierno siguen siendo infructuosos.
  9. Verdaderas batallas se libran en facebook entre quienes apoyan el paro y quienes piden desbloquear las vías.
  10. Se presume que los manifestantes han derribado más de cien árboles nativos para atravesarlos en las vías y lograr el bloqueo de la ciudad: árboles
  11. Se han realizado dos marchas de ciudadanos en Popayán: el lunes 4 marcharon quienes exigen al gobierno desbloqueo de las vías por cualquier medio. El Miércoles 5 educadores y estudiantes universitarios apoyando el paro y a los caficultores.
  12. La radio local habla de que hay 17 puntos de bloque a lo largo de la Panamericana y de más de cinco mil personas acampando en dichos lugares incluyendo a campesinos, indígenas, caficultores.
  13. Se habla por parte de representantes de la Cámara de Comercio, que las pérdidas por parte de los diferentes sectores comerciales afectados por el paro sobrepasan los mil quinientos millones.

 

NOTA 2: las fotos que aquí se publican han sido tomadas del muro de NOTIVISIÓN Facebook, y otros.

 

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