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Deficit comercial y apertura: ¡una relación compleja!

Por David Bardey

En la columna publicada este domingo (19 de agosto), mi compañero Marc Hofstetter nos explicó que los políticos se dejan “engañar” por la connotación negativa que trae la palabra déficit, sugiriendo que promover una reducción del déficit comercial en Colombia no debería ser un objetivo. En efecto, Marc Hofstetter interpreta las declaraciones del Presidente Duque de no querer firmar más acuerdos de libre comercio como un posible freno para la política de apertura que Colombia sigue desde ya hace dos décadas, haciendo el paralelo con las posiciones de Gustavo Petro en Colombia y de Donald Trump en Estados Unidos. Si bien estoy de acuerdo con algunos aspectos de la columna de Marc, tengo también algunas diferencias que presento a continuación.

Primero, creo que la afirmación de Marc respecto a si se debería reducir o no el déficit comercial debe ser matizada y depender del contexto del país en cuestión. Como lo explica muy bien Joseph Stiglitz en varios de sus libros, aplicar los mismos dogmas a países que tienen situaciones o puntos de partida muy distintos, rara vez contribuye a mejorar el estado de su economía. En particular, la comparación con EE.UU me parece inoportuna, dado que dicho país tiene su mercado laboral en una situación de pleno empleo. Puede entonces vivir con un déficit comercial importante e importar bienes y servicios que podrían ser producidos por trabajadores estadounidenses sin que eso afecte su desempleo. La estrategia de Trump respecto al proteccionismo es más una cuestión de economía política interna: no pretende reducir una tasa de desempleo que ya de por sí se encuentra en su mínimo, sino más bien profundizar la conquista electoral de algunos Estados afectados por la deslocalización de algunas fábricas en el sector industrial. En efecto, los populistas como Trump caen siempre en la tentación de aprovechar, electoralmente hablando, la insatisfacción de los electores, en lugar de promover políticas eficientes y redistributivas para que los trabajadores que hayan sido afectados por el comercio internacional se puedan reubicar rápidamente en el mercado laboral. Otro de los puntos que hace que la comparación con EE.UU sea inoportuna es que este país tiene una ventaja sobre todos los demás, dado que el dólar hace que su deuda pública o su déficit comercial no sea un problema para ellos. Como bien dijo una vez Henry Kissinger en un exceso de sinceridad, “el dólar es nuestra moneda, pero es su problema”.

Relacionado con el punto anterior, yo si creo que el déficit comercial estructural de Colombia debería ser objeto de mayor atención por parte de los políticos. De hecho, me ha llamado la atención que en las discusiones que los economistas en Colombia tienen respecto a las últimas reformas tributarias, casi siempre se toma como variable inamovible que Colombia tiene y tendrá un déficit comercial importante. Si estuviéramos en una economía caracterizada por un mercado laboral en situación de pleno empleo, igual que Marc, no me preocuparía el déficit comercial, pero estamos lejos de esta situación. Mejor dicho, todos los productos y servicios que Colombia importa o no exporta por no ser competitivo en las cadenas globales de producción, implica empleos de menos en el país, lo que alimenta el desempleo y frena la reducción de la pobreza. Colombia es todavía un país de ingresos medios, con niveles de salarios relativamente bajos si los comparamos con los de otros países, y parece insólito que tenga que importar algunos bienes, a veces caracterizados por bajo valor agregado. Lo que voy a añadir es anecdótico, pero me parece increíble que cuando uno visita lindos pueblos coloniales de Colombia donde hay muchas tiendas de artesanía o de ropa, buena parte de lo que se venden en las tiendas de estos pueblos ha sido importado.

Dicho eso, dudo fuertemente que la solución sea volver a una economía cerrada o tomar medidas de proteccionismo. El déficit comercial de un país se explica generalmente porque varios sectores de la economía no se encuentran en las fronteras de producción de las cadenas de producción mundial, o cuando están involucrados en estas cadenas, se concentran en renglones de menor valor agregado. El proteccionismo consiste entonces en dar un respiro artificial a los sectores con falta de competitividad/productividad, desconectándolos aún más de las fronteras de eficiencia, lo que puede agravar la situación en el mediano plazo. Además, medidas proteccionistas son generalmente acompañadas por retaliaciones por parte de otros países, lo que las hacen aún más contraproducentes.

La solución se encuentra más bien en mejorar la competitividad de las empresas en Colombia. Durante el segundo mandato de Juan Manuel Santos, la inversión en infraestructura fue impresionante y eso va a contribuir a mejorar el posicionamiento de las empresas colombianas. Sin embargo, en un comercio internacional siempre más competitivo, la implementación de servicios y bienes públicos generales (p.ej. educación, infraestructura) que mejoran la productividad de las empresas locales no es siempre suficiente para alcanzar el nivel de competitividad requerido para participar en los renglones de mayor valor en las cadenas globales de producción. Es acá donde las propuestas mencionadas por el nuevo ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, me parecen interesantes. Van más allá del dogmatismo habitual a favor o en contra de la apertura (la idea es aprovechar mejor los acuerdos existentes que de buscar nuevos acuerdos) para ver cuáles son las herramientas que el Estado puede proveer para estimular algunos sectores claves (p.ej. agroindustria y autopartes, entre otros), como las fábricas de productividad o la creación de una mesa permanante de comercio. Este tipo de articulaciones públicas/privadas que otros países han implementado con excito desde ya varios años puede funcionar bien si el Estado entiende bien su rol, no se extralimita en sus objetivos y se protege de los grupos de presión.

Para concluir, entiendo el punto de Marc: el déficit comercial por sí solo no debería ser motivo de preocupación. Pero si creo que deberíamos preocuparnos de sus causas y también de algunas de sus consecuencias, especialmente para el crecimiento de largo plazo de Colombia que mencionaba el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla en la asamblea de la ANDI la semana pasada.

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