Desde la Academia

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¡A PROTESTAR! … ¿O NO?

Por: Andrés Zambrano

 

Justo cuando estamos en una coyuntura de protestas estudiantiles, donde ellos exigen mayor financiamiento de la educación pública, el gobierno dice que no hay más, y los demás ciudadanos se indignan porque no pueden llegar temprano a sus casas; vale la pena hacer un análisis ponderado de las posiciones.

Primero miremos la posición de los estudiantes. Es verdad que las universidades públicas están desfinanciadas. Su déficit acumulado en gastos de funcionamiento es de alrededor de 3,2 billones de pesos, sin contar las inversiones que no se han hecho a través del tiempo y que pueden llegar a ser tan obvias cuando se observan varios de sus edificios a punto de caerse.

Curiosamente, un rubro parecido al del déficit acumulado (3,4 billones) es lo que ha costado Ser Pilo Paga durante 4 años. Tal vez haya sido esto lo que incendió la protesta pues se argumenta que ese mismo dinero hubiera atendido una población 10 veces mayor si se hubiera destinado a las universidades públicas. La pregunta es, si Ser Pilo Paga lleva cuatro años y la desfinanciación bastante tiempo más, ¿por qué hasta ahora se genera esta protesta? ¿Tiene que ver con que son los primeros 100 días de un gobierno de derecha?

También existe otra consideración más que debilita la naturaleza de la protesta. ¿Qué tan menor sería el hueco fiscal si las universidades fueran más eficientes en la asignación de los recursos? Un ejemplo de esta mala asignación son los millonarios escándalos de corrupción que aquejan a varias de ellas (aunque de este mal también sufren las privadas). Un segundo ejemplo son aquellos estudiantes que llevan más de 20 años por los pasillos de estas universidades y siguen usando sus recursos de forma poco productiva. El argumento de eficiencia es precisamente el argumento que se usa en favor de la privatización o, menos radicalmente, para la educación por concesión, con la cual uno puede identificar Ser Pilo Paga.

Ahora veamos los argumentos del Gobierno. Es verdad que hay problemas grandes de presupuesto, que además han sido heredados de gobiernos anteriores. Es precisamente por esta razón que en estos momentos se encuentra proponiendo la Ley de Financiamiento, desgastando así el poco capital político que tiene este Gobierno con tal de salir del hueco fiscal. También es cierto que, a pesar de los problemas financieros, hubo un incremento sustancial en el presupuesto de educación que superó el de otros rubros. Aunque dicho gasto está en línea con el que hacen los países de la OCDE, lo que le toca de ese gasto a las universidades públicas es mucho menos que lo que giran los países de la OCDE a sus universidades.

Sin embargo, aumentar el presupuesto en la cantidad que propone la organización estudiantil implicaría aumentar este gasto en alrededor de un punto porcentual del PIB. Las implicaciones que esto tendría para el déficit fiscal y la regla fiscal serían catastróficas para las calificaciones de riesgo, lo que disminuiría la inversión y encarecería el endeudamiento. En otras palabras, la cura sería peor que la enfermedad.

Pero hay errores que no se deben cometer. Los estudiantes deben ser tratados dignamente y ser atendidos personalmente. Es que ni siquiera la Ministra de Educación los atendió. Tampoco tiene presentación que la Ley de Financiamiento otorgue varias exenciones a industrias donde no es claro que se generen beneficios a la sociedad mayores a los de otros sectores. Sin duda, subsidiar la educación pública genera más externalidades positivas que subsidiar a la “economía naranja” que sabe a mermelada.

El tercer actor, que no quería participar en la obra, son los ciudadanos que se ven perjudicados por los trancones y la violencia generada por la protesta. Es entendible su malestar después de una larga jornada laboral. Pero es necesario que sean empáticos con los problemas de los demás, más aún cuando este problema existe y su solución genera impactos positivos sobre todos. Tenemos que entender que si una protesta no paraliza parcialmente una ciudad, no se genera la presión para negociar.

De hecho, creo que deberíamos protestar más seguido sobre muchos otros problemas que tenemos. Por ejemplo, como se hizo con la marcha por la paz. O como deberíamos hacerlo ahora después de que los congresistas no quisieron bajarse su salario a pesar del mandato de más de 11 millones de personas. Son tantos los problemas que aquejan nuestro país y tanta la indiferencia hacia estos, que prefiero perder horas movilizándome pero con una sociedad participativa y consciente de lo que está pasando.

Por lo tanto, bienvenida esta protesta (y ojalá otras más), siempre y cuando la violencia nunca llegue a imperar. Ojalá se encuentre una solución pronto al tema para que nuestros estudiantes vuelvan a aulas de mejor calidad, manteniendo a la vez la salud financiera del país. No será una solución fácil, pero seguramente saldrá a flote si pensamos ponderadamente en los costos y beneficios de las partes, y acordamos un plan de largo plazo.

 

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