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24
04
2013
Juan Gabriel Gomez Albarello

El triunfo de la hipocresía: la negativa del Senado colombiano al matrimonio igualitario

Por: Juan Gabriel Gómez Albarello

Hipócrita. Eso es lo que pienso de la mayoría del Senado que negó la aprobación del proyecto que establecía un tratamiento igualitario para parejas heterosexuales y homosexuales en relación con el matrimonio.

Digo hipócrita porque esa mayoría se muestra celosa defensora de la moral y respetuosa de las mayoría ciudadana, pero sus actos dicen todo lo contrario.

Una relación consentida entre dos personas del mismo sexo es legal y podemos dar argumentos en favor de su moralidad. Lo que es inmoral desde todo punto de vista es que una persona tenga una relación no consentida con otra, en particular, cuando esa otra es, para hablar en términos legales, incapaz. Una niña es una persona incapaz porque no puede dar su consentimiento a una relación con un adulto. No importa lo que nos quieran hacer creer algunos malos intérpretes de Lolita de Vladimir Nabokob. Una relación con una niña es una relación no consentida.

Es francamente penoso que uno de los adalidades de la moralidad en estos temas, el Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez, sea la misma persona que se muestra laxa frente al fenómeno de la pederastia. Porque es laxitud pedirle a dos miembros de la Iglesia Católica, cuestionados por evitar la sanción judicial de sacerdotes pederastas, que oficien las ceremonias religiosas en las cuales contrajeron matrimonio sus dos hijas.

Yo no puedo aceptar argumentos morales en contra del matrimonio igualitario de personas que callan frente al fenómeno de la pederastia. ¿Cuál de los 51 senadores que votaron en contra del proyecto de matrimonio igualitario ha dicho “esta boca es mía” en relación con los crímenes cometidos por miembros del clero católico contra menores de edad a su cargo en instituciones educativas o religiosas? Que yo sepa, ninguno.

No tengo a la mano el registro de la votación de hoy para poder compararla con las votaciones en el Congreso acerca de tres reformas inconstitucionales: la que desdibujaba la carrera administrativa, la que abolió el conflicto de intereses en el trámite de los cambios constitucionales y la infame reforma a la justicia. Sin embargo, apuesto que, por lo menos, el 90 por ciento de los senadores que negaron el matrimonio igualitario le dieron su aprobación a esas reformas constitucionales. Que no nos echen el cuento que lo que han hecho es responder a la voluntad de la mayoría.

Sin duda, la opinión está dividida sobre el tema. Una encuesta de elespectador.com proporciona buena evidencia de este clima de división. La encuesta preguntaba si uno apoyaría o no a un familiar o amigo que decidiera casarse con una persona del mismo sexo. A las 7 pm del 24 de abril de 2013, la respuesta a favor del sí era del 52.6% y la del no 47.4%. Estas cifras no son representativas de la opinión general porque no todos los lectores de El Espectador leen su edición digital, no todos los lectores leen El Espectador y no todos los ciudadanos son lectores de periódicos. Mas sin embargo, como ya lo dije, esta encuesta es un indicador de la división de la opinión.

Es, desde todo punto de vista, un abuso de los porcentajes, que el senador Gerlein diga que el proyecto fue rechazado porque en Colombia la proporción de heterosexuales es del 80%. La falacia del senador Gerlein consiste en hacernos creer que una persona heterosexual solamente estará a favor de una clase de unión: la de heterosexuales. Esto es falso como lo demuestran muchos testimonios de personas heterosexuales a favor del matrimonio homosexual.

Nota acerca de la moralidad de las uniones entre personas del mismo sexo: arriba dije que podemos dar argumentos en favor de la moralidad de estas uniones, en vez de decir de una vez que esas uniones son morales. Lo hice en consideración al hecho de que algunas personas pueden encontrar inmoral que haya uniones basadas en tener relaciones sexuales que no tengan como fin la procreación. Esa es su moralidad. Sobre esas personas no quiero imponer la mía. Pero tampoco quiero que me impongan la suya. Aquí, aclaro, me refiero a la moral individual en el sentido de valores a los que uno adhiere para alcanzar su realización personal. Como tal, la moralidad así definida es un asunto individual.

Empero, hay otro sentido de moral cuando nos referimos a las razones que nos asisten para justificar la aprobación de una ley que establezca un trato igualitario para las uniones heterosexuales y homosexuales. Es la moral de los deberes y derechos que tenemos todos los miembros de una comunidad política, que es la que ha quedado cristalizada en un acuerdo político que llamamos constitución.

Uno de los pilares fundamentales de nuestra Constitución Política es la igualdad y el derecho a no ser discriminado. Ese principio y ese derecho son los que son flagrantemente violados por un régimen que impide a personas del mismo sexo formalizar su unión en un matrimonio y que tampoco les permite, independientemente de si están o no en una unión, realizar adopciones. Desde este punto de vista, el régimen actual de matrimonio y adopción es inmoral. Desde este mismo punto de vista, también podemos decir que no queremos imponer nuestra moralidad sobre los demás. Queremos que se le dé efectiva aplicación a la moralidad consagrada en la Constitución.

Coda: la hipocresía de la mayoría en el Senado también tiene que ver con algunas cosas dichas acerca de la sexualidad. Es inconsistente que cuestionen las relaciones homosexuales porque no tienen como fin la procreación y que absuelvan sotto voce las relaciones heterosexuales “recreativas”. Bien lo han expresado varios críticos de Gerlein y compañía: muchas relaciones heterosexuales son tan recreativas como las homosexuales.

Categoria: General

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3142390942

25 abril 2013 a las 1:09
  
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3142390942

25 abril 2013 a las 1:14
  
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3142390942

25 abril 2013 a las 1:16
  

vegetariano q come carne jajajajaja

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cosmopolita

25 abril 2013 a las 2:46
  

Juan P C, ¿le confiaría usted un menor de edad familiar suyo al “padre” Rozo? (Por cierto, Monseñor Libardo Ramírez se refiere a este confeso pederasta como alguien que se ha enmendado y ha hecho un “apostolado bonito”. Este Monseñor ofició la misa en la cual contrajo matrimonio una hija del Procurador Ordoñez este año.) A una mujer y a un hombre a quienes conozco, cuya respectiva pareja es de su mismo sexo, le confiaría mis hijos si los tuviera. Confío también en el amor de esas personas por su pareja. Me parecen más honradas que muchas personas heterosexuales. La familia que esas personas formarían, si pudieran adoptar, sería mucho más sana que muchas familias convencionales.

Opinión por:

rumbelio

25 abril 2013 a las 14:12
  

que se puede esperar de unos congresistas que solo legislan para su beneficio comun. solo corrupcion y maldad.

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