VIDA PERRA

Publicado el Henry Salazar

Hna. Pauline Quinn

La hermana Pauline Quinn es una religiosa de la comunidad Dominica, quien luego de haber sufrido durante su infancia y juventud los traumas del abuso y el maltrato, de haber estado en diferentes instituciones y de haber perdido todas sus esperanzas, recibió como regaló un perro llamado Join que le ayudó a recuperar la sensación de seguridad y confianza que había perdido y le dió la oportunidad de construir un sentido nuevo sobre su futuro. Esta experiencia la comprometió a ayudar, tal como Join lo hizo con ella, a las personas que perdieron todo en su vida, incluso sus esperanzas.

En los años 80, luego de una intensa búsqueda espiritual y de encontrar un propósito para su existencia, fundó el programa Pathways to hope (Caminos de esperanza), organización sin animo de lucro ni afiliación religiosa, que tiene por objetivo ayudar a los demás. Hoy la organización se llama Bridges and Pathways of Courage (Puentes y caminos de coraje) .

En 1981,durante un año, dió inicio a un programa en el Centro Correccional de Mujeres del Estado de Washington, llamado Prison Dog Program. SU objetivo ha sido contar con la participación de internos en las cárceles para que puedan hacerse cargo de la tenencia, cuidado, crianza y entrenamiento específico de un perro. Ejemplar que podrá ser luego una mascota familiar o un perro de asistencia para personas con discapacidad. Para formar parte de este programa los aspirante deben cumplir con unas condiciones específicas.

Las bases de este programa están en el respeto mutuo y la dignidad, donde el foco siempre será el amor, más que la intimidación y el control, porque la intención es conseguir que las personas regresen a la sociedad queriendo ser mejores personas, seguidoras de las reglas pero con un claro entendimiento de las mismas. Estas condiciones se demandan también a los funcionarios de las prisiones puesto que son una parte esencial en los resultados de este tipo de programas, considerando que el proceso toma entre 18 y 24 meses, tiempo necesario para la adecuada preparación de un perro para estos trabajos.

En latinoamérica sólo hay un país que ha iniciado el programa en algunos de sus penales. En la unidad de Mujeres del penal de Ezeiza, en Buenos Aires, Argentina, el programa comenzó con un grupo internas de nacionalidades extranjeras, en condiciones de aislamiento crítico por que son mujeres que se encuentran muy lejos de sus familiares y amigos, y en muchos casos desconocen el idioma local.

El programa Huellas de Esperanza les ha permitido mejorar su autoestima, compartir las experiencias de diferentes culturas, aprender nuevas habilidades acerca del cuidado y entrenamiento apropiados de los perros y darle una meta clara a este proceso de formación puesto que los perros cumplirán una función social con personas que lo necesitan. En este país, el programa se ha extendido a varias unidades del penal que involucra la participación tanto de mujeres como de hombres internos. Igualmente se está extendiendo a otras regiones en donde adelantan un trabajo adicional con perros rescatados de las calles.

Hay más de 300 cárceles en donde se adelanta este programa. En Estados Unidos se desarrolla en Florida, Maine, New Hampshire y Massachussets, además del Estado de Washington donde comenzó. Las experencias en otros países han dejado importantes resultados en países como Italia, Kenia, Uganda, El Salvador y México.

Las palabras de la Hna. Pauline Quinn resumen el espíritu de su programa:

“Todos necesitamos amor, bondad y comprensión. Tenemos que ayudar a las personas a alcanzar su potencial desplegando amor, no juicios; esto es lo que hace que las personas sanen. Nadie es perfecto en esta vida, pero podemos tratar de ser mejores y ser parte de una reacción en cadena para el bien. Creo que los presos que aprenden a entrenar perros como mascotas o para personas con discapacidad van a cambiar cuando su centro cambia, lo que les ayuda a encontrar sentido a su propio dolor.”

 

Información: http://www.bpofcourage.org

 

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