República de colores

Publicado el colordecolombia

Manuel Mosquera Garcés, el 'negro' que fue 3 veces ministro. 40 años de su muerte.

El 31 de enero de 1972, Manuel Mosquera Garcés, entonces vicepresidente del Senado, murió de un infarto, en Bogotá. El Tiempo dijo que tenía 64 años; El Siglo, que 71 años.

Fue ministro de Educación de Ospina Pérez (1949) y de Rojas Pinilla (1953), y ministro de Trabajo de Roberto Urdaneta (1952). Fue presidente del Congreso (1966).

El mismo día de su muerte, el ex presidente Mariano Ospina Pérez escribió un sincero elogio donde se leía el “negro Mosquera”, que publicó La República en primera página.

Pero Mosquera fue un intelectual cuyo pensamiento no se relacionaba con el color de la piel. En Vigencia de la cultura, sus ensayos son católicos e hispanófilos. Genuinamente conservador.

Como director del semanario El Pueblo (de Medellín), de La República (el primero) y del Diario Oficial, escribió miles de páginas. Acaso en algunas se haya referido a su ‘raza’.

Mario Laserna Pinzón, el fundador de la Universidad de los Andes, llevó la palabra por el Partido Conservador en las honras fúnebres y contó el alcance de las preguntas que formaron a Mosquera, abogado externadista.

En la segunda guerra mundial, “(…) penetrar en los enigmas de la historia: si así es Europa, que será de América? Qué podemos esperar? Qué debemos anhelar? Dónde está la cruz, cuál es el camino?”

En los cuarenta años de su muerte, ponemos al alcance de los colombianos del siglo XXI esos dos documentos, completos: el del ex presidente Ospina Pérez y el de Mario Laserna, que muestran la dimensión que alcanzó Mosquera Garcés.

Tal vez le hubiera sorprendido a Mosquera que Mario Laserna aludiera a su “raza negra” en esa oración ante el núcleo de la sociedad colombiana en la capital.

“De todo lo que significa Manuel Mosquera Garcés pienso que ahí está su legado más profundo: ser un símbolo de la hermandad colombiana.

Haber merecido los más elevados honores de sus gentes, su partido y su país”.

El parque central de Quibdó tiene el nombre de ese símbolo, circunscrito al Chocó, cuando debería ser verdaderamente  nacional.

En el 2007, de acuerdo con su familia, conmemoramos el centenario de su natalicio, y los de Diego Luis Córdoba y Adán Arriaga Andrade, en Casa de Nariño. Tenía 64 años. Daniel Mera Villamizar.

Manuel Mosquera Garcés, por Mariano Ospina Pérez

La súbita y dolorosa desaparición del doctor Manuel Mosquera Garcés, senador de la República, deja un importante vacío político en el país y en el conservatismo, y de manera especial en el Senado, que en los momentos actuales se ocupa de temas que el doctor Mosquera conocía y dominaba a cabalidad, como el de la reforma universitaria.

No puede negarse que el doctor Mosquera fue una personalidad eminente por muchos aspectos:

católico ferviente y convencido; conservador doctrinario y militante; educador y catedrático; escritor castizo, orador elocuente, patriota esclarecido, de agradable trato a la vez que de gran valor civil y ejemplar exponente del Chocó, su patria chica, y del pensamiento antioqueño, ya que el Chocó formaba parte de Antioquia, al menos políticamente, en la época del nacimiento de Manuel Mosquera.

Tuve oportunidad de tratarlo muy de cerca como secretario de la presidencia en mi gobierno, como miembro del gabinete en ese entonces, en su carácter de Ministro de Educación, como primer Director de LA REPÚBLICA y como político, como parlamentario y como amigo.

A Mosquera se le criticó en un momento dado el que hubiera colaborado con el gobierno del General Rojas Pinilla y le hubiera prestado su apoyo, pero hay que entender ciertas relaciones humanas.

El General Rojas, desde que uno y otro formaron parte de mi gobierno, tuvo especial simpatía por el “Negro Mosquera’’, como él lo llamaba, y Mosquera era agradecido.

Ciertamente el doctor Mosquera se distanció durante un reducido lapso de su vida de la orientación política que yo preconizaba, pero no recuerdo que haya incurrido en actos parecidos a los de otros personajes que lucharon a mi lado y posteriormente volvió a tomar la posición que le correspondía como conservador, como demócrata y como colombiano.

Por eso escribo estas líneas sinceras y sentidas y expreso al conservatismo, al Departamento del Chocó y a los familiares del doctor Mosquera Garcés, mi profunda condolencia y la de mi esposa y mis hijos que también tenían por él especial aprecio y simpatía.

Bogotá, enero 31 de 1.972. Publicado en el diario LA REPÚBLICA el 1 de febrero de 1972.

Manuel Mosquera Garcés, ejemplo de caballeros cristianos

Por Mario Laserna P., en representación del Partido Conservador en las honras fúnebres. Publicado en el diario LA REPÚBLICA.

Múltiples, confusos y adoloridos sentimientos golpean el espíritu de los colombianos ante el féretro de Manuel Mosquera Garcés!

Estamos rindiéndole postrer homenaje, diciéndole el último adiós a un hombre polifacético; a una personalidad de abundantes y sazonadas mieses en el reino del espíritu y de la vida.

Desaparece una inteligente y hábil figura del parlamento que honró el escenario político nacional y que muere con la investidura de Vice-presidente del Senado.

Lloramos a un hombre honesto y laborioso que a través de largos años de estudio y superando inmensas dificultades, -su pobreza material lo acompañó hasta la sepultura- escaló elevadas posiciones de influencia y prestigio en el gobierno de su país.

Ha perdido Colombia un periodista ágil y versado en los temas que atañen al diario acaecer de la nación.

Enmudece una pluma, vigorosa y arrebatadora en la idea, castiza, elegante y diáfana en el uso del idioma en cuyas más preclaras y perennes fuentes obtuvo su aspiración estilística.

Tributamos final y conmovido homenaje a un hombre cristiano en sus sentimientos, católico en sus convicciones, conservador en su acción, que supo aclarar y actualizar con su dialéctica precisa y cortante innumerables debates y planteamientos que afectaban la vigencia de las doctrinas pontificias y evangélicas en la sangre y el espíritu de las gentes colombianas.

O quizás será en calidad de hombre de partido, de dirigente de su tierra chocoana y de la nación entera ungido con la investidura senatorial en representación del partido conservador, que nos congregamos representantes y voceros de los sectores políticos, intelectuales y sociales colombianos a rendir un último reconocimiento a Manuel Mosquera Garcés y a compartir con los suyos un inmenso dolor.

Todas estas posibilidades son realidad. Todo ello es verdad. Todo ello constituyó el terreno vital biográfico y de personalidad en que se formó y llegó a plena y luminosa madurez la personalidad de Mosquera Garcés!

Hombre de letras y pensador disciplinado dotado de agudeza crítica sin par!
Vocero del pensamiento católico en lo filosófico y en lo político; en lo social y en lo económico; en su visión del hombre y de la historia jamás renegó de sus profundas y razonadas convicciones!

Nunca ocultó su adhesión firme en la teoría y en la practica a las ideas católicas, a los sentimientos y a los afectos de la Iglesia que amó, sirvió y gozó como paladín, como hombre piadoso amante de su liturgia y sus ceremonias.

Recuerdo a Manuel Mosquera a comienzos de la década de los cuarenta participando en las ceremonias, rezando el oficio de los hermanos de la Orden Tercera de Santo Domingo en compañía de José Antonio Montalvo, de Hernán Vergara, de Emilio Robledo, Antonio Bergmann y otros colombianos que buscaban exteriorizar en la práctica de la liturgia y los oficios religiosos su fe y sus certidumbres.

Inolvidables las exposiciones de Mosquera Garcés sobre la filosofía y el renacimiento del Tomismo en (Jacques) Maritain, en (Étienne) Gilson, en (Dietrich) Von Hildebrand, en (Réginald) Garrigou-Lagrange, en Belloe y en Chesterton, la visión de la Historia en (Nicolai) Berdiaeff.

Eran los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Utilizando los conceptos y métodos de análisis de la filosofía neo-tomista tratábamos de entender el significado de la catástrofe que nos tocaba presenciar en los países que gestaron el alma occidental, en las naciones cuyo espíritu y cuya laboriosidad, cuyo sentimiento de lo bello y de lo luminoso; de lo verdadero y de lo justo, en fin, de lo humano en toda su dimensión de epifanía y de eternidad, de cielo y de terrenalidad, plasmó la belleza serena del Partenón, erigió la majestad de Hagia Sophia, creó el Derecho Romano, dió nacimiento a la patrística, a las órdenes religiosas medioevales, permitió surgir la Suma Teológica, y la Divina Comedia, la Capilla Sixtina y la Academia del Lincei, donde Galileo exponía sus concepciones sobre cómo el libro de la naturaleza estaba escrito en lengua matemática.

La Europa de Carlos V, de Shakespeare y Cervantes, del gran Newton, Goethe, Kant, Mozart y Beethoven, Pasteur y Maxwell.

La Europa del pensamiento elevado y del sentimiento profundo y armonioso era, esa misma, la que explotaba en fanatismo, en odio, en masacres, en campos de concentración, en llamas y en saqueos!

Desde modestos despachos de médicos y abogados, alrededor de mesas sin adorno, en las sencillas aulas de un convento nos reuníamos seis u ocho, a lo máximo una docena de personas, a dialogar sobre los acontecimientos mundiales.

La Blitzkrieg paraliza la resistencia polaca. Invadidos Bélgica y Holanda. Cae Francia. Dunquerque, Churchill, de Gaulle, Roosevelt, Pearl Harbor… la raza amarilla.

Los Panzer Divizionen penetran en la inmensa espeta rusa… Angustia, confusión, heroísmo en las almas. Miseria, dolor, arrogancia, dureza en los cuerpos!

Y el pequeño grupo dialogaba, estupefacto, atormentado buscando penetrar en los enigmas de la historia: si así es Europa, que será de América? Qué podemos esperar? Qué debemos anhelar? Dónde está la cruz, cuál es el camino?

Quien no ha conocido esta etapa de la trayectoria intelectual, moral, religiosa y estética de Manuel Mosquera Garcés, no tendrá los elementos de juicio necesarios para entender la fuente que comunicó amplitud a su pensamiento y vigor a su formación.

Ni entenderá tampoco la serenidad y madurez con que juzgaba los acontecimientos sociales en función de principios morales y religiosos, de profundo asidero en la cultura occidental.

Precisamente por su experiencia de esa época borrascosa de la historia, Mosquera sabía que en los tiempos de crisis para un conglomerado humano solamente de los principios, frutos de la sabiduría humana, emanan la luz y la claridad necesarias para no perecer.

Para mí constituye un recuerdo imborrable lo que ocurría en medio de ese pequeño grupo:

Manuel Mosquera, el Negro Mosquera, como lo llamábamos, con su verbo candente y su acerada lógica, explicaba el sentido de un pasaje en los documentos pontificios.

Nos interpretaba a Maritain, indicaba cuál era el deber y la responsabilidad de un intelectual; de un profesor universitario católico. Y ahí mismo surgía tanto en las palabras como en los hechos la misión de América, el sentido de nuestra identidad nacional, de nuestra personalidad histórica.

Un hombre de piel negra, un intelectual venido del Chocó enseñaba a magistrados de la Corte, a médicos psiquiatras, a tratadistas de derecho, a rubios eruditos germanos, cuál era el sentido histórico de la catástrofe que vivía el mundo!

No creo que Colombia pueda o deba renunciar al hecho de que grupos políticos e intelectuales nacionales importantes hayan tenido como maestros, como abanderados en su ideología, de su manera de mirar el país y sus gentes a hombres de raza negra: para nosotros Manuel Mosquera Garcés, para el liberalismo Diego Luis Córdoba o Natanael Díaz.

Cuando cobramos conciencia de estos hechos sabemos que no somos Europa! Somos un nuevo mundo!

Naciones que a pesar de grandes problemas de infraestructura y de subdesarrollo, de desigualdad y de injusticia, no hemos bebido el veneno del racismo; por ende no estamos al borde del abismo más abominable, del manantial más amargo que amenaza a otros sectores del mundo y que precipitó el holocausto sangriento de la Segunda Guerra Mundial y a cuyo nombre se cometieron por unos y se sigue cometiendo por otros algunos de los más espantosos, tenebrosos y escalofriantes crímenes que conoce la Historia.

El intelectual chocoano, el pensador cristiano, el político fogoso y patriota, limpio en el pensamiento y elevado en la expresión … muere en medio del respeto, admiración y afecto de todos sus compatriotas.

El partido conservador está de luto por la desaparición de un hombre que encarnó sus mayores y más austeros valores y virtudes.

De ahí que obrando dentro de una tradición de reconocimiento al mérito, de exaltación de las capacidades, de recompensa de quienes aman a su patria y la sirven con inteligencia, honestidad y desvelo, a nadie debe extrañar que el Partido de Caro y de Ospina, de Reyes, de Concha y de Suárez hubiese tenido a Manuel Mosquera Garcés, por uno de sus posibles presidenciables!

Colombia está de luto por ti, Manuel Mosquera Garcés, guardará devotamente el recuerdo de tus calidades de hombre y de ciudadano.

Serás siempre un símbolo del respeto que esta nación cristiana siente por las vibrantes formas de la inteligencia y del espíritu con que tu alma plena de tu Chocó y de tus gentes, honró a la República.

Personalmente debo aclarar, y creo que mi punto de vista lo comparten miles y miles de hombres y mujeres de Colombia, que casos como el de Manuel Mosquera Garcés lo reconcilian a uno con valores fundamentales de la nacionalidad.

Nuestros problemas no solamente son solucionables sino que han mantenido un nivel que no degrada nuestra calidad humana.

Ningún grupo racial se siente oprimido por su condición de raza! Eso abre las puertas del futuro; nos llena de esperanza.

Recuerdo el comentario, en la década del cincuenta que me hizo Arnold Toynbee en su visita a Colombia.

“Me interesa la América Latina porque ella ha solucionado el problema que amenaza destruir a la humanidad en el siglo XXI: el conflicto racial”.

De todo lo que significa Manuel Mosquera Garcés pienso que ahí está su legado más profundo: ser un símbolo de la hermandad colombiana. Haber merecido los más elevados honores de sus gentes, su partido y su país.

[Transcripción: Minerva Asprilla]

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