Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

Ser Profe Paga

En los últimos días, tras el anuncio de la ministra de educación, María Victoria Angulo, sobre la decisión de suspender el polémico programa Ser Pilo Paga, ha habido múltiples opiniones y propuestas para salvar el programa o para crear uno nuevo de becas que estimule el talento de los jóvenes de escasos recursos o para fortalecer la financiación de las universidades públicas con el fin de aumentar su cobertura.

No pretendo ahondar en el mismo punto, pero sí en cambio creo que, aprovechando la sensibilidad que se ha despertado en la sociedad por la educación en general, vale la pena exponer algunas de las ideas que pueden contribuir a mejorar nuestros diferentes niveles de formación.

Lo primero que debemos aceptar es que en materia de educación los grandes cambios no se logran en corto tiempo, ni mucho menos con arengas y campañas publicitarias, ni se pueden poner metas copiadas de competencias deportivas, donde las barras y los gritos contribuyen para aumentar las esperanzas de triunfo sobre los competidores. 

Los problemas de la educación están identificados; sus falencias y debilidades están expuestas en un buen número de documentos que desafortunadamente solo han ocupando un espacio importante en los anaqueles de algunas bibliotecas, y que únicamente se consultan cuando se va a llevar a cabo un nuevo estudio. 

Desde el documento que produjo hace ya cerca de 25 años la famosa Misión de Sabios, ha sido costumbre desarrollar en cada gobierno o con cada nuevo ministro, un diagnóstico adicional y hacer unas recomendaciones contenidas en un nuevo documento que recoge en esencia lo mismo y que finalmente su éxito de impacto en la educación no se mide, pues sólo se trató de un proyecto editorial. Y el nuevo gobierno va más allá, quiere armar una nueva Comisión de Sabios. Como dirían las abuelas “Dios nos libre”.

Yo creo que si desde hace 25 años los distintos gobiernos hubiesen acogido las recomendaciones de esa primera Misión de Sabios en la que tomaron parte: Gabo, Rodolfo Llinás, Manuel Elkin Patarroyo, Carlos Eduardo Vasco, Fernando Chaparro, Rodrigo Gutiérrez, Marco Palacios, Ángela Restrepo, Eduardo Posada y Eduardo Aldana, hoy tendríamos unos importantes avances en la materia.  

El informe de este grupo de 10 sabios está contenido en un documento de más de 150 páginas titulado ‘Colombia: al filo de la oportunidad’. En la presentación del documento, Rodolfo Llinas expresó: “El futuro de Colombia va a estar profunda y directamente relacionado con la capacidad que los colombianos tengamos de organizar la educación; la hija de la educación: la ciencia; y la hija de la ciencia: la tecnología. Sin la menor duda, este entrelazamiento será uno de los ejes principales del futuro de nuestro país en el siglo XXI”. Al finalizar ese trabajo, el Nobel afirmó: “Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro”. Y remata con esta bella frase: “…una educación que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía”.

Pero no, definitivamente no hemos tenido la capacidad de organizar la educación. Cada nuevo ministro de educación quiere dejar su impronta en un nuevo documento, como si esto fuera una condición para aprobar su informe de gestión o su rendición de cuentas; como si se sintiese obligado, al igual que un estudiante universitario, a escribir y sustentar una tesis.

En materia de educación, con más fuerza que en otras áreas, es indispensable construir sobre lo construido, abandonar el “adanismo” y persistir en políticas que nos convencen y que logran consensos en un sector que es muy reflexivo. No se puede estar satisfaciendo los caprichos de cada nuevo ministro y financiando sus ocurrencias disfrazadas de proyectos, como ha sido costumbre.

Y quiero precisamente rescatar una de esas metas que todos aceptamos como fundamental, pero que a la hora de buscar los mecanismos necesarios  para lograrla, ha faltado fuerza, impulso y voluntad política, traducida en recursos. Me refiero a la necesidad de formar mejores maestros, un propósito en el que todos coincidimos en destacarlo como fundamental, una necesidad expuesta por la Misión de Sabios como indispensable y en la que nos debemos empeñar con la misma imaginación desplegada y exhibida para promocionar programas como Ser Pilo Paga.

Pero para formar mejores maestros, debemos dignificar el trabajo docente y para lograrlo hay que comenzar por atraer a los mejores bachilleres hacia esta noble profesión, pues contrario a lo que se exige en países como Corea, en los que el aspirante debe estar dentro de los percentiles más altos para poder formarse como docente, en Colombia en cambio, en muchos casos, los jóvenes sólo se deciden por una licenciatura cuando no han logrado obtener un cupo en otra carrera profesional. Y por otro lado, debe existir una ley que establezca un salario mínimo de enganche como docente para cada nivel de formación, que refuerce el estímulo para convertirse en docente de tiempo completo. 

Estoy convencido de que una nueva beca “Ser Profe Paga”, que cubra los estudios universitarios con matrícula y manutención, así como la posibilidad de ofrecer una segunda titulación a estudiantes destacados de carreras de ciencias y ciencias humanas principalmente, para complementar su formación pedagógica y desempeñarse luego como docentes, es un paso decisivo y concreto en el propósito de lograr que Colombia esté mejor educada. 

La vocación docente hay que ayudar a descubrirla, contrario a lo que hacen algunos padres de familia que se esfuerzan porque sus hijos no se inclinen por ella, pues está presente en muchos jóvenes a los que no se les ha pasado por la cabeza que esa puede ser su mejor actividad profesional. Basta observar cómo algunos estudiantes que son nombrados como monitores de una asignatura, se enamoran de ese trabajo y terminan haciéndolo mejor que el profesor titular, con el reconocimiento y aprecio de sus compañeros de carrera. La vena docente, como la artística, se lleva en la sangre, pero hay que dejarla aflorar para cultivarla.

@MantillaIgnacio 

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