Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

Ser Pilo se Apaga

Se ha anunciado por parte de la Ministra de Educación, María Victoria Angulo, la suspensión del programa Ser Pilo Paga, que había tenido tanta promoción y difusión. Desde luego que este programa despertó en la sociedad una gran expectativa y ha rescatado la importancia de tener estímulos para potenciar el talento de jóvenes de escasos recursos. También se ha informado que el gobierno, con acierto, cumplirá los compromisos con los 40.000 beneficiarios actuales y que más pronto que tarde presentará un nuevo programa, más equilibrado, que sea sostenible.  

Las principales críticas al programa se han centrado en su alto costo, pues con esos mismos recursos para atender 40.000 estudiantes, las universidades públicas podrían formar 200.000 estudiantes. Naturalmente el tema tiene múltiples aristas y de otra parte se menciona la incapacidad que tienen las universidades públicas para aumentar su cobertura sin afectar la calidad.

Desde hace ya varios meses, recogiendo algunas ideas, había planteado unas modificaciones al programa Ser Pilo Paga, y tuve oportunidad de discutirlas con colegas rectores de universidades privadas y públicas, y de exponerlas en el Viceministerio de Educación Superior, donde siempre fueron bien recibidas. El artículo que publiqué en El Espectador a finales de octubre del año pasado contenía la esencia de mi propuesta de modificación (ver https://www.elespectador.com/opinion/los-cinco-cambios-que-haria-ser-pilo-paga-columna-719103). 

Allí sugería cinco cambios al programa y en especial el expuesto como cuarto punto, en el que proponía entregar a cada “pilo” la misma suma para su matrícula y no condicionar este monto a la elección de una u otra universidad, ha sido el más polémico y el que menos aceptación ha recibido en un sector, principalmente conformado por los rectores de universidades privadas. Después de la publicación he seguido pensando en este tema y quiero ahora concentrarme en exponer más ampliamente este punto para hacer la propuesta muy concreta. 

Para poner en contexto el tema debo decir que son muchos los que han querido polarizar enfrentando a las universidades públicas y privadas frente al programa Ser Pilo Paga; yo creo que ese no es el camino y que unas y otras deben cooperar antes que competir o disociarse. De otra forma, nuestro sistema de educación será cada vez más frágil e ineficiente, por lo tanto no quiero orientar mi opinión desde una esquina solamente. Aunque es inevitable referirse a universidades públicas y privadas, lo que pretendo es proponer y ahondar en un cambio sustancial que satisfaga a unas y otras.

Hay que recordar que desde hace ya más de una década se adoptó en Colombia el sistema de créditos (académicos) para los currículos de todas las carreras profesionales. Un crédito se define como 48 horas de trabajo académico de un estudiante; así por ejemplo, si una asignatura es de 4 créditos, eso quiere decir que para aprobarla, el estudiante debería dedicar 192 horas de trabajo. Algunas de esas horas corresponden a su asistencia a las clases, que comúnmente suman 64 por asignatura en un semestre; es decir 4 por semana en periodos académicos regulares de 16 semanas. 

La mayoría de las carreras en Colombia son de alrededor de 160 créditos; así que para obtener un título profesional hay que aprobar esos 160 créditos que corresponden a los de asignaturas obligatorias, asignaturas electivas, trabajo de grado, prácticas de laboratorio, talleres, salidas de campo, pasantías y todas las demás actividades académicas que contemple una carrera. Estas obligaciones académicas se distribuyen, casi siempre, en 8 o 10 semestres; por lo que se recomienda a los estudiantes tener una carga académica semestral mayor o igual a 16 créditos (48 horas semanales).

Por lo anterior, considero que la aprobación de un programa, que sustituya el actual Ser Pilo Paga, debe ser también una oportunidad para reforzar el uso de los créditos, más que del tiempo, como medida del avance de un estudiante en la universidad.

Con esta introducción paso a la propuesta. Creo que una primera condición en un nuevo programa de becas es que todos los beneficiarios le deben costar lo mismo al Estado; no debe haber, por lo tanto, “pilos” de primera o de segunda. El programa debe establecer entonces el monto total de la beca; podría ser por ejemplo un salario mínimo mensual por cada crédito, lo que implicaría una bolsa de 160 salarios mínimos para cursar una carrera. El desembolso semestral, de 16 salarios mínimos, sería entonces el tope que se reconocería para pagar la matrícula en cualquier universidad: si ésta cuesta más, el beneficiario puede acudir a otra fuente de financiación, que podría provenir de la misma universidad.

El “pilo” o beneficiario de la beca debe aprobar un mínimo de 16 créditos por semestre, como requisito para recibir el siguiente desembolso y el total de desembolsos debe ser de 10 como máximo, uno por semestre. Para quienes han defendido la idea de entregar mayores montos para estudiantes que se inclinen por algunas carreras tales como Medicina, que tienen un mayor número de créditos, podría considerarse una clasificación especial de programas según su número de créditos.

El fracaso no debe penalizarse con la devolución de lo recibido; ya que se trata de una beca y no de un préstamo. Esto último es sumamente importante, pues al tratarse de familias de escasos recursos, el castigo por la deserción de su hijo se transforma en una deuda impagable y en un motivo de frustración para el “pilo” que arruina su vida futura, produciéndose un efecto contrario al objetivo inicial de la beca. La penalización por fracaso o bajo rendimiento académico podría plantearse en términos no necesariamente económicos.

En las universidades públicas, donde se cobra una matrícula acorde con la capacidad económica de las familias, debe pagarse por los nuevos “pilos” la máxima matrícula, que comúnmente es de 10 salarios mínimos, teniendo en cuenta que es el programa el que asume este costo y ya no la familia. Eso no quiere decir que en las universidades públicas el costo por estudiante sea solamente ese monto, ya que la diferencia es financiada con los recursos de la universidad, que de hecho, en su mayoría, vienen del Estado.

La beca debe establecer también el monto de manutención que recibirá el “pilo”, del cual debe poder disponer con absoluta libertad el beneficiario. 

Al finalizar exitosamente la carrera, el programa podrá establecer si el “pilo” hizo uso de todo el monto reservado de la beca o de solo una parte; en el segundo caso el “pilo” tendría la opción de usar los recursos sobrantes para financiar parte de sus estudios de posgrado. Así se incentiva a los beneficiarios a esforzarse, por ejemplo en terminar en menor tiempo sus carreras, con lo cual el ahorro de un par de semestres de matrícula o manutención se traducirá en apoyo parcial para cursar posteriormente una especialización, una maestría o un doctorado. Es decir que el efecto que tendría la escogencia inicial de la universidad podría ser relevante para una formación a un más alto nivel.

Otra importante modificación sugerida es que la población de jóvenes que compitan por estas becas se extienda hasta el estrato 4. Como lo he expresado en otras ocasiones, no es justo que jóvenes talentosos que no logran un cupo en una universidad pública, cuyos padres no pueden pagar otra universidad, se queden sin poder estudiar por no ser suficientemente pobres. 

Los fondos para sostener un programa de becas pueden tener múltiples fuentes tanto públicas como privadas y la provisión del monto global para cada beneficiario permitirá determinar con exactitud el número de beneficiarios a los que se les podrá garantizar su formación profesional. 

Una condición adicional, indiscutible, es que el “pilo” debe elegir un programa acreditado en alta calidad por el Ministerio de Educación Nacional. 

Estoy convencido de que esta propuesta, que en esencia plantea la modificación para que cada beneficiario reciba la misma bolsa y ésta no dependa de la universidad elegida, junto con las otras hechas en la publicación antes mencionada,  mejoraría un nuevo programa nacional de becas y lograría un equilibrio entre universidades públicas y privadas. 

@MantillaIgnacio

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