A la Palestra

Publicado el Juan Sebastián López M

Voto protesta

Con la temporada electoral vuelven las prácticas tradicionales que han convertido a la política en una de las peores cosas de Colombia. En esta oportunidad, la llamada “unidad nacional” es la abanderada de la politiquería. La mermelada no se ha hecho esperar. Contratos, puestos, cupos indicativo y hasta la compra del combo senado-cámara por $150.000 pesos, hacen parte de las tácticas de campaña de la clase política que acompaña al actual gobierno.

Sin embargo, algunos hechos llevan a pensar que este año los politiqueros no la tendrán tan fácil. Estas elecciones tienen un nuevo y llamativo aspecto: se llevarán a cabo después de una oleada de protestas sociales sin antecedentes en la historia reciente del país. El fantasma de la movilización social al que tanto le teme el gobierno sigue rondando.

Cafeteros, transportadores, estudiantes, el sector salud y otros tantos, han anunciado que sus problemas siguen vigentes y que seguirán movilizándose este año (Aurelio Suárez, 14 de enero de 2014 http://bit.ly/1dBMKKY ). Tienen razón. Las cosas siguen igual o peor que cuando se posesionó Santos en 2010. La crisis en salud, educación y justicia, continua. El agro y la industria se encuentran en estado de gravedad por los embates de los TLC. Para rematar, el desempleo y la informalidad impiden a los colombianos tener una vida digna.

El creciente descontento social de 2013 probó que el gobierno antes que ser redentor de la crisis, es su causante. Sus congresistas están más interesados en aumentar su clientela que en solucionar los problemas de la gente. La institucionalidad de los sectores en crisis, cooptada por el gobierno, tampoco ha servido como catalizador para resolver los reclamos ciudadanos.

Esta realidad ha permitido que reconocidos voceros de las manifestaciones del año pasado hayan tomado la acertada decisión de dar el salto a la política. Aspiran al Congreso para conquistar o aumentar la representación de los sectores indignados en el legislativo. Sin duda es un paso necesario en la búsqueda de una verdadera y profunda solución a sus problemas.

El Polo es el partido que mejor ha sabido canalizar ese tránsito de la indignación del ámbito gremial al político. Como lo ha dicho su presidenta Clara López, “el Polo no esta detrás de la protesta social, esta al frente”. Estos candidatos no utilizan la movilización para lanzarse a las urnas. Todo lo contrario. Se lanzan a las urnas porque, salvo valiosas excepciones como la bancada polista, la gran mayoría de la clase política no ha tenido el interés de solucionar de manera adecuada las justas peticiones de los sectores inconformes. Claro, el santismo está bien así y no le interesa cambiar.

La presencia de los candidatos indignados es, en la práctica, una verdadera renovación política. No solo son caras nuevas, también representan una nueva política. Acompañaran sus propuestas con un decidido respaldo a la movilización civil y democrática. No se van a vender al mejor postor. No negociaran con Santos por debajo de la mesa y en contra de los intereses de quienes votaron por ellos.

Si este año hay que hacer un voto de protesta, que sea un voto por los candidatos indignados. Por el bien de Colombia espero que todos lleguen al congreso.

@JuanSLopezM

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