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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Zeus | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Hestia (Vesta) </title>
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        <description><![CDATA[<p>Para los antiguos la fogata representaba no solamente el calor del fuego y el método de cocinar los alimentos, sino también el punto de encuentro alrededor del cual se convocaban para compartir, orar y realizar sus rituales y sacrificios, siendo la hoguera el entretenimiento cotidiano que hoy podría asemejarse al hábito de ver la televisión. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para los antiguos la fogata representaba no solamente el calor del fuego y el método de cocinar los alimentos, sino también el punto de encuentro alrededor del cual se convocaban para compartir, orar y realizar sus rituales y sacrificios, siendo la hoguera el entretenimiento cotidiano que hoy podría asemejarse al hábito de ver la televisión.</p>
<p>De allí la importancia de no dejar apagar la hoguera, avivar permanente el fuego y no dejar morir la llama. Para velar por el fuego era preciso que alguien lo controlara, estuviera vigilante y lo mantuviera encendido, y sin embargo un poco de intervención divina no vendría nada mal. Para ayudar en la custodia del fuego, los griegos invocaban a la deidad olímpica conocida como Vesta, quien tenía a cargo la encomienda divina de velar para que las llamas al interior de los hogares permanecieran encendidas.</p>
<p>El fuego era pues el centro; alrededor del fuego se constituía el hogar, y es así como Vesta será también la diosa protectora del hogar y de la cocina. El fuego era el elemento fundador, siendo así que cuando se quería fundar una ciudad, los antiguos transportaban una antorcha encendida con el fuego que daría inicio a un reciente proyecto de polis. De igual forma a los extranjeros se les daba la bienvenida invitándolos a acercarse al calor de las llamas y de esta manera manifestarles una grata acogida.</p>
<p>Hestia es una de las más antiguas diosas mitológica, hija primogénita de Cronos y Rea, hermana de Zeus, Poseidón, Hades, Hera y Deméter, y la primera que sería devorada por su padre luego de que un vaticinio le advirtiera de que uno de sus hijos acabaría por arrebatarle el trono. Así mismo sería la última en ser vomitada por Cronos, una vez y Zeus consiguió cumplir a la profecía y rescatar a sus hermanos del vientre de su padre.</p>
<p>Y pese a que es una de las diosas principales, su protagonismo es más bien discreto, siendo una deidad que poco trato tendría con los humanos, y por lo que escasean los relatos que narren sobre sus hechos y hazañas. Su personalidad es la de una diosa pacífica, que raras veces abandonaba sus aposentos celestiales para inmiscuirse con los asuntos terrenales o meterse en discusiones con los demás dioses.</p>
<p>Apenas acabó la contienda contra los Titanes, el gran Apolo y Poseidón se presentaron ante ella y le propusieron matrimonio. Aquí pudo haber surgido el primer combate entre dos dioses olímpicos, de no ser porque la diosa se decantaría por la virginidad, y así se lo hizo saber no solo a sus pretendientes sino también a su hermano y dios supremo, el magnánimo Zeus, quien para preservar esta virginidad la convertiría en una abstracción, el fuego, y así podría mantenerse siempre limpia y purificadora.</p>
<p>En adelante los griegos se dedicarían a ofrecerle en sacrificio las primeras presas de sus banquetes, y que eran asadas bajo las llamas ígneas de la diosa protectora del fuego. Y tal es su dedicación a la custodia de este elemento, y tan notorio sus ánimos pacifistas, que cuando Dionisos fue admitido para ocupar un puesto entre los doce dioses del Olimpo, Hestia prefirió hacerse a un costado y ceder su lugar para consagrarse en contante devoción a velar por el fuego.</p>
<p>Pocos referentes se tienen pues sobre esta diosa. En <em>El Fedro, </em>uno de los <em>Diálogos </em>de Platón, el filósofo cuenta de una diosa solitaria que suele pasar a solas en los recintos del Olimpo, distanciada del proceder humano, sin tomar partido entre las divisiones que eran comunes entre los dioses, quienes solían inclinar su voluntad y pasiones inmiscuyéndose en las guerras y en los pleitos humanos. Será por esto que Homero no la presenta en ninguna oportunidad dentro de sus dos obras más importantes, ambas con un prontuario de dioses que intervienen constantemente a favor o en contra de los asuntos humanos. Sin embargo en algunos himnos el poeta griego dedicará algunas palabras, invocándola junto a Hermes o contándonos de cómo la diosa Afrodita nunca lograría seducir a Hestia para que desistiera de su promesa virginal. Así también Homero recalca en la importancia de mantener encendido el fuego sagrado en el templo de Delfos dedicado al dios Apolo. En algún pasaje Diodoro Sículo cuenta que Hestia es quien enseñó a los humanos la manera de construir sus casas, y de allí que sea también la diosa de la arquitectura.</p>
<p>Pero tal vez el suceso más conocido sobre esta diosa lo sabemos gracias a Ovidio, quien cuenta que luego de que Rea celebrara un banquete en el que finalmente todos caerían dormidos, Príapo aprovecharía para acercarse a la diosa y en un estado total de ebriedad intentaría violarla, pero justo antes de que el malhechor se abalanzara sobre su presa el rebuzno del asno de Sileno despertó a Hestia, quien en medio del letargo pudo sorprender a su atacante. Príapo huyó, y desde ese momento el asno se convirtió en el animal preferido de Hestia, y conocedores del mito es por esto que los antiguos solían sacrificar los asnos adornados con guirnaldas y hogazas de pan y así contentar a su diosa.</p>
<p>Su representación antropomórfica se deduce de algunas monedas en las que aparece su supuesta efigie, y la suposición de su representación es debido a que figura al lado de uno de sus templos: se trata de una mujer bellísima que portaba en una de sus manos un cuenco y en la otra enarbolaba una antorcha encendida.</p>
<p>No solo era adorada al interior de las casas, sino también dentro de los recintos sagrados que eran dedicados a otros dioses, siendo pocos los templos que eran consagrados a su exclusiva veneración, como el famoso santuario de Hermíone que describe Pausinas, y otros tantos en Esparta, Ténedos, Naxos y Larisa.</p>
<p>Una vez los romanos se apropiaron de la cultura y el conocimiento griego, la diosa pasó a formar también parte de sus creencias, y a partir de ese momento sería más conocida como “Vesta”, constituyendo una deidad de relevante importancia dado que en su nombre se estableció el sagrado culto de las vírgenes vestales.</p>
<p>Eran conocidas como las vestales aquel séquito de sacerdotisas encargadas de cuidar que el fuego de los templos no se apagara nunca, y cuya peculiaridad sería la de haberse mantenido vírgenes. Es así como desde principios de la formación de Roma Vesta es adorada por colegios sacerdotales dedicados al culto y veneración de la diosa, e incluso se dice que Rea Silva, también conocida como Ilia, madre de Rómulo y Remo (quienes según el mito habrían fundado Roma), era según parece una sacerdotisa vestal.</p>
<p>Se cree que sería el hijo de Rómulo, Numa Pompilio, quien instauraría en Roma las festividades conocidas como la “Vestalia”, y en donde las principales sacerdotisas se reunían en uno de los templos dedicados a la diosa, ofreciéndole como tributo un burro coronado de flores, seguido por una procesión donde alzaban estatuas de la diosa. Y así también el infaltable fuego.</p>
<p>Es por esto que Vesta iría convirtiéndose en una deidad importante en toda Roma, considerándosele también como una protectora indiscutida del Imperio. Hestia es a veces emparentada o confundida o entremezclada con otras deidades de otras latitudes y territorios, comparándosele a veces con Tabiti y también con la diosa Fornax.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89837" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/244.-HESTIA-VESTA-160x300.jpg" alt="HESTIA VESTA" width="160" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 06 Oct 2023 08:54:54 +0000</pubDate>
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        <title>Perséfone (Proserpina)</title>
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        <description><![CDATA[<p>El padre de Perséfone no era ni más ni menos que el gran dios Zeus, y a cuya hija Hesíodo describe en su Teogonía como una doncella de brazos blancos, ojos cristalinos y cabellos dorados, dotada de una increíble belleza, capaz de enloquecer hasta el mismísimo demonio. También conocida como Core (Proserpina para los romanos), [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El padre de Perséfone no era ni más ni menos que el gran dios Zeus, y a cuya hija Hesíodo describe en su <em>Teogonía </em>como una doncella de brazos blancos, ojos cristalinos y cabellos dorados, dotada de una increíble belleza, capaz de enloquecer hasta el mismísimo demonio. También conocida como Core (Proserpina para los romanos), Perséfone fue esa doncella que en la mitología griega sería raptada por Hades, rey del inframundo, y a quien su madre Deméter, diosa de la agricultura, se pasaría buscando con desconsuelo y hasta finalmente hallarla. Sucedió que un día Perséfone se paseaba recolectando flores por los campos de Enna o posiblemente recorriendo las llanuras de Nisa, rodeada de un séquito de ninfas y acompañada por Atenea y Artemisa, cuando de repente en un descuido un boquete en el suelo se abrió y de las profundidades brotó la figura seductora del demonio. Hades, su tío, estaba prendado de la belleza de Perséfone, y decidió que lo más fácil antes que convencerla sería secuestrarla, convirtiéndola sin más ni más en su esposa y por ende en la reina de los avernos. Perséfone descendió a las profundidades a bordo de un carruaje tirado por un par de yeguas. Enterada de la pérdida de su hija, Deméter bajó del Olimpo y buscó a Perséfone por todos los confines de la Tierra, hasta que Hécate, o quizás la Osa Mayor, le propusieron visitar a Helios, el dios sol, quien apostado en lo alto de las nubes seguramente habría sido testigo del rapto. Helios le contó a la diosa que en efecto su hija había sido trasportada al submundo, y así lo confirmarían algunos testigos que habitaban Hermíone y también la ninfa Cíane, quien acompañaba a Perséfone cuando fue asaltada por Hades y que sería castigada por Deméter convirtiéndola en sirena, luego de que ésta no hubiera hecho nada para evitar el secuestro. Deméter no soportaba la angustia generada por la pérdida de su hija, y fue por esto que la tierra fue devastada por una fuerte sequía y las plantas y animales comenzaron a morir, hasta que finalmente fuera Zeus quien tuviera que intervenir para planear el rescate de su hija. Le pidió a Hermes que se encargara de la tarea, que descendiera al infierno y reclamara a Hades por la presencia de Perséfone en la Tierra. Hermes cumplió con el cometido y logró liberar a Perséfone de las presas del Hades, pero justo cuando emprendían juntos la huida, la ingenua Perséfone caería en una trampa que su esposo le había tendido. Sea por inocencia o por engaño, Perséfone comió seis semillas de granada que Hades había preparado y que tenían el poder de retenerla en el infierno durante la mitad del año. Es así como se explica el tránsito de las estaciones, morando Perséfone en la Tierra mientras sea verano y primavera, y ocultándose en la oscuridad del infierno durante el invierno y el otoño que es cuando visitará a su marido. Y a pesar de que Perséfone fue llevada a la fuerza, Hades le tenía destinado su puesto de honor como la “Reina de Hierro”, apelativo que usaría Odiseo cuando estuvo de visita en el inframundo, según el relato de Homero en <em>La Odisea. </em>Fueron un matrimonio que pocas infidelidades tuvo, siendo tan comunes las infidencias entre las relaciones del Panteón griego. El relato más sonado es que la pareja no tuvo hijos, pero en algunas versiones aparecerán como los padres de las Euménides que habitaban el inframundo. Perséfone fue seducida por su padre Zeus quien se transformó en serpiente, y con él tuvo un hijo que fue asesinado por los titanes bajo órdenes de Hera, y que se conoce como Zagreo. En otra ocasión Zeus suplantaría la figura de Hades para acostarse de nuevo con su hija, y de donde nacería Melínoe. Perséfone aparecerá en otros relatos mitológicos. A la ninfa Minte la convirtió en la planta de menta, conocida también como “Hedyosmos”, luego de que ésta anduviera jugándoselas con su marido, y la misma suerte tendría Leuce y a quien transformaría en un álamo blanco. También tuvo que vérselas con la mismísima Afrodita, cuando la diosa le encomendara la tarea de cuidar del precioso Adonis, tras lo cual Perséfone quedaría prendada de tanta belleza y entró en disputa por la custodia del mancebo. El asunto lo resolvió Zeus, o hay quienes dicen que fue Calíope, y la solución fue concederle a cada una la custodia de Adonis durante seis meses al año. Al interior del Hades conspiró con Psique ayudándole a encontrar el cofre que Afrodita le había encomendado hallar en el infierno; y será deslumbrada por la música de Orfeo cuando éste viajó al Hades para rescatar a su difunta esposa, Eurídice, y a quien le permitió huir con ella con la única condición de no mirar a su amada a la cara hasta tanto no abandonaran los avernos. Orfeo violó la regla y jamás recuperaría a su amada Eurídice. Perséfone también sería el objeto de deseo de Pirítoo, quien en compañía de Teseo descenderían al inframundo con la intención de raptar a la esposa de Hades, quien simularía darles la bienvenida pero que acabaría atrapándolos bajo el yugo de unas serpientes anudadas. El mito de Deméter y Perséfone es el que da origen a los conocidos “misterios eleusinos”, un ritual de iniciación que se llevó a cabo durante siglos en todos los territorios que comprenden el mar Mediterráneo, ceremonia dedicada a “las dos diosas” que prometían el resurgir y la inmortalidad, y cuyos secretos debían ser custodiados por sacerdotisas que se encontraban a cargo de festividades como la de las Tesmoforias o la de las Antesforias. Varios templos fueron erigidos para venerarlas y rendirles culto, siendo uno de los más conocidos el de Locros Epicefirios, ubicado al sur de Italia. Las diosas eran invocadas para el cuidado de los campos, y así como para la protección del hogar, el cuidado de los niños y del matrimonio. La leyenda de Perséfone y su madre sugiere una cantidad de símbolos que son empleados por la psicología moderna para explicar la inocencia robada, el abandono del hogar de un hijo, el dolor de la madre por esta pérdida y así también como su eventual regreso.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 01 Sep 2023 11:21:54 +0000</pubDate>
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        <title>Musas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de magia y creatividad, esos son los seres mitológicos a los que se les conoce como musas. La palabra musa significa “canción” o “poema”, y según parece la devoción por estos seres es originaria de Pieria, en Tracia, muy cerca de donde se ubicaba el monte Olimpo. La versión que más prolifera cuenta que fueron engendradas después de nueve noches de amor ininterrumpidas entre Zeus, gran dios del Olimpo, y la titánide Mnemósine, diosa de la memoria, y que solían acompañar al dios de las artes, el mítico Apolo, con quien tendrían casi todas algún amorío y una que otra descendencia divina, además de aprender de él los distintos oficios artísticos. Su primera aparición, luego de su nacimiento, fue cantar en coro el triunfo de los dioses olímpicos sobre los titanes, celebrando la victoria que eternizaría a su padre en el poder de los cielos. Hacia el siglo VIII antes de Cristo la creencia en las musas se extendía por todo el territorio de la Hélade, siendo una creencia que ciertamente inspiraría el arte de la Antigua Grecia, ya que toda suerte de artistas de distintas latitudes estaban convencidos de la existencia de las musas, por lo que el culto y adoración por estas figuras era común entre los poetas, escultores y músicos de la época. Desde Esparta y hasta Roma, y para rendirle tributos a las musas, se erigieron templos, altares, estatuas y toda clase de monumentos donde solían ofrecerse en sacrificio libaciones de agua, leche y miel. En el siglo IV la ya dominante iglesia romana prohibió el culto y la adoración a las musas, considerándoles rituales paganos que eran contrarios a los preceptos cristianos, y durante el Oscurantismo la invocación a estas presencias míticas podría llegar a ser condenado con la pena capital. Unos dicen que al principio fueron tres musas, otros señalan que fueron cuatro, pero la versión más difundida sería la propuesta por Hesíodo y luego respaldada por Plutarco, quienes distinguieron a nueve musas y las catalogaron según las distintas corrientes artísticas: <strong>Calíope </strong>(Καλλιόπη), “la de la bella voz”, musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica, amante de Apolo y con quien tendría al poeta Orfeo, asesinado por el dios Dionisio, y a quien se le representa coronada con un ramillete de laureles, portando una tabla de escritura y sujetando una lira. Es la mayor de todas y según Homero sería ella la que inspiraría sus epopeyas de <em>La ilíada </em>y <em>La odisea</em>; y también sería la encargada de mediar en la disputa entre Afrodita y Perséfone cuando ambas codiciaban al bello Adonis. Tras la muerte de su hijo y su esposo, esta ninfa acabaría parando en los sótanos del Hades.<strong> Clío </strong>(Κλειώ), “la que ofrece la gloria”, madre de Jacinto, el fiel amigo de Apolo, musa de la Historia y que suele ser representada portando un libro abierto o un rollo de pergamino mientras toca la trompeta. Se dice que fue ella quien enseñó en Grecia el alfabeto de los fenicios. <strong>Erató </strong>(Ἐρατώ), “la amorosa”, musa de la poesía lírica, amante de Apolo, y que suele aparecer con una antorcha encendida, acompañada de un arco y de flechas doradas, tal como Eros, dios del amor, con una corona de rosas ceñida a su cabeza y sosteniendo el instrumento de la cítara mientras un par de tórtolas le picotean los pies. <strong>Euterpe </strong>(Εὐτέρπη), “la muy placentera”, musa de la música, inventora del aulos (flauta doble) y que suele estar acompañada junto a otros instrumentos como el laúd y la guitarra, coronada de rosas y hojas de mirto y que funge como representante del buen ánimo. <strong>Melpóneme </strong>(Μελπομένη), “la melodiosa” era la musa de la tragedia, del ingenio y la imaginación. Su cabeza está encumbrada por una corona de pámpanos y alguna joya que la adorna, siempre cubierta de coloridas prendas, calzado alto, llevando una máscara de aspecto triste en una de sus manos, y en la otra un puñal ensangrentado (en otras versiones empuña un cetro), mientras reposa sobre una maza como símbolo de que el oficio del teatro requiere un compromiso para nada sencillo, así como de un gran talento. Triste, solitaria, descontenta a pesar de sus privilegios, y representante consumada del drama. <strong>Talía </strong>(Θάλεια), “la festiva”, musa de la comedia, anfitriona en festejos, sinónimo de abundancia, será la contraparte de su hermana Melpóneme. Con una mirada inquietante, pícara y divertida, Talía es representada con guirnaldas, calzando sandalias o borceguíes, y portando en su mano una máscara con una sonrisa dibujada. También fue amante de Apolo, y es asociada con los campos, los sembrados y la agricultura. <strong>Terpsícore </strong>(Τερψιχόρη), “la que deleita en la danza”, es la musa del baile, también la que vela por la educación, y suele representársele bailando y tocando el arpa. Es además la madre de las sirenas. Siempre vestida con prendas color blanco, <strong>Polimnia </strong>(Πολυμνία), “la de muchos himnos”, es la musa del canto. Es representada en una actitud meditativa, con un semblante muy serio, reposando su brazo sobre una roca en actitud reflexiva, mientras un velo le cubre parte del rostro y su mirada profunda se posa en los cielos. Lleva algunas cadenas sujetas a su cuerpo, y a veces aparece con un dedo en los labios como señal de silencio y prudencia. Es la creadora de la geometría, la gramática y la lira. Finalmente la menor de las musas, <strong>Urania </strong>(Οὐρανία), “la celestial”, musa de las ciencias y especialmente de la astronomía, otra amante de Apolo que figura portando un ramillete de espigas en su mano derecha y en la izquierda un globo terráqueo, y a sus pies distintos instrumentos de medición como la brújula o el compás. El poder principal de las musas consiste en susurrar al poeta las palabras justas, medidas, mezcla de su conocimiento y sus ideas, otorgándole el disparador necesario para relatar sus pensamientos con elegancia y belleza. Así también aconsejaban a los reyes en el arte de gobernar y socorrían a los oradores en el arte de la retórica, como fuera el caso de Aristeo. La profecía era también un atributo por el que eran conocidas dado su cercanía con el dios profético de Delfos, su amado Apolo. Las musas figuran en los distintos mitos como personajes secundarios, compañeras del dios Dionisio en sus banquetes y con entrada disponible al Olimpo, haciendo apariciones eventuales, como cuando sirvieron de juezas en el duelo musical que tuvo Apolo contra su retador Masias, o cuando las nueve hijas del rey Píero, las Piérides, se atrevieron a desafiarlas en una competencia de canto, terminando convertidas en urracas y sus voces transformadas en graznidos. Otras que no salieron bien libradas después de encarar a las musas fueron las temidas sirenas, que recibieron como castigo el ser desplumadas de sus colas, plumas con las que luego se adornarían las musas con el fin de humillar a las ninfas oceánicas. El cantor Tamiris, hijo de Filamón y de la ninfa Argíope, fue otro personaje al que no le fue bien luego de retarlas y de perder en la contienda. Tamiris había propuesto a las musas acostarse con ellas si salía vencedor en un duelo de canto, pero finamente sería castigado con la ceguera por su <em>hibris, </em>que es como se conoce a la ambición desmedida<em>. </em>Al comienzo de una tarea artística es el momento preciso en que es debido evocarlas, nombrándoles y requiriendo de su consuelo, su gracia y profecía, para que acudan en auxilio de la empresa artística. Es así como a lo largo de la Historia han sido varios los filósofos y poetas que han invocado la asistencia inspiradora de las musas. El ilustre Heródoto nombró a cada uno de sus nueve libros de <em>Historias </em>con el nombre de cada musa. Para impulsar la “armonía cívica y el aprendizaje”, Pitágoras recomendó a los habitantes de Crotona que levantaran un templo en honor a las musas. Platón y Hesíodo también se refieren a las musas en algunos pasajes de sus escritos, y de este mundo antiguo nos queda la biblioteca de Alejandría, la cual se construyó alrededor de un <em>mouseîon </em>(museo), que es como se le llama al “altar de las musas”, y que estaba ubicado muy cerca de la tumba de Alejandro Magno. En tiempos modernos Dante clamará el auxilio de las musas en repetidas ocasiones, como en el caso de <em>La divina comedia, </em>cuando canta desde el Infierno: “¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!” O en el caso de Shakespeare con su obra <em>Enrique V, </em>y en cuyo prólogo podemos leer: “Quién me diera una musa de fuego que os transporte al cielo más brillante de la imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes que contemplen esta escena pomposa.” John Milton, Góngora, e incontables son los artistas que expresaron sus ansias de convocarlas para que alumbraran sus obras. Hicieron presencia en el antiguo arte romano y luego tuvieron que esperar para reaparecer en el Renacimiento y cobrar mayor fuerza con el Neoclásico, siendo notoria la figura de las musas en los relieves de los monumentos, o en las esculturas que suelen adornar las fuentes. En la Ilustración la mítica presencia de la musa se manifiesta en el arte, y hacia el siglo XVIII volverán a ser símbolo de inspiración divina, como el caso de una logia compuesta por intelectuales y célebres de la época como Voltaire, Franklin y Danton, que era conocida como <em>Les neuf sœurs </em>(Las nueve hermanas). A partir de ese momento la palabra “museo” servirá además para nombrar al lugar donde se recoge historia y conocimiento que quiere compartirse con todos. Safo de Lesbos y más tarde otra poetisa, Sor Juana Inés de la Cruz, fueron llamadas como la “Décima Musa”. Los nombres de las musas aparecen bautizando plantas, árboles, ríos y mariposas, y de diferentes formas se les ha representado en los cuentos, películas, animaciones y videojuegos, y en donde seguirán su tarea de alertar el asombro del artista y servir como un gatillo en su quehacer creativo.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 23 Jun 2023 22:58:35 +0000</pubDate>
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        <title>Hebe (Juventas)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no tendría tanta relevancia y a pesar de ser una de las diosas más veneradas en la antigüedad. Hija de Zeus y Hera, aunque algunos relatos sugieren que en su concepción no estaría involucrado el gran dios, ya que a Hera le bastó con comerse unas cuantas lechugas en compañía de Apolo para quedar preñada de la diosa. <em>La Ilíada </em>nos cuenta que la labor principal de Hebe en el Olimpo era la de escanciar el néctar en las copas de los dioses y asistirlos con la ambrosía y todos los demás platos de sus banquetes. Que no pasaran nunca incomodidades y estuvieran permanentemente asistidos en todos sus placeres. Homero señala que además asistía a Hera al momento de preparar los caballos de su carroza y tenía la tarea de bañar y vestir a su hermano Ares. Sus otros dos hermanos serían Ilitía y Hefesto. Pero su labor como copera llegaría a su fin luego de que Zeus no le perdonara su torpeza, y tras tropezar y derramar el néctar el dios Apolo decide relegarla de sus labores. Sería el príncipe troyano Ganímedes quien, raptado por Zeuz convertido en águila, pasaría a ocupar el puesto de copero oficial del Olimpo, y así como amante del gran dios. En <em>La Odisea </em>el poeta griego nos cuenta que Herácles, luego de haber sido envenendo por su esposa Deyanira y de haber limado sus rencillas con Hera, es consagrado a divinidad y pasará a formar parte del panteón olímpico. Así mismo, luego de su apoteosis, Herácles contraerá nupcias con la hija consentida de Zeus, y en especial de Hera, la intocable y virginal diosa Hebe, con quien tendría a los gemelos Alexiares y Aniceto, quienes gozaban de un atributo legado por su madre: quedarse niños para siempre. Juventas, como sería conocida luego por los romanos, constituye de esta manera un modelo de mujer casta que espera la edad adecuada para contraer nupcias. Mirada candorosa de ojos grises, pelo castaño, descomplicada, la diosa disfrutaba acompañando en sus bailes a las Musas y a las Horas que danzaban al son de la lira tocada por Apolo. Se reconoce como una presencia alegre entre los adustos dioses olímpicos, a veces torpe, inocente, de una personalidad curiosa, también rebelde y solitaria, y consentida por los cariños de sus padres. Se le representa vistiendo una toga sin mangas y portando una vasija dorada rebosando la bebida predilecta de los dioses. Hacia el año 430 a.C. Eurípides aportará otra leyenda relatándonos en su obra <em>Heracleidae, </em>sobre una Hebe que se inclinó por Iolaus (Yolao) favoreciendo a sus súplicas. Iolaus era un anciano que había sido amigo de Herácles, y que pidió el auxilio de la diosa para vengar el ataque a los heráclidos perpetrado por Euristeo. Hebe le concedió el don de volver a ser joven durante un día (algunos dicen que se trató de una hora), tiempo que le sería suficiente a Iolaus para poder lograr su venganza y asesinar a Euristeo. Tenía pues el poder de rejuvenecer, retardar el tiempo y también envejecer a su antojo, como lo haría con los hijos pequeños de Alcmeón, a quienes les concedería en un instante la edad adulta para que pudieran vengarse de Arsíone. Juventas hacía presencia en un ritual de iniciación a la edad adulta que solía celebrarse entre los romanos, y que sucedía cuando los mancebos llegaban a la pubertad y eran investidos con la toga viril como símbolo de su entrada en la adultez, sellando el ritual con la ofrenda y el tributo de una moneda de la época. A Hebe se le conferían otros poderes como aquel de transformarse en cualquier animal o persona, así como el don de la profecía. Velevaba por los jóvenes en el tránsito a la madurez, protegiéndolos de entidades oscuras como el dios Senectus (Geras para los romanos), personoficación de la vejez. Hebes tenía un altar cerca al de su esposo Herácles, en el Cinosargo, Atenas, y luego este altar pasaría a formar parte del templo consagrado a Minerva, Juno y Júpiter, restándole importancia a su figura pero indicándonos que su adoración antecede el culto al mismísimo Zeus. En la época del Imperio Romano las tradiciones y creencias en torno a ella seguían incólumes, convirtiéndose en la patrona de los colegios de jóvenes y de las instituciones militares. Puede llegar a confundírsele con una ninfa que lleva su nombre, y la cual según Higino sería convertida en una fuente por obra y gracia del dios Zeus, y cuyas aguas tenían la propiedad de rejuvenecer. Los artistas europeos del siglo XIX rescataron la figura de esta divinidad retratándola en sus cuadros y en muchas esculturas que se aprecian hoy día en distintos países. Estas representaciones suelen acompañar las fuentes de los jardines como una forma de darle al agua la connotación de la eterna juventud.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-85540" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/220.-HEBE-300x154.jpg" alt="HEBE (JUVENTAS)" width="300" height="154" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85539</guid>
        <pubDate>Fri, 14 Apr 2023 11:06:36 +0000</pubDate>
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        <title>Deméter</title>
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        <description><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí deriva su nombre: <em>da </em>(tierra) y <em>mitir </em>(madre). Siendo hija del titán Crono, Deméter se convertirá así en la tercera generación femenina encargada de velar por los sembradíos y las cosechas y de guardar a los pastores y campesinos. Deméter simboliza entonces el ciclo de la vida, por lo que se le reconoce como la “portadora de las estaciones”. Los romanos la llamaron “Ceres”, y a veces su mito puede confundirse con la diosa Cibeles, venerada en la antigüedad en Asia Menor. Hermana mayor de Zeus, esta diosa fue una de las primeras divinidades a las que se les rindió culto, y su adoración data del siglo VII a.C., cuando Homero la citó en alguna de sus epopeyas, y algunas figuras de cerámica corroboran que ya en la Era Neolítica se le rendía devoción, siendo durante siglos la diosa más popular entre los campesinos, y su adoración se extendió por toda Grecia desde mucho antes de que apareciera el panteón olímpico. Se dice que fue la misma Deméter quien ordenó levantar en Eleusis un templo en su nombre y en donde se llevarían a cabo los rituales de iniciación conocidos como los misterios eleusinos, donde se homenajeaba a la diosa y a su hija ofreciéndole ciertos sacrificios. Los secretos del templo debían permanecer guardados, destacándose la historia de Melisa, quien se negaría a revelar el conocimiento de Deméter y por lo que sería torturada hasta morir. Deméter castigó a sus asesinos enviando una plaga de abejas que brotaron del cuerpo de Melisa, y como premio a su valentía y fidelidad las sacerdotisas que presidían las ceremonias serían conocidas como “melisas”. A Deméter solía representársele con la cabeza y el pelo de un caballo, y un cuerpo de mujer del que brotaban serpientes y otras bestias míticas que se asomaban por sus trajes de lujo. Montada sobre su carruaje, muchas veces acompañada de su hija Perséfone, también conocida como Core “la doncella”, y quien en los textos prehelénicos aparece invocada junto a su madre como <em>to theo </em>(las dos diosas). La cabeza de Deméter está adornada por una corona de espigas y en sus manos porta una antorcha y una hoz. La acompañaba un delfín, una paloma, la flor de la amapola y una cornucopia (aquel cuerno rebosante de frutos, granos, flores y toda clase de manjares que simbolizan la riqueza, la abundancia y la prosperidad). Sería esta diosa quien instruyó a los seres humanos en el oficio de la agricultura, enseñándoles a arar, recolectar semillas, sembrar los campos y cuidar de los cultivos. Tal vez el mito más conocido sobre Deméter es en el que aparecerá como protagonista junto a su hija Perséfone, apoyando esa figura maternal que cuidará de sus hijos sin importar el costo ni los sacrificios. Y así tuvo que sacrificarse la diosa cuando Hades, dios del inframundo, se enamorara de la hermosa Perséfone, y tras abrir un gran cráter en la tierra raptara a la hija consentida de Deméter. Leucipe, la oceánide que jugaba con Perséfone y que no intervino para evitar el secuestro de la niña, sería castigada por la diosa que la convertiría en sirena. La melancólica diosa de la fertilidad se sumergió en la congoja y estuvo deambulando nueve días sin comer ni beber, mientras intentaba dar con el paradero de su hija y la lloraba sobre la piedra Agelasta. Durante este tiempo la tierra fue invadida por la desolación y la esterilidad de sus campos. Hécate, diosa de la brujería, presentó a Deméter el dios sol, Helios, aquel que todo lo veía y que seguramente fue testigo del rapto de Perséfone, y quien efecto le confirmaría a la madre que su hija había sido casada con el mismísimo Hades, que ahora la mantenía retenida en el fondo de la tierra y la había convertido en la reina del infierno. Deméter abandonó el Olimpo tratando de encontrar las puertas del inframundo, descendió a los confines de la Tierra y asumió la figura de una anciana llamada Doso, y estando reposando junto a un pozo fue abordada por las hijas del rey de Eleusis, en Ática, el rey Celeo, a quienes mintió diciéndoles que provenía de Creta y que había sido liberada por un grupo de piratas que la habían tenido cautiva. El rey Celeo y su esposa Metarina acogieron con agrado a la anciana, e incluso Celeo le ofreció a Doso ser mentora de sus dos hijos varones: Demofonte y Triptólemo. En retribución a la generosidad demostrada por la familia real, Deméter quiso concederle a Demofonte la gracia de la divinidad, para lo cual lo embadurnó de ambrosía y sopló su milagro sobre el cuerpo del niño mientras lo sostenía en sus brazos. Para sellar el ritual de inmortalidad el pequeño tenía que ser quemado cada noche sobre carbones ardientes, ritual que Deméter seguía en secreto y hasta que finalmente fue sorprendida por Metanira. La madre se horrorizó al ver a su hijo ardiendo sobre las brasas al rojo vivo, y decepcionada porque los humanos ignoraran el valor del ritual, Deméter dejó a medio terminar su tarea de convertir a Demofonte en un ser inmortal y, en un gesto menos macabro, decidió enseñar a Triptólemo los oficios del agricultor. Se dice que fue por medio de Triptólemo que toda Grecia se enteraría del arte de la agricultura, cuando Deméter lo llevaría a todos los rincones a bordo de su carruaje alado y amparándolo como su madrina, y así lo demostró cuando castigó a Linco, rey de Escitia, quien atentó contra la vida de Triptólemo negándose además a enseñar el cultivo del trigo en su reino, y recibiendo como pena divina la transformación en lince. Deméter no logró encontrar a su hija, y fue entonces cuando Zeus, padre de Perséfone, decidió intervenir pidiéndole a Hermes que descendiera al Hades y rescatara a su hija. La misión de Hermes parecía haber tenido éxito, pero antes de abandonar el subsuelo Hades engaña a Perséfone y la invita a probar seis semillas de granada, aunque algunos sugieren que la doncella las comería sin que hubiera sido tentada por el mismo demonio, pero sea como sea las seis semillas servirían como un conjuro para que Perséfone tuviera que retornar cada seis meses al Tártaro y pasar junto a Hades el resto del año. Es así como cada seis meses Perséfone alegra con su presencia a Deméter, siendo las estaciones alegres, coloridas y florecidas del verano y la primavera, y luego seis meses de ausencia donde su madre se mostrará triste, mustia, marchita y fría como lo demuestran el invierno y el otoño. Deméter también tuvo otros amoríos y otros hijos, como Pluto y Filomelo, cuyo padre sería el mortal Yasión, hijo de Zeus y Electra, y que sería asesinado luego de que su celoso padre se enterara de la aventura con su tía. Así mismo sería asediada por el dios de los océanos, Poseidón, quien no se dejaría engañar cuando la diosa en su forma vacuna intentó ocultarse entre una manada de caballos del rey Oncos, y trasformado en toro Poseidón tomó a Deméter por la fuerza y le dio dos hijos: Despena, la innombrable, y un corcel de crines color azabache al que bautizó Arión. Aparece bendiciendo a Fítalo con el regalo de una higuera y como recompensa por haber cuidado de ella durante la búsqueda de su hija, y así también figura en el relato en el que Limos, dios de la hambruna, recibió el castigo de morar en las tripas de Erisictón para mantenerse siempre hambriento y esto porque el dios había talado un árbol. Se le emparenta con la diosa egipcia Isis, asociada con el cambio estacional y quien también buscaría en el inframundo a un ser amado, en su caso se trataría de su esposo Osiris, y en algún momento el mito grecorromano de Deméter empezaría absorbiendo a la figura de Isis, siendo así que las sacerdotisas egipcias debían también instruirse en las enseñanzas de la diosa griega de la agricultura. El Museo Británico de Londres conserva una vieja estatua de mármol que fue encontrada en la ciudad de Cnido, y decir por último a modo de dato que la palabra “cereal” deriva del latín “cerealis”, y esto como referencia a esta diosa llamada Ceres.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-86116" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/212.-DEMÉTER-CERES-300x187.jpg" alt="DEMETER CERES" width="300" height="187" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 18 Feb 2023 00:41:34 +0000</pubDate>
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        <title>Ninfas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Escondidas en lo profundo de los bosques, algún desventurado podría llegar a cruzárselas, permitiéndose gozar de su encanto y de su belleza, pero sufriendo la desgracia de padecer algún mal, locura o enamoramiento, ceguera e, incluso, la muerte. No son seres malignos, todo lo contrario. Se tratan de presencias femeninas con potestad divina y que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Escondidas en lo profundo de los bosques, algún desventurado podría llegar a cruzárselas, permitiéndose gozar de su encanto y de su belleza, pero sufriendo la desgracia de padecer algún mal, locura o enamoramiento, ceguera e, incluso, la muerte. No son seres malignos, todo lo contrario. Se tratan de presencias femeninas con potestad divina y que son las encargadas de dar vida, velar y animar las distintas manifestaciones de la naturaleza: ríos, lagos, mares, montañas, árboles, valles, cavernas… La cuestión es que son ellas quienes acuden en auxilio de animales y humanos, y no gustan ser sorprendidas de improviso por los hombres que, obnubilados por la tanta belleza, no podrán evitar reparar en ellas, mereciendo de esta forma un castigo por su indiscreción. Son representaciones de fertilidad y gracia, encargadas de la crianza de hombres y de la protección de animales, enfermeras solícitas capaces de curar toda suerte de dolencias, y dotadas de una hermosura impactante y divina. Suelen ser caracterizadas como bellas doncellas que aparecen casi siempre desnudas, luciendo una corona perlada sobre una larga cabellera color marina, de cuerpos esbeltos y lívidos que les permiten flotar y fluir con un desenvolvimiento supremo, así como transmutar y adquirir varias formas y figuras. Las ninfas solían estar presentes en las reuniones de los dioses olímpicos, y varias de estas eran incluso las hijas de algunos dioses, por lo que suele conferírseles el grado de deidad. Lo cierto es que si bien estos espíritus divinos gozaban de una prolongada juventud, no se trataba de seres inmortales, y el hecho de que pudieran morir las convierte en personajes que no corresponden ciertamente con los atributos de los dioses sempiternos. La palabra griega νύμφη (ninfa) significa “novia”, y aunque existen otras acepciones distintas, todas hacen referencia a un estado en el que la mujer está en edad de recibirse en matrimonio. Las primeras ninfas fueron concebidas por los primeros dioses, Gea y Urano, son hermanas de Afrodita, de las Furias y de los Gigantes, y a éstas se les conoce como las <em>melias</em> o <em>melíades</em>. Con ellas nace la Edad de Bronce, y a partir de allí las ninfas adquieren distintos nombres según el lugar del que se ocupan. Tenemos así en los cielos a las <em>auras, </em>las aladas hijas del viento; las <em>néfelas, </em>las nubes de las lluvias; las <em>auriae, </em>las encargadas de las brisas y también las <em>asteriae </em>que eran las ninfas de las estrellas. Las ninfas marinas son muchísimas, destacándose las <em>oceánides</em>, hijas de Océano y Tetis, las <em>náyades </em>y las <em>hidríades </em>que estaban presentes en las aguas dulces, y además de las cincuenta <em>nereidas </em>que habitaban en el Mar Mediterráneo<em>, </em>hijas de Nereo y de la oceánide Doris, y que se reconocen por portar un tridente y acompañar en sus empresas al dios de los mares, Poseidón. En los océanos también encontramos a las <em>sirenas</em>, únicas de las ninfas que tienen propósitos siniestros, ya que suelen encantar a los marineros con su melodioso canto, atrayéndolos al agua y en donde finalmente acabarán ahogándolos. Es por esto que algunos expertos toman medidas al respecto taponándose los oídos con cera caliente. En tierra encontramos a las <em>oréades, </em>guardianas de grutas y montañas; las <em>dríades, </em>protectoras de los árboles, las <em>atlántides </em>o <em>hespérides, </em>hijas del titán Atlas y custodias de la cordillera del Atlas, en África de norte; también son hijas de Atlas y de Pléyone las siete <em>pléyades</em>, famosas por ser parte de la corte de ninfas que acompañaban a la diosa Artemisa en todas sus empresas. En el inframundo nos encontramos con decenas de ninfas, destacándose las <em>lampadas </em>que portan antorchas y acompañan a Hécate, diosa de la brujería, y a quien Zeus le obsequiaría este séquito de ninfas por tratarse de una fiel aliada del Olimpo. Por último resaltar la presencia de las <em>musas</em>, que según las categorías de Hesíodo y Plutarco se trataban de nueve ninfas dotadas del poder de la profecía, y que eran quienes inspiraban la creatividad artística en sus distintas vertientes: la danza, el teatro, la música, la poesía. Las ninfas no aparecen como protagonistas de los mitos griegos, y sin embargo suelen rodear algunos de los principales seres olímpicos o emparentarse con reyes y dioses. Artemisa por ejemplo tenía por costumbre salir a cazar en compañía de unas sesenta oceánides; Poseidón se ve siempre rodeado de las nereidas<em>;</em> las <em>ménades</em> eran aquellas ninfas que solían servir a Dioniso en sus festejos; las hidríades asistían a la diosa Deméter y las <em>lamusideas</em> aparecen frecuentemente en los relatos del sátiro dios Pan; una ninfa llamada <strong>Maya</strong> tendría con Zeus al dios mensajero Hermes y también la nereide <strong>Tetis</strong> sería la madre de Aquiles y Temries, e incluso fueron las <em>thías </em>(ninfas abejas) quienes se ocuparon de la crianza del gran Apolo. En uno de los relatos de Herácles las náyades se manifiestan para frustrar los intereses del héroe, quien padeció la muerte de su amante Hylas, luego de que éste fuera engañado por las ninfas y acabara ahogándose en una fuente. <strong>Anfitrite</strong> es una nereida de las más antiguas, reconocida por sus celos desmesurados y acechada por el dios Poseidón, quien se enamoraría de ella cuando la vio bailando en Naxos junto a otras ninfas, y no vaciló para raptarla y procrear con ella al famoso dios Tritón, mensajero de los océanos. <strong>Galatea</strong> era otra nereida que habitaba en Sicilia, hija de Nereo y de la ninfa Toosa, y que debido a su encantadora belleza dejaría al cíclope Polifemo perdidamente enloquecido. Sin embargo Galatea no correspondía al cíclope ya que su corazón estaba con un pastor llamado Acis, hijo también de una ninfa y del dios Pan. El cíclope descubriría a estos amantes a orillas del mar y le daría muerte a Acis propinándole un golpe en la cabeza con una enorme piedra. Los dioses se apiadaron del dolor de la ninfa y convirtieron la sangre derramada de su amante en un río que hasta el día de hoy conserva el nombre de Acis. Otra ninfa reconocida por su historia con el dios del sol y de las artes, Apolo, es la dríade llamada <strong>Dafne</strong>, hija de la diosa Gea y del dios del río Ladón, de Arcadia. La leyenda cuenta que Eros, siendo burlado por Apolo, decidió vengarse de éste clavándole una de sus flechas de oro y enamorándolo de esta manera de Dafne, quien a su vez recibiría su herida con una flecha de plomo, lo que ocasionaba en la víctima el total desprecio por el amor. Apolo intentó de mil formas seducir a Dafne, y ante el acoso la dríade pidió el auxilio de los dioses, quienes la convertirían en un laurel para así evitar una acechanza continua del dios de las artes. Apolo arrancó algunas hojas del árbol y se fabricó una corona como un homenaje de su amor eterno, y de allí que la corona de laurel sea un símbolo del triunfo. <strong>Eco</strong> sería una oréade que fue criada por las musas, distinguida por su retórica y que se ensoberbecía de oír su melodiosa voz, y quien tendría la desventura de enamorarse del más apático y egoísta de los hombres, Narciso, un tipo vanidoso en exceso y que solía despreciar a cada una de sus pretendientes. Eco entretenía con su charla a Hera mientras Zeus se escapaba con sus amantes, y tras enterarse del engaño la diosa castigaría a la ninfa privándola de hablar, y limitándola a repetir únicamente la última palabra de su interlocutor. Eco logró encarar a su amado Narciso y éste le preguntó si era mujer, a lo que la ninfa solamente pudo replicar la palabra “mujer”. El pretensioso Narciso se burlaría de ella, y fue así como, desdichada, Eco se refugió en una cueva donde sería finalmente olvidada. <strong>Calipso </strong>fue la ninfa que hospedó en su isla a Odiseo luego de que el barco que lo llevara a casa naufragara, agasajándolo con todo tipo de banquetes y ropajes de lujo, esperando que éste desistiera de su campaña de retorno y se quedara a su lado. Fue así como consiguió que Odiseo retrasara su periplo y durante este tiempo tuvo con él dos hijos: Nausítoo y Nausínoo. Odiseo comenzó a extrañar a Penélope, su esposa, pero no conseguía desprenderse de las mieles de su amante, por lo que tendría que intervenir la diosa Afrodita quien le ofrecería a Odiseo la dotación de madera para que construyera una barca, así como los víveres suficientes para lanzarse de nuevo a la aventura marina. Se cree que la ninfa Calipso moriría de pena y desolación cuando fue abandonada por el héroe. <strong>Oenone </strong>era la ninfa que estaba casada con Paris, príncipe de Troya, y que vaticinó un desenlace fatal para su reino si Paris emprendía su viaje hacia Grecia, donde efectivamente conocería a Helena y, después de escaparse con ella, se desataría la mítica guerra contra los espartanos. Otra famosa ninfa es la dríade <strong>Eurídice</strong>, de quien el músico y poeta Orfeo se enamoró, siendo éste uno de los hombres más perseguidos y apetecidos por todas las ninfas. Eurídice muere luego de ser mordida por una serpiente, y Orfeo descenderá al Hades en su búsqueda, logrando rescatarla pero perdiéndola para siempre durante la huida, luego de que el poeta desacatara la instrucción de no mirar a su amada al rostro hasta tanto no abandonaran los infiernos, y tras lo cual Eurídice sería nuevamente arrebatada por los avernos. La palabra “ninfomanía” deriva de este mito, dado que Orfeo enloquecía a las ninfas con su canto, y en psicología hace referencia al desenfreno incontenible del apetito sexual, y aunque en la actualidad a dicha condición se le quiera cambiar el nombre por el de “hipersexualidad”. La palabra “nínfula” hace referencia a la niña precoz y avezada, tomando como referente a la <em>Lolita </em>de Nabokov, y en cuya novela el personaje mayor de Humbert Humbert suele llamar de esta manera a su amante adolescente. El encanto de las ninfas contrasta con el de la mujer sumisa, sirviendo como un modelo de libertad femenina que ejerció una grande influencia en el pensamiento del mundo antiguo. El culto de adoración incluía sacrificios de cabras y corderos, así como leche, vino y aceite. Su tributo se difundió a lo largo y ancho del territorio griego, y son decenas de estatuas y esculturas que pueden apreciarse casi siempre decorando las fuentes de las plazas. Incluso hoy día las ninfas hacen parte del folklor mitológico griego, y hay quienes aseguran haber sido testigos de un encuentro cara a cara con una de ellas. Por último mencionar que la palabra “nenúfar” proviene de la palabra “ninfa”.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 20 Jan 2023 22:54:35 +0000</pubDate>
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        <title>Hera (Juno)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/hera-juno/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entre las tantas mujeres que tuvo el promiscuo Zeus, Hera “Ἥρα” fue sin duda la que estaba considerada como su esposa oficial. Hija del titán Crono y de Rea, Hera había sido ingerida por su padre luego que a éste le vaticinaran que uno de sus hijos le daría muerte para quedarse con su trono. El [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Entre las tantas mujeres que tuvo el promiscuo Zeus, Hera “Ἥρα” fue sin duda la que estaba considerada como su esposa oficial. Hija del titán Crono y de Rea, Hera había sido ingerida por su padre luego que a éste le vaticinaran que uno de sus hijos le daría muerte para quedarse con su trono. El titán ya se había engullido a sus otras hermanas Hestia y Deméter, y después de ella se tragó a Hades y a Poseidón, hasta que Rea se aseguró de que su hijo menor, Zeus, no padecería la desdicha de ser comido por su padre, haciéndole creer a su marido que una piedra envuelta en un pañal era el último de su descendencia. Rea escondió a Zeus en una gruta ubicada en Creta y esperó hasta que éste se hiciera fuerte, cuando entonces Metis dio de beber una pócima a Crono para que trasbocara a sus demás hijos, dando origen a la rebelión liderada por Zeus de los dioses contra los titanes, conocida como la Gigantomaquia, y que luego de diez años lograrían ganar los dioses olímpicos. Los romanos la conocerían como la diosa Juno, pero no se ponen de acuerdo respecto al significado de su nombre: horas, héroe, ternera. Tampoco se sabe respecto a su crianza, que se le atribuye a Tetis y a su esposo Océano, pero también se dice que fue criada por las Horas, por el héroe Témeno, o por las hijas de Asterión. Su mito precede al de otros dioses del Olimpo, por lo que hacia el 801 a.C. su presencia en toda Grecia ya era adorada y venerada, siendo una de las primeras divinidades a las que se le construiría un templo cerrado, quizás para oficiar las bodas al interior de un recinto que estaba consagrado a la diosa encargada por velar la santificación de las parejas. Este templo ubicado en las inmediaciones de las ciudades micénicas de Argos y Micenas, concretamente en Samos, sería agrandado y remplazado por el templo de Hereo, uno de los más grandes construidos en la antigua Grecia, y en donde se llevaban a cabo las festividades conocidas como las “Hereas”. Pero el mito de Hera se extendería a otras regiones, gozando de una popularidad que abarcaba territorios como Armenia, Babilonia, Irán, Egipto y Asiria, y por lo que otros muchos templos se edificaron en su honor, como el templo de Olimpia. Tratándose de su hermana mayor, Zeus y Hera compartían un mismo estatus como dioses olímpicos, por lo que su presencia en la vida del gran dios opacaría a sus dos antiguos matrimonios con Metis y Tetis. En <em>La Ilíada </em>Hera le dice a Zeus: “También yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Crono me engendró la más venerable, por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre todos los inmortales.” Se cuenta que Hera rechazaría más de trescientas propuestas que Zeus ideó para seducirla, y al ver que no encontraría su aprobación decidió que lo mejor sería engañarla, transformándose en un desahuciado pájaro cuco que volaba en la lluvia sin encontrar amparo. Hera se conmovió del pájaro y lo acunó entre sus senos, y fue entonces cuando Zeus recuperó su forma y consiguió poseer a la diosa. La boda fue de lo más especial, ya que Hera es por definición la “Diosa del matrimonio”, y el lugar elegido para su celebración sería el jardín de las Hespérides, aunque Homero en <em>La Ilíada </em>indica la cumbre del Ida, de Frigia, como el sitio donde se celebrarían las nupcias. Al festejo acudieron todos los dioses y semidioses a excepción de Erigia, diosa de la pereza, que no en vano tendría su castigo por tan grande desacato y terminaría convertida en tortuga. Hera se perfila de esta manera como un prototipo de la esposa tradicional, celosa de su marido, vengativa con sus amantes, irascible y neurótica, preocupada por mantener un entorno familiar, y aunque no sobresalía particularmente por ser una madre ejemplar. Con Zeus tuvo a Ares, dios de la guerra; Ilitía, diosa de los partos; Hebe, diosa de la juventud, y Enio, diosa de la destrucción. A Hera se le suele representar como una mujer matriarcal, madura, coronada con el “polos” (la corona de las grandes diosas), acompañada de un cetro y aposentada en su trono, glorificada y majestuosa. Lleva en su mano una granada o a veces una cápsula de amapola como símbolo de fertilidad. También sería la madre del dios Hefesto, dios de los herreros, luego de que se enterara que su esposo había tenido a la diosa Atenea cuando ésta brotó de la cabeza de Zeus. A su manera, envidiosa, ella también se las arregló para tener a su propio hijo sin la intervención de un hombre. Pero a la madre no le gustó el aspecto jorobado y la cojera de Hefesto, por lo que lo arrojó del Olimpo, acto que le valdría la furia del huérfano, que al desarrollar sus destrezas con el fuego y el hierro forjaría un trono siniestro para su madre. Hera se sentó en la silla que tenía el embrujo de apresarla, y no pudo liberarse hasta que negoció con Hefesto, dándole a la bella Afrodita para desposarla. Otros relatos dicen que Hera escapó cuando Dioniso emborrachó a Hefesto y lo llevó de regreso al Olimpo en el lomo de una mula. De igual forma existe otro relato en donde Hera vengó el nacimiento de Atenea considerándolo una infidencia más de su esposo, y acudiendo al auxilio de su abuela Gea para que de la tierra hiciera brotar a otro de sus hijos, conocido como Tifón. La diosa figura en una cantidad de historias que componen la mitología griega, y en casi todos aparecerá tramando venganzas contra las amantes del mujeriego empedernido que era su marido o celando sus actuaciones, y en las cuales a pesar de recibir uno que otro castigo generalmente suele salirse con la suya. Tal es el caso de Leto, quien tendría problemas para parir después de que Hera le hubiera prohibido a esta amante asentarse en tierra firme, asegurándose además de retener a su hija Ilitía para que velara el alumbramiento, y hasta que Leto encontró la isla flotante de Delos y fue allí donde pudo por fin dar a luz a los dioses Apolo y Artemisa. Sémele fue otra amante que tuvo que sufrir la violenta venganza de una esposa despechada, y así su hijo Dioniso que sería despedazado por un par de titanes enviados por Hera para asesinarlo. Zeus recogió el corazón de Dioniso y lo dio de comer a Sémele, y aunque otras versiones dicen que lo coció a su propia pierna, pero sea de una u otra forma permitió que Dioniso volviera a nacer, y por lo que es conocido como el “nacido dos veces”. Por su parte Sémele sería obligada por Hera para que le pidiera a Zeus que se mostrara en su forma original, y a lo que ni ella ni su infiel esposo pudieron negarse, y luego de lo cual los rayos del verdadero dios manifestándose ante una mortal acabarían por matarla. Otra amante que no escapó de la ira de Hera sería la princesa argiva llamada Ío, a quien Zeus trató de ocultar transformándola en una ternera blanca. Pero su esposa, experta en las mañas de su infiel marido, sospechó que esa ternera escondía algún secreto y le pidió a Zeus se la regalara para encargarse ella misma de sus cuidados. Según los relatos de Ovidio Hera le confió la custodia de Ío al gigante Argos Panoptes para que éste vigilara con sus cien ojos a la ternera, pero enviado por Zeus el intrépido Hermes, disfrazado de pastor, entretuvo al guardián con historias banales hasta que acabó durmiendo cada uno de sus cien párpados, y tras lo cual aprovechó para ejecutarlo de una pedrada y rescatar a Ío. Hera tomó los ojos de Argos y con ellos adornó el plumaje del pavo real, además de dejar a Ío convertida para siempre en vaca, obligándola a vagar sin sosiego y a ser continuamente azuzada por un tábano. Otra amante que padecería haberse entrometido en la vida conyugal de Hera sería la reina de Libia, Lamia, quien se convirtió en un monstruo después del espanto sufrido tras la muerte de sus dos hijos a manos de Hera, que además agravaría su dolor obligándola a no cerrar nunca los ojos para así mantener latente el asesinato de sus hijos. Zeus quiso remediar su sufrimiento permitiéndole sacarse y ponerse los ojos según su antojo, pero desde entonces Ío no pudo tolerar que otras mujeres se convirtieran en madres y desde entonces se dedicó a devorar a los recién nacidos. A Antígona, otra mujer que se atrevió a coquetear con su marido, le convirtió sus cabellos en serpiente, y los dioses queriendo apiadarse de ésta, acabaron transformándola en cigüeña. Tampoco saldrían bien librados aquellos que complotaran para que su marido cometiera sus infidencias, como en el caso de Eco que entretenía con el poder de su oratoria a la diosa Hera mientras Zeus se escapaba con alguna de sus amantes, y al enterarse de la treta la esposa traicionada silenciaría la melodiosa voz de Eco, limitándola a repetir únicamente la última palabra que había escuchado. Así también castigó con la locura a Tamante e Ino por haberse ocupado de la crianza de Dioniso. Pero sin duda el mito en el que estará más presente la inagotable esposa celosa será en el del héroe Herácles, conocido como Hércules para los romanos. Herácles fue el producto de una infidencia más de Zeus, y quien tuviera que pagar el enojo y la deshonra de Hera desde antes de nacer y a lo largo de toda su vida. A la madre Heracles y amante de su esposo, Alcmena, la diosa traicionada le sujetó las piernas y las amarró con un nudo para que no pudiera dar a luz, pero una ayudante de Alcmena llamada Galantis se las arregló para servir en el parto, y por lo que Hera la castigaría convirtiéndola en comadreja. Alcmena intentó contentar a Hera bautizando a su hijo con un nombre que significa “la gloria de Hera”, pero esto no serviría para aplacar su odio. Después intentó asesinar a Herácles dejando en su cuna un par de serpientes, las cuales fueron estranguladas por la fuerza hercúlea de un niño que ya empezaba a mostrar las condiciones propias de un futuro héroe. Zeus quiso engañar a su esposa y le pidió que amantara a un infante, ocultándole que se trataba de su hijastro Herácles, y la leyenda cuenta que una vez la diosa se enteró del engañó y desprendió la boca del niño que se amamantaba de su seno, un chorro de leche materna fue expulsado y a esa mancha en el universo es a lo que se le conoce como la “Vía láctea”. Hera le pidió al rey de Micenas, Euristeo, que le encomendara al valiente Herácles el cumplimiento de doce tareas que parecían imposibles, y más aún cuando la peligrosa diosa estaría al acecho y en un intento por impedir el cometido del héroe. Fue así como dificultó la pelea que Herácles sostenía con la hidra de Lerna enviando un cangrejo para que le picara los pies, o cuando elevó las aguas del río e hizo que un tábano espantase a las vacas que Herácles había robado a Gerión, y tras lo cual Hera saldría malherida por una flecha de tres puntas que Herácles logró incrustarle en el pecho derecho. Hera soplaría vientos y desataría tempestades cuando Herácles regresaba a Troya y haría todo lo que estuviera a su alcance para que el héroe no completara su hazaña, pero finalmente Herácles se presenta ante Euristeo ofreciendo el ganado a Hera, quien se negó al sacrificio del Toro de Creta ya que era un símbolo de gloria. El toro quedó en libertad y luego de un largo peregrinaje llegó hasta Maratón, por lo que es conocido como el Toro de Maratón. Al final la historia de Herácles y Hera parece haber terminado en un final feliz, y antes de que el héroe muriera y fuera consagrado como otro dios olímpico ya ambos habían limado sus asperezas. Parece que fue Herácles quien defendió y dio muerte a Porfirión, el gigante que ya había arrancado las vestiduras de Hera y que estaba a punto de violarla, dándole un flechazo que acabaría además con una larga historia de conflictos entre una mujer y su hijastro. Incluso se dice que como recompensa Hera ofreció a su hija Hebe para que Herácles la desposara. Hera es figura en otras tantas leyendas donde se muestra siempre violenta y combativa, susurrándole a Artemisa al oído para que matara a Calisto, tramando un plan maquiavélico para acabar con todo aquel que se atreviera a amenazar su matrimonio y desafiar su honra y su belleza. Es el caso de Gerana, reina de los pigmeos, quien se preció de ser más hermosa que Hera y por lo que recibió en castigo la trasformación en grulla, y cuyo pájaro sería un eterno enemigo de los habitantes de su antiguo reino. Tiro fue asesinado por Pelias en un templo dedicado a Hera, lo que jamás perdonaría la diosa, y fue por esto que decidió ayudar a Jasón a cruzar sin apuros los pasos de Caribdis y Escila y encargarse de que su navío superara las Rocas Cianeas, y de esta forma los Argonautas pudieran hacerse al vellocino de oro con el cual finalmente destronarían a Pelias de Yolco. La <em>hybris</em> de los reyes de Tracia, Hemo y Ródope, sería castigada por la diosa cuando estos se creyeron tan soberbios como los dioses y acabaron siendo trasformados en las montañas de los Balcanes y los montes Ródope. Sin embargo uno de los mitos en donde mayor influencia habrá tenido la esposa de Zeus, fue aquel acaecido durante la boda de Tetis y Peleo, y en la cual se llevó a cabo una competencia por elegir a la más bella de todas las diosas. El juez encargado de otorgar el premio de una manzana a la más bella estaba en cabeza del príncipe troyano de Paris, a quien no convenció la propuesta de Hera de convertirlo en un hombre adinerado si la elegía a ella como la ganadora del certamen, y así también rechazó los ofrecimientos de Atenea, para quedarse finalmente con el ofrecimiento de Afrodita, quien prometió otorgarle el amor correspondido de la mortal más hermosa de la tierra. El amor entre Paris y Helena desataría la guerra de Troya, guerra que estuvo influenciada por los tantos dioses que intervinieron de parte y parte, inclinándose Hera por el bando de los aqueos como venganza contra Paris por no haberla premiado con la manzana de la discordia. <em>La Ilíada </em>cuenta cómo Hera se peleó incluso con su hijo Ares y e hirió con el arco a la diosa Artemisa, y cómo entretuvo a Zeus para que éste desatendiera su protección a los troyanos, y así también protegió a Menelao convirtiéndolo en inmortal y amparó a Aquiles cuando éste se enfrentó a Eneas. Con su marido discutía sobre cualquier asunto y su furia se desataría sobre cualquier mortal, como en el caso del sacerdote Tiresias, quien quedaría convertido en mujer luego de desanudar una pareja de serpientes que estaban copulando, y quien pasados siete años volvería a recuperar su género luego de repetir el acto con otras dos serpientes que encontraría amándose en su camino. La pareja de dioses apostaron por quién lograba alcanzar un mayor placer sexual, creyendo Zeus que era el caso de la mujer y por su parte Hera creyendo que se trataba del hombre, y quién mejor para dilucidar esta duda que aquel que vivió la experiencia de poseer ambos sexos. Tiresias, quien como mujer había tenido dos hijos, dio la razón a Zeus testimoniando que el placer femenino era un noventa por ciento superior al placer de los hombres, y por lo que Hera enojada privó de la vista al desgraciado sacerdote. No pudiendo desobedecer el actuar de su mujer, Zeus quiso mitigar en parte la pena de Tiresias dotándolo con el don de la clarividencia y la profecía. Y en algún momento de la eternidad Hera tendría que agotarse de las infidencias de su marido y fue entonces cuando complotó con Apolo, Atenea y Poseidón para que se unieran y juntos destronaran a Zeus en una rebelión que en principio parecía sencilla, cuando lograron atarlo a la cama en la que dormía y hurtarle su rayo para que no pudiera defenderse. Sin embargo el dios de los cielos recibió la ayuda de Tetis y Brearei (el gigante de cien brazos), quienes liberaron a Zeus para que éste retomara el control del Olimpo. De alguna forma los insurgentes recibieron su castigo por semejante irreverencia, teniendo que amainar Zeus los ánimos acalorados de su mujer, sujetándola con cadenas de oro y atándole un par de yunques en sus pies. Pero no todo sería un desencuentro permanente en la pareja, y también Zeus se encargaba de celar, velar y proteger a su esposa, como cuando la libró del peligro que la acechaba luego de que Ixión la atacara en medio de un arrebato incontenible por poseerla, ocultando a su reina en una nube que fabricó para que ni Ixión ni ningún otro la atacara jamás, cuidando de su diosa, la diosa de su Olimpo.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 02 Dec 2022 23:58:38 +0000</pubDate>
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