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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Virginia Woolf Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Clarice Lispector (1920-1977)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Vivir no es reportable”, escribió Clarice Lispector, y sin embargo haría de su vida un cuento para contar. Su madre fue contagiada de sífilis por unos soldados bolcheviques que la habían violado, y Clarice fue concebida bajo ciertas peculiaridades propias de una época que no mucho conocía de esta enfermedad. En medio de esta revolución [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Vivir no es reportable”, escribió Clarice Lispector, y sin embargo haría de su vida un cuento para contar. Su madre fue contagiada de sífilis por unos soldados bolcheviques que la habían violado, y Clarice fue concebida bajo ciertas peculiaridades propias de una época que no mucho conocía de esta enfermedad. En medio de esta revolución en la que ya había sido asesinado el abuelo, los padres de Clarice abandonan Ucrania con sus tres hijos, huyendo hacia Moldavia para luego cruzar la frontera, e instalarse de paso en la capital rumana, donde conseguirían pasaportes rusos que les permitieron viajar a la tierra brasileña de Maceió.</p>
<p>Cuando Clarice tiene 5 años sus padres deciden instalarse en Recife, Pernambuco, donde cada miembro de la familia sería rebautizado con un nombre portugués. Chaya Pinjasivna se convertía así en Clarice, conservando su apellido Lispector. Un tiempo después se mudarán a la que fuera la ciudad que sintió propia, la paradisiaca Rio de Janeiro.</p>
<p>Cuando Clarice tenía 10 años su madre fallece, y será también por esta época cuando empieza a explorar el mundo de las palabras, apropiándose del idioma portugués, y presentando varios de sus escritos y cuentos al <em>Diario de Pernambuco. </em>Es así como la futura gran escritora comenzaría su carrera literaria siendo rechazada en múltiples ocasiones, y las revistas no se decidían a publicarla arguyendo que sus cuentos carecían de un contenido dramático, y que eran más una descripción de sensaciones. Pero es que al parecer para Lispector escribir era otra cosa distinta de lo que anteriormente se había escrito: “Escribir es tratar de entender, es tratar de reproducir lo irreproducible.”</p>
<p>En la adolescencia ya Clarice se había convertido en una lectora voraz, siendo importantes las lecturas de algunos escritores nacionales como Machado de Assis, Eça de Queiroz, Jorge Amado, además del ruso Fédor Dostoievski. Pero especialmente recuerda la fuerte impresión que de niña le dejaría el libro <em>Las travesuras de Naricita</em>, de Monteiro Lobato, libro del cual comenta: “Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí algunas líneas maravillosas, lo cerré de nuevo, me fui a pasear por la casa, lo postergué aún más yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad.”</p>
<p>El padre de Clarice quería darle a sus hijos una educación de élite, y aunque su oficio vendiendo ropa no lograra cubrir los gastos de una educación formal; pero fue gracias al promedio obtenido en las calificaciones de bachillerato que Clarice consiguió matricularse en la Facultad de Derecho Nacional de la Universidad de Brasil. Al interior de la academia Lispector tendría que soportar una fuerte presión, tratándose de la única judía y una de las tres mujeres que integraban la facultad.</p>
<p>Clarice ya había presentado algunos escritos a periódicos y revistas, pero sería a los 21 años cuando publicaría su primera obra, <em>Cerca del corazón salvaje, </em>y que le valdría el reconocimiento de ganar el Premio Graça Aranha a la mejor novela.</p>
<p>Durante sus años estudiantiles conocería a quien sería su esposo, el diplomático Maury Gurgel Valente, un católico, y por lo cual resultaba complicada la relación ante los ojos de ambas familias, pero de quien se enamoraría convirtiéndose como en su escudera, y acompañándole en sus tantos viajes alrededor del mundo. “Es casi imposible evitar que el exceso de amor haga que uno actúe como tonto. Solo el tonto puede amar demasiado”, escribió. Es así como los próximos 15 años serían un recorrer constante, una falta de estabilidad, instalándose varias veces en Inglaterra, París, Berna, y teniendo que apartarse no solo de su familia y sus amigos sino también de su trabajo periodístico, en el cual ya empezaba a sobresalir. Pero ella tuvo clara su apuesta. Escribió: “La vida es para ser vivida intensamente como el amor, que tiene que ser experimentado hasta la última gota sin ningún temor.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra Mundial Lispector trabajó en hospitales como voluntaria con el cuerpo de enfermeras de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB), asistiendo a los soldados brasileños heridos.</p>
<p>“Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano, y es solitario”, escribió la mujer que ya empezaba a desistir de su condición de acompañante, y parece ser que la rutina de viajar acabó sumiéndola en el aburrimiento: “En realidad no sé escribir cartas de viaje, en realidad ni siquiera sé viajar.” Pero a pesar de haberse convertido en una mujer que vivía a la sombra de un hombre, y de que nunca dejaría de añorar su vida en Brasil, Clarice no abandonó su pasión por narrar, y fue así como en 1946 publicó su segunda novela: <em>El lustre.</em></p>
<p>Unos años después, en Berna, Clarice tiene a su primer hijo, y unos meses tarde estará de regreso con su esposo a tierras brasileñas. Nuevamente en Rio de Janeiro, Lispector vuelve a hacer la apuesta, dedicando parte de su tiempo a la labor periodística y escribiendo columnas para el diario local, y que firmaba bajo el seudónimo de “Teresa Quadros”.</p>
<p>Para 1949 publica <em>La ciudad sitiada, </em>y en 1952 el libro titulado <em>Algunos cuentos, </em>para luego volver a emprender viaje al lado de su marido, esta vez con destino a la capital estadounidense, y en donde para el año de 1953 tendría a su segundo hijo. Un año más tarde, en 1954, el público francés se interesó en su primera novela, y la obra sería traducida y publicada, teniendo como portada una ilustración de Henri Matisse.</p>
<p>En Estados Unidos estuvo casi ocho años, y desde allí continuaría enviando cuentos y artículos a revistas brasileñas, hasta que en 1959 se divorcia de su marido y regresa finamente a la tierra de sus orígenes. Residenciada en Rio de Janeiro, Clarice Lispector reclamará su independencia abriéndose camino como una reportera y escritora consagrada. Esto recomendaba a las demás mujeres: “La vida no es cine, y es muy difícil ‘usar’ la excentricidad. La excentricidad es un deseo desesperado de agradar. El instinto de las mujeres las avisa de ‘hasta dónde pueden llegar’ en su deseo de agradar. ¿Has pensado alguna vez en el esfuerzo enorme que la excentricidad exige de una mujer? Casi un esfuerzo físico para mantener algo antinatural. Después de algunas horas se ve</p>
<p>en el rostro de la excéntrica su enorme cansancio, sus ganas de volver a casa… ¿Qué es la excentricidad? De manera general, la exageración. ¿A los hombres les gusta el perfume? La excéntrica se baña en perfumes… ¿El escote es bonito? Ella entonces se desnuda. ¿Entrar con seguridad en una sala es elegante? Entonces vamos a hacer una entrada teatral. ¿La naturalidad es agradable? Entonces vamos a fingir naturalidad confundiéndola con la vulgaridad. ¿A los hombres les gusta el ‘compañerismo’? Entonces vamos a beber como un hombre, a decir palabrotas y a demostrar que estamos por encima de esa cosa ridícula que es una mujer educada. La excentricidad es un esfuerzo que termina en tristeza.”</p>
<p>A comienzos de 1960 publica el exitoso libro de cuento <em>Lazos de familia, </em>y un año más tarde publicará <em>La manzana en la oscuridad</em>, obra aclamada por el público y que unos años después tendría su adaptación teatral. Sin embargo sería en 1963 cuando Lispector maravillaría al mundo dándonos a conocer su obra más reconocida: <em>La pasión según G.H.</em> Escrita a vuelo de pájaro, de un solo tirón, y concluida en un par de meses, la novela cuenta la historia de una mujer que queda perpleja frente al hallazgo casual de una cucaracha, suceso tras el cual experimentará un profundo cuestionamiento existencialista. Porque sus palabras tendrán siempre ese matiz inquietante que desafía el asombro de lo cotidiano: “Siento una claridad tan grande que me anula como persona común y corriente. Es una lucidez vacía, ¿cómo explicarlo?, algo así como un cálculo matemático perfecto que, sin embargo, no se necesita. Y no entiendo aquello que entiendo.”</p>
<p>Para finales de la década de los sesenta Clarice se dedica a publicar notas personales en el diario <em>Jornal do Brasil</em>, donde contará acerca de la cotidianidad brasilera y de sus aventuras propias, permitiendo que el público la conociera a través de sus escritos, y revelándonos piezas de su intimidad y los seres y las cosas que rodeaban su vida, como su perro Ulisses al que haría famoso por haberlo citado en un sinnúmero de artículos.</p>
<p>Sin embargo para dejarse ver más allá de las palabras Clarice Lispector resultaba ser una presencia enigmática, casi fantasmal. No le gustaba conceder entrevistas, y una vez las aceptaba, solía contestar de manera enfática, sustancial, lacónica, casi diríamos que monosilábica. Su personalidad solitaria, nostálgica, depresiva, engrandecía esa imagen de la poetisa atormentada por el delirio de la palabra.</p>
<p>Esta figura poseída por la poesía se vería engrandecida luego de que se quedara dormida con un cigarrillo en la mano, provocando un incendio que le ocasionaría quemaduras por todo su cuerpo y especialmente en su mano derecha, en la cual habría terminado por perder su movilidad. Admirada también por su belleza exótica, las cicatrices que le dejaron el siniestro episodio acabarían por acrecentar su condición depresiva. Pero a esta mujer no tenía por qué preocuparle en últimas su belleza física cuando se sabía ciertamente poderosa: “¿Eres ‘moralmente’ tan anticuada que consideras la vanidad femenina una frivolidad? Ya deberías saber que las mujeres quieren sentirse guapas para sentirse amadas. Y querer sentirse amada no es una frivolidad. Si piensas que ‘has nacido’ así y que no tiene remedio, ten la seguridad de que estás desistiendo de algo muy importante: de propia capacidad de atraer. ¿Quieres saber algo? La obesidad tiene remedio. El pelo sin vida tiene remedio. Una cara sin gracia tiene remedio. ¿La solución? La solución es no ser una mujer desanimada y triste. Y la otra solución es tener como objetivo ser ‘tu misma’, pero más atractiva, y no alcanzar un tipo de belleza que nunca podría ser el tuyo.”</p>
<p>Hacia comienzos de los años setenta Clarice publica varios libros de cuentos infantiles, dedicándose también a dictar conferencias y charlas en diferentes institutos y universidades, pero especialmente sirvió como traductora de una cantidad de obras que gracias a ella los lusófonos pudieron conocer. Conocía el inglés, el francés y el español, además del hebreo y el yiddish que hablaba con fluidez, e incluso se atrevió traduciendo algunos libros escritos en ruso. En español apenas se tiene un registro, se trata del cuento <em>Historia de los dos que soñaron, </em>de Jorge Luis Borges, y que publicarían en el <em>Jornal do Brasil.</em></p>
<p>Para Lispector lo que importaba era dejarlo por escrito, dejar en el papel eso que le dictaba su alma: “Escribo porque me resulta un placer que no puedo traducir. No soy pretenciosa. Escribo para mí, para sentir mi alma hablando y cantando, a veces llorando.”</p>
<p>La originalidad de su estilo es indudable, y de hecho lo peculiar de su expresión narrativa será su distintivo propio. Es difícil no identificar cuando un texto, un poema principalmente, fue escrito por la pluma convulsa de Clarice Lispector. Pareciera que muchas de sus líneas, dispersas, confusas, entreveradas, responden al método empleado también por James Joyce y Virginia Woolf (autores con los que mucho se le ha asemejado) conocido como el “libre fluir de la conciencia”, y a pesar de que la autora confesara que es plenamente consciente de lo que escribe y al momento en que lo escribe. Así describe esta experiencia: “Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo haya intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío.”</p>
<p>Emocional y emotiva, trascendente y compleja, en Lispector aflora el lirismo y una prosa dinámica, inquietante, conflictiva y siempre marcada por la profundidad. Solía usar la primera persona, y en sus historias lo primordial no será la trama como sí ahondar en el interior de los sentimientos, sensaciones y afectos de sus personajes. Es por esto que sus personajes gozan de esa misma profundidad psicológica y que sus comentarios sean siempre tan suspicaces, reflexivos y acertados, centrándose en develar sus pensamientos y dejando así que sea el lector quien concluya sobre la personalidad de cada uno. A través de sus personajes la autora indagaba por la esencia del ser como tal y el autoconocimiento, la vida y asimismo la muerte, la infancia y la vejez, la soledad y el amor, la maternidad y lo femenino.</p>
<p>Su obra era ya motivo de análisis cuando la autora aún estaba con vida, y hoy día, siendo la escritora latinoamericana más leída y afamada a nivel mundial, y una de las más buscadas en Internet, Clarice Lispector no para de suscitar una conexión particular con las nuevas generaciones y un entusiasmo cariñoso entre las nuevas poetisas.</p>
<p>“La realidad no tiene sinónimos”, escribió. Y es que, moviéndose entre lo real y lo fantasioso, Lispector pareciera muchas veces divagar, por lo que varios críticos vacilan al no saber dónde ubicar su fascinación, siendo que tantas veces parece como tan tonta y otras tantas deslumbra por su indudable originalidad: “Escribo sin la esperanza de cambiar nada. No cambiar nada… Porque en el fondo no estamos tratando de cambiar las cosas. Estamos queriendo florecer.” Algunos dirán que leerla es enfrentarse a una lectura compleja. Ella misma declaraba que lo suyo, respecto al estilo, era una cuestión de “no-estilo”. Porque lo cierto es que su estilo, propiamente, es difícil de encasillar, ya que su capacidad para explorar el lenguaje en vertientes insospechadas hacen que esta autora sea imposible de clasificar. Carece, pues, de género: “El género ya no me atrapa”, dirá en <em>Agua viva. </em></p>
<p>Metalingüísta, le llamarían algunos. Creadora, ella supo transgredir e interrogar el lenguaje mismo, irrumpiendo en sus reglas más básicas, y permitiéndose comenzar por ejemplo una de sus novelas con una coma y finalizándola con dos puntos. Y es por esa prosa irreverente, renovadora, única, que Clarice Lispector es elevada a la categoría de Guimarães Rosa y a otros importantes escritores en lengua portuguesa de la segunda mitad del siglo XX, ubicándosele en la tercera fase del modernismo conocida como la “Generación brasileña del 45”.</p>
<p>Reportera, periodista, traductora, escritora de novelas, cuentos, libros infantiles y poemas, Lispector constituye un ejemplo de la mujer decidida a encarar el destino que desde niña se fijaría, y no tuvo reparos en que su propuesta pudiera no convencer, rompiendo con los estilos y maneras tradicionales y constituyéndose como un estilo definitivamente propio, sincero y peculiar. No tuvo miedo de presentar su propuesta, y a pesar de que esta no correspondiera a lo acostumbrado, y tal vez de allí la admiración que despierta por su manera única y libre de escribir. “Lo indecible me será dado solamente a través del lenguaje.”</p>
<p>En sus escritos Lispector también servirá como un ejemplo que insiste en la formación intelectual de la mujer, instándola a que se conozca y cumpla poderosa con su vocación propia, sin pretender responder obsecuentemente a los cánones impuestos por la sociedad: “¿Nunca leíste de pequeña el cuento de una princesa muy guapa pero que por la maldición de un hada mala no podía abrir la boca sin que le salieran sapos, lagartos y ratones? Pues la manera moderna de que salgan ‘sapos y culebras’ de la linda boca de una joven es decir muchas tonterías con los labios perfectamente maquillados. Pero esto no sucede por la maldición de un hada mala, sino por la ignorancia, por falta de cultura. Una de esas ‘princesas’ modernas, al escuchar una conversación sobre Hemingway, preguntó: ‘¿Cuál es la última película que ha hecho?’ Leer es una costumbre que todo el mundo debería tener. No queremos decir con eso que todos lean ‘cosas difíciles’. Incluso una revista bien informada -y bien leída- puede ser una fuente de cultura que al menos evite ‘sapos y culebras’.”</p>
<p>Sus manuscritos y la biblioteca con todos sus libros y algunos documentos personales como correspondencia, se conservan disponibles en los archivos de la Fundación Casa de Rui Barbosa y en el Instituto Moreira Salles, ubicados ambos en Rio de Janeiro.</p>
<p>Clarice Lispector murió de cáncer de ovario a los 56 años de edad en su amada Rio de Janeiro, meses antes de haber publicado su última novela. Al día siguiente, sábado, era su cumpleaños, por lo cual postergaron su entierro para el domingo. Su cuerpo fue cubierto por un manto de lino blanco, y sería sepultada bajo el ritual de la religión judía ortodoxa. Sus restos reposan en el cementerio de Cajú. En su lápida se lee su nombre de pila, cuyo significado es “La hija de Pinkhas”. Alguna vez escribió: “Al final, ¿qué importa más: vivir o saber que se está viviendo?”</p>
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<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 20 Apr 2024 06:15:18 +0000</pubDate>
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        <title>Marguerite Yourcenar (1903-1987) &amp;#8220;El encanto de la pluma francesa&amp;#8221;</title>
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        <description><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras patrias fueron los libros. Y, en menor grado, las escuelas.&#8221;</p>
<p>Su madre murió diez días después del parto, dejando a su esposo de 50 años la crianza exclusiva de su pequeña, y por quien sabría velar para atenderla en todos sus cuidados y, sobre todo, procurar que gozara de la mejor educación. Es así como Marguerite no asiste a la escuela para ser instruida en su educación básica por tutores y así también como por su padre, un tipo descontento y trotamundos que había recorrido toda Europa, y que fuera quien le daría a conocer a su hija algunos escritores que supieron iluminarla en su camino literario, como el dramaturgo Jean Racine, o escritores como Flaubert, Rilke y Maeterlinck, además de algunos clásicos como Aristófanes y Virgilio, este último uno de sus favoritos de siempre. El método consistía en leer en voz alta, alternando entre padre e hija, y fue así como se dice que a los 12 años la pequeña ya casi dominaba el latín y dos años más tarde leía con fluidez el griego.</p>
<p>En 1913 su padre adquiere una propiedad en Ostende, y será entre esta casona burguesa y Lille donde Marguerite llevará una infancia tranquila y no exenta de ciertos privilegios. Sin embargo la propiedad de Ostende sería destruida durante la Gran Guerra, por lo que la familia tuvo que huir a Londres, para más tarde regresar a Francia y establecerse en París. Por aquel entonces, y por recomendación de su padre, Marguerite conoce el pensamiento pacifista de Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915, y que mucha influencia tendría en el pensamiento antibelicista de la futura gran escritora.</p>
<p>Para 1915 padre e hija viajan por Italia y Suiza, para finalmente establecerse en Montecarlo, luego de que a su padre se le diagnosticara un cáncer que al cabo de los años acabaría con su vida.</p>
<p>En 1919 Marguerite deja de lado su nombre de pila, y empieza a firmar con un anagrama de su apellido que había creado junto a su padre, Crayencour (con ausencia de la letra “C”): Yourcenar.</p>
<p>“Mi oficio me pareció inútil, lo que es casi tan absurdo como creerlo sublime”, diría años más tarde la joven que para 1921 estaría dando a conocer las primeras expresiones de su lírica, en un par de poemarios titulados: <em>El jardín de las quimeras</em> y <em>Los dioses no han muerto</em>, y las cuales no serían incluidas en el corpus de sus obras, publicada muchos años después por la Biblioteca de la Pléiade.</p>
<p>Antes de morir, en 1929, el padre de Marguerite alcanza a leer la primera novela de su hija, <em>Alexis o el tratado del inútil combate</em>, a la cual calificaría como una novela “límpida”, y que también la crítica vería con visto bueno, destacando su estilo profundo y decantado, maduro, austero, y con notorias influencias de escritores como el Premio Nobel de Literatura de 1927, André Gide. La trama de la novela se desarrolla por medio de una extensa carta que un músico escribe a su mujer declarándole su homosexualismo y su voluntad de abandonarla para serle fiel a sus más honestos e inevitables sentires.</p>
<p>Para 1931 su amigo André Fraigneau -con quien mantuvo una estrecha relación durante toda su vida y que Yourcenar hubiera querido escalar a otro plano y a pesar de que ambos fueran homosexuales- sería quien le ayudaría por medio de la editorial Grasset para la publicación de su segunda novela: <em>La nueva Eurídice</em>.</p>
<p>Luego de morir su padre, Yourcenar dividirá la herencia con su hermano, permitiéndose con su parte presupuestar sus gatos para los próximos diez años, y cuya tranquilidad económica le posibilitaron dedicarse con pleno propósito a sus tareas como escritora.</p>
<p>Siguiendo los pasos de viajero que heredó de su padre, Marguerite viaja a Roma y a Nápoles, y fruto de este recorrido publicará dos novelas, ambas en 1934, <em>El denario del sueño</em> y <em>La muerte conduce la trama</em>, y para fines de ese año viajará a la tierra que consideró como su patria espiritual, Grecia, y donde conocerá al intelectual Andreas Embirikos, quien se convertirá en uno de sus mejores aliados y amigos, y cuya amistad comenzaría por recorrer en bote las distintas islas del Peloponeso.</p>
<p>Ardorosa, apasionada, literalmente fogosa, la escritora se vale de algunos relatos y mitos para publicar en 1935 una de sus obras más conocidas: <em>Feux</em> <em>(Fuegos)</em>.</p>
<p>En 1936 se encuentra con la obra poética de Constantino Cavafis, y en compañía de su amigo Constantin Dimaras, deciden en conjunto -y a pesar de las discrepancias de interpretación- traducir la obra del escritor griego a la lengua francesa. Por esa misma época Marguerite tendrá una relación sentimental con Lucy Kyriakos, quien estaba casada y tenía un hijo, y era la prima de la esposa de Dimaras.</p>
<p>Un año más tarde, y dado que la venta de sus libros no le representaba mayores ganancias, Yourcenar traduce al francés la novela <em>Las olas</em>, de la escritora británica Virginia Woolf, con quien se reunirá en su casa de Bloomsbury para ajustar detalles y darle vida a la traducción que sería publicada en 1937.</p>
<p>En 1938 la editorial Grasset vuelve a apostarle a Yourcenar, publicando <em>Los sueños y las suertes</em>, donde al estilo de Rilke, y a modo poético, la autora revivirá sus sueños y manifestaciones oníricas. Ese mismo año La Nouvelle Revue Française (NRF) también hará su apuesta por la escritora y sacará a la luz <em>Cuentos</em> <em>orientales</em>, que es un compilado de historias y leyendas provenientes de Japón, China y otras culturas que sedujeron el interés de la escritora y que estuvieron siempre latentes en cada uno de sus escritos. Y ese mismo año, escrito de una sola tirada, <em>Le coup de grâce (El tiro de gracia)</em> fue también publicado por la NRF, y considerada por muchos como una auténtica obra maestra. El relato cuenta la situación bélica que se vivió en la zona de los Balcanes entre los rojos y blancos luego de la Revolución Rusa, y en donde tres personajes tendrán que relacionarse y amarse a partir de sus diferencias étnicas e ideológicas.</p>
<p>En 1939, antes de escapar del conflicto mundial que recién comenzaba, tradujo algunas obras de Yukio Mishima, y así también <em>Lo que Maisie sabía</em>, de Henry James. Sería su amiga Grace Frick quien le ayudaría a establecerse en New York, e incluso le consiguió un trabajo como profesora de Literatura comparada. Junto a Grace, Marguerite viviría una historia de amor que se prolongaría por cuarenta años, hasta la muerte de Frick. Un tiempo después la pareja se mudará a Hartford (Connecticut). “El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.”</p>
<p>Para 1943, habiendo gastado ya su herencia, comienza a dictar clases de francés e italiano en el College Sarah Lawrence, un instituto femenino de corte elitista, y en donde estará durante los próximos años, a excepción de ese año de 1950 en el que se permitió hacer una pausa para encarar la redacción de una de sus novelas más célebres y ambiciosas: <em>Mémoires d&#8217; Hadrien (Memorias de Adriano).</em></p>
<p>En 1951, en París, se dio a conocer la novela histórica para la cual la autora se habría sabido documentar con minucia y en la que estuvo consultando e investigando durante más de una década. Esta novela podría destacarse como una de las pioneras en el género de la novela histórica. Trata la historia de uno de los más venerados emperadores de la antigua Roma, narrado en un tono poético, a través de una extensa carta que el gobernante le escribe a su nieto adoptivo y futuro sucesor, el reconocido Marco Aurelio. El emperador le contará a Marco Aurelio sus aventuras pasadas, sus triunfos y derrotas, y así también como sus filosofías de vida y su amor por Antínoo.</p>
<p>La novela sería un éxito rotundo. Julio Cortázar se encargaría de traducirla al español, y así también otros idiomas gozarían del talento de una escritora que ya era reconocida en medio mundo, razón por la cual Marguerite decide regresar a Francia.</p>
<p>“Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna.” Desde 1947, año en el que le fue concedida la nacionalidad estadounidense, la escritora se había establecido junto a Grace en Mount Desert Island, en la costa de Maine, donde adquirieron una casona a la que bautizaron: <em>Petite Plaisance</em>. “Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.” Pero después de doce años regresarán a Europa, donde recorrerán varios países dictando conferencias y charlas. Viajan por Italia, Suiza, Holanda y territorios escandinavos. Visitan Leningrado, Lisboa, pasan la Semana Santa en Sevilla y también visitan Granada, donde Yourcenar dejará sobre el supuesto lugar donde fue ejecutado Federico García Lorca una carta dirigida a la hermana del poeta, como un gesto que honraba al escritor español.</p>
<p>Teniendo como personaje principal al médico, filósofo y alquimista Zenón, la novela <em>Opus</em> <em>nigrum</em> <em>(La obra en negro)</em> verá la luz en el año de 1965, y tres años después será galardonada con el Premio Femina. En el marco de la Europa del siglo XVI, la escritora logra recrear con majestuosidad ese momento transicional entre la Edad Media y el Renacimiento, y esto a través de un personaje ávido de conocimientos, un sabio con la “rabia del saber”, y quien tendrá que padecer los prejuicios y dogmas religiosos que deniegan de sus descubrimientos científicos.</p>
<p>Durante los años setenta la pareja regresó a <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde Yourcenar estuvo atenta a los cuidados de su compañera que padecía cáncer de mama, y donde aprovecharía para escribir los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias familiares: <em>El laberinto del mundo: recordatorios</em>, y <em>Los archivos del Norte</em>. En el primero contará sobre su familia por el lado materno y en el segundo abordará la de su padre.</p>
<p>En 1970 se le hace miembro de la Academia de Lenguas de Bélgica, y un año más tarde publicará <em>Teatro</em>, dos volúmenes que recogen sus obras teatrales.</p>
<p>Comprometida con el cuidado del medio ambiente y la protección animal -causas que estuvieron siempre presentes en sus escritos y que resultaban innovadores para la época-, en 1978 Yourcenar apoya públicamente la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.</p>
<p>En 1979 su amada Grace pierde la batalla contra el cáncer. “Cuando lo pierdo todo, me queda Dios. Si pierdo a Dios, vuelvo a encontrarte.”</p>
<p>En 1980 es condecorada con el prestigioso Premio Erasmus, y ese mismo año, consagrada como una de las plumas más prominentes y respetadas, Marguerite Yourcenar se convierte en la primera mujer que es elegida como miembro de la Academia de la Lengua francesa, y quienes son reconocidos como “los inmortales”. “Los escritores mienten, aun los más sinceros&#8230; Los libros divagan y mienten, igual que los hombres.” Cierra ese año con la publicación de varias entrevistas que fue concediendo y que recopiló bajo el título: <em>Con los ojos abiertos: conversaciones con Marguerite Yourcenar</em>, y en donde nos mostrará algunas facetas de su personalidad y revelará parte de su pensamiento que hasta ese momento se tenía reservado.</p>
<p>En adelante la consumada viajera se dedicará de nuevo a recorrer mundo, y acompañada de un fotógrafo estará de visita por Marruecos, Egipto, India, Japón, experiencias que condensó también a través de las letras en dos libros que serían publicados póstumamente: <em>Peregrina y extranjera </em>y<em> Una vuelta por mi cárcel.</em></p>
<p>Hizo amistades con los más célebres escritores y artistas de la época, destacándose la amistad que tuvo hacia el final de su vida con el presidente francés, el reconocido devorador de libros François Mitterrand.</p>
<p>Por si le faltaran condecoraciones y reconocimientos, y mereciendo cada uno de ellos, en 1986 es galardonada con la Legión de Honor francesa. “A menudo he pensado con tristeza que un alma verdaderamente hermosa no alcanzaría la gloria, porque no la desearía.” Ese mismo año tiene el gusto de conocer en Ginebra a Jorge Luis Borges, y a solo seis días de la muerte del autor de <em>Ficciones</em>, Yourcenar le preguntó: “Borges, ¿cuándo saldrás del laberinto?” A lo que Borges respondió: “Cuando hayan salido todos.” Ese mismo año Marguerite dictará en la Universidad de Harvard una serie de conferencias sobre el recién fallecido escritor argentino.</p>
<p>En 1981 consigue finalizar sus memorias con la publicación del libro titulado <em>Mishima o la visión del vacío</em>. “He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada.”</p>
<p>Poco antes de morir, en 1987, en su penúltima conferencia, Yourcenar recalcó en su discurso la importancia de que el ser humano atienda al trato indiscriminado que se le ha venido dando al planeta y a los recursos naturales.</p>
<p>“Soledad&#8230; yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman&#8230; Moriré como ellos mueren.” Y así fue: sucedió el 17 de diciembre de 1987 en el hospital Bar Harbor, debido un ataque al corazón, cerca a su casona de <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde pasaría una buena parte de su vida acompañada de su infaltable Grace, junto a la cual sería enterrada en aquella isla donde prosperó su amor, y sus restos reposan juntos en una modesta tumba en el Brookside Cemetery de Somesville. Su casa es hoy un museo en el que los visitantes pueden apreciar pertenencias y escritos de la reconocida y laureada escritora francesa. “¡Qué insípido hubiera sido ser feliz! Toda felicidad es inocencia&#8230;”</p>
<p>Dejó sus escritos a la Harvard University Cambridge, y así también en Houghton Library se conserva gran parte de su correspondencia, fotografías y manuscritos que pueden ser libremente consultados, a excepción de algunos documentos que solo serán revelados en el año de 2057. También en Bruselas el Centre International Documentation Marguerite Yourcenar (CIDMY) recoge buena parte del material de la autora y ofrece actividades para dar a conocer su vida y obra. “Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos”.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89129" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/255.-MARGUERITE-YOURCENAR-300x213.jpg" alt="MARGUERITE YOURCENAR" width="300" height="213" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 22 Dec 2023 08:40:45 +0000</pubDate>
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        <title>Juana de Ibarbourou (1892-1979)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se quitaba tres años, y decía haber nacido en 1895, pero eso sí, uruguaya. Juana Fernández Morales fue hija de un español nacido en Lorenzana, provincia de Lugo, y cuya biblioteca municipal hoy lleva el nombre de su hija. Por otro lado, su madre era una mujer perteneciente a una de las familias españolas con mayor historia en el país oriental. Juana vivió en Melo hasta la edad de los 18 años, y recuerda esos parajes y su infancia feliz a donde no quiso volver jamás: “Fue mi Paraíso al que no he querido volver nunca más para no perderlo, pues no hay cielo que se recupere de Edén que se respira. Va conmigo, confortándome en las horas negras, tan frecuentes… Allí volará mi alma cuando me toque dormir el sueño más largo y pacificado que Dios me conceda a mí, la eterna insomne.” Expulsada del Edén, Juana arriba a la capital, que en un comienzo sería como un infierno, pero luego de un tiempo lograría adaptarse hasta el punto de considerar a Montevideo como “su ciudad”. A los 20 años contrae matrimonio con un capitán llamado Lucas Ibarbourou, y cuyo apellido seguirá empleando en sus escritos, después de que sus primeras producciones fueran firmadas bajo el seudónimo de Jeannette d’Ibar. En 1919 publica su primer libro, <em>Las lenguas del diamante, </em>que tiene como inspiración a su propio esposo, y que ya develaba un canto cargado de sensualidad, erotismo y pasión que serían propios en sus demás escritos. Una prestigiosa escritora de la época tras recibir un ejemplar comentó: “Yo no leo indecencias”. Gabriela Mistral, con una visión más profunda del sentimiento humano, diría que el libro de Juana era un “modelo de feminidad”. Un año más tarde vendría <em>El cántaro fresco </em>y para 1922 la publicación de <em>Raíz salvaje, </em>un escrito peculiar donde los elementos cotidianos interactúan constantemente, como el caso de un plumero, un tranvía, el agua. Estas tres primeras composiciones podrían suscribirse al movimiento modernista, donde se recurre constantemente a las imágenes sensoriales, referencias bíblicas y míticas y una continua exaltación por la naturaleza y sus cuatro elementos. Los versos de Juana hablan de la belleza física, la maternidad, la devoción a la pareja, el sentimiento del amor, y que se transmite por medio de un lenguaje descomplicado, carente de florituras y menos de dificultades conceptuales, expresando optimismo y vitalismo, y una visión de la juventud que iría cambiando a medida que pasaran los años y con ellos la vejez, el insomnio, la noche y la soledad y el advenimiento de la muerte, la pérdida definitiva de esa juventud a la que antaño le cantaba. No tuvo reparos para hacerle llegar una copia de este libro a Miguel de Unamuno, pidiéndole además, como si fuera poco, que le hiciera llegar un par de ejemplares a los hermanos Antonio y Manuel Machado, así también como al señor Juan Ramón Jiménez. Unamuno se sorprendió por la ligereza de su lírica y esa falta de pudor o vergüenza al momento de expresar su sentir: “Una mujer, una novia, aquí, no escribiría versos como los de usted aunque se le vinieran a las mientes y si los escribiera no los publicaría y menos después de haberse casado con el que los inspiró… Por eso me ha sorprendido gratísimamente la castísima desnudez espiritual de las poesías de usted, tan frescas y tan ardorosas a la vez.” Luego de estos tres primeros libros la figura de Juana Ibarbourou comenzaba a cobrar prestancia, siendo así que el gobierno le propuso dictar cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto Normal, empleando su libro <em>Páginas de literatura </em>como texto escolar. En 1929, en una ceremonia que ella describe con lujo de detalle y que sería como de ensueño, la poetisa es homenajeada en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, donde asisten poetas célebres y otras personalidades destacadas del mundo intelectual, sorprendiéndole a Juana la presencia grande del mexicano Alfonso Reyes, y sería el renombrado Juan Zorrilla quien la condecorara con un anillo de oro como gesto simbólico, además de bautizarle “Juana de América”. Para 1930 Juana sorprende de nuevo con la publicación de <em>La rosa de los vientos, </em>y en donde se permite explorar las corrientes de vanguardia e inmiscuirse en los pasajes oníricos del naciente movimiento surrealista. Para 1938 el Ministerio de Educación de Uruguay realiza el Curso Sudamericano de Vacaciones en la Universidad de Montevideo, donde compartiría un espacio junto a Gabriela Mistral y Alfonsina Storni para comentar sus experiencias en la aventura poética. En dicho conversatorio dictaría su conferencia titulada <em>Casi en pantuflas, </em>donde al estilo de Virginia Woolf con su famoso discurso <em>Una habitación propia, </em>la poetisa uruguaya sugiere que el acto de creación poética sucede en un espacio solitario, además de desmitificar la figura de santidad que se le confiere a ciertos poetas. En 1942 muere su esposo, y de aquellos días surgirán algunos escritos que apenas verán la luz casi una década después. En 1947 es elegida como miembro de la Academia Nacional de Letras, y se recuerdan sus palabras al momento de celebrar tan grata distinción: “Nunca conocí fiesta mayor que cuando mi padre recitaba, bajo el rico dosel del emparrado, versos de Rosalía. De ahí mi vocación.” En 1949 muere su madre, pero nada detendrá a Juana, y para 1950 la escritora tendría otras cinco publicaciones: <em>Loores de Nuestra Señora, Estampas de la Biblia, Chico Carlo </em>(libro que consideraba su preferido por tratarse de un escrito en el que evocaba su infancia), un libro de teatro infantil titulado <em>Los sueños de Natacha, </em>y un intento más con la poesía con su libro titulado <em>Perdida. </em>Ese mismo año es nombrada presidenta de la Sociedad Uruguaya de Escritores, consagrándola de esta manera como una de las figuras más importantes de las letras uruguayas de todos los tiempos. De allí en adelante fueron una lluvia de tributos y honores para la gran poetisa del Río de la Plata. En 1953 la Unión de Mujeres Americanas en New York la nombra “Mujer de las Américas”; en 1955 es galardonada por el conjunto de su obra por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid; y para 1959 se le concede el Gran Premio Nacional de Literatura en su primera versión. Sobrándole reconocimientos, Juana sería postulada por aquel entonces para alzarse con el codiciado Nobel. Respecto a su vida personal, al parecer vivió una vida tormentosa al lado de quien fuera también su fuente de inspiración poética, padeciendo abusos y maltratos tanto físicos como psicológicos. Y según parece tampoco tendría muy buenos tratos con su hijo, y a todo esto su refugio fue la adicción permanente a la morfina y que acabaría menoscabando su salud. Era así como temía abandonar su casa, su zona de confort, y por lo cual fueron muchas las invitaciones que rechazó para que visitara varios países que esperaban por ella. Así le confesaba a un amigo y periodista excusándose el por qué prefería resguardarse en la comodidad de su hogar: “Tú sabes que hasta la esquina de mi casa resulta lejana e inaccesible para mí. Ya sabes mi lucha y la atención tensa y constante por mi casa. He vivido siempre dulcemente prisionera de ella y con un continuo ofrecimiento de alas para levantar vuelo inútilmente… Mi destino será el mundo a través de los vidrios de mi ventana.” Sin embargo Juana no tendría que moverse de su casa, ya que la misma se convertiría en un lugar donde solían confluir figuras destacadas de la época y que la frecuentaban, como es el caso de Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez. Murió en Montevideo, casi abandonada, cuidada por su hijo, ya vieja, en plena dictadura militar, y sin embargo sus exequias contaron con toda la gala y distinción que se le rinde a las grandes figuras, y fue velada en el mismo salón donde cincuenta años antes los grandes poetas le habían regalado aquel simbólico anillo de oro. El gobierno decretó un día de duelo nacional en memoria de “Juana de América” y el entierro en el panteón de su familia, en el Cementerio del Buceo, contó con todos los honores de Ministro de Estado, siendo la primera mujer a la que se le concedían tales honores. Un barrio de la capital uruguaya fue bautizado con su nombre, y pasado un tiempo comenzó a circular su rostro en el billete de 1.000 pesos uruguayos, siendo la única mujer en hacer presencia dentro de la numismática de este país. Juana Ibarbourou será recordada como una de las voces principales de la lírica hispanoamericana, abriendo un camino que hasta entonces parecía vedado para las mujeres y que ella supo transitar sin temor a fallar, y aunque pudiera pesarle su naturaleza femenina que en todo caso la privaba de las libertades de las cuales goza el hombre, y así lo expresa en estos versos de su poema <em>Mujer: </em>“Si yo fuera hombre, ¡qué hartazgo de luna, de sombra y silencio, me había de dar! ¡Cómo, noche a noche, solo ambularía por los campos quietos y por frente al mar! Si yo fuera hombre, ¡qué extraño, qué loco, tenaz vagabundo que había de ser! ¡Amigo de todos los largos caminos que invitan a ir lejos para no volver! Cuando así me acosan ansias andariegas, ¡qué pena tan honda me da ser mujer!” Mujer de gran belleza física y espiritual, de un alma definitivamente apasionada, como lo exige la poesía, y que quedará en la memoria y el recuerdo de unos versos candorosos, efusivos, fogosos, como estos que hacen parte de su poema <em>El afilador</em>: “Este dolor heroico de hacerse para cada noche un nuevo par de alas… ¿Dónde estarán las que ayer puso sobre mis hombros el insomnio de la primera hora del alba? Día, afilador de tijeras de oro y puñales de acero y espadas de hierro: anoche yo tenía dos alas y estuve cerca del cielo. Pero esta mañana llegaste tú con tu flauta, tu piedra, tus doce cuchillos de plata. ¡Y lentamente me fuiste cortando las alas!”</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-85469" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/222.-JUANA-IBARBOUROU-300x169.jpg" alt="JUANA DE IBARBOUROU" width="300" height="169" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 28 Apr 2023 21:37:34 +0000</pubDate>
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