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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Virgen María | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La Malinche (1500-1551)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/la-malinche-1500-1551/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un traductor que pudiera interpretar ambas lenguas y facilitar su conquista.</p>
<p>Que la pluma vence a la espada, y es cierto. El conocimiento del lenguaje le serviría a Cortés para acometer sus propósitos, mucho más de lo que hubiera representado un arsenal de cañones. Sería por medio de un intérprete que el español pudo enterarse de todo lo concerniente respecto a los lugares que visitaba: políticas, ejércitos, cantidad de población, costumbres, y cada detalle que permitiera conocer mejor a un futuro enemigo o a un posible aliado.</p>
<p>Y este primer encuentro tendría entonces el arma más poderosa: la palabra. Para servirse de este don, Cortés se valió de una indígena nahua llamada Malinalli, que en su lengua náhuatl significa “hierba”, y que sería llamada así en honor a la diosa de los campos.</p>
<p>También conocida como Malintzin, y cuya mala pronunciación por parte de los españoles la llevaría a ser conocida como “Malinche”, esta indígena era oriunda del sureste del Imperio Azteca, una región llamada Oluta, cerca de Coatzacoalcos, antigua capital olmeca, y que hoy sería el estado mexicano de Veracruz.</p>
<p>Debido al sufijo de su nombre (“zin”), es posible que se tratara de una mujer de clase alta, ya que dicha terminación podría emparentarse con el “doña”; y es que según se cree Malintzin habría sido la hija del cacique del pueblo de Copainalá, y su madre llamada Cimatl sería una “joven y preciosa” noble de familia poderosa.</p>
<p>Sus orígenes son inciertos pero se calcula su nacimiento entre el año 1496 y 1501. Como sea, se sabe que su padre murió, y que al poco tiempo ya su madre estaba de nuevo casada, teniendo un hijo varón que acababa desplazando a Malintzin de la línea sucesoria al trono. Algunas versiones cuentan que la niña sería secuestrada, pero todo apunta a que fue su propia madre quien la entregó o la dio en venta como esclava a un grupo de comerciantes mexicas provenientes de Xicalango, al sureste de México.</p>
<p>Los dueños de la pequeña librarían una batalla perdida contra los mayas de Potonchán, dueños de un territorio que colindaba con el Imperio Azteca, y luego Tabscoob, cacique de Tabasco, se quedaría a Malintzin como su esclava. Tan solo unos meses después los mayas habrían sido derrotados por las tropas de Cortés en la Batalla de Centla, y Tabscoob le ofrecería al español diecinueve jóvenes indias, además de otros obsequios de orfebrería, bordados, tejidos, plumas y demás agasajos.</p>
<p>Entre las jóvenes se encontraba Malintzin, quien igual que las demás tuvo que ser bautizada en la fe católica, y desde entonces su nombre sería “Marina”. Al comienzo Cortés no reparó en lo que podría ofrecerle aquella joven, entregándole a su aliado, el capitán expedicionario Alonso Hernández de Puertocarrero, aquella pequeña que ya para ese entonces contaba con un bagaje apreciable de diversas costumbres y dialectos al interior del Imperio Azteca, hablando con fluidez la lengua maya-yucateca de sus captores, y así también como el náhuatl, su idioma materno.</p>
<p>Pero es entonces cuando Cortés decide enviar un emisario a España para que rinda cuentas a Carlos V, considerando a Portocarrero como el más idóneo, y quedándose con esta indígena que en principio no prometía ser distinta de las demás.</p>
<p>Hasta ese momento Cortés se valía de la traducción que Jerónimo de Aguilar hacía del maya al español, ya que este había naufragado, encontrando refugio en una tribu maya con la que pasaría ocho años, y quien después sería encontrado por Cortés en la isla de Cozumel. Sin embargo el inconveniente se presentaría cuando llegaron a San Juan de Ulúa, y el idioma azteca de los emisarios enviados por Moctezuma II resultó incomprensible para el traductor. Fue entonces cuando Malintzin se prestó para hacer la traducción del azteca al maya, y de esta forma Aguilar podría traducirlo al español.</p>
<p>De inmediato Cortés comprendió el valor de su nueva intérprete de cabecera, quien durante un tiempo estaría traduciendo del maya al azteca, pero que pasado unos meses ya estaría hablando con fluidez el idioma castellano. Y aunque en algunas ocasiones -dado la multiplicidad de dialectos- hubieran tenido que valerse de un tercer intérprete, la presencia de Aguilar sería prescindible, y ya no tendría que improvisar gestos y actuaciones para hacerse comprender, ya que contaba con su leal intérprete a la que sus soldados comenzarían a llamar como “Doña”. Doña Marina sería pues el arma decisiva con la que el expedicionario pudo abrir trochas y ampliar la conquista de sus terrenos.</p>
<p>La Malinche era ya vista por todos como una pieza fundamental en los propósitos de Cortés y una aliada confiable del español. Su estatus la elevó de ser una simple esclava, a convertirse en la acompañante imprescindible del expedicionario, y así como su consejera. Portadora del conocimiento, Cortés le consultaba todo lo concerniente a la cultura de una región que estaba por visitar. Era de ella de quien dependía llevar con éxito las expediciones; era su lengua la que iluminaba un camino oscuro que sin su aporte hubieran tenido que trasegar a ciegas.</p>
<p>Es así como los códices aztecas como el <em>Lienzo de Tlaxcala </em>suelen representar a Cortés y al lado suyo a su infaltable traductora. La Malinche brindaba datos y la mayor cantidad de información que pudiera aportar al servicio de su señor, quien confiaba en esta carta de la diplomacia americana para que fuera ella quien portara su voz española a los territorios del Nuevo Mundo.</p>
<p>Doña Marina recogería información crucial para que los españoles lograran conquistar la capital del Imperio Azteca, Tenochtitlán, y sirvió para que Moctezuma no opusiera resistencia ante la presencia de los españoles, prometiéndole que se le respetaría su vida si sabía hacerse a un lado de manera pacífica. Otras historias contarán de una Malinche manipuladora que engatusó en Cholula a una anciana, convenciéndola de que se casaría con su hijo, y aprovechándose de que esta contaba con información relevante que sugería una sublevación indígena contra los españoles. Y es que al parecer fue la Malinche quien alertó a Cortés de que sus tropas debían ocuparse de una avanzada de cholultecas que pretendían sorprenderlo, y cuya información sería determinante para seguir abriéndose paso rumbo a la conquista de Tenochtitlán.</p>
<p>Bernal Días del Castillo, un soldado de Cortés, escribiría en la <em>Historia verdadera de la conquista de la Nueva España </em>sobre la “gran mujer” que era Doña Marina, destacando que sin su ayuda “no hubiéramos entendido los idiomas de la Nueva España y de México.” Así también Rodríguez de Ocaña, expedicionario de aquella época, testimonia que después de Dios, el éxito de la conquista es debido en primer término a la asistencia de la Malinche.</p>
<p>Sería determinante cuando anunció a su señor que los tlaxcaltecas estaban divididos en cuatro señoríos que no acordaban una manera de enfrentarse a los españoles, sirviendo como intermediaria para concordar un encuentro pacífico, literalmente dialogado, y en donde los indígenas acabarían por ofrecer a sus nuevos amigos unas 300 mujeres, y a lo cual Cortés quiso negarse y rechazar, pero que acabó aceptándolo cuando su asesora intercultural le recomendaría no ofender el tributo que le ofrecían.</p>
<p>En varias representaciones la Malinche aparece a solas, en una aparente dirección de un grupo, lo que sugiere su potestad como autoridad independiente, y su prestancia y poderío dentro del círculo personal del conquistador. Es así como una crónica la describe “dura” y “mandona”, refiriéndose al momento en que instó a Cuauhtémoc -último de los emperadores aztecas-, para que finalmente revelara el escondite donde mantenía oculto el codiciado oro, luego de que los españoles lo vencieran en la Noche Triste. De igual forma la vieron imponer su valentía animando a las tropas españolas a que no se rindieran durante las batallas, testimoniándose las palabras que le diría a un noble de Cempoala llamado Teuch, y que al parecer estaba por abandonar la lucha, recomendándole no desistir, ya que “el Dios destos cristianos es muy poderoso.”</p>
<p>A Malinche se le reconocerá forzosamente por haber sido, sin proponérselo, una de las primeras catequistas mexicanas. Su labor como intérprete incluía el encuentro de dos religiones, y asistida por fray Bartolomé Olmedo, la indígena tendría que compartir a los suyos con pelos y señales los aventuras y los mandamientos de un dios que había sido clavado en una cruz. Para los cristianos se trataba en definitiva de una conversión que garantizaría la salvación de estas almas irredentas desconocedoras de Jesús.</p>
<p>La conquista de Cortés sería llevada más allá, y en la batalla del corazón el español y la azteca librarían una contienda que acabaría con el nacimiento de uno de los primeros mestizos de América, el criollo llamado Martín, en honor a su abuelo paterno. Una vez establecido su dominio en Tenochtitlán, Cortés mandó a construir una casona cercana al sur de la capital, en la región de Coyoacán, donde instaló a su mujer y a su hijo, y por los que velaría con cariño, consintiendo a la madre con joyas y collares, y obsequiándole ese raro artilugio en el que por primera vez la indígena vería su propio rostro reflejado.</p>
<p>Martín Cortés, primer hijo ilegítimo del conquistador español, sería legitimado en 1527, cuando el Papa Clemente VII así lo declaró mediante una de sus bulas. El niño sería criado en las costumbres españolas y en medio de un mundo de privilegios, querido por su padre por tratarse de su único hijo varón, y al mismo tiempo alejado de su madre y de la cultura y tradiciones de su pueblo. Y pese a sus afectos por el hijo, el encanto por su madre y por esas tierras que ya había conquistado, para Cortés no sería suficiente, motivos por los que regresaría a su país a reunirse con su esposa Catalina de Juárez, de quien luego enviudaría para volver a casarse con una mujer llamada Juana Ramírez, y con quien tendría un hijo al que bautizó también Martín, quien finalmente heredaría el título de marquesado de su padre además de la fortuna de sus conquistas.</p>
<p>Por su parte Malinche volvería a casarse en Huiloapan, esta vez con un hombre llamado Juan de Jaramillo, con quien tendría una hija llamada María, y con quien se establecería en la capital del Imperio Azteca, dejando a Martín al cuidado de Juan Altamirano, primo de Hernán Cortés, y a quien este había legado su protección y cuidados.</p>
<p>Así describe esta situación el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz en su libro <em>El laberinto de la soledad: </em>“El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida… Y esa es la suerte que corrió la Malinche, a quien en sus textos y memorias Cortés la deja en el olvido.”</p>
<p>Se sabe que hacia 1524 Cortés emprendió una nueva expedición hacia América Central, específicamente en la actual Honduras, y que una vez más contaría con el servicio de su infaltable traductora, quien ayudaría aplacando los ánimos convulsos de los habitantes de la zona.</p>
<p>Poco se sabe de sus últimos años y de su fallecimiento. Unos sugieren que el mismo Cortés pudo haberla asesinado para así evitar su testimonio ante la historia que juzgaría sus abusos y desmanes, pero la teoría más plausible es que moriría alrededor de 1528, debido a la epidemia de viruela que azotó a gran parte de una población indígena vulnerable y para nada preparada a combatir estas luchas.</p>
<p>Su figura ha sido controversial, polémica, y ha venido modificándose a través de los años, pareciendo contradictoria, y suscitando en unos la imagen de una prócer fundadora del país mexicano, mientras que para otros constituye la personificación misma de la traición.</p>
<p>Algunos se atreven a endilgarle la muerte de miles de indígenas que serían derrotados gracias a la información que Malinche le habría proporcionado a Cortés, pero bien es cierto que sin su asistencia a la causa española la conquista expansionista podría haber sido más violenta. Evitando complicaciones e inexactitudes y facilitando el diálogo real, contar con la herramienta de “Tenepal” (como también sería conocida, y cuyo significado es “quien habla con vivacidad”), constituyó para Cortés uno de sus más fuertes bastiones y así lograr sus cometidos.</p>
<p>Algunos la defenderán considerándola una víctima entre dos culturas, alguien que se vio forzada a prestar sus servicios de políglota, permitiéndose así una mejor condición de vida para ella, y que acabaría transformada como en un agente doble o en una maestra del contraespionaje, alguien que prestaba sus labores de inteligencia para favorecer a ambas partes, o finalmente una pacifista que pretendía poner orden a través del diálogo.</p>
<p>Unos dirán que la Malinche inclinó la balanza a favor de los españoles, y que fue debido a ella que la derrota de los pueblos indígenas se habría precipitado, permitiendo a los españoles conocer estrategias, métodos y tecnologías que les darían ventaja sobre sus rivales. Otros saldrán en defensa suya advirtiendo de una intérprete que supo aconsejar a su señor para entablar tratos cordiales y pacíficos en cada región a la que lograba acceder.</p>
<p>En su defensa también podría decirse que el llamado “malinchismo” podría ser otra forma de misoginia, un término machista, fruto de una sociedad patriarcal. La palabra “malinchismo” se emplea vulgarmente en México para referirse de forma peyorativa a los mexicanos que padecen de un exotismo cultural y pretenden imitar un estilo de vida distinto de su cultura, y a los traidores suele llamárseles como “malinches”. El Diccionario de Mexicanismo de la Academia Mexicana de la Lengua ofrece el siguiente significado: “que tiene complejo de apego a lo extranjero”. Y la RAE tiene una acepción parecida para definir este término: “apego a lo extranjero con menosprecio a lo propio”.</p>
<p>Hacia 1960 el feminismo empezó a cuestionar la figura de la Malinche como mujer, abocando en su mayoría por una mujer entre la encrucijada de un choque cultural, madre de la nueva raza y víctima de los propósitos de los colonizadores.</p>
<p>Se le ha comparado con la Virgen María, se le emparenta con la leyenda de La Llorona, y las soldaderas de la Revolución mexicana que destacaban por su valentía serían conocidas como “malinches”. Son varios los poemas, novelas, libros, canciones, pinturas, documentales y películas que han contado la vida y las hazañas de la Malinche, siendo sin duda una imagen representativa del folklor y la cultura nacional mexicanas, que pasados cinco siglos todavía se presenta como contradictoria y polémica.</p>
<p>Una reflexión más de Octavio Paz nos cuestiona respecto al rol que por destino debió vivir la Malinche: “Si la chingada es una representación de la madre violada, no me parece forzado asociarla a la conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 29 Dec 2023 05:43:51 +0000</pubDate>
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        <title>Santa Clara de Asís (1194-1253) </title>
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        <description><![CDATA[<p>Chiara Scifi se inspiró en la figura de un tal Francisco que por aquel entonces andaba fundando su propia orden, y cuyos preceptos religiosos la inquietarían al punto de acabar desprendiéndose de todo en su vida para perseguir su causa apostólica. Fue tal la devoción y el interés que manifestaba por su amigo, que solía [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Chiara Scifi se inspiró en la figura de un tal Francisco que por aquel entonces andaba fundando su propia orden, y cuyos preceptos religiosos la inquietarían al punto de acabar desprendiéndose de todo en su vida para perseguir su causa apostólica. Fue tal la devoción y el interés que manifestaba por su amigo, que solía llamarse a sí misma como la “la humilde planta del bienaventurado Francisco.”</p>
<p>Clara nació en una familia rica. Su padre era un conde y su madre una aristócrata a la que caracterizaba su férrea creencia cristiana, por lo que era común que emprendiera peregrinaciones a Bari, Santiago de Compostela y a Tierra Santa. Supuestamente durante el embarazo la madre había tenido una revelación que le prometía el alumbramiento de una niña que habría de iluminar el mundo, y de allí que le escogiera el nombre de “Clara”.</p>
<p>La pequeña se criaría pues en un contexto bastante piadoso, alejada de los demás niños y al interior de un palacio que raras veces abandonaba, y desde muy niña empezaría a mostrar un fervor religioso que la llevaba a largas rutinas diarias de oraciones, las cuales solía contar por medio de piedritas, y así también manifestaba una devoción extrema a través de castigos, mortificándose con el uso de cilicios.</p>
<p>Esta niña no prometía la vida tradicional de la mujer de hogar, por lo que se negaría a contraer nupcias con el marido que sus padres le habían elegido, y puesto que lo suyo más parecía seguir a un tipo andrajoso que andaba de visita en Roma, fortaleciendo su propio movimiento religioso.</p>
<p>Clara se quedó prendada de la figura carismática de Francisco de Pietro de Bernardone, humilde revolucionario con autoridad pontificia para predicar a su manera y estilo la palabra de Cristo, y escuchándole sus filosofías desde un asiento en la iglesia de San Rufino la pequeña mística decidiría que su más sincera vocación sería la entrega absoluta a la voluntad de su Dios, comandada por el orador que tenía al frente.</p>
<p>La futura santa se le presentó a Francisco, quien ya había oído acerca de la devoción de Clara, y a quien aceptaría como a su compañera de batalla, señalando que era preciso “quitar del mundo malvado tan precioso botín para enriquecer con él a su divino Maestro.” Fue así como Francisco se convertiría para Clara en su mentor y guía y espiritual, a lo que el Papa Benedicto XVI comentaría años más tarde: “Para Clara, sobre todo al principio de su experiencia religiosa, Francisco de Asís no solo fue un maestro cuyas enseñanzas seguir, sino también un amigo fraterno.” Junto a su amigo, Clara expresaba libremente sus sentimientos, sus dolencias, temores y debilidades, y sin embargo ante sus novicias presentaba una actitud en firme, renovada, convencida, fortalecida por las palabras y la compañía de Francisco.</p>
<p>Después de pasado el Domingo de Ramos de 1212, la intrépida y decidida Clara emprendía un viaje clandestino con rumbo hacia la Porciúncula, que era una pequeña capilla que Francisco había adaptado en la parte trasera de Nuestra Señora de los Ángeles, y en donde un grupo de frailes con antorchas en mano esperaba por ella para celebrar el ritual de iniciación a la Orden franciscana. Clara había huido de su palacio para postrarse de rodillas ante el Cristo de San Damián y declarar un voto de renuncia al mundo y sus placeres, “por amor hacia el santísimo y amadísimo Niño envuelto en pañales y recostado sobre el pesebre.”</p>
<p>La recién iniciada prometió lealtad absoluta a su amigo Francisco. A continuación se despojó de sus prendas de niña rica y se vistió con un rústico sayal tejido de retazos, cambió su cinturón de joyas por un sencillo cordón, y una vez Francisco cortó su pelo rubio Clara pasaría a ser oficialmente una miembro de la Orden de los Hermanos Menores, siendo transferida al convento de las benedictinas de San Pablo para que desde allí comenzara su vida de apostolado. Sin embargo su estancia en dicho convento resultaría siendo pasajera, ya que al enterarse sus padres del paradero de su hija, la rebelde novicia emprendería un nuevo escape, esta vez con destino a la iglesia de San Ángel de Panzo.</p>
<p>Pese al descontento de su padre, su decisión de entregarse a una vida monástica sería muy pronto seguida por su hermana Inés, quien apenas seis días después también escaparía de casa para reunirse con Clara. Luego la seguiría su otra hermana, Beatriz, y años más tarde también su madre, Ortolana, entregaría los últimos años de su vida a la devoción cristiana recluyéndose en el convento de San Damián.</p>
<p>Francisco logró por medio de los camaldulenses del monte Subasio que no solo le donaran la Porciúncula sino que además le confirieran la iglesia de San Damián y su casa contigua, delegando en Clara la tarea de crear una pequeña comunidad y darle vida a su propio convento. Como abadesa del recinto, Clara de Asís pasaría los próximos 41 años de su vida al frente de este hogar, y hasta el día de su muerte.</p>
<p>La casa sirvió para acoger a cuatro mujeres que se hacían llamar Damas Pobres, y que luego serían conocidas como la segunda Orden franciscana o de las Hermanas Clarisas, constituida en rigor para acoger la vida monacal femenina en concordancia con las tareas y preceptos de sus hermanos franciscanos.</p>
<p>El convento de oración abrió sus puertas para que cada vez fueran más las interesadas en las labores de predicar la palabra del Señor, entregarse a tareas de caridad y oración, de trabajo desinteresado y alegre por los pobres y por la persecución espiritual de los valores cristianos. La única condición de aceptación era que la interesada a postulante tomara su decisión voluntaria de ceder todos sus bienes y posesiones a los pobres para entregarse de lleno a la causa franciscana.</p>
<p>Dado las reglas, Clara no podía recibir ayudas ni donaciones, valiéndose de las limosnas que las monjas mendigaban de puerta en puerta, y a quienes según se cuenta su abadesa daba la bienvenida besándoles los pies como un gesto de gratitud. Su empeño en despojarse de lo material llegó al punto de que el mismo Papa se molestaría cuando Clara se negó a recibir algunos bienes que el Santo Oficio quería conferirle a las Hermanas Clarisas. En un comunicado en el que Inocencio IV otorgaba a Clara y a su orden religiosa el “Privilegio de la pobreza”, y que según se dice firmaría <em>cum hilarite magna </em>(“riéndose de buena gana”), el Sumo Pontífice diría casi a regañadientes, rendido ante la terquedad de la monja: “Habéis renunciado a toda ambición de los bienes de este mundo… Las privaciones no os dan miedo… y os concedemos que nadie pueda forzaros a recibir bienes de este mundo…”</p>
<p>Una situación semejante había vivido unos años antes con el Papa Gregorio IX, quien de ninguna manera consiguió convencerla para que aceptara algunos bienes que tenía para ofrecerle, e incluso se atrevió a conminarla de que él como autoridad tenía la potestad de retirarle el voto de pobreza, a lo que Clara contestó: “Santísimo Padre, desatadme de mis pecados, mas no de la obligación de seguir a Nuestro Señor Jesucristo.”</p>
<p>Nunca abandonaría su estilo de visa austero, casi miserable. Dormía en un incómodo tablado con una almohada, pero luego le pareció que esto sería un lujo y se decantó por dormir sobre un jergón de paja, cubrirse con un pedazo de cuero y apoyar su cabeza en un cojín rústico.</p>
<p>Su modo de vida frugal lo patentaba en la mesura y templanza de su dieta, siendo común la práctica del ayuno, en donde durante tres días se alimentaba únicamente a base de pan y agua, y en cuanto al vestir asumió como su atuendo un camisón de cuero de cerdo.</p>
<p>Sus votos de obediencia y pobreza se evidenciaban en cada gesto cotidiano, como aquella de ser ella misma quien disponía de la mesa para servir a sus novicias, y era la encargada de ofrecer agua a estas para lavarles las manos, además de otros cuidados como velar sus sueños y arroparlas durante las noches.</p>
<p>Al interior de su convento los enfermos que Francisco le enviaba no solo encontraban regocijo sino que acababan por curarse de sus padecimientos, enfermedades y dolencias. La monja era un ejemplo vivo del latinismo que reza: <em>Ora et labura. </em>Incansable, Clara solía tener el trabajo manual como parte de sus responsabilidades de rutina, bordando generalmente prendas que eran enviadas a las iglesias de los resquicios más pobres de las regiones aledañas.</p>
<p>No se perdía misa, por más enferma que se encontrara, e incluso en ocasiones tuvieron que transportarla en una camilla y así mismo la acercarían al atrio para que recibiera la comunión. Tenía por costumbre rezar el “Oficio de la cruz”, que era el ruego famoso compuesto por Francisco. Se destacaba por invertir varias horas al día a la oración, hincada de rodillas ante el Crucifijo que años antes le había hablado a Francisco, y ante el cual solía reunirse una vez celebrado el último oficio del día y antes de irse a dormir. A la mañana siguiente, muy temprano, la monjita ya estaría con los preparativos de la jornada, encendiendo las luces y tocando las campanas de la iglesia para anunciar a las novicias la llegada del nuevo día.</p>
<p>En 1215 Francisco otorga oficialmente el título de abadesa a su fiel amiga, y ese mismo año la consagrada monja da a conocer el primer reglamento de vida religiosa para mujeres, un escrito que lograba apartarse de las reglas canónicas monásticas y que sería conocido como <em>Norma de vida para las hermanas, </em>contando con la aprobación del mismísimo Papa Inocencio III. Luego del nombramiento Francisco se desligó de la dirección general de ambas órdenes, cediéndole paso a Clara para que fuera ella quien se ocupara de lleno en la dirección general de su propia orden religiosa.</p>
<p>Son varias las anécdotas milagrosas que Clara se permitió en vida, como aquella de multiplicar al igual que Jesús la cantidad de los panes durante una cena, o aquella en la que el Papa visitó las instalaciones del convento de San Damián y antes de cenar le pidió a la religiosa que hiciera el favor de bendecir los alimentos, luego de lo cual en cada mendrugo de pan aparecería mágicamente la señal de la cruz.</p>
<p>Otra de sus leyendas cuenta de la invasión sarracena de 1240 que amenazaba la toma del convento de San Damián. Clara, quien se encontraba guardando reposo por sus múltiples enfermedades, pidió la llevaran a las puertas del monasterio y le alcanzaran el cáliz de plata en el que se reservaba el Santísimo Sacramento, y siendo esta su única arma, combatiría a los musulmanes a punta de plegarias y rezos. Se cuenta que del cáliz provino una voz aniñada que dijo: “Yo os guardaré siempre.” La defensa divina tuvo su efecto y los mahometanos se disuadieron incomprensiblemente de saquear el convento. Un año más tarde un evento similar volvería a repetirse, y en donde a la abadesa le bastaron los ruegos para que su convento quedara transformado en una especie de milagroso fortín ineluctable, y cuyo día se ha constituido para los asisienses como fiesta nacional.</p>
<p>Para 1253 el estado de salud de la abadesa se había deteriorado considerablemente. El Papa Inocencio IV se presentó en el convento de San Damián para conferir a Clara el sagrado sacramento de la unción de los enfermos, así como para reafirmar, y a “perpetuidad”, el derecho de ser y permanecer siempre pobre. Clara le pidió la absolviera de sus culpas y pecados, a lo que el Papa contestó: “Quiera yo, hija mía, que tenga yo tanta necesidad como tú de la indulgencia de Dios.” Al marcharse el Papa, Clara comentaría al grupo de monjas que la acompañaban: “Hijas mías, ahora más que nunca debemos dar gracias a Dios, porque, sobre recibirle a Él mismo en la sagrada hostia, he sido hallada digna de recibir la visita de su Vicario en la tierra.” En otra oportunidad el Papa la visitó de nuevo y su comentario al despedirla fue parecido: “Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita.”</p>
<p>Serían casi 30 años de padecimientos los que estuvo soportando la adolorida monja, y a todo esto no le escuchaban quejarse, y se mantuvo bordando y orando hasta que le alcanzó el aliento. La futura santa solía insistir el lugar donde encontraba su valía para seguir persistiendo con alegría: “Desde que me dediqué a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan.” Nunca dejaría de recibir a obispos, cardenales y toda clase de religiosos y religiosas que acudían al convento de San Damián para pedirle su auxilio.</p>
<p>Inés se trasladó desde Florencia para velar por los cuidados que requería su hermana durante sus últimos días. Varias monjas se turnaban para hacerle compañía de manera permanente, en una agonía que la llevaría a dejar de comer durante dos semanas. Para ese momento ya su amigo Francisco había muerto, y serían tres de sus principales frailes, Junípero, Angel y León, quienes acompañarían a Clara leyéndole la Pasión de Jesús en sus últimos momentos.</p>
<p>Pese a encontrarse en las últimas, Clara parecía mantener un cierto vigor, hasta esa tarde en la que fijó la vista en la puerta de la habitación, por donde vio entrar un séquito de mujeres vestidas de blanco que escoltaban la figura luminosa de la Virgen María portando una corona. La Bienaventurada Madre de Dios se apartaría del coro de ángeles y abrazaría a la futura santa. Murió acompañada de sus hermanas, algunos frailes y monjas, y se comenta que alguien dijo: “Clara de nombre, clara en la vida y clarísima en la muerte.”</p>
<p>La voz corrió por todos los rincones de Asís. Acudieron peregrinos en masa, e incluso las tropas armadas asistieron para hacerle guardia a sus restos, y a la mañana siguiente el Papa en persona se había presentado con un par de cardenales. Todos ya discutían sobre los milagros de la santa, y el Papa no supo si celebrar una misa especial o si convenía seguir los requisitos de rigor, ya que parecía dispuesto a canonizar de inmediato a la religiosa porque así el pueblo lo proclamaba. Uno de sus obispos convenció al Sumo Pontífice que actuara con prudencia y no se precipitara en adelantar un proceso, que igual y dos años después lograría concretarse cuando el Papa Alejandro IV la declarara Santa oficial de la iglesia católica. Son muchos los monasterios e iglesias que llevan su nombre no solo en Italia sino alrededor del mundo, siendo venerada también por las iglesias anglicana y luterana.</p>
<p>Los restos mortales de Clara reposan en la cripta de la Basílica de Santa Clara de Asís, donde sería enterrada sujetando entre sus manos un lirio de metal. Como dato anecdótico, su hermana Inés no solo la siguió en su camino apostólico, sino que además moriría unos días después de la muerte de Clara.</p>
<p>Desde su velación empezó a popularizarse una oración que todavía hoy día se le dedica: “Verdaderamente santa, verdaderamente gloriosa, reina con los ángeles la que tanto honor recibe de hombres en la tierra. Intercede por nosotros ante Cristo, tú, que a tantos guiaste a la penitencia, a tantos a la vida.”</p>
<p>A la santa suele representársele en las pinturas con el hábito particular de las Hermanas clarisas: un velo negro y un sayal color marrón sujetado por un cinturón de tres nudos del que cuelga un rosario. A veces le hemos visto portando una mitra sobre su cabeza, y se le ha dibujado sosteniendo en la mano un báculo, o también el Santísimo con el que defendió sus dominios del ataque de los sarracenos. La flor del lirio, símbolo de pureza y virginidad, suele también asociarse con su figura, y aparece en el escudo de las clarisas combinándose con un báculo y formando juntos una cruz.</p>
<p>Popularmente se le considera patrona de los orfebres y de los clarividentes, y así también como del buen tiempo, por lo que existía la costumbre medieval de las novias que ofrecían un huevo a Santa Clara para que no lloviera el día de sus bodas.</p>
<p>Sin embargo su título oficial de patronaje por parte de la iglesia sería otro. En 1958 el Papa Pío XII nombró a Santa Clara de Asís como patrona de la televisión y de las telecomunicaciones. En la Carta Apostólica manifestó el apoyo de la iglesia a esta nueva tecnología moderna, recomendando su empleo para la divulgación del Evangelio, y declarando la necesidad de una patrona que sepa velar por su buen uso. La decisión de elegir a Clara obedece a la anécdota de aquella vez en que la religiosa, debido a sus dolencias, no pudo asistir a una misa con un motivo navideño. Se dice que Clara tuvo desde su cama una especie de visión en la que pudo estar como presente durante la celebración, sugiriendo una suerte de “televisión espiritual”, explicó el pontífice.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89833" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/242.-SANTA-CLARA-DE-ASÍS-189x300.jpg" alt="" width="189" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 15 Sep 2023 05:45:32 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Santa Clara de Asís (1194-1253) ]]></media:description>
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        <title>El poder de rezar El Rosario todos los días: ¡No apto para incrédulos!</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_78530" aria-describedby="caption-attachment-78530" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="size-full wp-image-78530" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/08/foto-blog-rosario.jpg" alt="" width="1024" height="1024" /><figcaption id="caption-attachment-78530" class="wp-caption-text">El poder de rezar el Rosario todos los días</figcaption></figure>
<p>Tenía 30 años cuando me invitaron a <strong>rezar el Rosario</strong> en un lugar de<strong> Bogotá</strong> llamado <strong>La Casita de la Virgen</strong>, aunque siempre he creído en <strong>Dios</strong> y en la <strong>Virgen María</strong>, en ese tiempo era muy inconstante con la <strong>oración</strong>, solo me acercaba a él cuando tenía problemas.</p>
<p><strong>La Casita de la Virgen</strong> está ubicada en <strong>Bogotá</strong> en la calle 40 con carrera 22, en la localidad de <strong>Teusaquillo</strong>, cerca del <strong>Park Way</strong>. La historia de ese lugar es maravillosa, y aquí es cuando debo decir que sí usted es incrédulo es mejor que no siga leyendo porque todo lo cuestionará.</p>
<p>Era un miércoles en la noche, llegué a aquel lugar a <strong>rezar el Rosario</strong> con una amiga que es muy devota a la <strong>Virgen</strong>. Ese día conocí de cerca cuál es la historia de esa casona en Teusaquillo, en donde todos los días se congregan cientos de personas en las noches a <strong>orar</strong> en un garaje.</p>
<p>Una pareja de esposos decidieron abrir las puertas de su casa para rendirle culto a la <strong>Virgen María</strong> luego de tener extrañas visiones y de sentir desde lo más profundo de su alma, que su hogar debía ser el lugar en donde se congregara la gente para <strong>orar</strong>.</p>
<p>El día que fui a rezar me sentí en realidad muy impresionada de ver la cantidad de gente que llegaba a esa casa. La energía fue tan bonita que recé el Rosario como nunca lo había hecho. Cuando se terminó la<strong> oración</strong> contaron que algunas veces la Virgen se manifiesta dejando en las manos o en el cuerpo escarcha. Eso me quedó sonando, pero como les digo en ese tiempo no era tan devota.</p>
<p>Hoy tengo 36 años y desde hace dos años hago el Rosario todos los días. Ese hábito lo comencé luego de tener dificultades en mi vida personal. Necesitaba tener una <strong>vida espiritual</strong> plena que me ayudara a canalizar mis energías.</p>
<p>Mi abuelita, que desafortunadamente ya no está conmigo, siempre me decía que rezara el Rosario, pero nunca le hacía caso, la verdad me daba pereza. Pero ella contaba que era una lástima que las personas no alcanzaran a dimensionar el poder que tenía hacer el Rosario todos los días, que la Virgen concede todos los deseos si uno lo hace con devoción.</p>
<p>Tenía 34 años y sentía mi vida patas arriba. Y justo en ese momento me acordé de las palabras de mi abuelita. Compré dos camándulas, fui a <strong>misa</strong>, las bendije y comencé a <strong>rezar el Rosario</strong>. Me acuerdo que pedía mucho que mi vida personal cambiara, que me sintiera diferente. Y todo fue fluyendo.</p>
<p>Los cambios en muchos aspectos no se dan de la noche a la mañana. Todo tiene un proceso. Pero sentir que tenía una energía diferente para enfrentar las situaciones era lo que más me gustaba. Tanto así, que después de unos meses de rezarlo, ya no pedía nada. Solo agradecía, porque en la <strong>gratitud</strong> también hay un poder impresionante.</p>
<p>Esta semana estaba rezando el Rosario y cuando lo terminé de hacer mis manos estaban brillando: era escarcha. Pero no una escarcha normal, era tenue, daba visos de todos los colores, pero era impresionante como estaban mis manos. Estaba tan asombrada que de una pensé que era la escarcha que mi hija utiliza para sus <strong>clases virtuales</strong>. Pero se me hacía extraño porque en ese espacio donde estaba rezando no había estado ella con la escarcha. Y me acordé de lo que escuché en<strong> La Casita de la Virgen.</strong></p>
<p>Este tipo de situaciones a muchas personas les cuesta creer, y por eso no le conté a nadie. Pero en el fondo yo sentía que la <strong>Virgen</strong> se me estaba manifestando. Al siguiente día, cuando estaba rezando el Rosario le dije a la Virgen que quería sentir de nuevo su presencia y que me gustaría que se me volviera a manifestar, y que de una u otra forma me hiciera saber qué le gustaría de mí. Cuando terminé, mis manos estaban nuevamente con escarcha, no tan intensa como el día anterior, pero sí se notaba.</p>
<p>Desde hace cinco días se me metió en la cabeza que tenía que contar esto a través de este medio. Muchos dirán que estoy loca, que eso no pasa, que <strong>Dios no existe</strong> y que la Virgen mucho menos, otros intentarán encontrar la explicación científica, pero lo cierto es qué pasó y yo estoy convencida no solo del poder que tiene <strong>rezar el Rosario todos los días</strong>, en todo sentido, sino también estoy convencida que la Virgen se me manifestó.</p>
<p>Si usted que me está leyendo es <strong>católico</strong>, y tal vez está pasando por una situación difícil en este momento, comience a <strong>rezar el Rosario con devoción</strong>. Ore, hablé con Dios, pídale lo que quiere exactamente, refuerce su fe, su esperanza, su caridad, su humildad, su paciencia, su perseverancia, su obediencia y su silencio, y seguramente su vida va a cambiar para bien. el Rosario fortalece la familia y eso sí que es lo más sagrado que un ser humano puede tener.</p>
<p>Ser mejor persona no cuesta mucho.</p>
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        <author>Paula Castillo Lenis</author>
                    <category>PauLab Laboratorio Digital / Un clic hace la diferencia</category>
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        <pubDate>Sat, 29 Aug 2020 21:45:34 +0000</pubDate>
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