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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Viajes | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>CARA + CECA…PLUS. EPISODIO 11.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/cara-cecaplus-episodio-11/</link>
        <description><![CDATA[<p>Nos encontramos en la VIDA con los VERDADEROS MOMENTOS… PERSONAJES…PAÍSES… TIEMPOS…que son el CARA + CECA  PLUS de eso que creemos deberían SER. El YIN y el YAN dirían los ORIENTALES… HOY  la ELECCIÓN  para un MUNDO de CAMBIO … es el INVIERNO o el VERANO… Una dicotomía de EXPERIENCIAS  que deseamos VIVIR… ambas válidas [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Nos encontramos en la VIDA con los VERDADEROS MOMENTOS… PERSONAJES…PAÍSES… TIEMPOS…que son el CARA + CECA  PLUS de eso que creemos deberían SER.</p>
<p>El YIN y el YAN dirían los ORIENTALES…</p>
<p>HOY  la ELECCIÓN  para un MUNDO de CAMBIO … es <strong>el INVIERNO o el VERANO…</strong></p>
<p>Una dicotomía de EXPERIENCIAS  que deseamos VIVIR… ambas válidas en su CARA &amp; CECA…PLUS</p>
<p>ARRANCAMOS con el INVIERNO, ese que tiene muchos adeptos, digno de estas imágenes que sin lugar a dudas SEDUCEN por su sabor y paradójicamente calidez…obviamente sin dejar en claro lo DURO  que es…</p>
<p><iframe title="Frío extremo en la región nórdica e inundaciones persistentes en el noroeste de Europa" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/jCcypW75C-Y?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Ahí esta también el  VERANO, ese que también tiene sus  ADEPTOS y que con lleva otros COMPORTAMIENTOS…lo ideal un lugar que nos proponga distintas ESCENARIOS con climas variados donde en COLOR &amp; CALOR hagan de las suyas…Para lo cual no hay que irse muy lejos…</p>
<p>Como DICEN  aquí …</p>
<p><iframe title="🎖⛔ SEGURO NO LOS CONOCES - ARGENTINA mejores LUGARES para visitar ✅  Turismo Argentina 2024" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/bu-XsOIzbsA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>PROPUESTAS son propuestas… Con cuál se QUEDA..?</p>
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<p><strong><br />
CONTINUARÁ&#8230;</strong></p>
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<p><strong>CON JABÓN&#8230;! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>
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        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
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        <pubDate>Sat, 13 Jan 2024 11:36:48 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[CARA + CECA…PLUS. EPISODIO 11.]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Italia, ¡belpaese! Crónica de viaje #6</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/italia-belpaese-cronica-viaje-6/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Tanto Dante como Petrarca se referían a lo que hoy es Italia como el “belpaese” o “Bello País”, clara alusión a uno de los lugares del mundo realmente hermoso; de niños aprendimos fácilmente a reconocerlo en el mapamundi gracias a su forma de bota, Calabria haciendo cabriolas con Sicilia y Cerdeña. Atravesamos los Alpes, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_96114" aria-describedby="caption-attachment-96114" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-96114" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-300x225.jpg" alt="Fontana di Trevi. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96114" class="wp-caption-text">Fontana di Trevi.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto Dante como Petrarca se referían a lo que hoy es Italia como el “belpaese” o “Bello País”, clara alusión a uno de los lugares del mundo realmente hermoso; de niños aprendimos fácilmente a reconocerlo en el mapamundi gracias a su forma de bota, Calabria haciendo cabriolas con Sicilia y Cerdeña. Atravesamos los Alpes, esas montañas majestuosas que se extienden por 9 países, ocupando todo el norte de Italia, apreciamos verdes campos que nos recuerdan de una u otra forma el altiplano en el que crecimos, ahí laboriosos campesinos priorizan los riegos y aprovechan las fértiles laderas para sus cultivos, un hermoso espacio donde las vacas y las ovejas son las protagonistas del paisaje. Llegamos a Turín, la ciudad célebre por resguardar el supuesto sudario de Jesucristo, pero más que eso, es una ciudad que conserva cuidadosamente su arquitectura romana y medieval sin dejar de ser moderna; ahí nos recibe Fanny, una excompañera de mi esposa, su hija y su esposo, ambos italianos.</p>
<p>Nos hacen un recorrido por la vieja ciudad, el palacio de Madama, el castillo de Valentino, el Museo Nacional del Risorgimento, desde luego la visita obligada a la Mole Antonelliana, durante siglos considerada la construcción de albañilería más alta de Europa. Siguiendo las márgenes del río Po, llegamos al Parco del Palentino, donde los verdores dan fe del cuidado a la naturaleza que está en la ciudad, las prácticas acuáticas en el rio llaman nuestra atención, además de los bellos edificios que están en sus márgenes, como el de la facultad de arquitectura de la célebre Universidad de Turín, fundada en 1404, una de las más antiguas de Occidente.</p>
<p>Otra vez tomamos camino, pasamos por la ciudad de Colón, Génova, ahí los viejos y nuevos barcos sobre el mar Tirreno nos hablan de la vocación marinera de la ciudad; Pisa y su famosa torre inclinada; Florencia, la ciudad imaginada por los Medici, cuna del renacimiento; y finalmente las siete colinas: la inmortal Roma, definitivamente aquí pareciera que en verdad todos los caminos conducen a ella. Estamos en la estación Roma Tiburtina, la cual mueve 51 millones de pasajeros anualmente, de tal manera que lo que nos recibe es una pequeña babel a la cual nos une el lenguaje universal del cansancio, pero también en el rostro de muchos se nota el deseo de conocer la ciudad medular.</p>
<figure id="attachment_96115" aria-describedby="caption-attachment-96115" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-96115" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-300x225.jpg" alt="Panteón de Agripa. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96115" class="wp-caption-text">Panteón de Agripa.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>“¿Conque éste es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna”, así empezó su juramento Bolívar hace 218 años, tenía 22 años y ganas de libertar su patria, quisiéramos unirnos en ese grito, pero nuestra intención es más mundana y nuestros deseos aún más utópicos, de tal manera que avanzamos por la ciudad eterna. Llegamos, casi que sin querer, a la Fontana de Trevi, construcción del siglo XVIII que muestra la fastuosidad de la corte papal, de los arquitectos que buscaban inmortalizarse con sus obras, ahí cientos de personas se congregan para jurarse amor eterno, para refrescarse en medio de un verano voraz o para lanzar las monedas y pedir volver algún día a la ciudad, tres cosas a las que nos sumamos con mi esposa. El agua cristalina , las esculturas de mármol blanco, todo, todo en su conjunto muestra ese deseo de perpetuar la majestuosidad de la ciudad.</p>
<p>Llegamos al Panteón de Agripa, consagrado en el año 126, hay que hacer una larga fila para entrar, se nos acercan muchos vendedores extranjeros, africanos y árabes, ofreciendo a mi esposa una manta para entrar, a lo cual hicimos caso omiso; y precisamente al momento de entrar exigen que las mujeres no expongan sus hombros desnudos, tampoco uso de minifaldas o prendas que muestren más de lo necesario -¿qué será lo necesario?-, ante lo cual recrimino al gendarme que está en la entrada, me dice que es un templo católico dedicado a la Virgen María y que eso exige el protocolo, de tal manera que busco afanosamente al vendedor y luego de regatear -hay que hacerlo en todo Roma- logro un buen precio. La cúpula es lo que nos lleva realmente al lugar, célebre por la manera como fue construida y resistido el paso del tiempo, fue modelo a seguir durante buena parte de la historia humana. Ahí reposan los cuerpos de Víctor Manuel y su esposa Margarita, la misma que le dio nombre a la célebre pizza italiana, así mismo yace ahí el cuerpo de Rafael Sanzio. El óculo deja entrar una corriente de luz al interior que pareciera que todas las deidades romanas se congregaran para seguir perpetuándose en ese venerado lugar.</p>
<p>Trastévere es uno de los barrios más tradicionales, ahí se mantienen las construcciones medievales, entre calles estrechas se esconden buenos restaurantes y lugares para tomar un descanso, además iglesias católicas y templos dominan el lugar, imposible no deleitarnos con la deliciosa pasta, la hay de todas las variedades y para todos los gustos, además los italianos son magníficos anfitriones, alegres, hablando con las manos, saludando a todo el mundo para atraer su atención, imposible estar en Roma y no probar el gelato, delicioso helado que apacigua nuestra sed.</p>
<p>Entre Piazza Venezia y la Colina Capitolina está el Altar de la Patria o Monumento a Víctor Manuel II, el rey que unificó a Italia, y aunque esta es ya una república, llama poderosamente la atención la cantidad de monumentos en honor a sus antiguos monarcas; predomina el mármol blanco, a tal punto que nos enceguece, la bandera tricolor italiana ondea dominando todo el firmamento; una excursión de niños japoneses rompe el silencio y el recato que se exige en el lugar, pese a que sus profesores tratan de mantenerlos unidos y ordenados, la infancia no conoce barreras ni fronteras, ahí las pilatunas resaltan y hacen que todos sonriamos con ellos.</p>
<figure id="attachment_96118" aria-describedby="caption-attachment-96118" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-96118" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-300x225.jpg" alt="Roma Imperial. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96118" class="wp-caption-text">Roma Imperial.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caminando, como es nuestra costumbre, divisamos la Roma antigua, el corazón realmente se acelera y desde la distancia percibimos la grandeza de las antiguas construcciones. El Foro sobre la vía sacra que remata con el hermoso Coliseo Romano o Anfiteatro Flavio, los templos de Cástor y Polux, de Saturno, el arco de Tito, La Regia y muchas otras construcciones que realmente muestran la magnificencia de la ciudad imperial, no hay columna que no llame nuestra atención, no es difícil imaginar que por esa vía cruzaron triunfantes César y Marco Antonio, que como un trofeo fue exhibida Cleopatra, inclusive pareciera que los ecos de gladiadores y fieras aún resuenan por entre el Coliseo. Todo es grande, todo muestra la perspicacia de los ingenieros y arquitectos romanos, la suntuosidad de las viejas mansiones donde se escanciaban vinos y se degustaban manjares de todo el mundo conocido entonces. Las termas de Carcalla muestran viejos mosaicos donde se puede apreciar la cotidianidad de la Roma de entonces, así como el gusto por el baño que era un verdadero acontecer social.</p>
<p>Por la Via della Conciliazione llegamos al Estado Vaticano, teocracia con monarquía absoluta, quiérase o no todo gira alrededor del catolicismo, iglesia tras iglesia, templo tras templo, se divisa imponente la cúpula de la basílica de San Pedro, obra de Miguel Ángel, para entrar ahí hay una inmensa fila, la hacemos mientras contemplamos todos los alrededores donde se levantan imponentes el Obelisco traído por Calígula y la columnata de Bernini, uno de los arquitectos y escultores más famosos en Roma. Al interior de esta basílica se siente no tanto la espiritualidad católica, cuanto sí el poderío que se quiso demostrar frente al resto del mundo, ingresamos por la puerta de Filarete y divisamos la nave central, al fondo, en el presbiterio está la Gloria de Bernini antecedida por el imponente baldaquino de San Pedro y en las hornacinas las estatuas de 39 santos. En la nave de la epístola se encuentra la Piedad de Miguel Ángel, escultura que recoge realmente el dolor de una madre, inmensamente expresiva.</p>
<p>En la girola, que es el corazón de la basílica, llama poderosamente nuestra atención el monumento funerario a Alejandro VII, una de las últimas obras de Bernini, aparecen representadas como mujeres las virtudes: la caridad, la prudencia, la verdad y la justicia, el Papa ubicado sobre ellas, y lo que asombra es que éstas se encuentran sobre un manto de color rosáceo, de cuyos pliegues emerge un esqueleto sosteniendo un reloj de arena en la mano, símbolo de nuestra temporalidad terrenal, una escultura realmente asombrosa.</p>
<figure id="attachment_96116" aria-describedby="caption-attachment-96116" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-96116" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-300x225.jpg" alt="Monumento a Alejandro VII." width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96116" class="wp-caption-text">Monumento a Alejandro VII.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después de descender a las grutas vaticanas, donde están enterrados muchos papas, entre otros el propio San Pedro, ascendemos nada más ni nada menos que a la propia cúpula, se puede subir a pie o en ascensor, la diferencia son dos euros, escogemos la segunda ya que el cansancio después de un largo viaje empieza a cobrar la deuda. Es quizá una de las más bellas experiencias de todo el viaje, ya que se tiene la oportunidad de palpar si se quiere los mosaicos y de ver de cerca las esculturas que la componen, pero lo más maravilloso es llegar hasta la linterna, un lugar en donde se puede apreciar Roma a 360º, ver la Plaza, los jardines vaticanos, todo el verdor que rodea la ciudad, color que contrasta bellamente con el color ocre de las ruinas y de los viejos palacetes.</p>
<p>La Sixtina, los museos vaticanos, el Castillo de Sant&#8217;Angelo, la Piazza Novana, la Basílica de Santa María la Mayor, la Plaza España, la Piazza del Popolo, todo, todo es absolutamente hermoso y digno de ver, la ciudad es un museo vivo, cada rincón guarda un secreto o una leyenda. Roma al revés es Amor, así con mayúscula, porque aquí termina nuestro viaje antes de regresar a Madrid y de ahí a Bogotá. Roma, la ciudad eterna que se ha quedado grabada en nuestras retinas, Italia el bello país al cual esperamos volver algún día. De allá, de la ciudad mágica quisiera escribir una carta como Meira del Mar:</p>
<p>&nbsp;</p>
<pre style="text-align: center">Te escribo, amor, desde la primavera.

Crucé la mar para poder decirte

que, bajo el cielo de la tarde, Roma

tiene otro cielo de golondrinas,

y entre los dos un ángel de oro pasa

danzando.

La cascada de piedra que desciende

por Trinitá dei Monti hasta la plaza,

se detuvo de pronto y ahora suben

azaleas rosadas por su cuerpo.

Los árboles repiten siete veces

la música del viento en las colinas,

y el húmedo llamado de las fuentes

guía mis pasos.

Más bella que en el aire

una rota columna hallé en el césped,

caída en el abrazo de una rosa.

Cuando fluye la luz,

cuando se para

el tiempo,

asomada a los puentes Roma busca

su imagen sobre el Tevere,

y en vez del nombre suyo ve que tiembla

tu nombre, amor, en el rodante espejo.</pre>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-96117" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-300x225.jpg" alt="Roma desde la cúpula de San Pedro. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Roma desde la cúpula de San Pedro.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96113</guid>
        <pubDate>Fri, 01 Sep 2023 13:46:47 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Italia, ¡belpaese! Crónica de viaje #6]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>¿Qué tiene Madrid que encanta? Crónica de viajes 4.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/madrid-encanta-cronica-viajes-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Iniciaba el otoño cuando visité por primera vez Madrid, la Calle de Atocha fue lo primero que vi, luego de tomar el metro en el inmenso aeropuerto de Barajas, la estación que para entonces cuatro años antes había sufrido un atentado. Repuesta con seguridad de ello, la ciudad se mostró imponente, con sus amplias [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_95887" aria-describedby="caption-attachment-95887" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-95887" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-1-300x225.jpg" alt="Palacio Real. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-1-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-1-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-1-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-1-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-1-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-95887" class="wp-caption-text">Palacio Real.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iniciaba el otoño cuando visité por primera vez Madrid, la Calle de Atocha fue lo primero que vi, luego de tomar el metro en el inmenso aeropuerto de Barajas, la estación que para entonces cuatro años antes había sufrido un atentado. Repuesta con seguridad de ello, la ciudad se mostró imponente, con sus amplias vías, sus esplendorosos parques, sus múltiples plazas y, especialmente, la Gran Vía que nos conecta con la ciudad en una verdad donde Sanchos y Quijotes, Aldonzas y Dulcineas, Curas y Bachilleres, se vierten sobre ella para darle un aire distinto a cualquier ciudad conocida. Corría entonces el año 2008.</p>
<p>Generosa y caprichosa la vida, el año pasado nuevamente visité la ciudad, aunque de paso, el verano le daba otra tonalidad, las personas más libres en su vestimenta, y un maravilloso olor a azahares que se vierte por entre avenidas y callejuelas se convierte en una especie de azimut para encontrar los frescores tan buscados por propios y extraños. Nuevamente la Gran Vía y en Plaza Mayor con mi buen amigo Arturo Prado Lima libamos por la amistad y otras benévolas causas. Por entre callejuelas, las mismas que recorrieron con seguridad Cervantes y Lope de Vega, avanzamos y recreamos con nuestras propias palabras nuestra herencia mestiza.</p>
<p>Este año vuelvo a Madrid en compañía de mi esposa, le comparto a ella todas esas viejas gratas experiencias y la copo de expectativas; la lluvia que nos recibe es un aliciente para un verano que se presiente muy fuerte. El metro o el bus prestan un maravilloso servicio, de tal manera que lo primero que buscamos es el centro, al divisar la Catedral de la Almudena, frente al Palacio Real, descendemos y nos encontramos con los bellos jardines del palacio, lugar destinado para actos oficiales de la rancia y caduca corona española, parece que recibirán a algún presidente o ministro, ya que los caballos se encuentran hermosamente ensillados y los militares lucen sus mejores galas. Poco nos importa la verdad, de tal manera que nos dirigimos a la Plaza de Oriente, donde reposan silentes estatuas de reyes y reinas que parecieran meditar sus glorias y sus derrotas.</p>
<p>Imposible no volver a Plaza España, lugar donde se unen la Gran Vía con la Calle de la Princesa, ahí los olivos del parque permiten la sombra para contemplar a Cervantes, libro en mano, y al pie las estatuas de Don Quijote y Sancho sobre sus jumentos, a un lado Dulcinea y Aldonza, dos mujeres distintas y una sola locura de amor del personaje manchego. Y es que Madrid, como gran parte de Castilla no podrían ser sin el Quijote, ahí parecieran vivenciarse sus imaginativas aventuras, vertidas en recuerdos de todo tipo, desde costosas esculturas hasta dulces que recuerda a la inmortal obra cervantina.</p>
<p>Felipe II preside la Plaza Mayor, alma y nervio de la ciudad, el lugar que sirviera para actos de fe, para venta de todo tipo de mercancías y hasta de conciencias, ahí las viejas construcciones que la rodean sostienen cinco siglos de historia, las huellas de los incendios y de las pretendidas tomas se han borrado, y un enmarcado cielo azul muestra la soberbia en su construcción. Rodeada de todo tipo de comercio de suvenires y de restaurantes, es el lugar perfecto para sentarse y tomar un vino o una caña, degustar una cazuela e imaginar el avance de una ciudad moderna que rompe la estructura de la plaza en la que está enmarcada.</p>
<figure id="attachment_95888" aria-describedby="caption-attachment-95888" style="width: 225px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-95888" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-3-225x300.jpg" alt="Monumento a Cervantes. " width="225" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-3-225x300.jpg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-3-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-3-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-3.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /><figcaption id="caption-attachment-95888" class="wp-caption-text">Monumento a Cervantes.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por la calle de Alcalá se encuentra el Oso y el Madroño, monumento que recuerda la heráldica de la ciudad, es el oriente de la famosa Puerta del Sol, lugar donde arranca el kilómetro cero de las vías españolas; siempre en movimiento, hermosos cafés enmarcan esta tradicional plaza donde se yergue la Casa de Correos, el edificio más antiguo de la zona. Siguiendo la misma calle, topamos con la Puerta de Alcalá, “viendo pasar el tiempo”, lástima grande no poder contemplarla en toda su majestad, ya que está en remodelación y lo que se mira es una grúa y una tela que protege más a la misma puerta que a los curiosos impertinentes que se lanzan para tomarse una foto.</p>
<p>Las fuentes de Cibeles y de Neptuno anuncian nuestra cercanía al Paseo del Retiro, en donde el monumento a Alfonso XII se convierte en lugar de llegada, no sin antes apreciar los múltiples elementos que lo componen, como la estatua del Ángel Caído, la Fuente de la Alcachofa o el Palacio de Cristal, todo esto alrededor del Estanque Grande del Buen Retiro, que se convierte en todo un oasis en medio del verano que cada día se siente más fuerte. Los visitantes y turistas, los enamorados de un día o de toda la vida, pareciera que se citan en este lugar, en donde las tonadas musicales de un joven guitarrista encierran el entorno para volverlo realmente mágico, máxime cuando entra la tarde y todo color pareciera cobrar toda su fuerza antes de perderse en la noche.</p>
<p>Reina Sofia es el museo que desde 1992 resguarda la colección de arte moderno más importante de España, ahí Picasso, Dalí, Miró, Gris, parecieran haber vencido todas las diferencias y se unen en las salas de lo que otrora fuera el Hospital General de Madrid, lugar donde se exhibe el Guernica, obra que resume gran parte del dolor sufrido por el país durante la Guerra Civil.</p>
<p>El museo Nacional del Prado resguarda una de las colecciones más importantes del arte Europeo, ahí Velásquez, El Greco, Goya junto a Rubens, El Bosco, Durero o Tintoretto, entre muchos otros más, permiten apreciar las maravillosas obras que resaltan por sus colores y sus inmensos tamaños. Las Meninas parecieran hacernos un guiño y nos permiten entrar en el juego del observador observado que plantea su autor; sin embargo, en esta ocasión, se busca afanosamente El Jardín de las Delicias de El Bosco, obra que rompe con los suyos y se adelanta en el tiempo, sorprende encontrar en la misma sala su obra La mesa de los pecados capitales, donde se retrata al mundo en su más humana condición. No se puede tomar fotos en este museo, de tal manera que ante un intento fallido recibo la reprimenda de una feroz gendarme que persigue a los visitantes como un verdadero can cerbero.</p>
<figure id="attachment_95889" aria-describedby="caption-attachment-95889" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-95889" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-2-300x225.jpg" alt="Convento de las Trinitarias Descalzas. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-2-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-2-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-2-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-2-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-2-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-95889" class="wp-caption-text">Convento de las Trinitarias Descalzas.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imposible no visitar el Barrio de las Letras, cada rincón guarda su historia: ahí vivieron Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, con seguridad en esas calles entre chismes se perfilaban insultos y se deslizaban envidias de ida y vuelta; Cervantes dio a luz el Quijote en la Imprenta de Juan de la Cuesta y sus restos reposan en el Convento de las Trinitarias, siempre cerrado, creo que hasta Dios desconoce cómo es ese lugar por dentro. Llama la atención en Madrid, pero en este barrio en especial, los monumentos que recuerdan a literatos y artistas, placas que rememoran sus vidas y muertes, bellos azulejos muestran sus figuras o sus obras, es que hay una intención profunda por afianzarse en sus ancestros culturales y artísticos, intención tan perdida en nuestras plazas y calles, donde se sientan juntos la simonía y el desdén por lo propio.</p>
<p>Los churros con chocolate son una delicia que no se puede dejar de probar, sin ser una tradición propia, me siento como un niño ante ese olor que atrae a todos, y no importa chorrearse o embadurnarse, la pilatuna vale la pena. Cerca al lugar donde nos hospedamos con mi esposa, hemos encontrado una pequeña taberna donde venden licores y deliciosas comidas, es nuestro lugar de descanso al llegar y de avituallamiento al salir. En las noches, los habitantes del barrio se concentran en este lugar, donde la música se opaca con el hablar fuerte de los españoles, una de sus características, ahí las risotadas del tabernero y de sus ayudantes completan el festín, y como a viejos conocidos nos atienden y nos dan generosos acompañamientos para nuestras bebidas: las infaltables aceitunas, los deliciosos jamones y los aromáticos quesos, así como el maní y los tomates secos, que hablan de ese ida y vuelta que mal se llamó conquista.</p>
<p>¿Qué tiene Madrid que encanta?, lo dicho y mucho, pero mucho más. Ciudad de parques, plazas y verdores; de fuentes y de maravillosos monumentos; de avenidas y de callejuelas que conducen a su propia esencia; de gente hermosa y de hablar fuerte que entienden perfectamente como se debe tratar al turista.  En la hermosa plaza de Santa Ana, enmarcados por los edificios del hotel Reina Victoria y del Teatro Español, están los monumentos a Pedro Calderón de la Barca, quien en su “Canción a San Isidro”, anota:</p>
<p style="text-align: center">Deje de mi pluma el vuelo,<br />
mi torpe acento el canto,<br />
mi voz aliento tanto;<br />
que aunque alaba a Madrid, Madrid es cielo;<br />
y es bien que a tanto empleo se presuma<br />
suave voz, dulce acento y veloz pluma.</p>
<figure id="attachment_95890" aria-describedby="caption-attachment-95890" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-95890" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-5-300x225.jpg" alt="Monumento a García Lorca, Plaza de Santa Ana. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-5-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-5-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-5-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-5-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-5-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-95890" class="wp-caption-text">Monumento a García Lorca, Plaza de Santa Ana.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a Federico García Lorca con una alondra en la mano, quien escribió en Madrid el poema “La veleta yacente” (1920), un fragmento:</p>
<p style="text-align: center">Húndete bajo el paño</p>
<p style="text-align: center">verdoso de tu lecho,</p>
<p style="text-align: center">que ni la blanca monja,</p>
<p style="text-align: center">ni el perro,</p>
<p style="text-align: center">ni la luna menguante,</p>
<p style="text-align: center">ni el lucero,</p>
<p style="text-align: center">ni el turbio sacristán</p>
<p style="text-align: center">del convento,</p>
<p style="text-align: center">recordarán tus gritos</p>
<p style="text-align: center">del invierno.</p>
<p style="text-align: center">Húndete lentamente,</p>
<p style="text-align: center">que si no, luego,</p>
<p style="text-align: center">te llevarán los hombres</p>
<p style="text-align: center">de los trapos viejos.</p>
<p style="text-align: center">Y ojalá pudiera darte</p>
<p style="text-align: center">por compañero&#8230;</p>
<p style="text-align: center">este corazón mío</p>
<p style="text-align: center">¡tan incierto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95886</guid>
        <pubDate>Fri, 11 Aug 2023 13:41:59 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/MADRID-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Qué tiene Madrid que encanta? Crónica de viajes 4.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">J. Mauricio Chaves Bustos</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>José Vasconcelos en el Sur de Colombia. Parte 2.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/jose-vasconcelos-sur-colombia-parte-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Continuamos con el viaje del filósofo y pensador mexicano José Vasconcelos por el departamento de Nariño en 1930. Y de ahí Pasto, siendo recogido antes, él y su acompañante el ingeniero Restrepo, por el gobernador del departamento, debió tratarse del pastuso Olegario Medina Villota, para ser conducido a un cómodo hotel en donde fue [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_94032" aria-describedby="caption-attachment-94032" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94032" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-300x207.jpg" alt="Pasto, 1930. " width="300" height="207" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-300x207.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-150x104.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-768x530.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-1024x707.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930.jpg 1056w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94032" class="wp-caption-text">Pasto, 1930.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Continuamos con el viaje del filósofo y pensador mexicano José Vasconcelos por el departamento de Nariño en 1930.</p>
<p>Y de ahí Pasto, siendo recogido antes, él y su acompañante el ingeniero Restrepo, por el gobernador del departamento, debió tratarse del pastuso Olegario Medina Villota, para ser conducido a un cómodo hotel en donde fue bien recibido. Descubre el aislamiento proverbial de la ciudad frente al resto del mundo, donde hay una “raza” española, con mayor prominencia indígena que en todo el país. Debió parecerle triste o aburrida la ciudad, en comparación con Popayán, ya que anota la soledad de sus calles y la melancolía ahí encontradas, resaltando, eso sí, ser Pasto una de las más cordiales provincias del país.</p>
<p><em>“Un cuarto de hora más tarde, hundido en el asiento acojinado de un cómodo limousine, me acariciaba la charla de un caballero de cabellos blancos, el gobernador de la provincia, que junto con un séquito distinguido había salido a rescatarnos. Al rato, en un hotel abrigado, alfombrado, lujoso casi, nos sirvieron unos cocteles espesados con huevo, que incitaban a repetir. A esto siguió una cena estilo francés, acompañada de vinos sabrosos y cordialidad bien educada. Temprano se nos dejó solos, bien instalados en alcobas silenciosas, tibias, muelles. Y fue un regalo aquel reposo para nuestros cuerpos maltrechos.</em></p>
<p><em>Vive aislado Pasto, sobre una meseta cercada de montañas, separada del mar, distante de toda metrópoli. Quizá esto explica la singular, ilimitada hospitalidad que allá se estila. Y asombra lo que, en su retiro, ha podido hacer la raza que habita la comarca. Raza española, de vieja cepa, con mezcla de indio más notoria que en el resto de Colombia. Por el ambiente y aun por sus construcciones, la ciudad se parece a una de las nuestras del interior, a Toluca, por el aire helado que baja de la serranía y por las siembras de maíz, de trigo, de papa; sin embargo, supera a Toluca por causa de industrias, como la talabartería, la ebanistería y el comercio desarrollado. Las casas son de dos pisos, con aleros pronunciados, balcones salientes y rejas en los bajos. Una catedral barroca del XVIII eleva sobre sus muros robustos naves hermosas. El Palacio de Gobierno es de estilo neoclásico y hay dos colegios importantes, el de maristas, con talleres modernos, y el de los jesuitas, instalado en hermoso edificio de tres pisos y patios espaciosos. Las construcciones son de piedra y ladrillo y también de bloques y lienzos de un adobe o argamasa de arcilla, de consistencia como la del cemento. Y se miran tristes las calles largas y rectas, empedradas a la antigua, por las que pasa de cuando en cuando un par de caballeros trajeados a la europea, mientras toman el sol, a orillas de las aceras, indios embozados en sus ponchos, inmóviles y taciturnos.</em></p>
<p><em>Se cumplió con las visitas de rigor y produje una conferencia sobre las ruinas de un teatro que no llegó a inaugurarse, y nos hubiera vencido la murria sin la tertulia que en los salones de nuestro hotel mantenían, a mañana y tarde, nuestros obsequiantes, encabezados por el gobernador, que nos demostraba cariño, se preocupaba de nuestras menores necesidades. La buena charla consumía las horas: se nos insistía para que tomásemos descanso de varios días en la más olvidada, pero acaso la más cordial provincia de la tierra colombiana.”</em></p>
<p>Y entonces llega al Sur-Sur de Colombia, se maravilla en Ipiales ante el Santuario de Las Lajas, tanto por el paisaje que lo rodea como por el templo que entonces estaba en construcción, estaba terminado ya el puente que unía las dos orillas del Pastarán, sosteniéndose aún en pie la vieja construcción que un viejo obispo llamara “Nido de oropéndola”, creyente al fin y al cabo, al persignarse no hace sino reafirmar su fe.</p>
<figure id="attachment_94033" aria-describedby="caption-attachment-94033" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94033" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920-300x180.jpg" alt="Ipiales, 1920. " width="300" height="180" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920-300x180.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920-150x90.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920.jpg 720w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94033" class="wp-caption-text">Ipiales, 1920.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>“Orgullosamente nos hicieron prescindir de nuestras cabalgaduras y en un par de automóviles oficiales se nos trasladó, cuando lo quisimos, hasta la frontera con Ecuador, acompañados de unos cuantos vecinos y despedidos tiernamente por el venerable caballero que ejercitaba la suprema autoridad en la región. A medio trayecto de un camino magnífico de panoramas está el famoso santuario de Las Lajas. Torrecillas barrocas, cúpula de media naranja, sobrios muros incrustados en la roca viva de la garganta del río Carchi. Según se desciende al costado de la sierra, descúbrese la fachada severa del templo: al lado hay un convento de dos pisos con puertas de arco. En seguida, y sobre un atrevido puente de cantería, se fabricaban muros de una basílica, que acaso hoy se halle terminada. De los barrancos cuelgan vegetaciones frondosas; el golpe de la corriente engendra músicas informes. Una unción hecha de poesía y de creencia pervade todo el ambiente. Mi compañero Restrepo entra a la iglesia y lo sigo. La persignada, ese conjuro sagrado que establece entre los hombres de todas las razas el parentesco espiritual más preciado del mundo, viene a mis manos con la naturalidad de lo que se aprendió en la infancia. Y el ansia del rezo, que es como una sed de las almas, se satisface brevemente; más bien que pronunciada por los labios, brota silenciosa la plegaria de lo profundo del corazón. Y se comprende el afán de los doce mil peregrinos que, cada año, desafían incomodidades sin cuento para llegar al sitio en que la leyenda registra una aparición de la Virgen del Rosario, o sea una de esas ventanas que, por excepción, abre el cielo hacia el sórdido mundo de las apariencias nada más naturales.”</em></p>
<p>Y ya en la próspera Ipiales, como bien la llamó, rodeada de un paisaje que se engalana con las nubes verdes, esas que vio Montalvo y cantó el poeta Bustos, también atraen la atención del mexicano, quien siente la presencia viva del proscrito cervantista, ese liberalismo que se vertería por entre el nudo de los Pastos, para diferenciar a la provincia de Obando del resto del departamento. Hombre cosmopolita, como el ambateño, Vasconcelos en un constante relato anota la arquitectura de los lugares y la industria, siendo testigo del ya desaparecido oficio de sombreros “Panamá” que también se elaboraban en el territorio y se exportaban al Ecuador, para de ahí pasar al istmo y de ahí al mundo entero.</p>
<figure id="attachment_94034" aria-describedby="caption-attachment-94034" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94034" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-300x188.jpg" alt="Santuario de Las Lajas, 1930. " width="300" height="188" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-300x188.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-150x94.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-768x481.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-480x300.jpg 480w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930.jpg 966w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94034" class="wp-caption-text">Santuario de Las Lajas, 1930.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>“<em>La última ciudad colombiana por el lado de Ecuador es la próspera y antigua, bien construida Ipiales. Domina un angosto valle circundado de montañas soberbias. La influencia de Montalvo, que en ella vivió proscrito, perdura aún y se le cita familiarmente. Su literatura ha marcado el ambiente. Y es costumbre llevar al viajero por extramuros para que observe en el ocaso, encima de las montañas, entre formaciones densas, las nubes verdes que menciona el gran prosista. La casa en que vivió luce placa y perduran las anécdotas de su orgullo de mulato pobre, olvidado de la mayoría, respetado por unos cuantos, en los años largos de su exilio combativo. En rigor, de Ipiales en adelante, y por todo Ecuador, lo mismo en Otavalo que en Ambato, el país entero está penetrado de los dichos y los hechos del gran hombre que dio fisonomía a su raza.</em></p>
<p><em>Una iglesia románica, desnuda, pero bien proporcionada, de tres naves espaciosas; un buen hospital, y dos o tres fábricas de sombreros de palma jipijapa, son los lugares que el viajero frecuenta. Al presentarnos al consulado ecuatoriano para pedir la visa de nuestros pasaportes, el cónsul, muy correcto, declaró: «Usted no necesita visa para entrar a mi país.»</em>”</p>
<p>Y allende el Carchi, que en Colombia es Guáitara, sigue asombrándose con la amabilidad de la gente, aunque le llama la atención que mientras en Colombia prevalece la civilidad, en Ecuador desde el momento mismo de cruzar la frontera son los militares una constancia que acompañará todo el paisaje. Sería interesante rastrear, como se ha dicho, los documentos que dejó anotados Vasconcelos en su paso por la ciudades de Nariño, quizá haya ahí elementos que permitan vislumbrar el aporte de este viaje al desarrollo de su pensamiento posterior.</p>
<figure id="attachment_94035" aria-describedby="caption-attachment-94035" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94035" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930-300x169.jpg" alt="José Vasconcelos, 1930. " width="300" height="169" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930-300x169.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930-150x84.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930.jpg 746w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94035" class="wp-caption-text">José Vasconcelos, 1930.</figcaption></figure>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94031</guid>
        <pubDate>Fri, 31 Mar 2023 11:40:15 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[José Vasconcelos en el Sur de Colombia. Parte 2.]]></media:description>
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        <title>José Vasconcelos en el Sur de Colombia  (Parte 1)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/jose-vasconcelos-sur-colombia-parte-1/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; José Vasconcelos (Oaxaca, 27 de febrero de 1882 &#8211; Ciudad de México, 30 de junio de 1959) uno de los pensadores latinoamericanos más originales, fue candidato a la presidencia de su país, además de pedagogo y filósofo, destacándose por sus aportes en el reconocimiento de lo latinoamericano, de donde vienen conceptos como el de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_93973" aria-describedby="caption-attachment-93973" style="width: 160px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-93973" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON-160x300.jpg" alt="José Vasconcelos, por Ricardo Rendón (1923) " width="160" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON-160x300.jpg 160w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON-80x150.jpg 80w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON.jpg 321w" sizes="auto, (max-width: 160px) 100vw, 160px" /><figcaption id="caption-attachment-93973" class="wp-caption-text">José Vasconcelos, por Ricardo Rendón (1923)</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>José Vasconcelos (Oaxaca, 27 de febrero de 1882 &#8211; Ciudad de México, 30 de junio de 1959) uno de los pensadores latinoamericanos más originales, fue candidato a la presidencia de su país, además de pedagogo y filósofo, destacándose por sus aportes en el reconocimiento de lo latinoamericano, de donde vienen conceptos como el de “raza cósmica, anotando que en el ser latinoamericano se reúnen todas las “razas” del mundo, posibilitando así un nuevo humanismo. Fue rector de la UNAM y Secretario de Instrucción Pública, desde donde desplegó un importante papel para la difusión popular de la cultura, fomentando un intercambio cultural de estudiantes latinoamericanos, razón por la cual la Federación de Estudiantes de Colombia, en cabeza de Germán Arciniegas, lo declaró en 1923 “Maestro de la juventud de América”, no sobra recordar aquí las desavenencias que despertó tal nombramiento en la conservadora Colombia, a tal punto que la Asamblea de Estudiantes de Boyacá lo desconoció y en su lugar propuso el nombre de Rafael María Carrasquilla, rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, según Acuerdo No. 1 de 1923.</p>
<p>Lleno de contradicciones, como todo sujeto pensante, cabe en él la sentencia de Ortega y Gasset “el hombre y sus circunstancias”, ya que al haber perdido la presidencia de México, se labra en su interior un resentimiento contra su propio país, contra quienes fueron sus contradictores políticos, que terminaría por llevarlo a los caminos ciegos de creer que el fascismo y el nazismo podrían remediar los males de una Latinoamérica rural bajo las garras del imperio yanki, que otrora había previsto el propio Bolívar. Es así como el 12 de diciembre de 1929 emprende un exilio voluntario, de un año, que lo lleva a Estados Unidos, Centroamérica, Colombia, Ecuador y Cuba, para regresar a Nueva York en 1931 y de ahí embarcarse a Europa.</p>
<p>Habiendo criticado al gobierno estadounidense por no apoyarlo en sus pretensiones de regresar a México triunfante, reconociendo que en las elecciones se presentó uno de los fraudes más grandes dentro de la historia de la democracia mexicana, llevando a Ortiz Rubio a la presidencia, debió buscar los medios para difundir sus ideas así como para subsistir mediante conferencias en diferentes lugares, razón por la cual acepta la invitación de Eduardo Santos, propietario del periódico El Tiempo de Bogotá, para visitar Colombia, no sin antes hacer proselitismo político en otros países.</p>
<p>En Barranquilla es recibido por el poeta Luis Enrique Osorio, con quien había trabajado anteriormente en México, de ahí pasó a Cartagena, luego a Medellín, para arribar a Bogotá, donde es recibido por la Federación Colombiana de Estudiantes. Ahí, tanto conservadores como liberales, lo reciben y lo elogian: Eduardo Santos, Eliseo Arango, hasta el propio Gilberto Alzate Avendaño lo recibió y le organizó agenda en Medellín. En mayo emprende viaje a Cali y de ahí a Popayán, ciudad esta donde fue recibido por el propio Guillermo Valencia, quien había salido derrotado en la candidatura presidencial de 1929, dando fin a la hegemonía conservadora e iniciando la república liberal en cabeza de Olaya Herrera.</p>
<p>Vasconcelos prefirió hacer el periplo por Nariño a lomo de mula o a caballo, hasta Ibarra, en el Ecuador. En Julio está en Guayaquil, desde donde se embarca hacia La Habana, de ahí a Honduras y a El Salvador, dejando en cada lugar su sentimiento antiyanqui, pero también sus ideas pedagógicas y hasta de metafísica, acorde con lo que deseaba publicar después. En diciembre de 1930 está nuevamente en Nueva York.</p>
<p>El escritor manizaleño Eduardo García Aguilar escribió en La Patria de Manizales la columna “Bitácora de Vasconcelos en Colombia”  (Domingo, Junio 28, 2015), donde en un tono satírico recuerda aquellos episodios cuando el pensador mexicano era recibido casi como un dios. Llama mucho la atención que la columna de García termine con una anécdota saliendo de Popayán e internándose en los “Andes adentro”,  para ahí terminar su bitácora.</p>
<p>Sin embargo, el relato de Vasconcelos continúa por la Colombia recóndita, en el actual departamento de Nariño, pasando por La Unión, Berruecos, Pasto e Ipiales, donde se dio la oportunidad de visitar el Santuario de Las Lajas, cuya basílica estaba aún en construcción. De tal manera que el relato de García Aguilar recoge lo que parte de la tradición colombiana hizo durante tanto tiempo, pensar que Colombia terminaba en el Cauca, o más bien una añoranza del Cauca Grande en detrimento de las particularidades contenidas mucho más allá de un mero capricho de división política. La bitácora continúa.</p>
<p>Al salir de Popayán, “Andes Adentro” describe el relato y la impresión que le causó cruzar El Mayo -metafóricamente tan escabroso para tantos, aún hoy en día-, contenido todo este periplo de su destierro en “El Proconsulado” (1939), tomo IV de sus memorias, dejando sentado en su diario de viajes los conceptos que le servirían para determinar lo que era realmente la Raza Cósmica, antes de que cayera en exabruptos ideológicos de dictaduras. A lomo de bestia, como se ha dicho, hasta Ibarra, una razón más para comprender la cercanía con ese otro nariñense, con ese otro andino, unidos por lazos ancestrales comunes.</p>
<p>“En memoria de Sucre” se llama el capítulo dedicado a Nariño, titulado así porque en La Unión fue recibido por comitiva con alcalde a la cabeza y conducido al lugar mismo donde fue asesinado el Abel de América, quizá por el encono pastuso, cuándo éste dejó al antojo de la soldadesca atropellar a la realista ciudad de Pasto en 1822, en la llamada Navidad Triste. Anota que en un libro, de lo que él llama el Ayuntamiento, quizá la Alcaldía o el Consejo Municipal, dejó un mensaje a Sucre, interesante rastrearlo y saber cuál fue éste. Así  reseña el ilustre visitante su visita:</p>
<p>“<em>En La Unión tuvimos la sorpresa de que se nos recibiera de fiesta, con un arco enflorado y gentes de a caballo, comisiones y bullicio popular. Alguien había corrido la noticia con la debida anticipación y nos hallamos todo un programa que tuve que acortar, pues no quería perder tiempo en el camino. Lo esencial fue que se aprovechó nuestra visita para un homenaje a Sucre, cuyo monumento está a poca distancia, en Berruecos, en el sitio mismo que cayera asesinado por los dictadorzuelos que aprovecharon la independencia. En caballos, en carros y a pie se transportó el vecindario, circundó la modesta columna de piedra blanqueada que, a un lado del camino, recuerda al viajero la tragedia más penosa de nuestra historia. Rememorarla es confirmar la condena del militarismo, que desapareció de Colombia, pero sigue deshonrando territorios de nuestra estirpe. Y por lo mismo que Colombia supo extirpar a tiempo la plaga, Sucre se ha vuelto allá el símbolo de todo lo que es noble y puro en la historia. La improvisada ceremonia resultó conmovedora por la nitidez con que los vecinos de la remota ciudad entendieron mi caso de víctima del militarismo mexicano, vendido al yankee. En lugar de honor quedó mi corona de flores con otras del Ayuntamiento y de sociedades locales. Y no hubo soldados en la ceremonia, no vimos uno solo en todo el recorrido; apenas si ya en Ipiales, en la frontera con Ecuador, hallamos guarnición, y por cierto muy bien instalada en un cuartel flamante, y bien vestida y cortés la oficialidad. Y de todos respetada porque no interviene en la política, no ejerce mando alguno civil, no estorba la autoridad del alcalde. Fiel a la tradición castiza, el alcalde gobierna poblados y ciudades en todo Colombia. En el libro que guarda el Ayuntamiento de La Unión me hicieron escribir un homenaje a Sucre; luego se nos despidió entre vítores y manos que se alzan, en el deseo del buen viaje</em>.</p>
<p><em>Durante mucho tiempo guardé, con cariño, la fotografía que se tomó al pie del monumento y que fue a alcanzarme a Pasto, firmada al calce por cada uno de los claros varones que son custodios de la tradición heroica encarnada en Sucre.”</em></p>
<p>Continuando el viaje al sur, llega a Berruecos, llamándole la atención los viejos puentes, que hoy son considerados Patrimonio Cultural de la Nación, así como los restos de las tumbas preincaicas, la mayoría hoy saqueadas, que demostraban la antigüedad poblada del territorio. Debió impresionarle el paisaje del Juanambú, por donde se trazaba la carretera que conectaba al Sur con Popayán, la cual se construiría afanosamente durante y después de la guerra con el Perú.</p>
<figure id="attachment_93974" aria-describedby="caption-attachment-93974" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-93974" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-300x175.jpg" alt="Camino por el Juanambú (Veatch, 1913)." width="300" height="175" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-300x175.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-150x88.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-768x449.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-1024x599.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913.jpg 1151w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-93974" class="wp-caption-text">Camino por el Juanambú (Veatch, 1913).</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>“Como espectáculo, el más hermoso trayecto es el que parte de Berruecos rumbo a Pasto. Un viejo camino real sube atrevido enlazando montañas cubiertas de verdor, ríos y barrancas. La vegetación se hace densa en las cañadas. En las cuestas sopla viento gélido. En todos sentidos se miran picos y macizos montañosos que convergen hacia el famoso nudo de los Andes, señalado por Humboldt. Después de zigzags, a la falda de las cumbres, baja el camino por una vereda estrecha que conduce al cañón del Juanambú. Desde un voladero se descubre una corriente clara y sobre ella el arco de mampostería de un viejo puente. Despacio se saborea el panorama bárbaro, sin embargo, marcado con el sello latino del pretil y el arco que parecen acomodados a la perennidad de la naturaleza misma. Y el paisaje se repite variando apenas; se trepa fatigosamente para volver a bajar por quebradas asombrosas. Es frecuente topar viajeros con sus cargas y abundan las aldeas. Donde hay ríos se establece el hombre, hoy lo mismo que en la prehistoria, según lo prueban las tumbas de los cubos, anteriores al inca, a orillas del Juanambú.</em></p>
<p><em>Empieza ya a oscurecer cuando gozamos la emoción de pisar los terraplenes de la carretera que se estaba construyendo entonces, a partir de Pasto, y que, según entiendo, corre hoy por todo el Patía. Pero faltan aún muchas leguas y varias horas de caballo para llegar a Pasto, el término de nuestras fatigas. Nubarrones cargados amenazan con aguaceros, más temibles aún porque ya vamos entumecidos por el frío de las alturas. Doblega la espalda uno de esos quebrantos que hacen desmayarse al nadador, en el momento de ganar pie, a la vista de la playa. De pronto, en la lejanía y a la vuelta de una de tantas cuestas, brillan luces de faros de automóvil; un par de ojos luminosos primero, luego otros, y otros más. ¿Quiénes pueden ser y a dónde pueden dirigirse, si detrás de nosotros ha quedado la zona intransitable para los vehículos?”</em></p>
<p>La próxima semana la segunda parte de este viaje por el Sur de Colombia.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93972</guid>
        <pubDate>Thu, 23 Mar 2023 13:01:08 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[José Vasconcelos en el Sur de Colombia  (Parte 1)]]></media:description>
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                            </item>
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        <title>La piel que elegimos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/la-piel-elegimos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Desde que mataron o encanaron a sus precursores ya no son tan ostentosos ni hacen tan evidente su afán de protagonismo. Eso se lo dejan a unos mimados con ilusión de jeques que adoptaron nuevas elegancias como megáfono de sus poderes heredados. Los que conservan los brillos empalagosos son recicladores de estéticas. Estos nuevos se [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400">Desde que mataron o encanaron a sus precursores ya no son tan ostentosos ni hacen tan evidente su afán de protagonismo. Eso se lo dejan a unos mimados con ilusión de jeques que adoptaron nuevas elegancias como megáfono de sus poderes heredados. Los que conservan los brillos empalagosos son recicladores de estéticas. Estos nuevos se distanciaron del llamar la atención ridículamente porque la primera generación de traquetos les enseñó que más vale una vida de lujos solapados que una cárcel en Estados Unidos o una bala prematura en cualquier acera.</span></p>
<figure id="attachment_93294" aria-describedby="caption-attachment-93294" style="width: 376px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93294 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco.jpg" alt="" width="376" height="375" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco.jpg 376w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco-150x150.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco-300x300.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 376px) 100vw, 376px" /><figcaption id="caption-attachment-93294" class="wp-caption-text">Estrella Hermila Ramos creció bajo el yugo y los privilegios de su padre Juan &#8220;Johnny&#8221; Ramos, precursor del Cartel de Sinaloa. Crédito <a href="https://www.instagram.com/shaulschwarz/?hl=en">Shaul Schwarz</a> para la <a href="https://www.marieclaire.com/culture/news/a3279/mexican-drug-cartels/">revista Marie Claire</a></figcaption></figure>
<p><span style="font-weight: 400">Una mirada apenas aguda puede <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43835654">reconocerlos</a>: unos más jóvenes que otros, algunos de ellos con títulos y nombres divinamente, ya adoptados por las élites, pero <a href="https://www.infobae.com/america/mexico/2018/08/03/los-nuevos-narco-juniors-mexicanos-quienes-son-y-cual-es-su-sello/">todos con la misma mirada nerviosa</a>, la misma inseguridad de sus rabos de paja. Son cautelosos, pero logran hacer <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/pelea-de-petro-y-el-fiscal-por-cancelar-mesa-tecnica-de-la-sae-BH20144353">maniobras para comprar Fiscalías</a>. Viajan en asientos privilegiados, tratando de disimular operaciones y rellenos, ostentan conocimientos en financias mundiales, posan de empresarios o integrantes de alguna Unidad de Trabajo Lícito (UTL), pero fallan al disimular.</span></p>
<figure id="attachment_93283" aria-describedby="caption-attachment-93283" style="width: 767px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-93283" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-767x1024.jpeg" alt="Ilustra la posición de la fiscalia frente e los hijos de los mafiosos" width="767" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-767x1024.jpeg 767w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-112x150.jpeg 112w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-225x300.jpeg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-768x1025.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19.jpeg 1196w" sizes="auto, (max-width: 767px) 100vw, 767px" /><figcaption id="caption-attachment-93283" class="wp-caption-text">Comunicado oficial para no hacer investigaciones sobre propiedades de la mafia. Los resultados no hablan por la Fiscalía.</figcaption></figure>
<p><span style="font-weight: 400">Pero todavía hay <a href="https://www.elcorreo.com/internacional/america-latina/muere-popeye-jefe-20200207214721-nt.html">algunos</a> que conservan huellas de la era estridente de los carteles. Me crucé con uno en algún aeropuerto, en una de esas caravanas parsimoniosas de emigración en las que unos agentes escanean, otros controlan, otros verifican la validez de los pasaportes y otros conducen a los menos afortunados a las salas aisladas de Alerta Aeropuerto. Me generó un asco que no sentía hace años. No tuve la calma para expresarle mi aversión, o asumir la vocería de una generación que creció entre bombas, secuestros y las esperanzas que generaba una gran Constitución.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">El hombre llevaba por lo menos una cabeza de altura, aunque una jiba le empieza a pegar el mentón a un pecho cansado. Tendría unos cincuenta años. Se ocultaba bajo una gorra cualquiera y se había dejado crecer la barba canosa siguiendo la tendencia del que se quiere venderse como leñador. Tenía los brazos descubiertos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Yo, que algo sé de las imágenes icónicas de Colombia, reconocí en su antebrazo derecho la mirada burlona de Pablo Escobar Gaviria preso en 1976, cuando sonrió para la foto de registro penitenciario, sabiendo que le apretaba el gaznate al país y que su horda de políticos, agentes, sicarios, patrulleros, <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/yohir-akerman/licencias-que-matan/">directores de controladoras aéreas</a>, traficantes y matones impediría que sobre él cayera alguna forma de justicia seria. </span></p>
<figure id="attachment_93297" aria-describedby="caption-attachment-93297" style="width: 715px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-93297" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-715x1024.jpg" alt="" width="715" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-715x1024.jpg 715w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-105x150.jpg 105w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-209x300.jpg 209w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-768x1100.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 715px) 100vw, 715px" /><figcaption id="caption-attachment-93297" class="wp-caption-text">De Colombian National Police &#8211; Colombia National Registry; <a href="https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=49892673">Colombian National Police</a></figcaption></figure>
<p><span style="font-weight: 400">Ya he visto visto camisetas y mugs destinados a turistas pubertos, malinformados y ansiosos por gritarle al mundo que son tan simples como las drogas, el sexo y el reguetón que motiva su vida meimportaculista. Pero una cosa es adoptar estereotipos ramplones en visitas en las cuales gastan poco y delinquen mucho y otra es ofrecer la propia piel como lienzo prostituido por la mafia.</span></p>
<h3><span style="font-weight: 400">El zig zag de la fila volvió a dar sus curvas. Confirmé que el rostro del peor criminal de la historia colombiana no era lo único que el malandrete (que también entraba a mi país de destino) se había tatuado.</span></h3>
<p><span style="font-weight: 400">En el otro brazo estaba lo que también reconocí como patrimonio de mis pesadillas: la estructura de un edificio de por lo menos diez plantas cuyos marcos heridos dejaban ver los pasadizos vaciados por el horror. El tatuador había dibujado con sevicia y precisión la escena desgarradora que generó la bomba contra el DAS el 6 de diciembre de 1989: dos carros en primer plano, uno de ellos un taxi, destruidos por la expansión de más de 500 kilos que los lamesuelas de la cocaína detonaron cobardemente contra la vida de 53 personas, la integridad de otras 600 y la salud mental de un país entero.</span></p>
<figure id="attachment_93296" aria-describedby="caption-attachment-93296" style="width: 984px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93296" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE.jpg" alt="" width="984" height="655" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE.jpg 984w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE-768x511.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 984px) 100vw, 984px" /><figcaption id="caption-attachment-93296" class="wp-caption-text">Fotos Archivo<a href="https://www.elespectador.com/judicial/la-bomba-contra-la-justicia-article-531711/"> El Espectador</a></figcaption></figure>
<p><span style="font-weight: 400">Entre la estupefacción y el asco seguí con la mirada al tipo. Otro tatuaje leí en su nuca: “Plata o plomo”. La caligrafía enrevesada bien podría también anunciar la marca de un lubricante íntimo o el nombre-marca de cualquier reguetonero que canta luchando contra el estreñimiento.</span></p>
<h3><span style="font-weight: 400">Tres marcas se mandó a hacer este pelandrún para venderse como simpatizante de un cartel que asesinó, robó y dañó a través de la cobardía y la bajeza, que incluso traicionó a sus propios integrantes para mantenerse con el negocio y escalar en el poder. </span></h3>
<p><span style="font-weight: 400">El trácala los exhibía sin pena, acaso inconsciente de la vergüenza y la rabia que despierta. Seguía la línea del casquivano, diciéndole a medio mundo que simpatizaba con lo más bajo de la humanidad.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Supongo que tipos así se extinguirán poco a poco. Seguirán ostentando sus relaciones (ficticias o reales) con los grupos más asquerosos de la historia, retorciendo cada vez más silenciosos narrativas de salvadores y provocadores para justificar su adoración por el que supo hacer las cosas “a su manera” y “no dejarse de nadie”. Algún día los &#8220;artistas&#8221; dejaran de copiar las ostentosidad  y el mercado volverá a preferir el talento a las ganas baratas de atención. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Mientras tanto no es de extrañar que los hilos de la mafia lo operen taimados de corbatas finas y <a href="https://www.portafolio.co/tendencias/las-empresas-fachada-y-bancos-del-capo-rodriguez-orejuela-566276">empresas fachada</a>. Finalmente los números de producción y consumo de cocaína <a href="https://www.bloomberg.com/news/articles/2022-09-01/world-s-biggest-cocaine-producer-rethinks-the-war-on-drugs-q-a#:~:text=Colombia%2C%20the%20world's%20biggest%20producer,backed%20by%20US%20military%20aid.">siguen en escalada</a>. Qué importa el resto si hay un buen negocio&#8230;  </span></p>
<h5><span style="font-weight: 400"><strong>Ningún moralismo acompasa estas palabras.</strong> </span></h5>
<p><span style="font-weight: 400">Todos los seres vivos son cuadros complejos y se construyen a partir de una variedad de grises. Expreso un sentimiento de lástima por alguien que no se sabe discípulo de lo ruin, apenas un instrumento de quienes nunca aceptaron que tenemos que vivir bajo mínimas reglas para no perdernos ante leyes agresivas de la supervivencia del menos peor.</span></p>
<p>Sigo a un <a href="https://www.huffingtonpost.es/entry/paradoja-de-la-tolerancia-karl-popper-hit-daniel-grao_es_5f69e153c5b655acbc6fce71.html">Popper</a>, a lo mejor trastocado por la rabia al expresar mi absoluta resistencia a aceptar o siquiera tolerar este gesto de crueldad descarada. No tolero lo que no tolera unos mínimos principios por la compasión.</p>
<p><span style="font-weight: 400">Tatuarse es la prueba de presencia en el mundo, en palabras de <a href="https://www.academia.edu/40443400/David_Le_Breton_El_tatuaje">David LeBreton</a>. Intervenir la piel es ir más allá del color que nos diferencia o nos une a los otros. Es el paisaje de nuestra vida, las marcas que elegimos expresar, una seña que se abre a los demás para que nos interpreten. </span></p>
<figure id="attachment_93295" aria-describedby="caption-attachment-93295" style="width: 578px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-93295" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-578x1024.jpg" alt="" width="578" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-578x1024.jpg 578w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-85x150.jpg 85w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-169x300.jpg 169w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-768x1360.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940.jpg 1170w" sizes="auto, (max-width: 578px) 100vw, 578px" /><figcaption id="caption-attachment-93295" class="wp-caption-text">Mi propio tatuaje</figcaption></figure>
<p><span style="font-weight: 400">Aquel anónimo vocero del crimen canta con nostalgia tribal otra gentuza que arruinó vidas y países y que sigue causando sufrimiento en campos y ciudades. Arma una narrativa de sí mismo basado (al menos en estos tres adefesios) en su simpatía por incontables muertes injustificadas, crueles y feroces.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Las <a href="https://elcomercio.pe/noticias/cartel-jalisco-nueva-generacion/">nuevas generaciones de narcos</a> (que abundan) y terroristas (los de verdad, no los que imponen los dueños de las guerras) son menos ruidosos. Pasan desapercibidos, acaso porque ahora su red de contactos es más sutil y amplia, más silenciosa en la eficiencia de los procesos por estar cada vez más cerca de los poderes. Otro se han quedado con la estética de barrio falseado por el oro y la música fácil, inventándole altura a los oficios ruines. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ellos, los que controlan el negocio desde <a href="https://www.portafolio.co/tendencias/las-empresas-fachada-y-bancos-del-capo-rodriguez-orejuela-566276">emprendimientos fachada</a> o <a href="https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB131/index.htm">cargos públicos</a>, ya no se dan a sumar muertos porque han entendido que lo espectacular de la guerra sucia está reservado para los pobres. Como parte de la estrategia distractora botan al caldero a unos que se tragan un cargamento menor en <a href="https://www.lanacion.com.ar/seguridad/como-es-el-proceso-por-el-que-pasan-las-mulas-para-expulsar-la-droga-nid1699049/">bolsa de condón</a>. Dotan con armas a unos que tienen hambre, más rabia, poco corazón y sangre barata. A otros les ragalan tatuajes. Seguro se lo celebran. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Y sudan sus perfumes discretos cuando ven las filas que hacen los que tienen que hacer inmigración por ventanillas insomnes y no por la que aceptan sus pasaportes diplomáticos o sus <a href="https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/juan-lozano/columna-de-juan-lozano-el-rebajon-733922">torcidos impunes</a>. No se tatúan. No les hace falta. Callan el estigma pestilente en el alma que les tocó. No eligen nada para su piel. Porque no pueden. </span></p>
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        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93278</guid>
        <pubDate>Fri, 20 Jan 2023 16:39:47 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La piel que elegimos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
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