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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Velásquez | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Elizabeth Taylor (1932-2011)</title>
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        <description><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de pestañas. Una pareja de Arkansas se muda a Londres y es allí donde nace su segunda hija, pero debido a la Gran Guerra la familia decide trasladarse a Estados Unidos, y concretamente en la Meca del Séptimo Arte, donde la madre esperaba prosperar con su iniciativa de montar una galería de arte. Desde los tres años Elizabeth comenzaría su educación para convertirse en estrella, y pese a que la madre, dado su experiencia, no gustaba mucho que su hija se inclinara por las artes escénicas. Se trataba de una actriz retirada que no consiguió nunca alcanzar el estrellato, pero que había sin embargo adquirido la experiencia que le permitía comprender cómo operaba el tejemaneje dentro del mundo del cine y de la actuación. Sabía de primera mano que Hollywood “habitualmente veía una futura película para cada cara bonita”, así lo decía toda vez que los actores y actrices y ejecutivos de la industria que frecuentaban su galería reparaban en los encantos histriónicos de su pequeña hija y en su inevitable mirada color violeta. La madre no terminaba de convencerse ya que sus planes eran regresar a Inglaterra una vez acabara la guerra, negándose a la propuesta de casting que le habían ofrecido a su hija para participar de la mega producción que se consagraría como una leyenda del cine: <em>Lo que el viento se llevó.</em> No obstante, las productoras encontraron potencial en los ojos de esa niña, y en una disputa entre MGM y Universal Pictures Elizabeth acabaría firmando un contrato con la segunda en el que le ofrecían cien dólares semanales durante siete años. A los 9 años tuvo su primera aparición en la única película que finalmente filmaría con Universal Pictures y que sería de poca notoriedad: <em>There’s one born every minute. </em>Un año más tarde figuraría como parte del elenco de la película <em>Lassie Lassie come home, </em>además de participar como préstamo a la productora 20th Century Fox en la adaptación de la novela de Charlotte Brontë, <em>Jane Eyre, </em>y al año siguiente viajaría a Inglaterra para el rodaje de la película producida por MGM, <em>Las rocas blancas de Dover. </em>Pero sería ese mismo año de 1944 con la película <em>Fuego de juventud </em>que Elizabeth enamoraría con su interpretación de Velvet Brown, aquella niña que sería vista como una heroína juvenil luego de que rescatara a un caballo que estaba a punto de ser sacrificado y hasta convertirlo en un competidor de carreras. Durante el rodaje Elizabeth caería de un caballo dejándole secuelas en la espalda y que tuvo que padecer durante el resto de su vida. La niña de 12 años de ojos color violeta estaría acompañada por el también pequeño Mickey Rooney, y la película representaría un éxito tanto en taquilla como en la vida personal de la actriz, que recuerda este film como el “más emocionante” de una carrera que en aquel entonces apenas comenzaba. MGM recaudó una suma superior a los cuatro millones de dólares y le extendió el contrato a la prometedora actriz. En 1946 vendría la película <em>Courage of Lassie, </em>y para aquel momento la ya codiciada adolescente facturaba 750 dólares por semana. La talentosa actriz era conocida como <em>“One shot Liz” </em>por su eficacia al momento de actuar, donde lo más común es que le bastara con rodar una sola vez la escena para convencer a los directores de que no se haría necesario volver a repetir. Para muchos actores fue traumático el cambio del cine mudo al cine sonoro y después el color, pero nada de esto le sucedió a Elizabeth, quien se adaptaría al sonido, y sería gracias al color que los espectadores pudieron por fin enterarse del encanto y la peculiaridad cautivante de su mirada única. Y con esa única exposición de sus ojos color violeta sería ya más que suficiente. En adelante fueron varias las películas exitosas en las que participó Taylor, destacándose en su papel de Mary Skinner en <em>Life with father, </em>de 1947, y de ese mismo año encarnando a Cynthia Bishop en la película <em>Cynthia; </em>al año siguiente en el rol de Susan Prackett en la película <em>Julia Misbehaves </em>y como Carol Pringle en <em>Así son ellas</em>; y para ese mismo año se embarcará con rumbo hacia Inglaterra en el <em>RMS Queen Mary, </em>pretendiendo con la película <em>Conspirator </em>dar ese paso que a tantos actores les resulta imposible cuando comienzan de niños sus carreras. Elizabeth no tuvo mayores inconvenientes en hacer la transición de adolescente a mujer adulta, siendo que para entonces sus atributos físicos eran los de una mujer enteramente desarrollada, y aunque el filme no tuvo una buena aceptación entre el público, la crítica aplaudiría la actuación de una Elizabeth Taylor que mostraba el talento y el profesionalismo de una mujer ya mayor. El papel no le quedó grande y fue así como su última interpretación de jovencita sería en 1949 con la película <em>Little women. </em>Para la próxima década Elizabeth Taylor conseguiría protagonizar varias películas, y así también en su vida personal sería protagonista de cuatro matrimonios. Era sin duda la más pretendida, e incluso el multimillonario y dueño de la productora RKO, Howard Hughes, se atrevió a ofrecerle a la madre de Taylor la jugosa cifra de un millón de dólares si conseguía disuadirla para que se casara con él. Sin embargo Elizabeth nunca fue tentada, y según se dice este comentario solamente le generaría un “ataque de risa”. Para 1950 contrae matrimonio por primera vez con un joven aburguesado conocido como “Nicky”, a quien no soportó su desmedida ambición por el juego y la juerga y sobre todo por una “conducta abusiva” que según confiesa la actriz, y que derivaría en un aborto, por lo que la relación no llegaría a durar ni siquiera un año. Dos años más tarde se casaría de nuevo, esta vez con un actor inglés veinte años menor que ella, y con quien tendría a sus primeros dos hijos. Inicia la década y con esta un sartal de nuevos éxitos, entre los que se destacan su interpretación de Kay Bancos junto a Spencer Tracy en la comedia <em>Father of the bride, </em>y para el año siguiente <em>El padre del abuelo, </em>y junto a Montgomery Clift encarnando a la antipática adinerada Angela Vickers en la película <em>A place in the sun</em><em>. </em>Cuatro décadas después dicha película sería incluida en la reserva fílmica del National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y cuyos filmes en custodia son resguardados por considerárseles de alto valor “cultural, histórico, o estéticamente significativos”. Dulce, bonita, agraciada, a Elizabeth no le gustó nunca que la llamaran “Liz”, insistiendo en que esto lo sabían muy bien las personas realmente cercanas a su vida. Para ese momento ya era latente una cierta rivalidad que persistiría a través del tiempo con la gran leyenda del cine, Marilyn Monroe, quien competía con Taylor a través de la 20th Century Fox, y pese a que los papeles que solían representar fueran tan distintos. Marilyn se decantaba por la comedia encarnando a la chica sensual, hilarante y algo estúpida y que a la postre la consagraría como un símbolo sexual, mientras que Taylor prefería los papeles en los que pudiera mostrar la faceta de una mujer angustiada, compleja, abatida por el drama. En 1952 actuaría junto a Joan Fontaine en la película <em>Ivanhoe, </em>y dos años después dos éxitos de taquilla: <em>La senda de los elefantes </em>y <em>La última vez que vi París. </em>En 1956 se da el lujo de compartir plató con una leyenda del cine al que le bastaron tres películas para consagrarse como mito, el galante James Dean, en la memorable película <em>Giant</em>; y para 1957 por su papel en la película rodada bajo un escenario que recordara la Guerra de Secesión, <em>El árbol de la vida, </em>la actriz recibiría una primera nominación a los premios de la Academia en la categoría de Mejor Actriz. Ese mismo año Taylor se divorciará de su segundo marido y en cuestión de un par de meses estará contrayendo nuevas nupcias. Mike Todd era un productor de cine con quien tuvo a su tercera hija, y con quien a pesar de llevar una relación no muy fluida, sería considerado por Elizabeth como uno de sus grandes amores. El productor moriría un año más tarde en un accidente de avión, y tras unos meses de luto, la necesidad de estar en pareja la llevaría a sumar un cuarto marido a su prolífico prontuario conyugal. El cantante Eddie Fisher era el mejor amigo de su exmarido y estaba casado con la reconocida actriz Debbie Reynolds, y quien luego de estar consolando a Elizabeth acabaría involucrándose con ella a nivel sentimental. El cantante dejaría a Debbie y su relación con Elizabeth desataría sin duda toda clase de escándalos, tildando a Taylor de roba maridos y ganándose sin duda el desprecio de Reynolds. Años más tarde las actrices se reconciliarían y para ese momento Debbie declararía que “en los viejos tiempos si Elizabeth veía a un hombre que quería, lo conseguía, no importaba a quien pisara por el camino.” Para cumplir a la religión de su futuro marido la actriz tuvo que convertirse al judaísmo, pero esto no significaría ningún impedimento siempre que lograra consumarse formalmente la unión. Y es que a pesar de que su historial pareciera el de una consumada libidinosa, Taylor aseguraba que su sexualidad era un asunto que compartió exclusivamente con sus esposos: “Sólo me he acostado con hombres con los que me he casado. ¿Cuántas mujeres pueden decir eso?” En 1958 protagoniza junto a Paul Newman la obra teatral de Tennessee Williams adaptada al cine, <em>Cat on a hot tin roof </em>(La gata sobre el tejado de zinc), y cuya actuación le valdría su segunda postulación al Premio Oscar, así como su primera candidatura para los premios BAFTA en la categoría de Mejor Actriz Británica. La década de los sesenta la cerraría con tres filmes que representarían algunos premios y distinciones. <em>Butterfield 8, </em>y después vendría junto a Katharine Hepburn <em>Suddenly, last summer</em>, película que le valdría una tercera postulación a la codiciada estatuilla del Oscar y así como el reconocimiento a su actuación con el Globo de Oro. Para ese momento Taylor igualaba a Marlon Brando en número de nominaciones una tras otra, siendo cuatro años consecutivos postulada para ganar el premio Oscar. Y es así como Elizabeth cerraría la década con broche de oro alzándose finalmente con el premio de la Academia a la Mejor Actriz, y que le sería otorgado luego de encarnar a una prostituta de lujo en la película de 1960, <em>Una mujer marcada.</em> Y una vez más Elizabeth Taylor protagonizará un divorcio, una nueva película y un nuevo amor. El amor y la película vinieron juntos cuando ambos protagonizaron uno de los proyectos más ambiciosos del cine y quizás el más costoso de todos los tiempos: <em>Cleopatra.</em> Taylor firmó un contrato por un millón de dólares pero debido a varios inconvenientes y retrasos la actriz acabaría embolsillándose casi siete. Durante el rodaje tuvo la oportunidad de conocer a su co-protagonista, Richard Burton, y según afirman todos y cada uno de los testigos, el fuego entre la pareja persistía incluso cuando se apagaban las luces, y la química entre los dos resultó siendo más incendiaria que la pasión vivida por Cleopatra y Marco Antonio. El director comentó que era tanto la tensión sexual entre ambos que era como “estar encerrado en una jaula con dos tigres”. A pesar de que al conocerse ambos se encontraban casados, el par de estrellas se las arreglaron para contraer matrimonio, y hasta el mismísimo Vaticano se escandalizaría con la relación tildando el encuentro como un “vagabundeo erótico”; por otro lado la prensa gozaría con la pareja estelar del <em>Jet Set, </em>los bellos y famosos “Rick y Liz” rodeados de lujos y prestigios. La pasión de Elizabeth por las joyas era desmedida, y su esposo conocía de sobra esta debilidad. “Mi madre dice que no abrí los ojos hasta ocho días después de nacer, y que cuando lo hice fue para engancharme a su anillo de casada”, confesaba Taylor. Dos joyas le regaló Burton a su mujer y que destacan por su valor e historia: el <em>Diamante amarillo de Krupp</em> y la <em>Perla Peregrina</em>, pieza esta última que perteneció a Felipe II y que aparece retratada en algunos cuadros de Velásquez. “Las chicas grandes necesitan diamantes grandes”, es lo que solía decir. En 1964 la pareja adoptaría a una niña y pasados diez años de una relación borrascosa, y como era costumbre en Taylor, deciden poner fin a su matrimonio y establecer el divorcio. Sin embargo un año después se reconciliarían y una vez más volverían a casarse, esta vez en Bostwana, y en donde Burton le regalaría a su esposa un diamante de 69 quilates y cuyo costo superó el millón de dólares, a parte de una verdadera proeza que constituyó su adquisición, y que en la década de los ochenta la actriz revendería la joya conocida como Taylor-Burton con la intención de recaudar fondos para fines benéficos en el continente africano. Taylor recuerda a ese hombre con quien compartió el set en once películas como a uno de sus grandes amores, y del cual acabaría separándose una vez más al año siguiente. Tres filmes notables de aquella época:<em> La mujer indomable </em>dirigida por Franco Zeffirelli, <em>Reflejos en un ojo dorado </em>junto a Marlon Brando, y <em>¿Quién le teme a Virgina Woolf? </em>del director Mike Nichols, y cuyo papel es según muchos el mejor de su carrera, representando para ella su segundo galardón del Oscar como Mejor Actriz. Para 1971, y ad portas de los 40 años, Elizabeth ajustaba cinco matrimonios y se había convertido en abuela. Su participación en el cine comenzó a escasear, dedicándose más a la televisión, siendo así que para 1973 la veríamos actuando en la primera película producida para la tele, <em>Divorce his-Divorce hers</em>. Ese mismo año se presentaría en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián para dar a conocer su más reciente film: <em>Una hora en la noche.</em> En 1976, fiel a su costumbre de permanecer casada, Elizabeth vuelve a apostarle al matrimonio, y en esta ocasión será con un político republicano, y a quien elegiría a último momento ya que también tenía un amorío con un abogado mexicano (con quien también estuvo a punto de casarse antes que sufrieran juntos un accidente de coche y decidieran cancelar la boda). En 1976 la veremos junto a Ava Gardner y Jane Fonda en la película dirigida por George Cukor, <em>El pájaro azul, </em>y al siguiente año en la película escrita por Ingmar Bergman, <em>A little night music (Dulce Viena); </em>y finalmente comenzar los años ochenta junto a Tony Curtis y Kim Novak en el film basado en una novela de Agatha Christie, <em>El espejo roto. </em>Los años siguientes la carrera actoral de Elizabeth se volcó más hacia el teatro, destacando su presencia en Broadway a comienzos de la década de los ochenta con dos obras que también produjo: <em>Private lives, </em>y aquella por la que sería nominada al Premio Tony, <em>The Little foxes. </em>En la televisión cosechó un sartal de participaciones en series, destacándose <em>General Hospital</em>, <em>All my children, Between Friends </em>y<em> North and South, </em>y un par de películas como <em>Poker Alice </em>y <em>Malice in Wonderland. </em>En 1988, y luego de ausentarse durante casi ocho años de la gran pantalla, Taylor regresa interpretando a una cantante de ópera con la cinta <em>Young Toscanini, </em>y al año siguiente una película para la televisión,<em> Sweet bird of youth,</em> en donde encarnará a una actriz venida a menos y que padece trastornos a causa del alcoholismo. La historia parecía calcada de la realidad. La carrera de Taylor tampoco andaba muy bien, y la relación con su esposo la afectaría tanto, que años más tarde confesó haberse vuelto por esos años una adicta al alcohol. Vodka, sirope de chocolate y un par de cubos de hielo, ése era el trago que inventó Taylor y que es un conocido como el cóctel “Chocolate Martini”. Y es así como se divorciaría de nuevo y pasado un tiempo ya estaría sumida en otra relación. “Soy una esposa muy comprometida. Y debería ser comprometida, por casarme tantas veces”, decía bromeando, sin sospechar que aún quedarían un par de matrimonios más para sumar al listado. El siguiente era un hombre menor que ella, un obrero al que había conocido años atrás y con quien contrajo nupcias a comienzos de los años noventa en la afamada mansión <em>Neverland, </em>de su amigo el “Rey del Pop”<em>. </em>Taylor sostenía desde hacía mucho tiempo una amistad con Michael Jackson, incluso sería ella misma en una premiación quien le daría el apelativo por el que se le conocerá siempre como la máxima eminencia de la cultura pop, y años más tarde cuando el cantante se vio involucrado en asuntos legales por abuso infantil, Taylor sería una de tantas que saldría a testificar a favor del buen nombre de su amigo, y así mismo no podría haber faltado al entierro de la estrella de la música mundial en el cementerio Forest Lawn. Por su parte Jackson compuso una canción para la actriz titulada <em>Elizabeth I love you, </em>y para la historia quedará una de tantas fotografías memorables en las que aparecen ambos y que fue elegida como portada para el álbum <em>Jackson History. </em>A comienzos de los años noventa Elizabeth participa en un tributo póstumo que se le rinde a Freddie Mercury, quien moriría por causa del sida, emprendiendo una fuerte campaña humanitaria para alertar sobre el contagio y recaudar fondos para la investigación de la enfermedad, labor que ya venía abanderando desde hacía casi diez años, y por lo que en 1992 le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Llevaba ya seis años sin volver a las salas de cine, y regresa para 1994 compartiendo el set con John Goodman y Rosie O’Donnell en la película infantil, <em>Los Picapiedras, </em>siendo una elección desacertada, luego de que fuera nominada a los premios Golden Raspberry en la categoría Peor Actriz Secundaria. En 1996, ya divorciada, se compromete en matrimonio con el que fuera su octavo marido, pero acaba cancelando la boda puesto que otro pretendiente -que hombres nunca le faltaron- llegó antes y sería, éste sí, su último matrimonio. En 1999 le otorgan el Premio BAFTA a la trayectoria y un año después la Reina Isabel II la nombra Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico. La American Film Institute la ubicó en el séptimo puesto entre las actrices más destacadas del siglo XX. Su última aparición sería en la película para la televisión de 2001, <em>These old broads, </em>año que será recordado por el fatídico 11 de septiembre, que según la leyenda sorprendió juntos a Michael Jackson, Marlon Brando y Elizabeth Taylor, y sobre lo cual se han inventado toda clase de anécdotas, en donde las tres grandes estrellas emprendieron una huida por carretera para refugiarse a las afueras de New York, sorprendiendo a su paso a cualquier curioso que no pudiera creer los ocupantes del carro que les pasó por el lado: un tipo andrógino conduciendo, una copiloto de ojos violeta con los pelos revueltos, y ocupando casi por completo la silla de atrás un gordo enorme parecido a un mafioso italiano. En el 2003 Taylor se negó a asistir a la gala de los Oscar manifestando su abierto rechazo a la intervención de tropas estadounidenses en Irak. Los problemas sentimentales que fueron comunes en su vida estuvieron acompañados por dolencias y enfermedades que fueron surgiendo con cada amante. Fue hospitalizada más de setenta veces y tuvo que ser sometida a más de veinte operaciones, y fueron varias las ocasiones en las que la prensa se anticipaba señalando que Taylor tenía las horas contadas. Bajaba de peso hasta alcanzar los 50 kilos y unos meses más tarde recobraba 30; fue tratada por unas manchas que revelaron los rayos X en sus pulmones y que era debido a su adicción al tabaco; se dislocó cinco veces la espalda y tuvo que ser operada en dos ocasiones para remplazar sus caderas; sufría de disentería y flebitis y tuvo que someterse a una histerectomía y a una perforación en el esófago; superó un tumor cerebral y el cáncer de piel, y en dos ocasiones sobreviviría a fuertes ataques de neumonía. Sus últimos años estuvo lidiando contra la adicción al alcohol y a los barbitúricos, y hacia finales de los años ochenta la veríamos usando una silla de ruedas para desplazarse, y esto debido a la enfermedad de la escoliosis (que era su defecto de nacimiento) y a la osteoporosis que ahora la aquejaba en la edad adulta. Debido a una insuficiencia cardiaca tuvo que ser intervenida quirúrgicamente con el fin de incrustarle una válvula en su corazón, y antes de ingresar al hospital quiso advertir a sus seguidores a través de <em>Twitter</em>: “Queridos amigos, me gustaría hacerles saber antes de que esté en los periódicos que me voy al hospital para una operación en mi corazón. Les haré saber cuando esto esté acabado. Con amor, Elizabeth.” Y fue así como se despidió del mundo la gran estrella del cine hollywoodense, dejando un saludo de amor. Llevaba ya casi cuatro décadas sin que se destacara en ninguna de sus películas, ninguna fue un éxito en taquilla, pese a lo cual sus finanzas nunca se vieron comprometidas y ciertamente se trató de una millonaria. Comenzaría ganando cien dólares y acabaría firmando contratos con más de seis ceros, convirtiéndose en una de las actrices mejor pagas y la primera en ganar un millón de dólares por su actuación en una película. Pero sería debido a su faceta empresarial que Elizabeth Taylor conseguiría amasar una fortuna. Fue una de las primeras estrellas en emplear su propia imagen como el producto principal de lo que ofrecía, vendiendo con éxito ropa y cosméticos que le permitirían consolidarse como una próspera empresaria. Al morir su riqueza estaba valorada en cientos de millones de dólares. “El éxito es un gran desodorante”, remarcó quien tenía sobrada experiencia en el asunto. Nada menos que sus joyas valían ya una fortuna, las cuales junto a sus onerosos vestidos serían subastados después de su muerte, y los fondos recogidos fueron destinados a iniciativas de causas filantrópicas. Al morir dejaría una descendencia compuesta por cuatro hijos, diez nietos y cuatro bisnietos. Su colega Montgomery Cliff confesaría que Elizabeth Taylor fue la única mujer que ciertamente conseguiría atraerlo. La prensa la llamó <em>“Bigger than life”</em>, declarada para muchos como “la más hermosa del mundo”, y desde los años cuarenta la mujer de mirada violeta se inmortalizaría como un ícono indiscutible de la belleza y la sensualidad femenina.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Thu, 23 Nov 2023 23:53:29 +0000</pubDate>
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        <title>Emmeline Pankhurst Goulden (1858-1928)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Emmeline nació en Moss Side, Manchester. Sus relatos de cuna eran los que su madre le narraba del libro La cabaña del tío Tom, lo que no solamente demuestra la tendencia ideológica de su madre, sino además la influencia que desde la infancia tendría respecto al abolicionismo y a los derechos civiles. A los tres [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Emmeline nació en Moss Side, Manchester. Sus relatos de cuna eran los que su madre le narraba del libro <em>La cabaña del tío Tom</em>, lo que no solamente demuestra la tendencia ideológica de su madre, sino además la influencia que desde la infancia tendría respecto al abolicionismo y a los derechos civiles. A los tres años ya leía y se dice que a los nueve ya había devorado <em>La Odisea </em>y los tres volúmenes de <em>La Revolución Francesa</em>, y pese a que sus padres mostraran una tendencia al pensamiento liberal, consideraban que lo mejor para su hija sería aferrarse a la tradición de conseguirle desde joven un marido que velara por ella mientras esta se consagraba a los cuidados de su esposo, los hijos y el hogar, a “crear un hogar atractivo”, como lo diría su padre. En sus memorias Emmeline cuenta de lo frustrante que fue para ella escuchar a su padre decir, creyendo que ella se encontraba durmiendo: “Qué lástima que no naciese muchacho.” No obstante, esto no sería un escollo para que Emmeline se abriera paso por cuenta propia, y recuerda que ya de niña visitó un bazar con el ánimo de apoyar la recaudación de fondos para los esclavos recién liberados de Estados Unidos. También se valió del legado de su padre, quien disfrutaba de interpretar papeles en obras teatrales y declamar poesías, despertando en su hija el histrionismo que le sirvió muchísimo como futura oradora. A los 14 años ya había heredado de sus padres la pasión por la política, la necesidad de hacerse escuchar y discutir sobre los abusos de las leyes y de su falta de igualdades, y es por esto que desde su adolescencia pasaría a formar parte del movimiento sufragista. Sucedió un día en el que su madre se dirigía a una reunión donde haría presencia Lydia Becker, editora de la <em>Women’s Suffrage Journal, </em>y a la que su madre estaba inscrita, y luego de acompañarla a dicha reunión su vocación se esclarecería: “Dejé la reunión como una consciente y confirmada sufragista”, confesó en sus memorias. Un año después fue enviada a la capital francesa para iniciar su formación en la École Normale de Neuilly, donde recibiría una formación en bordado, contaduría y química, a parte de algunos estudios relacionados con las artes. Antes de cumplir sus 20 años ya se encontraba casada con Richard Pankhurst, un abogado 24 años mayor que ella, y con quien a lo largo de la siguiente década establecería una familia conformada por cinco hijos. Ella le había propuesto que convivieran sin la necesidad de formalizar su matrimonio, pero a él no le pareció conveniente para su mujer, si es que ella quería dedicarse a la actividad pública. Pese a esto Richard era famoso por su pensamiento liberal y por ser un enérgico defensor de los derechos de las mujeres, y en especial por su lucha para que estas pudieran votar. Ambos creían que la mujer no estaba para convertirse en una “máquina del hogar”, por lo que contratarían a una sirvienta que ayudara con los cuidados de la casa, y de esta manera Emmeline podría explayar sus capacidades sin los limitantes que le impondría la crianza exclusiva de sus hijos. En 1886 la pareja se establece en Londres, donde Richard se lanzará sin éxito al Parlamento mientras Emmeline ayudará con las finanzas del hogar montando una tienda de telas a la que llamó <em>Emerson &amp; Company. </em>Por otro lado su hogar ubicado en Russel Square serviría como el epicentro de reuniones de activistas, y así también como el refugio para algunas mujeres necesitadas del auxilio de los Pankhurst. Las diferencias al interior de la National Society for Women’s Suffrage (NSWS) era notoria. La división estaría en que una parte consideraba que el proceso debía ser paulatino, concediéndoles en principio el derecho del voto a mujeres solteras y a las viudas, ya que en el caso de las mujeres casadas sus esposos “votaban por ellas”. Finalmente para 1888 el movimiento acaba disolviéndose en varias organizaciones independientes o afiliándose a algunos partidos políticos. Es así como, junto a su esposo, en 1889 los Pankhurst fundarían en su propia casa el movimiento Women’s Franchise League (WFL), entidad encargada de promover las causas del sufragio femenino, pero también otras iniciativas como la igualdad de derechos laborales para las mujeres y otros derechos que valía la pena revisar, como los tocantes al divorcio y a las herencias. Un año después la organización llegó a su fin, y Emmeline, interesada en los movimientos de izquierda y las ideologías socialistas, quiso continuar su activismo político, esta vez militando en el Partido Laborista, pero no sería aceptada por la condición natural de ser mujer. La tienda de telas de Emmeline no logró despegar, y el trabajo de abogado de Richard no iba muy bien, por lo que en 1893 decidieron regresar a Manchester, donde Emmeline comenzó a trabajar de lleno en distintos movimientos feministas, convirtiéndose en miembro activa de la Women’s Liberal Federation (WLF). A través del Comité de Asistencia para Desempleados, Emmeline trabajó como <em>Poor law guardian </em>en Chorlton-on-Medlock, pudiendo enterarse de las penosas condiciones que viven los pobres en los <em>workhouses, </em>aquellos asilos donde supuestamente se les brindaba algún tipo de apoyo pero cuya realidad sería muy distinta. Denunció el trabajo de niñas menores de siete años que fregaban corredores interminables, mujeres embarazadas haciendo oficios pesados “casi hasta que sus bebés llegaban al mundo”, un ambiente donde proliferaba la epidemia de la bronquitis, y un descuido en todos los niveles y por lo que Emmeline se sintió ciertamente tocada y comprometida: “Estoy segura que todo esto fueron potentes factores en mi educación como militante.” En adelante Pankhurst se destacó por su labor y sus denuncias sirvieron para reformar la <em>Poor Law </em>(Ley de los Pobres). Estando en Suiza recibe un lacónico comunicado de su esposo que le telegrafiaba: “No me encuentro bien. Por favor regresa a casa, mi amor.” La esposa no alcanzaría a llegar y recién estaba por abordar el tren que la llevaría a Manchester cuando se enteró en un periódico sobre la muerte de su marido. La muerte de Richard la llevaría a tomar un empleo en el registro civil de Chorlton, donde se mudaría con sus hijos a una casa más pequeña y trataría de pagar las deudas que había heredado de su difunto esposo. Sin embargo este trabajo le permitió a Emmeline enterarse de otros tantos abusos perpetrados a la mujer, y de seguir ampliando su visión sobre las injusticias que padecen en todos los ámbitos. Para 1900, al ser nombrada como parte de la Junta escolar de Manchester, Pankhurst seguiría recopilando historias que sumaría a su causa, y en un grito de independencia reabrió su tienda de telas, esperanzada en que esta vez le sirviera como la fuente de ingresos con la cual mantener a su familia. No conforme con la blandura de los movimientos a los que pertenecía, en 1903 Emmeline y un grupo de sufragistas más radicales fundan la Women’s Social and Political Union (WSPU), cuyas banderas serían las mismas de promover el sufragio femenino, y que sería recordada por su lema: <em>“Deeds, not words” </em>(“Acciones, no palabras”). La organización, conformada exclusivamente por mujeres, se declaraba un movimiento independiente y desligado de cualquier partido político. Al comienzo recogerían firmas en apoyo a su causa y publicarían artículos respecto al tema en un boletín llamado <em>Votes for Women</em>; celebrarían mítines políticos y debatirían en debates públicos con proclamas y discursos en favor del sufragio femenino, pero pasado un tiempo el movimiento empezó a contar con cierto reconocimiento por sus métodos de protesta no muy pacíficos. Uno de los mayores opositores con los que se encontró el WSPU fue nada menos que el influyente político Winston Churchill, y de esta misma forma serían ridiculizadas e incluso llegarían a sufrir agresiones físicas, como aquella tarde de invierno de 1908 en la que Emmeline recibió una lluvia de huevos y una pedrada oculta en una bola de nieve que lastimaría su tobillo. Pese a todo esto para ese año ya el WSPU congregaba a medio millón de activistas, quienes se convocaron en el Hyde Park para reclamar en masa por el derecho al voto femenino. Después de estas revueltas, y como sería costumbre, Emmeline sería llevada a prisión, y durante su juicio le recalcó a la corte: “No estamos aquí por ser infractoras de la ley; estamos aquí por nuestros esfuerzos de convertirnos en hacedores de leyes.” Creía con convicción en que su lucha era legítima. Saboteaban actos públicos, rayaban las paredes de los edificios, asaltaban propiedades de políticos y mandatarios, se batían físicamente contra los policías, rompían ventanas a su paso e incendiaban negocios, fábricas y establecimientos comerciales. Para 1906, luego de un artículo publicado en el <em>Daily Mail, </em>Pankhurst y su grupete de revoltosas pasarían a ser conocidas como las <em>suffragettes, </em>una manera despectiva de llamar a estas rabiosas y radicales sufragistas. “Finalmente somos reconocidas como un partido político: nos encontramos en el centro de la política y somos una fuerza política”, serían las declaraciones de Emmeline tras uno de sus tantos arrestos. Y es que muchas fueron las ocasiones en las que no sólo Emmeline sino también sus tres hijas, Christabel, Adela y Sylvia -también militantes de la WSPU- serían detenidas y encarceladas. Para 1907 Pankhurst y sus hijas iban y venían de un lado a otro, participando de convenciones y foros y dictando charlas, conferencias y discursos, en una batalla incansable por sacar adelante los proyectos de ley que permitiera por fin el anhelado voto femenino. Al interior de los precintos carcelarios Emmeline quedaría horrorizada del trato penoso que se le daba a las reclusas, describiendo cómo se sintió luego de su primer confinamiento de seis semanas: “Como un ser humano en el proceso de ser transformado en una bestia salvaje.” Denunció las plagas que abundaban al interior de estos recintos, la poca comida suministrada, y “la tortura civilizada del confinamiento solitario y en silencio absoluto.” Había pues encontrado el método perfecto para hacerse escuchar, y era así como no tenía temor de regresar una y otra vez tras las rejas. Carecía de miedo, y es por esto que en 1909 abofeteó un par de veces a un policía, solamente como un pretexto para ser enviada otra vez a prisión, porque según explicaba “la condición de nuestro sexo es tan deplorable que es nuestro trabajo romper la ley para llamar la atención hacia las razones por las que hacemos lo que hacemos.” Un reportero le preguntó si por defender su causa estaría dispuesta a pasar un largo período encarcelada, a lo que ella respondió sin vacilar: “Oh, sí, por supuesto. Sabes, no sería tan terrible y además sería una valiosa experiencia.” Es así como en 1910 llegaría uno de los sucesos más sonados de sus tantos escándalos, en un episodio conocido después como el “Viernes Negro”, cuando en luego de una protesta frente al Parlamento, Emmeline, junto a más de cien agitadoras, serían llevadas a prisión. Unos días más tarde de este suceso Emmeline tendría que vivir la muerte de uno de sus hijos, quien desde hace unos años se encontraba paralítico, y apenas unos días más tarde la veríamos dando un discurso en Manchester frente a más de cinco mil personas; el Partido Liberal, acostumbrado a abuchearla, mantuvo silencio y no se atrevió a sabotear a Pankhurst durante su intervención. Era tanta su actividad pública, que en 1912 Pankhurst fue arrestada una docena de veces, y las acciones del WSPU llegaron a ser tan extremas que incluso causaron la muerte de Emily Davison, quien sería arrollada por un caballo de carreras perteneciente al rey Jorge V, cuando esta saltó al hipódromo queriendo colgar del jinete un polémico letrero. Pankhurst había encontrado en el vandalismo una forma de hacerse escuchar y hacer valer su voz: “Nos tienen sin cuidado vuestras leyes, vamos a continuar esa guerra como lo hicimos en el pasado; pero no seremos responsables de la propiedad que sacrifiquemos o del perjuicio que la propiedad sufra como resultado. De todo ello será culpable el gobierno que, a pesar de admitir que nuestras peticiones son justas, se niega a satisfacerlas.” Por esa época, ya una experta en prisiones, Emmeline y sus amigas encontrarían otra herramienta poderosa que utilizarían a partir de ese momento: la huelga de hambre. Las <em>suffragette </em>se harían famosas en todo el país por mantener prolongadas huelgas de hambre, a lo que las autoridades tendrían que interceder valiéndose de prácticas que a la larga serían desaprobadas y repudiadas por la misma sociedad. “Escenas repugnantes de violencia tenían lugar a casi cada hora del día, mientras los doctores iban de celda en celda efectuando su horrible trabajo”, declaraba Pankhurst. Para evitar que las reclusas murieran de inanición, las presas eran amordazadas con fierros de acero que se empleaban para abrirles la boca, y a través de sondas les introducían el alimento a las irreverentes presidiarias. Se cuenta de una ocasión en la que un par de guardias intentaron ingresar a la celda donde permanecía Pankhurst, y esta los amenazó sosteniendo una jarra de terracota mientras les advertía: “Si alguno de ustedes se atreve a dar un paso adentro de esta celda, me defenderé.” Muchos años más tarde Emmeline describiría en su biografía el espanto de estas experiencias: “Mientras viva, nunca podré olvidar el sufrimiento que experimenté durante esos días, cuando los gritos taladraban mis oídos.” En 1912 las autoridades intervinieron las instalaciones de la WSPU y se llevaron presa a Emmeline, quien sería sentenciada un año más tarde a pagar tres años de prisión, achacándosele un atentado con una bomba explosiva. Su hija Christabel, leal militante del movimiento, huyó a París, y desde allí continuó impulsando las actividades del WSPU. Pankhurst siguió empeñada en hacerse oír dejando de comer, y durante los años siguientes fue enviada a prisión y nuevamente puesta en libertad a los pocos días, y esto debido a su mal estado de salud. Por esos días sería promulgada la ley conocida como <em>Cat and Mouse Act</em>, la cual otorgaba la libertad para aquellas <em>suffragettes</em> que se encontraran en delicado estado de salud debido a las prolongadas huelgas de hambre. Las revolucionarias se aprovecharían de esta ley para causar una explosión con pólvora y gasolina que por fortuna no pasó a mayores; una de ellas lanzó un hacha contra el carruaje en el que viajaban los tres más altos dignatarios de Asquith; una rasgó el cuadro de la <em>Venus del espejo</em> de Velásquez como una forma más de protesta; incendiaron una empresa de refrigerios en Regent’s Park, así como un invernadero de orquídeas en Kew Gardens, el buzón de correo y un vagón de tren; una colocó un letrero en el carruaje del Primer Ministro que decía: “Voto para las mujeres”, y el mismo mensaje dejaron escrito sobre el césped rociado con ácido de un campo de golf en el que jugaban los miembros del Parlamento. Emmeline se ocultaba empleando disfraces e incluso se dice que llegaría al punto de contratar a un grupo de mujeres <em>ninjas</em> para que la defendiera. Para 1913 varios miembros de la WSPU estaban descontentos con los extremismos a los que había llegado el movimiento, por lo que muchos abandonaron la organización, y entre estos sus hijas Adela y Sylvia. Llegada la Primera Guerra, Emmeline entendió que su compromiso estaba primero en defender a Inglaterra contra el “peligro alemán”, por lo que haría una pausa en su lucha para consagrar sus esfuerzos en favor de los intereses nacionales, impeliendo a los jóvenes a que se alistaran a las filas de los ejércitos, e integrando un movimiento de ayuda a la causa conocido como <em>White Feather </em>(Pluma Blanca). “Cuando sea el momento correcto, renovaremos la lucha… pero en estos momentos debemos dar lo mejor de nosotros para vencer a un enemigo común”, dijo Emmeline, quien nunca dejaría de defender su actuar durante la época de la guerra, sosteniendo que en ese momento sus fuerzas debían volcarse a otros asuntos, ya que “esto era militancia nacional. Como sufragistas no podíamos ser pacifistas a ningún precio.” Durante la guerra Emmeline se preocupó por asistir a los huérfanos, viudas y madres solteras, para lo cual fundó una casa de adopción en Campden Hill, donde aparte se dictaban clases para niños a la luz del Método Montessori. Interesada por ayudar a cualquiera, Emmeline adoptó a cuatro niños, siendo ya casi una sexagenaria que apenas podía valerse por sí misma. Alguien le preguntó cómo se atrevía a adoptar a cuatro niños en una situación precaria como la suya, a lo que ella respondió: “Querido, me sorprende no haber adoptado a cuarenta.” En 1914 escribe sus memorias tituladas <em>My own story, </em>donde nos enterará de varios detalles de su vida y de su lucha. Con el afán de recaudar fondos y difundir aún más su mensaje, en 1916 viaja a Canadá, Estados Unidos y Rusia, donde tendría la oportunidad de entrevistarse con el Primer Ministro del país de los zares, Alexander Kerensky, y de quien diría después en declaraciones al <em>New York Times </em>que se trataba del “fraude más grande de todos los tiempos modernos”, y no congeniando con sus ideologías y pensamiento sentenció que Rusia podría “destruir la civilización.” Acabada la guerra un acta del Parlamento británico concedió el derecho al voto a las mujeres mayores de 30 años, y esto porque se estimaba un gran número de viudas menores de esa edad y que pudieran significar un grande caudal electoral determinante en cualquiera de las elecciones. Más de ocho millones de mujeres quedarían beneficiadas con la ley, que además permitía la representación femenina en el Parlamento, y para 1919 Nancy Astor se convirtió en la primera mujer en integrar y hacer parte del Parlamento inglés, luego de haber salido ganadora en las elecciones de Plymouth Sutton. Para ese momento Pankhurst se enfocó más en alentar el nacionalismo de la Unión Británica, defendiendo el orgullo del Impero, un Imperio con “gran potencial económico”, según decía, pero cuyo poder sugería fuera empleado para otros fines: “Si tan solo usáramos ese potencial adecuadamente podríamos erradicar la pobreza y terminar con la ignorancia.” En adelante se dedicó a viajar por Norteamérica e Inglaterra alertando sobre las consecuencias de las ideologías bolcheviques, y volvería a retomar su actividad política luego de que se aprobara la ley que habilitaba a las mujeres, presentando su candidatura a la Cámara de los Comunes. A pesar de que eran muchas las mujeres que querían postularla como su representante, Emmeline consideró que sería mejor opción apoyar la candidatura de su hija Christabel, pero a pesar de los muchos esfuerzos -como aquel episodio en el que Emmeline daría un discurso bajo la lluvia-, Christabel perdería por una franja muy reducida frente a su oponente del Partido Laboral. Esta derrota decepcionó profundamente a Emmeline, y de esta manera terminaba el WSPU, que para ese entonces había transformado su nombre por el de Women’s Party. En 1922 se muda a Toronto con sus cuatro hijos adoptivos, y queriendo seguir haciendo parte de la lucha en todos los frentes, se une al Consejo Nacional Canadiense para Combatir las Enfermedades Venéreas. En 1925 regresará a Inglaterra con ánimos renovados, y en un acto de lo más contradictorio, para 1926 se unirá al Partido Conservador, gesto que no le perdonarán nunca el Partido Laborista y así también como el Partido Liberal. En 1927 es elegida en Stepney para que sea ella la candidata del Partido para ocupar un escaño en el Parlamento de Whitechapel and St George’s, pero debido a sus problemas de salud, y sumado a un escándalo reciente con su hija Sylvia, Pankhurst se retiraría de la contienda y se mudaría a descansar en un asilo de ancianos ubicado en Hampstead. Finalmente, en 1928, y a pocos meses de que el sufragio femenino fuera extendido a todas las mujeres mayores de 21 años, la más grande luchadora inglesa en esa batalla fallecía <em>ad</em> <em>portas</em> de cumplir setenta años. Sus restos reposan en Londres en el cementerio de Brompton, y su entierro, anunciado en la prensa mundial, contó con la asistencia de un sinnúmero de personas que acudieron a despedirla. El periódico <em>New York Herald Tribune </em>se refirió a Pankhurst como “la más notable agitadora social de la primera parte del siglo XX y la suprema protagonista de la campaña de emancipación electoral de las primeras mujeres.” Su leyenda cobró más forma a través de los distintos homenajes y de los que divulgarían su vida y lucha por medio del arte. Un año después de su muerte su retrato fue añadido a la National Portrait Gallery, y un año más tarde se le conmemoró con una estatua dedicada a ella y ubicada en el Jardín de la Torre Victoria, en el corazón de la capital inglesa. A Emmeline Pankhurst Goulden se le compara con personajes de la talla de Martin Luther King, Jean-Jacques Rousseau y otras figuras notables que serían cruciales para los movimientos que lideraban. En 1974 la BBC contó su vida en una mini-serie titulada <em>Shoulder to shoulder. </em>En 1987 se inauguró en Manchester un museo en una de las casas que habitó, y que estaría destinado a reuniones de mujeres que se congregaban para discutir todo tipo de asuntos políticos, económicos y sociales. En 1999 la revista <em>Time </em>incluyó a Emmeline Pankhurst en su listado de las “100 personas más importantes del siglo XX”, justificando su elección con el argumento de que “ella moldeó una idea de mujeres para nuestra época; impulsó a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podía haber vuelta atrás.” En el 2002 en una encuesta realizada por la BBC sobre los “100 Grandes Británicos”, Pankhurst estaría ubicada para los ingleses en el puesto número 27. En la película de Walt Disney, <em>Mary Poppins, </em>se le rinde un discreto tributo cuando se le menciona en la canción <em>Sister Suffragette”. </em>En el 2015 se estrenó la película <em>Suffragette, </em>donde Meryl Streep encarnará y le dará vida al personaje mítico de Emmeline Pankhurst Goulden. Una mujer incansable, que cuestionaba cómo era posible una sociedad en la que eran los hombres quienes hacían las leyes, leyes tanto para hombres como para mujeres, y en donde ellos siempre se verían privilegiados y favorecidos. “Tomemos unas cuantas de esas leyes y veamos qué hay que decir al respecto desde el punto de vista de las mujeres”, proponía la cabeza de las <em>suffragette.</em></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 24 Mar 2023 06:54:27 +0000</pubDate>
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