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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 08 Apr 2026 20:05:48 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Vaticano | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿Para qué sirve un papa?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/para-que-sirve-un-papa/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una mirada a las parábolas de Francisco, el Hombre (de Dios), el rockstar espiritual del pueblo católico y representante de Dios en la tierra, aunque habría que especificar cuál de tantos dioses creados por humanos.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, reza ante el féretro del Papa Francisco | Crédito: Vatican Media</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8401a1ed553010027b7536fb2dac5d92"><strong><em>“Fue el papa que la gente de nuestro tiempo percibió como afín a sí misma, no como una figura de autoridad ni un objeto de veneración. Su humanidad fue el mejor argumento para las creencias que representaba”:</em> Paul Elie, en The New Yorker.</strong></p>



<p>Francisco I, antes llamado Jorge Mario Bergloglio a secas, siempre me pareció un papa bonachón y bienintencionado. No soy católico pero aplaudí muchas de sus frases, así cayeran en tierra árida, es decir, en un mundo indolente, ¿<em>desespiritualizado</em>?, que tomó hace rato el atajo de la autodestrucción. Un mundo que hipócritamente dice creer en un Dios pero no le teme, ni le obedece, pese a que lo pueblan algo así como 1.300 millones de católicos, aunque se rumora que cada vez son menos en Europa Latinoamérica.</p>



<p>Yo fui católico. Como todos, por mandato familiar. </p>



<p>De niño capaba catequesis para ir a leer a la biblioteca del barrio.  No entendí cómo aquel cura joven fumaba en su despacho, tenía una novia colegial y los domingos sermoneaba a diestra y siniestra, como si él fuera un dechado de virtudes. Aborrecía las misas porque me parecían un cuento ya conocido que, a excepción de la lectura del día, se repetía cada domingo como disco rayado. Aquel suplicio terminaba cuando el sacerdote invitaba a darnos el saludo de la paz y después los fieles se iban a comportarse como perros y gatos con sus congéneres.  </p>



<p>Si mucha gente ha huido del catolicismo es culpa de la misma iglesia, que sigue anquilosada, a pesar de que el papa Francisco enhorabuena echó a andar unas reformas revolucionarias.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-210f8f0065cc1ed43b7d1bdd76f8bf85"><strong>Les habló a los mercaderes de la fe. <em>&#8220;El amor de Dios es gratuito, no se compra ni se vende&#8221;:</em> Papa Francisco.</strong></p>



<p>De joven me convertí en cristiano evangélico –habría que decir protestante- siguiendo el ejemplo de mi abuela materna. Me encantaba la escuelita dominical, hice el papel de Jesucristo en una celebración de Semana Santa y soñé con ser pianista como el hijo del hermano Pepe, el pastor de aquel rebaño.</p>



<p>Eso no me impidió emocionarme cuando Juan Pablo II visitó Bogotá en 1986, y corrí como un loco quinceañero por el Parque El Tunal para verlo. Me parece que fue ayer: su sonrosado rostro se veía a través del papamóvil, apenas a unos metros de mí. No me pregunten por qué, pero ver a un papa de cerca es una experiencia religiosa.</p>



<p>Por las vueltas que da la vida, y por los cambios que la lectura obra en las personas, terminé siendo un agnóstico de los que, ya cincuentón y sin cuentos, coquetea con el budismo tibetano. El día que muera el&nbsp;actual <em>Dalái Lama</em>&nbsp;me dará mucho pesar; aunque tengo claro que es otro hombre común y corriente, para sus seguidores está a la altura de los papas católicos. Se calcula que hay unos 535 millones de budistas en el globo.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-91731a117f854e84cab2a28944294c2a"><strong>Les habló a los ricos del mundo. <em>&#8220;La desigualdad es la raíz de los males sociales&#8221;:</em> Papa Francisco.</strong></p>



<p>Otro ejemplo de lo que significa ser un buen católico lo recibí del padre Sebastián Bonjorn Sales, un apóstol de la caridad, que <strong>así lo define este perfil </strong>del periódico <em>El Campesino, </em>que habla de sus obras bondadosas en favor de los más pobres, entre ellas un colegio para cinco mil estudiantes. Oficiaba en la parroquia de <em>La Sagrada Familia</em>, en el barrio El Carmen, al sur de Bogotá, donde viví hasta mis diez años. El sacerdote español, nacido en Cataluña el 9 de enero de 1928, llegó a Colombia llegó en junio de 1964 y aquí murió el 28 de febrero de 2012.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-peri-dico-el-campesino-la-voz-del-campo-colombiano wp-block-embed-peri-dico-el-campesino-la-voz-del-campo-colombiano"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="BAhwHXpdXS"><a href="https://elcampesino.co/monsenor-sebastian-bonjorn/">Monseñor Sebastián Bonjorn, el hombre de las corazonadas</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="«Monseñor Sebastián Bonjorn, el hombre de las corazonadas» — Periódico El Campesino – La voz del campo colombiano" src="https://elcampesino.co/monsenor-sebastian-bonjorn/embed/#?secret=3atVxeOTVf#?secret=BAhwHXpdXS" data-secret="BAhwHXpdXS" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7761c1783a0b8ba5fc04a2907294e4b"><strong>Les hablo a los empresarios: <em>&#8220;El trabajador merece respeto y salario justo&#8221;:</em> Papa Francisco.</strong></p>



<p>Pero, ¿cuál es la utilidad del papa y del papado para un mundo tan descuadernado como el actual?  ¿De qué sirve que un papa se pronuncie en favor de la paz, en contra de la guerra, en defensa de los homosexuales o del planeta, si quienes tienen el poder de detener las inequidades están imbuidos en vanidad y ambiciones? Es una iglesia que tiene poder, sí, pero más poder sobre los feligreses que sobre los políticos y los poderosos, que invocan a Dios en sus discursos –para que conste que <em>buenos cristianos</em> son- pero hacen lo que les viene en gana. </p>



<p>Pensemos: ¿De qué nos sirvió que el papa Francisco viniera a Colombia (2017) a implorar por la reconciliación nacional? Desde el Plebiscito de 2016 (cuando el No rabioso de una mayoría envenenada rechazó el acuerdo de paz), aquí permanece levantado ese muro infranqueable de insensatez donde la guerra y su horrible noche no cesan. Yo creo que de tanto matarnos nos volvimos alérgicos a la paz.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7b8079a66f7367aad827967bfc9d5e90"><strong>Les habló a los políticos. <em>&#8220;El verdadero poder es el servicio”:</em>&nbsp;Papa Francisco.</strong></p>



<p>El papa Francisco enseñó con actos y con la bondad de sus palabras, digamos que fue un Jesús adaptado a nuestro tiempo; por el pensamiento progresista de uno y otro, podríamos aceptar la idea de que ambos fueron hombres políticamente de izquierda, con una profunda sensibilidad social, si los vemos a la luz de esa imagen benevolente que no han vendido la Biblia y el cristianismo.</p>



<p>Jorge Mario Bergioglio fue un&nbsp;<em>rockstar</em>&nbsp; espiritual, capaz de celebrar una misa en Filipinas a la que asistieron seis millones de personas. ¿Qué estrella ha reunido a tanta gente?</p>



<p>Así lo describe <a href="https://www.newyorker.com/news/postscript/the-down-to-earth-pope-francis">este perfil</a><strong> </strong>de la revista The New Yorker:&nbsp;<em>“Francisco fue la antítesis de un hombre fuerte. Fue el modelo de líder mundial: un hombre astuto, inquisitivo y práctico que afrontó decisiones difíciles en circunstancias difíciles y respondió con humildad”.</em></p>



<p>Al decir “¿quién soy yo para juzgarlos?”, refiriéndose a los homosexuales, se puso al nivel de todos los seres humanos, bajándose de su altar de <em>representante de Dios en la Tierra</em> para recordarnos, a propósito de <em>Su Santidad</em>, que bajo el cielo no hay santos, pero sí gente humilde, como él (fue demasiado humilde para ser argentino), con su pasado de luces y sombras, como cualquier mortal.</p>



<p>Si el resto de la humanidad hiciera al menos una quinta parte de lo que este papa y Jesús pregonaron, otro cuento contaríamos.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-453c4df6fc3777d175323c145c9c36c5"><em>“… había declarado que la Iglesia ´está llamada a salir de sí misma e ir a las periferias, no solo geográficas, sino también existenciales&#8230; del pecado, del dolor, de la injusticia, de la ignorancia´, y había formulado un enfoque sobre las fronteras, la migración y los refugiados basado en el imperativo evangélico de acoger al extranjero”:</em> <strong>Revista The New Yorker.</strong></p>



<p>El papa ya hizo su parte, ¿Cuándo haremos nosotros la nuestra? Para mí que el cielo, si lo hay, se gana no con golpes de pecho, sino con acciones de genuino cristiano.</p>



<p>Quiero creer que el papado y el Vaticano sirven para mucho más que escribir novelas de intrigas o llenar de turistas la plaza de San Pedro.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1daed14ad2ca6eaa649a7158ac407d72"><strong>Nos habló a todos. <em>&#8220;La felicidad no está en tener todo, sino en compartir con los demás&#8221;:</em> Papa Francisco.</strong></p>



<p>No importa que el nuevo papa sea blanco, negro o amarillo. Lo importante que es que pueda seguir la <em>operación limpieza</em> que empezó Francisco para acabar con una iglesia pecadora, que tiene los pecados de la carne y del dinero encima, y que todavía se resiste a dejar a un lado su misoginia para otorgarle, como pretendió él, poder a las mujeres. La verdadera revolución católica podría venir envuelta en dos palabras: ¡<em>Habemus papisa</em>!</p>



<p>Pero seamos justos: después de dos mil años y pico, en algo ha cambiado la iglesia católica, porque en nuestro tiempo los papas mueren de muerte natural, no asesinados. &nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115025</guid>
        <pubDate>Sat, 26 Apr 2025 13:00:07 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Para qué sirve un papa?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Pontificados más breves</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/tejiendo-naufragios/pontificados-mas-breves/</link>
        <description><![CDATA[<p>Algunos pontífices ejercieron sus funciones durante pocos días. Curiosamente, el papa que ostenta el récord está fuera de los listados: Esteban II fue elegido como sucesor del papa Zacarías, en marzo de 752. Sin embargo, falleció víctima de una apoplejía apenas tres días después de su elección, sin haber recibido la consagración episcopal. Este caso [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Algunos pontífices ejercieron sus funciones durante pocos días. Curiosamente, el papa que ostenta el récord está fuera de los listados: <strong>Esteban II</strong> fue elegido como sucesor del papa Zacarías, en <strong>marzo de 752</strong>. Sin embargo, falleció víctima de una apoplejía apenas tres días después de su elección, sin haber recibido la consagración episcopal.</p>



<p>Este caso generó un debate teológico y canónico: debatían si la validez del papado comenzaba desde la aceptación de la elección o desde la consagración como obispo de Roma. Finalmente, al no haber sido consagrado, Esteban II fue eliminado de las listas oficiales de pontífices, por lo que no se le considera un papa legítimo.</p>



<p>Por tanto, quien encabeza la lista de pontificados breves es:</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>Urbano VII</strong></p>



<p>Giovanni Battista Castagna tiene oficialmente el pontificado más corto de la historia, con apenas 13 días en el cargo: <strong>desde el 15 hasta el 27 de septiembre de 1590</strong>. Este diplomático, que había servido como nuncio en España, Portugal y Venecia, falleció víctima de malaria.</p>



<p>Su elección había sido bien recibida por la mayoría de los cardenales, quienes esperaban que impulsara la reforma de la Iglesia y fortaleciera la lucha contra el protestantismo. Se dice que antes de morir donó todas sus posesiones personales para obras benéficas.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>Bonifacio VI</strong></p>



<p>Bonifacio VI gobernó la Iglesia durante apenas <strong>dos semanas, en abril del año 896</strong>, en pleno “siglo de hierro”: un periodo marcado por la corrupción y la influencia de los poderes seculares. Las fuentes varían ligeramente sobre la duración exacta de su pontificado, indicando entre 15 y 16 días.&nbsp;Su muerte ha generado especulaciones, incluyendo la posibilidad de envenenamiento.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>Celestino IV</strong></p>



<p>Godfredo Castiglioni fue elegido como Celestino IV y ocupó el trono pontificio del <strong>25 de octubre al 10 de noviembre de 1241</strong>, falleciendo a los 17 días de su elección.&nbsp;Su muerte se atribuye a las duras condiciones que soportó durante el cónclave que lo eligió.</p>



<p>Ese fue el primer cónclave de la historia. En las deliberaciones, Mateo Rosso Orsini —senador romano y miembro de la poderosa familia Orsini— tomó una medida radical: el 21 de septiembre de 1241, encerró a los cardenales en el <strong>Septizonio </strong>bajo llave (<em>cum clavis</em>), dando origen al término “cónclave”. Les impuso dieta de pan y agua, mientras deliberaban, hacinados y sin techo. Durante el cónclave, que duró dos meses, murieron los cardenales Roberto de Somercotes y Tomás de Capua.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>Teodoro II</strong></p>



<p>Teodoro II ocupó la sede petrina durante solo <strong>20 días en diciembre del año 897</strong>.&nbsp;Aunque hay pocos registros históricos sobre este pontífice, algunas fuentes sugirien que su muerte podría haberse debido a un envenenamiento, un hecho común en las turbulentas circunstancias políticas de aquel periodo.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>Juan Pablo I</strong></p>



<p>Uno de los casos más conocidos en la era moderna es el de Albino Luciani, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. Su pontificado duró apenas 33 días, desde <strong>el 26 de agosto hasta el 28 de septiembre de 1978</strong>.&nbsp;Proveniente de una familia humilde del norte de Italia, Luciani se destacó por su sencillez y cercanía.</p>



<p>Su repentina muerte generó numerosas teorías de conspiración, aunque oficialmente se atribuyó a un infarto mientras dormía.&nbsp;A pesar de su brevísimo papado, Juan Pablo I logró conectar con los fieles gracias a su estilo cálido y directo, siendo uno de los primeros en romper con muchas de las formalidades tradicionales del papado.</p>



<p>En contraste con estos breves pontificados, la historia también registra papados extremadamente largos. El récord oficial lo ostenta <strong>Pío IX, cuyo papado se extendió por 31 años, 7 meses y 22 días</strong> (1846-1878).&nbsp;Le siguen <strong>Juan Pablo II con más de 26 años</strong> (1978-2005) y <strong>León XIII con más de 25 años</strong> (1878-1903).</p>



<p>La tradición católica sostiene que ningún papa llegaría a superar la duración del pontificado de San Pedro, el primer papa según la tradición católica, cuya duración exacta es difícil de determinar, pero se estima entre 34 y 37 años. De ahí la expresión latina “non videbis annos Petri” (“no verás los años de Pedro”), dirigida a los pontífices.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>Fuentes:</strong></p>



<p><a href="https://es.aleteia.org/2023/12/15/los-papas-con-el-pontificado-mas-corto-de-la-historia">https://es.aleteia.org/2023/12/15/los-papas-con-el-pontificado-mas-corto-de-la-historia</a></p>



<p><a href="https://www.newtral.es/urbano-vii-papa-durante-menos-de-dos-semanas/20190927/">https://www.newtral.es/urbano-vii-papa-durante-menos-de-dos-semanas/20190927/</a> </p>



<p><a href="https://www.eldebate.com/religion/vaticano/20231227/diez-pontificados-cortos-historia_161960.html">https://www.eldebate.com/religion/vaticano/20231227/diez-pontificados-cortos-historia_161960.html</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Niño</author>
                    <category>Tejiendo Naufragios</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114848</guid>
        <pubDate>Tue, 22 Apr 2025 15:34:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Pontificados más breves]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Niño</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Elizabeth Taylor (1932-2011)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/elizabeth-taylor-1932-2011/</link>
        <description><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de pestañas. Una pareja de Arkansas se muda a Londres y es allí donde nace su segunda hija, pero debido a la Gran Guerra la familia decide trasladarse a Estados Unidos, y concretamente en la Meca del Séptimo Arte, donde la madre esperaba prosperar con su iniciativa de montar una galería de arte. Desde los tres años Elizabeth comenzaría su educación para convertirse en estrella, y pese a que la madre, dado su experiencia, no gustaba mucho que su hija se inclinara por las artes escénicas. Se trataba de una actriz retirada que no consiguió nunca alcanzar el estrellato, pero que había sin embargo adquirido la experiencia que le permitía comprender cómo operaba el tejemaneje dentro del mundo del cine y de la actuación. Sabía de primera mano que Hollywood “habitualmente veía una futura película para cada cara bonita”, así lo decía toda vez que los actores y actrices y ejecutivos de la industria que frecuentaban su galería reparaban en los encantos histriónicos de su pequeña hija y en su inevitable mirada color violeta. La madre no terminaba de convencerse ya que sus planes eran regresar a Inglaterra una vez acabara la guerra, negándose a la propuesta de casting que le habían ofrecido a su hija para participar de la mega producción que se consagraría como una leyenda del cine: <em>Lo que el viento se llevó.</em> No obstante, las productoras encontraron potencial en los ojos de esa niña, y en una disputa entre MGM y Universal Pictures Elizabeth acabaría firmando un contrato con la segunda en el que le ofrecían cien dólares semanales durante siete años. A los 9 años tuvo su primera aparición en la única película que finalmente filmaría con Universal Pictures y que sería de poca notoriedad: <em>There’s one born every minute. </em>Un año más tarde figuraría como parte del elenco de la película <em>Lassie Lassie come home, </em>además de participar como préstamo a la productora 20th Century Fox en la adaptación de la novela de Charlotte Brontë, <em>Jane Eyre, </em>y al año siguiente viajaría a Inglaterra para el rodaje de la película producida por MGM, <em>Las rocas blancas de Dover. </em>Pero sería ese mismo año de 1944 con la película <em>Fuego de juventud </em>que Elizabeth enamoraría con su interpretación de Velvet Brown, aquella niña que sería vista como una heroína juvenil luego de que rescatara a un caballo que estaba a punto de ser sacrificado y hasta convertirlo en un competidor de carreras. Durante el rodaje Elizabeth caería de un caballo dejándole secuelas en la espalda y que tuvo que padecer durante el resto de su vida. La niña de 12 años de ojos color violeta estaría acompañada por el también pequeño Mickey Rooney, y la película representaría un éxito tanto en taquilla como en la vida personal de la actriz, que recuerda este film como el “más emocionante” de una carrera que en aquel entonces apenas comenzaba. MGM recaudó una suma superior a los cuatro millones de dólares y le extendió el contrato a la prometedora actriz. En 1946 vendría la película <em>Courage of Lassie, </em>y para aquel momento la ya codiciada adolescente facturaba 750 dólares por semana. La talentosa actriz era conocida como <em>“One shot Liz” </em>por su eficacia al momento de actuar, donde lo más común es que le bastara con rodar una sola vez la escena para convencer a los directores de que no se haría necesario volver a repetir. Para muchos actores fue traumático el cambio del cine mudo al cine sonoro y después el color, pero nada de esto le sucedió a Elizabeth, quien se adaptaría al sonido, y sería gracias al color que los espectadores pudieron por fin enterarse del encanto y la peculiaridad cautivante de su mirada única. Y con esa única exposición de sus ojos color violeta sería ya más que suficiente. En adelante fueron varias las películas exitosas en las que participó Taylor, destacándose en su papel de Mary Skinner en <em>Life with father, </em>de 1947, y de ese mismo año encarnando a Cynthia Bishop en la película <em>Cynthia; </em>al año siguiente en el rol de Susan Prackett en la película <em>Julia Misbehaves </em>y como Carol Pringle en <em>Así son ellas</em>; y para ese mismo año se embarcará con rumbo hacia Inglaterra en el <em>RMS Queen Mary, </em>pretendiendo con la película <em>Conspirator </em>dar ese paso que a tantos actores les resulta imposible cuando comienzan de niños sus carreras. Elizabeth no tuvo mayores inconvenientes en hacer la transición de adolescente a mujer adulta, siendo que para entonces sus atributos físicos eran los de una mujer enteramente desarrollada, y aunque el filme no tuvo una buena aceptación entre el público, la crítica aplaudiría la actuación de una Elizabeth Taylor que mostraba el talento y el profesionalismo de una mujer ya mayor. El papel no le quedó grande y fue así como su última interpretación de jovencita sería en 1949 con la película <em>Little women. </em>Para la próxima década Elizabeth Taylor conseguiría protagonizar varias películas, y así también en su vida personal sería protagonista de cuatro matrimonios. Era sin duda la más pretendida, e incluso el multimillonario y dueño de la productora RKO, Howard Hughes, se atrevió a ofrecerle a la madre de Taylor la jugosa cifra de un millón de dólares si conseguía disuadirla para que se casara con él. Sin embargo Elizabeth nunca fue tentada, y según se dice este comentario solamente le generaría un “ataque de risa”. Para 1950 contrae matrimonio por primera vez con un joven aburguesado conocido como “Nicky”, a quien no soportó su desmedida ambición por el juego y la juerga y sobre todo por una “conducta abusiva” que según confiesa la actriz, y que derivaría en un aborto, por lo que la relación no llegaría a durar ni siquiera un año. Dos años más tarde se casaría de nuevo, esta vez con un actor inglés veinte años menor que ella, y con quien tendría a sus primeros dos hijos. Inicia la década y con esta un sartal de nuevos éxitos, entre los que se destacan su interpretación de Kay Bancos junto a Spencer Tracy en la comedia <em>Father of the bride, </em>y para el año siguiente <em>El padre del abuelo, </em>y junto a Montgomery Clift encarnando a la antipática adinerada Angela Vickers en la película <em>A place in the sun</em><em>. </em>Cuatro décadas después dicha película sería incluida en la reserva fílmica del National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y cuyos filmes en custodia son resguardados por considerárseles de alto valor “cultural, histórico, o estéticamente significativos”. Dulce, bonita, agraciada, a Elizabeth no le gustó nunca que la llamaran “Liz”, insistiendo en que esto lo sabían muy bien las personas realmente cercanas a su vida. Para ese momento ya era latente una cierta rivalidad que persistiría a través del tiempo con la gran leyenda del cine, Marilyn Monroe, quien competía con Taylor a través de la 20th Century Fox, y pese a que los papeles que solían representar fueran tan distintos. Marilyn se decantaba por la comedia encarnando a la chica sensual, hilarante y algo estúpida y que a la postre la consagraría como un símbolo sexual, mientras que Taylor prefería los papeles en los que pudiera mostrar la faceta de una mujer angustiada, compleja, abatida por el drama. En 1952 actuaría junto a Joan Fontaine en la película <em>Ivanhoe, </em>y dos años después dos éxitos de taquilla: <em>La senda de los elefantes </em>y <em>La última vez que vi París. </em>En 1956 se da el lujo de compartir plató con una leyenda del cine al que le bastaron tres películas para consagrarse como mito, el galante James Dean, en la memorable película <em>Giant</em>; y para 1957 por su papel en la película rodada bajo un escenario que recordara la Guerra de Secesión, <em>El árbol de la vida, </em>la actriz recibiría una primera nominación a los premios de la Academia en la categoría de Mejor Actriz. Ese mismo año Taylor se divorciará de su segundo marido y en cuestión de un par de meses estará contrayendo nuevas nupcias. Mike Todd era un productor de cine con quien tuvo a su tercera hija, y con quien a pesar de llevar una relación no muy fluida, sería considerado por Elizabeth como uno de sus grandes amores. El productor moriría un año más tarde en un accidente de avión, y tras unos meses de luto, la necesidad de estar en pareja la llevaría a sumar un cuarto marido a su prolífico prontuario conyugal. El cantante Eddie Fisher era el mejor amigo de su exmarido y estaba casado con la reconocida actriz Debbie Reynolds, y quien luego de estar consolando a Elizabeth acabaría involucrándose con ella a nivel sentimental. El cantante dejaría a Debbie y su relación con Elizabeth desataría sin duda toda clase de escándalos, tildando a Taylor de roba maridos y ganándose sin duda el desprecio de Reynolds. Años más tarde las actrices se reconciliarían y para ese momento Debbie declararía que “en los viejos tiempos si Elizabeth veía a un hombre que quería, lo conseguía, no importaba a quien pisara por el camino.” Para cumplir a la religión de su futuro marido la actriz tuvo que convertirse al judaísmo, pero esto no significaría ningún impedimento siempre que lograra consumarse formalmente la unión. Y es que a pesar de que su historial pareciera el de una consumada libidinosa, Taylor aseguraba que su sexualidad era un asunto que compartió exclusivamente con sus esposos: “Sólo me he acostado con hombres con los que me he casado. ¿Cuántas mujeres pueden decir eso?” En 1958 protagoniza junto a Paul Newman la obra teatral de Tennessee Williams adaptada al cine, <em>Cat on a hot tin roof </em>(La gata sobre el tejado de zinc), y cuya actuación le valdría su segunda postulación al Premio Oscar, así como su primera candidatura para los premios BAFTA en la categoría de Mejor Actriz Británica. La década de los sesenta la cerraría con tres filmes que representarían algunos premios y distinciones. <em>Butterfield 8, </em>y después vendría junto a Katharine Hepburn <em>Suddenly, last summer</em>, película que le valdría una tercera postulación a la codiciada estatuilla del Oscar y así como el reconocimiento a su actuación con el Globo de Oro. Para ese momento Taylor igualaba a Marlon Brando en número de nominaciones una tras otra, siendo cuatro años consecutivos postulada para ganar el premio Oscar. Y es así como Elizabeth cerraría la década con broche de oro alzándose finalmente con el premio de la Academia a la Mejor Actriz, y que le sería otorgado luego de encarnar a una prostituta de lujo en la película de 1960, <em>Una mujer marcada.</em> Y una vez más Elizabeth Taylor protagonizará un divorcio, una nueva película y un nuevo amor. El amor y la película vinieron juntos cuando ambos protagonizaron uno de los proyectos más ambiciosos del cine y quizás el más costoso de todos los tiempos: <em>Cleopatra.</em> Taylor firmó un contrato por un millón de dólares pero debido a varios inconvenientes y retrasos la actriz acabaría embolsillándose casi siete. Durante el rodaje tuvo la oportunidad de conocer a su co-protagonista, Richard Burton, y según afirman todos y cada uno de los testigos, el fuego entre la pareja persistía incluso cuando se apagaban las luces, y la química entre los dos resultó siendo más incendiaria que la pasión vivida por Cleopatra y Marco Antonio. El director comentó que era tanto la tensión sexual entre ambos que era como “estar encerrado en una jaula con dos tigres”. A pesar de que al conocerse ambos se encontraban casados, el par de estrellas se las arreglaron para contraer matrimonio, y hasta el mismísimo Vaticano se escandalizaría con la relación tildando el encuentro como un “vagabundeo erótico”; por otro lado la prensa gozaría con la pareja estelar del <em>Jet Set, </em>los bellos y famosos “Rick y Liz” rodeados de lujos y prestigios. La pasión de Elizabeth por las joyas era desmedida, y su esposo conocía de sobra esta debilidad. “Mi madre dice que no abrí los ojos hasta ocho días después de nacer, y que cuando lo hice fue para engancharme a su anillo de casada”, confesaba Taylor. Dos joyas le regaló Burton a su mujer y que destacan por su valor e historia: el <em>Diamante amarillo de Krupp</em> y la <em>Perla Peregrina</em>, pieza esta última que perteneció a Felipe II y que aparece retratada en algunos cuadros de Velásquez. “Las chicas grandes necesitan diamantes grandes”, es lo que solía decir. En 1964 la pareja adoptaría a una niña y pasados diez años de una relación borrascosa, y como era costumbre en Taylor, deciden poner fin a su matrimonio y establecer el divorcio. Sin embargo un año después se reconciliarían y una vez más volverían a casarse, esta vez en Bostwana, y en donde Burton le regalaría a su esposa un diamante de 69 quilates y cuyo costo superó el millón de dólares, a parte de una verdadera proeza que constituyó su adquisición, y que en la década de los ochenta la actriz revendería la joya conocida como Taylor-Burton con la intención de recaudar fondos para fines benéficos en el continente africano. Taylor recuerda a ese hombre con quien compartió el set en once películas como a uno de sus grandes amores, y del cual acabaría separándose una vez más al año siguiente. Tres filmes notables de aquella época:<em> La mujer indomable </em>dirigida por Franco Zeffirelli, <em>Reflejos en un ojo dorado </em>junto a Marlon Brando, y <em>¿Quién le teme a Virgina Woolf? </em>del director Mike Nichols, y cuyo papel es según muchos el mejor de su carrera, representando para ella su segundo galardón del Oscar como Mejor Actriz. Para 1971, y ad portas de los 40 años, Elizabeth ajustaba cinco matrimonios y se había convertido en abuela. Su participación en el cine comenzó a escasear, dedicándose más a la televisión, siendo así que para 1973 la veríamos actuando en la primera película producida para la tele, <em>Divorce his-Divorce hers</em>. Ese mismo año se presentaría en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián para dar a conocer su más reciente film: <em>Una hora en la noche.</em> En 1976, fiel a su costumbre de permanecer casada, Elizabeth vuelve a apostarle al matrimonio, y en esta ocasión será con un político republicano, y a quien elegiría a último momento ya que también tenía un amorío con un abogado mexicano (con quien también estuvo a punto de casarse antes que sufrieran juntos un accidente de coche y decidieran cancelar la boda). En 1976 la veremos junto a Ava Gardner y Jane Fonda en la película dirigida por George Cukor, <em>El pájaro azul, </em>y al siguiente año en la película escrita por Ingmar Bergman, <em>A little night music (Dulce Viena); </em>y finalmente comenzar los años ochenta junto a Tony Curtis y Kim Novak en el film basado en una novela de Agatha Christie, <em>El espejo roto. </em>Los años siguientes la carrera actoral de Elizabeth se volcó más hacia el teatro, destacando su presencia en Broadway a comienzos de la década de los ochenta con dos obras que también produjo: <em>Private lives, </em>y aquella por la que sería nominada al Premio Tony, <em>The Little foxes. </em>En la televisión cosechó un sartal de participaciones en series, destacándose <em>General Hospital</em>, <em>All my children, Between Friends </em>y<em> North and South, </em>y un par de películas como <em>Poker Alice </em>y <em>Malice in Wonderland. </em>En 1988, y luego de ausentarse durante casi ocho años de la gran pantalla, Taylor regresa interpretando a una cantante de ópera con la cinta <em>Young Toscanini, </em>y al año siguiente una película para la televisión,<em> Sweet bird of youth,</em> en donde encarnará a una actriz venida a menos y que padece trastornos a causa del alcoholismo. La historia parecía calcada de la realidad. La carrera de Taylor tampoco andaba muy bien, y la relación con su esposo la afectaría tanto, que años más tarde confesó haberse vuelto por esos años una adicta al alcohol. Vodka, sirope de chocolate y un par de cubos de hielo, ése era el trago que inventó Taylor y que es un conocido como el cóctel “Chocolate Martini”. Y es así como se divorciaría de nuevo y pasado un tiempo ya estaría sumida en otra relación. “Soy una esposa muy comprometida. Y debería ser comprometida, por casarme tantas veces”, decía bromeando, sin sospechar que aún quedarían un par de matrimonios más para sumar al listado. El siguiente era un hombre menor que ella, un obrero al que había conocido años atrás y con quien contrajo nupcias a comienzos de los años noventa en la afamada mansión <em>Neverland, </em>de su amigo el “Rey del Pop”<em>. </em>Taylor sostenía desde hacía mucho tiempo una amistad con Michael Jackson, incluso sería ella misma en una premiación quien le daría el apelativo por el que se le conocerá siempre como la máxima eminencia de la cultura pop, y años más tarde cuando el cantante se vio involucrado en asuntos legales por abuso infantil, Taylor sería una de tantas que saldría a testificar a favor del buen nombre de su amigo, y así mismo no podría haber faltado al entierro de la estrella de la música mundial en el cementerio Forest Lawn. Por su parte Jackson compuso una canción para la actriz titulada <em>Elizabeth I love you, </em>y para la historia quedará una de tantas fotografías memorables en las que aparecen ambos y que fue elegida como portada para el álbum <em>Jackson History. </em>A comienzos de los años noventa Elizabeth participa en un tributo póstumo que se le rinde a Freddie Mercury, quien moriría por causa del sida, emprendiendo una fuerte campaña humanitaria para alertar sobre el contagio y recaudar fondos para la investigación de la enfermedad, labor que ya venía abanderando desde hacía casi diez años, y por lo que en 1992 le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Llevaba ya seis años sin volver a las salas de cine, y regresa para 1994 compartiendo el set con John Goodman y Rosie O’Donnell en la película infantil, <em>Los Picapiedras, </em>siendo una elección desacertada, luego de que fuera nominada a los premios Golden Raspberry en la categoría Peor Actriz Secundaria. En 1996, ya divorciada, se compromete en matrimonio con el que fuera su octavo marido, pero acaba cancelando la boda puesto que otro pretendiente -que hombres nunca le faltaron- llegó antes y sería, éste sí, su último matrimonio. En 1999 le otorgan el Premio BAFTA a la trayectoria y un año después la Reina Isabel II la nombra Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico. La American Film Institute la ubicó en el séptimo puesto entre las actrices más destacadas del siglo XX. Su última aparición sería en la película para la televisión de 2001, <em>These old broads, </em>año que será recordado por el fatídico 11 de septiembre, que según la leyenda sorprendió juntos a Michael Jackson, Marlon Brando y Elizabeth Taylor, y sobre lo cual se han inventado toda clase de anécdotas, en donde las tres grandes estrellas emprendieron una huida por carretera para refugiarse a las afueras de New York, sorprendiendo a su paso a cualquier curioso que no pudiera creer los ocupantes del carro que les pasó por el lado: un tipo andrógino conduciendo, una copiloto de ojos violeta con los pelos revueltos, y ocupando casi por completo la silla de atrás un gordo enorme parecido a un mafioso italiano. En el 2003 Taylor se negó a asistir a la gala de los Oscar manifestando su abierto rechazo a la intervención de tropas estadounidenses en Irak. Los problemas sentimentales que fueron comunes en su vida estuvieron acompañados por dolencias y enfermedades que fueron surgiendo con cada amante. Fue hospitalizada más de setenta veces y tuvo que ser sometida a más de veinte operaciones, y fueron varias las ocasiones en las que la prensa se anticipaba señalando que Taylor tenía las horas contadas. Bajaba de peso hasta alcanzar los 50 kilos y unos meses más tarde recobraba 30; fue tratada por unas manchas que revelaron los rayos X en sus pulmones y que era debido a su adicción al tabaco; se dislocó cinco veces la espalda y tuvo que ser operada en dos ocasiones para remplazar sus caderas; sufría de disentería y flebitis y tuvo que someterse a una histerectomía y a una perforación en el esófago; superó un tumor cerebral y el cáncer de piel, y en dos ocasiones sobreviviría a fuertes ataques de neumonía. Sus últimos años estuvo lidiando contra la adicción al alcohol y a los barbitúricos, y hacia finales de los años ochenta la veríamos usando una silla de ruedas para desplazarse, y esto debido a la enfermedad de la escoliosis (que era su defecto de nacimiento) y a la osteoporosis que ahora la aquejaba en la edad adulta. Debido a una insuficiencia cardiaca tuvo que ser intervenida quirúrgicamente con el fin de incrustarle una válvula en su corazón, y antes de ingresar al hospital quiso advertir a sus seguidores a través de <em>Twitter</em>: “Queridos amigos, me gustaría hacerles saber antes de que esté en los periódicos que me voy al hospital para una operación en mi corazón. Les haré saber cuando esto esté acabado. Con amor, Elizabeth.” Y fue así como se despidió del mundo la gran estrella del cine hollywoodense, dejando un saludo de amor. Llevaba ya casi cuatro décadas sin que se destacara en ninguna de sus películas, ninguna fue un éxito en taquilla, pese a lo cual sus finanzas nunca se vieron comprometidas y ciertamente se trató de una millonaria. Comenzaría ganando cien dólares y acabaría firmando contratos con más de seis ceros, convirtiéndose en una de las actrices mejor pagas y la primera en ganar un millón de dólares por su actuación en una película. Pero sería debido a su faceta empresarial que Elizabeth Taylor conseguiría amasar una fortuna. Fue una de las primeras estrellas en emplear su propia imagen como el producto principal de lo que ofrecía, vendiendo con éxito ropa y cosméticos que le permitirían consolidarse como una próspera empresaria. Al morir su riqueza estaba valorada en cientos de millones de dólares. “El éxito es un gran desodorante”, remarcó quien tenía sobrada experiencia en el asunto. Nada menos que sus joyas valían ya una fortuna, las cuales junto a sus onerosos vestidos serían subastados después de su muerte, y los fondos recogidos fueron destinados a iniciativas de causas filantrópicas. Al morir dejaría una descendencia compuesta por cuatro hijos, diez nietos y cuatro bisnietos. Su colega Montgomery Cliff confesaría que Elizabeth Taylor fue la única mujer que ciertamente conseguiría atraerlo. La prensa la llamó <em>“Bigger than life”</em>, declarada para muchos como “la más hermosa del mundo”, y desde los años cuarenta la mujer de mirada violeta se inmortalizaría como un ícono indiscutible de la belleza y la sensualidad femenina.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Thu, 23 Nov 2023 23:53:29 +0000</pubDate>
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        <title>La “Piel del Tambor”, película imperdible.</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_95683" aria-describedby="caption-attachment-95683" style="width: 210px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-95683" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/La_piel_del_tambor-525155697-large-210x300.jpg" alt="" width="210" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/La_piel_del_tambor-525155697-large-210x300.jpg 210w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/La_piel_del_tambor-525155697-large-105x150.jpg 105w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/La_piel_del_tambor-525155697-large-768x1098.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/La_piel_del_tambor-525155697-large-716x1024.jpg 716w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/La_piel_del_tambor-525155697-large.jpg 839w" sizes="(max-width: 210px) 100vw, 210px" /><figcaption id="caption-attachment-95683" class="wp-caption-text">La Piel del Tambor</figcaption></figure></p>
<p><strong>Nota preliminar: </strong>Una versión previa del presente artículo se ha publicado en <em>El Correo del Golfo</em>, en la columna semanal que el autor lleva con sus apellidos de pila.</p>
<p>Se ha estrenado en Colombia la coproducción internacional “<em>La Piel del Tambor</em>”, (titulada en inglés “<em>The Man from Rome</em>”), película de suspenso y aventura, con un misterio por resolver, basada en la novela del gran escritor español Arturo Pérez-Reverte.<span id="more-95682"></span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-95684" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/pieltambor-183x300.jpg" alt="" width="183" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/pieltambor-183x300.jpg 183w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/pieltambor-91x150.jpg 91w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/pieltambor-623x1024.jpg 623w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/pieltambor.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 183px) 100vw, 183px" /></p>
<p>El consagrado autor ha señalado que la adaptación cinematográfica, de la que hoy nos ocupamos, es de las que más le han gustado de sus libros. Difícil encontrar una mejor invitación para ver y disfrutar de esta película. La historia transcurre especialmente en Roma y en Sevilla, la capital andaluza en donde se esconde el misterio que ha motivado la investigación del padre Lorenzo Quart. Se trata de una coproducción entre España, Italia y Colombia, dirigida por el cineasta Sergio Dow, quien fue seducido por esta historia que combina el género policiaco con la fe religiosa y la codicia humana.</p>
<p>Desde el célebre padre Brown de G. K. Chesterton, o el fraile franciscano Guillermo de Baskerville (“<em>El Nombre de la Rosa</em>”), no recuerdo en la ficción a un sacerdote detective que deba investigar un misterio, que en este caso involucra directamente al Vaticano. Pero Lorenzo Quart es sacerdote y al mismo tiempo un hombre de acción, un espía del servicio de inteligencia del Vaticano, experto en defensa personal, sistemas informáticos y en el manejo de armas de fuego, todo para proteger a la Iglesia Católica, cuando es atacada por oscuras fuerzas.</p>
<p><figure id="attachment_95685" aria-describedby="caption-attachment-95685" style="width: 200px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-95685" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Sergio-Dow-200x300.jpeg" alt="" width="200" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Sergio-Dow.jpeg 200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Sergio-Dow-100x150.jpeg 100w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /><figcaption id="caption-attachment-95685" class="wp-caption-text">Sergio Dow</figcaption></figure></p>
<p>Sergio Dow es uno de los directores de cine más importantes de Colombia, se inició en el cine como productor de un corto de dos legendarios realizadores caleños, Luis Ospina y Carlos Mayolo. También produjo la película colombo-italiana “<em>Fuga scabrosamente pericolosa</em>” (1981). Como director, Dow filmó una de las mejores cintas de la filmografía colombiana, “<em>El día que me quieras</em>” (1986), un drama que tiene lugar en Venezuela en 1935, durante los años finales de la dictadura de José Vicente Gómez, mientras el famoso cantante Carlos Gardel visitaba ese país. El filme obtuvo reconocimientos y premios internacionales.</p>
<p>Dow continuó con su carrera cinematográfica en varios países. Trabajando en Europa, África y Estados Unidos, específicamente en Chicago, en donde quien esto escribe, tuvo la fortuna de conocerlo. En cuanto a “<em>La Piel del Tambor</em>”, es impresionante el elenco multinacional de la película. Richard Armitage, Amaia Salamanca, Paul Guilfoyle, Fionnula Flanagan, Rodolfo Sancho, el legendario Franco Nero, Jorge Sanz, Unax Ugalde, Carlos Cuevas, y el gran intérprete colombiano Víctor Mallarino, entre otros.</p>
<p>Quien vea la película, va a encontrar una cinta que no tiene nada que envidiarle a cualquier producción realizada en Hollywood, pero con la diferencia que se hizo con un presupuesto 10 veces menor al que suele costar una película de acción y aventuras en Estados Unidos. Buena parte de la historia, transcurre en la preciosa ciudad de Sevilla, pero se debió filmar en inglés, lo cual supone un reto adicional para el director, quien debe cuidar que el resultado final sea lo más convincente posible y lo fue, hasta el punto de recibir muy buenas críticas, empezando por el autor de la historia, quien ha ensalzado la película.</p>
<p>Para los lectores que estén en Colombia, o quienes tengan familiares en nuestro país, pueden asistir a la proyección de “<em>La Piel del Tambor</em>” en los cines que ha dispuesto la distribuidora <em>Cine Colombia</em>, ojalá no se la pierdan. Es una cinta con gran ambientación, fotografía espectacular, escenarios impactantes y actuaciones convincentes. Gran trabajo el realizado por el director Sergio Dow, a quien debemos apoyar.</p>
<p>Como aperitivo dejo el tráiler de este filme que recomiendo, pues encontrarán a una especie de James Bond con sotana y que representa la unión creativa de varios países, especialmente Italia, España y Colombia, donde hay mucho talento, esfuerzo y corazón:</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=utcjR0xzj0M">https://www.youtube.com/watch?v=utcjR0xzj0M</a></p>
<p><strong>Dixon Acosta Medellín </strong></p>
<p>En lo que antes se llamaba Twitter aparece a la hora del recreo como @dixonmedellin</p>
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        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Sat, 29 Jul 2023 11:23:38 +0000</pubDate>
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        <title>Rita Hayworth (1918-1987)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/rita-hayworth-1918-1987/</link>
        <description><![CDATA[<p>Era varias mujeres; su presencia era ambivalente, no se sabía bien si era tímida o pícara, como si ocultara un secreto, y podía fingir ser la chica tonta o la mujer más astuta, y pasar de la frivolidad a la incandescencia en un parpadeo, pero lo que está claro es que Rita Hayworth poseía una [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Era varias mujeres; su presencia era ambivalente, no se sabía bien si era tímida o pícara, como si ocultara un secreto, y podía fingir ser la chica tonta o la mujer más astuta, y pasar de la frivolidad a la incandescencia en un parpadeo, pero lo que está claro es que Rita Hayworth poseía una fuerza impactante que a todos deslumbraba. “Siempre he sentido que uno de los secretos de la belleza real es la simplicidad”, dijo en algún momento. Y es que su hermosura era sencilla, pero no pasaba desapercibida. Sofisticada, coqueta, de mirada intensa y con un perfil de doncella, una sonrisa cautivante y envolvente, su piel brillaba en tonos relampagueantes pese a que la contempláramos en una película filmada en blanco y negro. Ineludiblemente femenina, Margarita Carmen Cansino nació en Brooklyn, New York. Hija de padres emigrantes, un español y una irlandesa dedicados al baile, y por lo que Rita se recordará bailando desde que empezó a caminar: “Desde que pude mantenerme en pie con tres años, recibí clases de baile. No me gustaba, pero no tenía valor para decírselo a mi padre. Ensayar, ensayar, ensayar. Así fue mi infancia.” Ya de muy niña su padre decide que lo más conveniente sería desistir de darle una educación académica a su hija, para destinarla a bailar junto a él en un espectáculo donde la presentaba como su mujer, promocionando el evento con un anuncio que decía: “Joven de 14 años, de busto prominente y aspecto provocativo.” Junto a su padre, Rita recorría bares y cafés, padeciendo no sólo una explotación laboral sino además los abusos físicos a los que era sometida. Años más tarde confesaría que en varias oportunidades su padre abusó de ella sexualmente. Para 1933 decide probar suerte y se aventura en Hollywood como miembro del Spanish Ballet, y dos años más tarde la veremos figurar en apariciones cortas de películas modestas de bajo presupuesto. Destacan sus movimientos y la seducción de su baile, su poderoso atractivo fémino, y es así como Fox decide contratarla para la película <em>El infierno de Dante (La nave de Satán), </em>y dos años más tarde para la película <em>Charlie Chan en Egipto</em><em>. </em>Queriendo explotar todavía más los atributos y encantos físicos de su hija, su padre la presenta a un vendedor de autos, un tipo astuto para los negocios, y quien muy pronto la conectará con un abusivo agente de la prestigiosa productora de cine, la Columbia Pictures. Con apenas 18 años, Rita se convertiría en una mina de oro para su marido, quien sabría sacar provecho del diamante en bruto que se ocultaba detrás del atractivo físico de su esposa. Su representante en la productora comenzaría a hostigarla a la par que le ofrecía sus primeros papeles, y esta insistencia persistió durante años y no pararía mientras la actriz mantuvo su contrato con la productora. Incluso su marido le aconsejaría que se acostara con productores y ejecutivos de la empresa para que así pudiera hacerse a algunos papeles más destacados. Para ese entonces su padre, su esposo y su representante habrían sido suficiente para que Margarita no hubiera querido vérselas con los hombres en lo que restaba de su vida, y sin embargo serían los hombres los que representarían gran parte de su tragedia personal. Para ingresar en la industria cinematográfica, el marido de Margarita la sometería a una intensa transformación, donde tendría que vérselas con un estricto régimen para perder peso, tratamientos electrolíquidos y una severa depilación que ampliara su frente, así como acentuar su pelo tinturándolo y dejándolo crecer en una larga melena que fuera uno de sus distintivos más seductores. También pagó por unas clases de dicción y fonética, y para 1937 logró conseguirle un papel en la película <em>The game that kills. </em>“Él me ayudó con mi carrera y se ayudó a sí mismo con mi dinero”, diría Rita respecto a su primer marido, del cual acabaría por separarse, y quien amenazaría a la actriz si ésta llegara a abandonarlo, intimidándola con que vertería ácido en su rostro si se atrevía a dejarlo. Pese a las amenazas, Hayworth acaba cediendo a las demandas de su marido y consigue el divorcio luego de concederle casi todo su capital, a excepción del carro que se lo quedaría ella. Después de experimentar esta tremenda transformación, nacía una prometedora estrella llamada Rita Hayworth, y que tendría su primer papel destacado, y aunque secundario, pero nada menos que junto a Cary Grant, en la película de 1939, <em>Sólo los ángeles tienen alas. </em>Un año más tarde participaría en la comedia <em>Una dama en cuestión, </em>y al año siguiente la productora 20th Century Fox, que antaño le había dado la espalda, contrató sus servicios para darle vida a Doña Sol, en la película Technicolor basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez, <em>Sangre y arena</em>, y cuya interpretación acabaría por inmortalizar a la actriz como una <em>sex symbol</em> de las más emblemáticas de todos los tiempos. Para ese momento Rita Hayworth estaba logrando un prestigio y un reconocimiento a nivel mundial y se había convertido en una de las actrices mejor pagas. En los años siguientes sería una seguidilla de éxitos de taquilla, ya que su encanto había seducido al público, y una película en la que figurara ya aseguraba un negocio millonario para la industria. Años más tarde Frank Sinatra diría: “Rita Hayworth es Columbia.” En el film <em>La pelirroja &#8211;</em>con la vivacidad colorida que era novedad en la gran pantalla- Hayworth acabaría por consagrarse como la mujer más codiciada, gozando de gran prestancia entre los marines estadounidenses, quienes la tuvieron como su musa platónica durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a bautizar con su nombre una de las bombas atómicas lanzadas sobre las islas Bikini en medio de ensayos nucleares, suceso que disgustó a la actriz, quien se declaraba abiertamente pacifista. Compartió con Fred Astaire de dos exitosas y recordadas comedias musicales: <em>Desde aquel beso </em>y <em>Bailando nace el amor, </em>y otras tres cintas que se destacan durante la guerra, como son <em>The strawberry blonde </em>junto a Olivia de Havilland, <em>Mi mujer favorita </em>y <em>Las modelos, </em>esta última en compañía de Gene Kelly. Años atrás había sido portada para la reconocida revista <em>Life, </em>y desde el momento en que el afamado director Orson Wells la vio en dicha portada, se juraría no descansar hasta conquistarla. Y aunque en un principio ésta se negara a toda propuesta del insistente Wells, el encanto y el talento acabarían por seducirla, y para 1943 contraerían matrimonio en una boda celebrada en Santa Mónica. La prensa anunciaba la unión de “la bella y el cerebro”, y así lo haría notar la parte intelectual de la pareja, cuando en contadas ocasiones Wells hacía alarde de sus talentos, opacando a su esposa, e incluso llegó a llamarla “idiota” frente a varios testigos. Pese a esto, Hayworth reconoció que Orson Wells sería el amor de su vida, el hombre con el que tendría a su hija Rebecca, y a quien seguiría en sus caprichos artísticos, como aquel en el que el excéntrico cineasta le daba rienda suelta a su pasión particular por la magia, y en compañía de su esposa montó un espectáculo circense conocido como el <em>Mercury wonder show, </em>y en donde Wells, con sus dotes de prestidigitador, dividía el apetecido cuerpo de Rita Hayworth en dos mitades. En 1945 rodaría <em>Esta noche y todas las noches, </em>pero sería un año después cuando acabaría por consagrarse en lo más alto del estrellato mundial y en un objeto del deseo, al encarnar a la extrovertida y sensual Gilda en la película del mismo nombre. Un poder erótico que se desprendía desde la pantalla se apoderó del mundo con su interpretación. La película resultó escandalosa luego de que su coprotagonista, el actor Glenn Ford, le diera una famosísima cachetada que, a los ojos de hoy, evidencia claramente el machismo de una época, y aunque en defensa del personaje decir que unas escenas atrás había sido el personaje de Rita quien le había propinado una bofetada al actor. Pero sobre todo la película sería una polémica por el tremendo striptease de Hayworth, y que acabaría avergonzando a toda una época. El desnudo consistió sencillamente en un simple, ligero y sutil desprendimiento de un guante. Y a la diva dócil, sumisa, mosquita muerta, le bastó con un movimiento sensual y sugestivo, sin vulgaridad, carente de mayores dramatismos, acompañada por la música y el baile, seguro y seductor gesto fino, proveniente de una presencia dulce y angelical pero al mismo tiempo demoniaca, Rita se descubrió la mano y hasta la misma iglesia tuvo sus pronunciamientos al respecto. Por considerársele inmoral y “gravemente peligrosa”, la película fue censurada o prohibida en algunos países, y pese a lo cual recaudaría una fortuna en taquilla y le valdría a Rita Hayworth el reconocimiento mundial como un ícono de la belleza del cine hollywoodense. Con su papel más memorable, Rita alcanzaba la cumbre y de manera estrepitosa señalaba un descenso, ya que nunca conseguiría tanta fama y reconocimiento como el que obtuvo a través del personaje que la posicionó en la cúspide del éxito. El poster que promocionaba la película podría haber sido también un vaticinio de que ya la carrera de Rita no sería nunca la misma: “Nunca hubo una mujer como Gilda”. Tanto habría significado para la actriz el haber participado en esta película, que en un acto de excentricidad planearía un viaje a la Cordillera de los Andes, con el fin de enterrar en un lugar remoto una copia de la cinta, donde en cualquier caso pudiera sobrevivir a una catástrofe nuclear. Rita le dará vida a la musa del Olimpo consagrada al baile, encarnando a Terpsícore en la película <em>La diosa de la danza, </em>y un año más tarde sufrirá otra transformación física, esta vez diseñada también por su marido, quien llevado de sus caprichos le dio un aspecto totalmente distinto a su esposa para que protagonizaran juntos su próxima película, <em>La dama de Shanghái. </em>La actriz lucía un look que poco agradó al público: pelo corto teñido color platino; y tampoco gustó mucho su papel de embaucadora, maquiavélica, y que morirá finalmente, dejando en el espectador un sabor agridulce. Ni siquiera la fama de Hayworth conseguiría rescatar la película, y a pesar de que su personaje fuera uno de los más recordados de su carrera, la película sería un fracaso absoluto. La propuesta parecía ser más una tarea experimental, logrando un ritmo y una narrativa que el autor se permitió explorar, y que finalmente habría conseguido sin la preocupación de que un amplio público la comprendiera. “Sabíamos que estábamos haciendo un clásico mientras la rodábamos”, dijo Rita respecto a este proyecto. La estrella de la productora Columbia Pictures se derrumbaba y así también su matrimonio con Orson, el cual intentaría rescatar, pero que finalmente acabaría, y tras lo cual se haría célebre su frase de despecho: “Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo.” Para este entonces Rita comenzaría a abusar de la bebida y hasta el punto de convertirse en alcohólica. Durante el rodaje de <em>Los amores de Carmen, </em>de nuevo en compañía de Glenn Ford -con quien actuaría en tres películas más-, Rita se dejará seducir por el encantador magnate de la industria del cine, el mujeriego Howard Hugues, de quien quedará embarazada, pero que finalmente acabaría por abortar. La actriz se muda a París y será en la capital francesa donde conocerá a su tercer marido, el príncipe Alí Khan, con quien contraería nupcias en 1949 en una suntuosa boda celebrada en la Riviera francesa, y para ese mismo año nacería su hija Yasmin Aga. La actriz decide alejarse de su carrera y del mundo de Hollywood, y distanciarse de quien hasta ahora había venido siendo su representante, ése que desde un comienzo estuvo siempre acechándola, acosándola y también explotándola. Pero su intento por una estabilidad de pareja duraría muy poco, ya que el príncipe jamás dejaría su vida licenciosa y de consumado ludópata, por lo que un año más tarde la actriz decide pedirle el divorcio. Luego de dejar a su marido la actriz tendría que sortear un revés económico, y volvería al alcohol como sistema para paliar su descontento, sumiéndose en un proceso paulatino de autodestrucción. Víctima del despecho, o por tratarse de una buena amiga, la actriz se casó con el cantante argentino Dick Haymes, evitando así la deportación de éste, y quien sólo le daría malos tratos y se valdría de la fama de su esposa para impulsar su propia carrera. La relación llegó a su fin el día en que el cantante se atrevió a abofetearla en público. Y es que Rita seguía creyendo en el amor, y nuevamente hacía su apuesta en un intento por encontrar finalmente a su pareja, y pese a las inseguridades, traumas y temores que tal vez desconocimos. Decía que “todas las mujeres tienen cierta elegancia sobre ellas que se destruye cuando se quitan la ropa.” Pese a los tantos fracasos sentimentales, y quizás no queriendo permanecer sola, Hayworth se verá nuevamente involucrada en una relación sentimental, y en esta ocasión contraerá matrimonio con el productor James Hill. Regresa a la pantalla grande con la película <em>La dama de Trinidad, </em>y para 1953 interpretará junto a Charles Laughton a Salomé, en la película producida por su marido y con el mismo nombre, <em>Salomé, </em>aquella mujer que según la Biblia, y en complicidad con su madre Herodías, seduciría con su baile a Herodes para que éste ordenara decapitar al profeta Juan Bautista. Ese mismo año la veremos en <em>La bella del Pacífico, </em>y en los próximos años participará de algunas películas no muy relevantes, no sin antes pisar una vez más los tablados con su último musical de 1957, <em>Pal Joey. </em>Para ese mismo año rodará <em>Fuego escondido </em>compartiendo el plató con Robert Mitchum y Jack Lemmon, y un año después junto a Burt Lancaster en el film <em>Mesas separadas</em>, y después vendrían <em>The happy thieves, Llegaron a Cordura </em>y<em> La trampa del dinero. </em>En 1966, mientras rodaba junto a John Wayne y Claudia Cardinale la película <em>El fabuloso mundo del circo, </em>la actriz comenzaría a mostrar los primeros síntomas serios de una enfermedad que en ese entonces carecía de diagnóstico y por lo que siempre se confundió con alcoholismo: Alzheimer. Tres años duraría su relación con el productor, y otra vez la desventurada en el amor firmaría su divorcio, luego de alegar “crueldad mental” por parte de su marido, quien solía maltratarla tanto física como verbalmente. Testigo de estos abusos sería el protagonista de <em>Ben-Hur, </em>Charlton Heston, quien comentó haber vivido uno de los episodios más bochornosos de su vida, luego de que presenciara durante una cena en España cómo Hayworth era humillada continuamente por su esposo. Durante los años venideros Rita tendría dificultades al momento de recordar sus líneas, pese a lo cual continuó actuando y aunque de manera ocasional para coproducciones europeas de bajo presupuesto, conocidas como películas de serie B. Se destacan de esta época <em>El aventurero, </em>coprotagonizada por quien fuera también su amante durante el rodaje de la película, el seductor Anthony Quinn, así como <em>La ruta de la Salina, </em>y el que fuera su último filme: <em>La ira de Dios, </em>de 1972. La enfermedad se agravaba y se hacía notoria en su pérdida de memoria y en un penoso decaimiento físico e intelectual, que el mundo testimonió cuando fue fotografiada en el aeropuerto de Londres, y su aspecto avejentado parecía deberse, según decían todos, a los estragos que son comunes a las personas que padecen problemas con la bebida. A partir de 1981 Rita Hayworth finalmente es diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer, y en adelante será su hija Yasmin Aga quien cuidará de ella y se convertirá legalmente en su tutora. “Tenía ataques de furia y yo pensaba que era una especie de demencia alcohólica. Fue un alivio cuando nos dijeron que era Alzheimer. No fue diagnosticada hasta 1980”, comentó Yasmin Aga. Finalmente en 1987 cayó en coma y unos meses después, a sus 68 años, una de las más grandes leyendas de la época dorada del cine hollywoodense moría en su apartamento de Manhattan. Le interesaba su oficio y no tanto sus efectos: “La diversión de actuar es volverse alguien más.” No es reconocida por la calidad de las producciones en las que participó, donde pocas películas podrían destacarse, sino por su personalidad y belleza, consiguiendo que, como lo diría el director George Cukor: “Sus fanes se interesaran por la persona más que por sus personajes”. Nunca recibió una nominación al Oscar, y apenas le vimos por allí en 1964, gala a la que asistiría para entregar la estatuilla a la Mejor Dirección. Lo cierto es que a Hayworth muy poco le importaba ese mundo de Hollywood, y varias veces soñó con distanciarse del cine y de su carrera para llevar una vida íntima, tranquila, consagrada a formar una familia. “Todo lo que quería era lo que todo el mundo quiere, ya sabes, ser amada”, dijo alguna vez aquella mujer que a pesar de ser la más codiciada no lograría jamás los afectos que hubiera merecido por parte de los hombres. Pese a los tantos trastornos e infortunios amorosos, Rita reconoce haber tenido una vida única, envidiable, colmada de privilegios: “No he tenido todo de la vida. He tenido demasiado.” Siendo uno de los más importantes emblemas del cine, la “Diosa del amor”, como sería apodada, posee su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, concretamente en el 1945 de Vine Street. El American Film Institute la ubicó en el puesto 19 dentro de su listado de las 25 actrices más influyentes y destacadas del siglo XX. Y tal vez su vida estuvo signada por un albur, una suerte, un azar, o al menos así lo creía: “Todos estamos atados a nuestro destino y no hay manera de liberarnos.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 07 Jul 2023 12:10:02 +0000</pubDate>
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        <title>Abusos y violaciones de derechos humanos en el Opus Dei</title>
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        <description><![CDATA[<p>El siguiente es un testimmonio de un exmiembro del Opus Dei, que fue incluido en el documento presentado por organizaciones defensoras de víctimas de curas pederastas ante el Comité de la ONU contra la Tortura. Por  Tommaso Dell&#8217;Era Mi nombre es Tommaso Dell’Era, soy profesor contratado y doctor de Filosofía Política en una universidad estatal [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>El siguiente es un testimmonio de un exmiembro del Opus Dei, que fue incluido en el documento presentado por organizaciones defensoras de víctimas de curas pederastas ante el Comité de la ONU contra la Tortura.</em></strong></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-385" alt="solvano tomasi efe-1" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/05/solvano-tomasi-efe-1-1024x682.jpg" width="786" height="523" /></a></p>
<p><strong>Por  Tommaso Dell&#8217;Era</strong></p>
<p>Mi nombre es Tommaso Dell’Era, soy profesor contratado y doctor de Filosofía Política en una universidad estatal de Italia. He &#8220;experimentado&#8221; abusos sexuales por parte de familiares (a una edad muy temprana) y del clero (entre los 11 y los 18 años, por diferentes perpetradores). Ya no soy cristiano y, por supuesto, ya no soy miembro institucional de la Iglesia Católica. Quisiera esbozar brevemente el Opus Dei  &#8211; lo que es y lo que hace (según mi experiencia y otros testimonios). Yo fui miembro del Opus Dei desde 1984 hasta 1993, a partir de los 14 años y medio hasta los veintitrés, en Italia. El Opus Dei es una organización sectaria y totalitaria, estructurada como una sociedad secreta del siglo XVIII o XIX. Hay varias categorías &#8211; y niveles – diferentes de miembros, y el conocimiento de estos sobre la organización y su poder dentro de ella dependen de su grado: cuanto más alto sea, más uno conoce y más poder posee.</p>
<p>Existen las llamadas &#8220;publicaciones y documentos internos&#8221; (producidos por la imprenta de la organización que se encuentra en una propiedad &#8220;extraterritorial&#8221;). Estas publicaciones ofrecen la constitución y reglamentos internos para el Opus Dei &#8211; y estos son completamente diferentes de los estatutos publicados oficialmente que las personas interesadas fuera de la organización pueden consultar. Si nos fijamos en los diferentes roles dentro del Opus Dei: desde la base están los<em> Cooperantes</em> &#8211; estos no son de hecho miembros del Opus Dei, simplemente se limitan a dar dinero y sus oraciones. <em>Supernumerarios</em>: representan alrededor del 70% de los miembros del Opus Dei -hombres y mujeres casados que tienen carreras seculares y llevan vidas de familia tradicional. <em>Asociados</em>: son personas solteras y célibes que viven en su casa paterna. <em>Numerarios</em>: son alrededor del 20% del total de miembros &#8211; deben ser solteros y desde la edad de 18 años tienen que vivir en uno de los centros del Opus Dei.</p>
<p><span id="more-16087"></span></p>
<p>Hay varios niveles diferentes entre los numerarios laicos y los sacerdotes del Opus Dei. Los niveles más altos son quienes &#8211; en términos prácticos y espirituales &#8211; gobiernan la propia organización. Dentro de ambos hay un pequeño número de individuos poderosos &#8211; miembros &#8220;Inscritos&#8221; &#8211; que se encargan de elegir al <em>Prelado</em> –el más alto oficial del Opus Dei, que es siempre un miembro del sacerdocio. Los miembros Inscritos son esos pocos selectos funcionarios &#8211; sólo un puñado en cada país &#8211; que conocen los secretos de la organización en su país e internacionalmente. Cuando un joven católico entra al Opus Dei a la edad de 14 años y medio, él o ella es un <em>Aspirante</em>: es decir, no es jurídicamente un miembro de la organización (el derecho canónico prohíbe el reclutamiento de menores de edad), pero uno que aspira a serlo. Sin embargo, su vida dentro del Opus Dei es la misma que la de los <em>Numerarios</em> excepto porque viven en el hogar familiar. Este estatus de <em>Aspirante</em> significa que el Opus Dei es capaz de esquivar una legislación que prohíbe a los menores la membresía de su organización.</p>
<p>La membresía femenina está estructurada de manera similar, pero las mujeres miembros de la organización tienen poderes mucho más limitados. Son miembros que llevan a cabo tareas de limpieza y de cocina en los centros del Opus Dei: es el papel de las <i>Numerarias Auxiliares</i>. Los miembros femeninos del Opus Dei están sometidos a la discriminación institucional (no tienen derecho al voto), de clase, cultural y laboral (en cuanto a las <i>Numerarias Auxiliares</i>). Esta estructura androcéntrica de la organización es un reflejo directo de la sociedad española en la década de 1920, cuando se fundó el Opus Dei.</p>
<p>Entonces, ¿cómo es que una persona joven – de 14 años y medio- viene a entrar en el Opus Dei? Obviamente cada caso es diferente. Yo vengo de una familia católica-comunista, que no es inusual en Italia. Como cada <i>Aspirante</i>, mi preparación para el Opus Dei había comenzado mucho antes &#8211; a la edad de 11 años.  Un potencial <i>Aspirante</i> primero es asignado a un adulto laico miembro de la organización y, posteriormente, a un sacerdote. Durante estos periodos de tres-tres años y medio, más o menos, el joven es &#8220;preparado&#8221; para que él o ella esté listo para convertirse en un <i>Aspirante</i> a sus 14 años y medio. No hace falta decir que para los adolescentes este período en el que el Opus Dei prepara a sus futuros miembros es uno en el que son profundamente vulnerables &#8211; psicológicamente, emocionalmente y físicamente. Quizás el más importante -y perjudicial- elemento de este proceso de preparación es que el niño es gradual pero inexorablemente aislado y alienado de los jóvenes de la misma edad. Ese es su propósito.</p>
<p>El mensaje dado por el Opus Dei a estos jóvenes es: si te unes a nosotros, te conviertes en una persona santa, haciendo el bien y viviendo una vida plenamente cristiana dentro de la comunidad. Es una mentira. Porque a partir de los 14 años y medio le explican que ya no debe ir a fiestas, al cine o al estadio de fútbol: usted ya no debe hacer todas esas cosas que hacen los jóvenes normales a esa edad. El objetivo de este procedimiento de preparación es doble: aislar al joven de su entorno normal y comenzar el adoctrinamiento. ¿Cómo lo hacen? Con presión psicológica que explota los sentimientos religiosos de los jóvenes. Casi todos ellos han crecido en familias donde la tradición católica está fuertemente arraigada y sentida. Cada semana nosotros estábamos obligados a tener una reunión  (llamada simplemente una charla o conversación) con el miembro adulto laico al que nos habían asignado, y otra con un sacerdote. Estábamos obligados a confesarnos solamente con un sacerdote perteneciente al Opus Dei. También éramos persuadidos a revelar y discutir nuestras confesiones durante la ‘conversación’. De esta manera no podía haber secretos &#8211; y se hace aún más fácil que los jóvenes sean manipulados. Para todos los jóvenes &#8211; los sometidos a la preparación antes de ingresar en el Opus Dei y los <i>Aspirantes</i> &#8211; se abre un archivo que registra sus detalles más íntimos. También se incluyen en estos archivos los detalles financieros y sociales sobre sus familias.</p>
<p>La obediencia es esencial: cualquier pedido de un miembro adulto responsable de la formación espiritual se considera una expresión directa de la voluntad de Dios. Está prohibido hablar de cualquier parte del proceso de la educación con tu familia. El aislamiento y el chantaje emocional significan que la manipulación y el control de estos jóvenes es casi total. Otra forma en que se desarrolla el control de estos niños (para niños siempre se entienden aquí los adolescentes) es asegurándose de que su programa diario intensivo deje poco tiempo para la reflexión y la reflexión independiente. Hay obligaciones espirituales: cada uno de nosotros tenía que seguir lo que se llamaba un &#8221; Plan de Vida &#8220;: cada día comenzaba con una sesión de media hora de oración ante un sacerdote, seguida por la misa. Esto era antes de ir a la escuela, lo que significaba que tenías que levantarte a las cinco y media o las seis en punto, de acuerdo a tu programa individual. Había una larga lista de estas obligaciones espirituales a lo largo del día. Los niños también se mantienen ocupados con deberes prácticos , físicos &#8211; por ejemplo, el mantenimiento diario de los centros del Opus Dei &#8211; y con el proselitismo &#8211; tratando de encontrar y convencer a nuevos adeptos a unirse a la organización. Está claro que un adolescente que sigue un programa diario tan implacable, intensivo y regimentado, simplemente no tiene tiempo para pensar en lo que él o ella está haciendo.</p>
<p>Otro elemento clave en este período de adoctrinamiento para los jóvenes podría mejor ser descrito como un programa de abuso psicológico sistemático. Esto incluye la mortificación física para el niño. La auto-mortificación siempre se ha practicado dentro de la iglesia católica. Desde la edad de 16 años y medio los <i>Aspirantes</i> son instruidos para iniciar el uso de una serie de instrumentos de auto- mortificación. Uno de los primeros en ser empleado es el cilicio: una cadena de hierro con pequeños clavos. Se envuelve alrededor del muslo y se usa durante dos horas al día. Esto deja marcas en el cuerpo que permanecen durante muchos años después de que la práctica se ha detenido. Otro instrumento de uso común para la auto- mortificación es un azote de cuerda annudada; su nombre describe de manera elocuente su propósito – es llamado una <i>disciplina</i>: los <i>Aspirantes</i> son instruidos para acostumbrarse a azotarse a sí mismos en las nalgas una vez a la semana. Quizás uno podría preguntarse por qué los jóvenes se ven obligados a llevar a cabo estas prácticas. El objetivo es muy simple: no sólo sirven para reprimir a toda una gama de emociones -no sólo sexuales-, sino también para instalar en el niño un profundo sentido de desprecio de sí mismo. La baja autoestima hace que el niño sea mucho más maleable y fácil de manipular. El niño está obligado a someterse &#8220;voluntariamente&#8221; a estas prácticas. La obediencia al espíritu del Opus Dei &#8211; y por lo tanto al espíritu de Dios- es fundamental. Los apologistas del Opus Dei han afirmado que estas prácticas de auto-mortificación para los menores de edad son una cosa del pasado. Es una mentira. Yo me fui en 1993 y aún eran generalizadas. Sabemos que aún están en marcha, incluso ahora. Los instrumentos de auto-mortificación se mantienen dentro de los centros del Opus Dei. Los jóvenes tienen prohibido llevarlos a sus casas. Parte de los miembros femeninos está obligada a practicar otro tipo de auto- mortificación, además de aquellas prescritas para los varones.</p>
<p>Eso no es todo. El abuso farmacológico sistemático de menores de edad también es un lugar común. Esto ocurre si un niño sufre períodos de &#8220;crisis &#8221; o rebelión o simplemente es presa de trastornos- ya sea físicos o mentales de cualquier tipo. Una de las causas más comunes para el uso de drogas (en el sentido de medicamentos recetados sin necesidad y utilizados por otros propósitos) son los trastornos del sueño. Miembros del Opus Dei menores de edad y adultos (sólo <i>Aspirantes</i> y <i>Numerarios</i> varones y mujeres) tienen prohibido consultar a un médico, a menos que estén acompañados por un miembro adulto. Con frecuencia, los propios médicos son miembros de la organización. Con demasiada frecuencia, su primera reacción cuando se encuentran con un niño que sufre trastornos es prescribir tranquilizantes o antidepresivos de algún tipo. En mi experiencia personal en torno al 60 % de los jóvenes Aspirantes se sometieron a este tipo de tratamiento. A mí me recetaron medicamentos tanto cuando era menor de edad como después de haber alcanzado los 18 años. Funcionarios del Opus Dei decidieron que yo estaba sufriendo de depresión. De hecho no tenía nada más serio que una tenia, pero el médico &#8211; que por cierto era un gastroenterólogo- me recetó una serie de antidepresivos. Después, cuando me fui del Opus Dei , el mismo médico se negó a entregar mis registros médicos.</p>
<p>Esto es sólo un esbozo general de algunos de los métodos utilizados en los aspirantes jóvenes del Opus Dei &#8211; y ofrece una explicación de por qué las personas se mantienen dentro de la organización, al menos durante un periodo de tiempo determinado. Antes de terminar, me gustaría hacer dos observaciones. En primer lugar, la forma en que el Opus Dei reacciona a denuncias de este tipo. Es simple: con silencio y mentiras. Mentiras dirigidas a desacreditar a todos aquellos que se atreven a denunciar y revelar sus prácticas. Su respuesta habitual es describir a cualquier persona que haga las denuncias públicas como psicológicamente inestable. Otra defensa es alegar que ciertas prácticas pueden haber tenido lugar en el pasado, pero ya no ocurren. No es cierto, por lo que yo sé, y para la mayor parte de estas &#8220;prácticas&#8221;. Si tratamos de entender por qué estas prácticas continúan hasta hoy un concepto debe estar claro. El Opus Dei es una institución de la Iglesia Católica, aprobada en diferentes niveles y periodos por varios papas, oficialmente y definitivamente por Juan Pablo II. Hay, sin duda, muchas personas buenas y sinceras dentro de la iglesia católica &#8211; no sugeriría lo contrario. Pero la iglesia católica como institución política es una teocracia medieval gobernada por una casta de hombres. Estos hombres, en contraste con la propaganda de la propia iglesia, no admiten la posibilidad de ejercer libremente los derechos humanos dentro de la institución que controlan.</p>
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<p><strong>Foto: EFE</strong></p>
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        <author>El meridiano 82</author>
                    <category>El MERIDIANO 82</category>
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        <pubDate>Sun, 11 May 2014 18:45:57 +0000</pubDate>
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