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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 06 May 2026 22:00:28 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de uribe | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El centro que nadie imaginó: Más allá de Paloma Valencia  Y Juan Daniel Oviedo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/el-centro-que-nadie-imagino-mas-alla-de-paloma-valencia-y-juan-manuel-oviedo/</link>
        <description><![CDATA[<p>El centro que nadie imaginó: Un manifiesto de sobriedad ciudadana</p>
<p>¿Es posible votar por la derecha sin ser de derecha? En esta columna, Mar Candela Castilla se sitúa en el derecho a votar &#8220;putamente libre&#8221; para desglosar la urgencia de salvar la democracia frente a la mediocridad administrativa del presente. A través de una mirada pedagógica y visceral, la autora analiza el naufragio del sistema de salud, la orfandad de los millones que no encajan en los extremos y la apuesta por una &#8220;llanta de repuesto&#8221; que permita al centro volver a rodar.</p>
<p>Este no es un texto para fanáticos, es una invitación a pasar del saber sabido al saber comprendido. Es la voz de una feminista artesanal que prefiere una conversación incómoda hoy, que el silencio de una dictadura mañana. Pasen y lean: el centro también se moja</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Un ejercicio de <strong>sobriedad</strong> personal </p>



<p>Escribo desde la tensión de dos mundos que hoy me habitan y me chocan: la frialdad de las cifras que analizo y el calor de las vísceras que me dictan el camino; la esperanza que alguna vez cultivamos y la mediocridad administrativa que hoy nos asfixia. Esta columna es un ejercicio de <strong>sobriedad</strong> personal frente al ruido ensordecedor de los fanatismos. Para explicarles por qué hoy decido &#8220;mojarme&#8221;, recorreremos cinco estaciones necesarias: la fragilidad de nuestra democracia, el naufragio de la salud pública, el vacío que dejó un centro tradicional errático, la honestidad de una &#8220;llanta de repuesto&#8221; y, sobre todo, mi urgencia de re-existir sin entregar mi conciencia. Pasaremos del dolor que veo en los hospitales al cálculo pragmático de las urnas, porque para mí, elegir hoy es un acto de pura supervivencia ciudadana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Mi derecho a elegir la democracia: un ejercicio de re-existencia</h3>



<p>Hoy me planteo una pregunta sencilla: ¿queremos esta democracia imperfecta que nos deja pelear por lo nuestro, o nos arriesgamos a una dictadura perfecta? El peligro no es un invento. Autores como <strong>Steven Levitsky</strong> explican que las democracias mueren hoy cuando los líderes usan los votos para romper las leyes desde adentro. Eso es lo que percibo con el modelo del petrismo: un plan para entregar el poder a su propia línea ideológica, defendiendo procesos que solo muestran grietas.</p>



<p>Soy una mujer feminista de tiempo completo, una convencida del <strong>Feminismo Artesanal</strong> hasta los tuétanos. No hablo en nombre de todo el movimiento colombiano; hacerlo sería abusivo. Declaro que no me he matriculado en ningún partido político, aunque he estado absolutamente activa en procesos proselitistas y desde los activismos. He hecho el control político que ha estado a mi alcance, además de los trabajos sociales posibles y posibilistas. Digo esto sin puritanismo y sin delirios de superioridad moral: como educomunicadora, entiendo que la educación cívica se hace desde conversaciones situadas. Tengo claro que los partidos no son religiones. Mientras el político matriculado debe lealtad a su estructura, yo, como ciudadana común, solo me debo a mi criterio. <strong>Hoy me sitúo en el derecho a votar, putamente libre.</strong></p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">¿Es justo premiar a este Gobierno después del desastre en la salud?</h3>



<p>Me pregunto con profunda preocupación: ¿es justo premiar a este Gobierno después de la crisis que ha provocado en la salud? Las cifras me desgarran y no mienten. Los informes más recientes ubican a Colombia con un rezago preocupante en mortalidad evitable y las tutelas por servicios han alcanzado niveles históricos. Veo con dolor cómo la inasistencia médica y las barreras de acceso están costando vidas que el Estado debería proteger.  Este es solo uno de muchos motivos para no votar por Cepeda que encarna el modelo de gobierno petrista .</p>



<p>Sospecho que cuando logremos poner un Gobierno distinto y revisemos la gestión ejecutiva —incluyendo la llamada restitución de tierras—, la <strong>mediocridad administrativa</strong> brillará en todo su esplendor.</p>



<p> Los retrasos en la ejecución de presupuestos me demuestran que el problema no es solo de recursos, sino de una profunda incapacidad para gestionarlos. </p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">La &#8220;llanta de repuesto&#8221; y mi orfandad política</h3>



<p>Juan Daniel Oviedo ha sido brutalmente honesto y esa honestidad me interpela. La vicepresidencia en Colombia es, literalmente, una llanta de repuesto. Si revisamos la historia, desde <strong>Humberto de la Calle</strong> hasta <strong>Francia Márquez</strong>, el cargo ha sido a menudo  ha sido ese &#8221; llanta de repuesto&#8221;. </p>



<p>Esta figura de una centro-derecha intenta contener a los millones de colombianos que, como yo, estamos huérfanos de partido y no nos vemos en los extremos.</p>



<p>Tengo la esperanza de que, si este vicepresidente se hace visible y vela por los derechos con acciones concretas, podamos gestar en el futuro un movimiento social de centro fuerte. Oviedo decidió jugársela en esa posición para que el centro no se quede varado frente al desorden de quienes se dejaron absorber.</p>



<p> En el pasado escribí que Claudia López no sería mi presidenta por sus formas, mas luego voté por ella. Hoy, la realidad me pone frente a un escenario hostil: nos quitaron el Partido Verde y nos dejaron sin el espacio que se acercaba al equilibrio.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Mojarme en el centro frente a la sombra del fanatismo</h3>



<p>En su libro <strong>&#8220;En contra del fanatismo&#8221;</strong>, <strong>Alejandro Gaviria</strong> advierte que el fanatismo es la renuncia a la duda. Yo creo que la democracia exige ciudadanos dispuestos a la conversación difícil. Mientras los idealistas dicen que la victoria de la izquierda no es segura, las cifras me muestran que el país podría quedar en manos del desquicio sin un control político que modere lo que viene. </p>



<p>He decidido mojarme con la derecha en esta vuelta sin ser de derecha. </p>



<p>Si mi voto sirve para que la primera presidenta sea una mujer uribista y el primer vicepresidente sea un hombre abiertamente homosexual  de derecha moderada gana la política del simbolismo  y tendremos que ver que pasa con los procesos ejecutivos y operativos en el transcurso. Si  esta victoria llega  es responsabilidad de las acciones de este Gobierno  de  nadie más.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Re-existir en mi propia sobriedad intelectual</h3>



<p>Busco pensar mi propio pensamiento; pasar del saber sabido al saber comprendido y aplicado: la defensa del menor mal posible. </p>



<p>Voto sin idealismo porque hoy no encuentro una candidatura ideal.</p>



<p> Para mí, la diferencia radical es quiénes se comprometen a respetar la Constitución de 1991 y quiénes buscan una Constituyente para cambiar las reglas y abrir espacio a un modelo sin separación de poderes. Como sugería <strong>Joan Didion</strong>, mi deber es no dejarme seducir por las consignas que anulan mi criterio propio.</p>



<p>Escribo desde una trayectoria que nace de mis vísceras. Mi huella está en mis años de resistencia y en las calles. He perdido amistades por no arrodillarme ante una izquierda que hoy no me representa. Mi mente no es de piedra; tengo la valentía de cambiar de opinión cuando la realidad me demuestra que es lo justo y lo necesario.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background"><strong>Colofón:</strong> Al final del día, no busco el aplauso de las barras bravas ni la validación de un carné partidista. Mi compromiso no es con una bandera, sino con la posibilidad de seguir teniendo una voz en un país donde la libertad no sea un lujo. La vida me exige hoy una <strong>sobriedad intelectual, cognitiva, moral y emocional sin precedentes</strong>. Yo elegí. Estoy en el centro que se moja.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128565</guid>
        <pubDate>Fri, 01 May 2026 03:19:23 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
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        <title>El culto a Uribe</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-culto-a-uribe/</link>
        <description><![CDATA[<p>Observando y leyendo todo cuanto han dicho los seguidores del expresidente Álvaro Uribe Vélez una vez se conoció el fallo judicial en su contra, ratifico mi opinión sobre lo que se ha creado alrededor de su figura. Para mí, va mucho más allá de la simple admiración y respeto que puedan sentir por su máximo [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Observando y leyendo todo cuanto han dicho los seguidores del expresidente Álvaro Uribe Vélez una vez se conoció el fallo judicial en su contra, ratifico mi opinión sobre lo que se ha creado alrededor de su figura. Para mí, va mucho más allá de la simple admiración y respeto que puedan sentir por su máximo líder.</p>



<p>Como periodista, fui testigo presencial de la conmemoración del Día de las Víctimas en la plenaria del <a href="https://www.senado.gov.co/">Congreso de la República</a>, aquel 9 de abril de 2017, cuando Uribe, entonces senador, quiso responder a un reclamo hecho por la señora Gloria Gaitán, hija de Jorge Eliécer Gaitán. Sin embargo, el presidente de la Corporación en ese momento, Mauricio Lizcano, le negó la palabra, exigiéndole compostura y que esperara a que terminaran de hablar las víctimas del conflicto presentes en el Capitolio.</p>



<p>De inmediato, la bancada de Senado y Cámara de Representantes del Centro Democrático gritó y reclamó en nombre de Uribe. Luego salieron del recinto detrás de su líder como borregos obedientes, sin preguntar ni discutir. Lo importante era mostrar enojo, aunque no lo sintieran realmente. Poco les importó escuchar a las víctimas del conflicto, como es el deber de todo congresista, porque en ese momento lo esencial era seguir a Uribe, sin saber por qué ni para qué.</p>



<p><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/quien-ronda-a-lina-maria-garrido/">Nota recomendada: ¿Quién ronda a Lina María Garrido?</a></p>



<p>A partir de ese episodio llegué a una conclusión que resumo en una sola palabra: <strong>culto</strong>. No hay otra forma de explicar que un grupo de personas no sea capaz de entender que, aunque Álvaro Uribe Vélez pudo haber hecho cosas positivas durante su mandato como presidente, aún tiene muchas explicaciones pendientes.</p>



<p>La primera de ellas es su reelección, lograda gracias a un acto de corrupción dentro de su propio gobierno: la Yidispolítica y el escándalo de las notarías. Sin olvidar las interceptaciones ilegales del DAS y la cuestionable presencia del general Mauricio Santoyo (un alto oficial de la Policía, extraditado a Estados Unidos) como jefe de su esquema de seguridad en la Presidencia.</p>



<p>Frente a todos estos hechos, Uribe ha alegado desconocimiento. Ha dicho que no sabía nada, que todo fue una sorpresa, que ocurrieron a sus espaldas. Poco le ha faltado para decir: <em>“me acabo de enterar”</em>.</p>



<p><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/un-periodismo-equivocado/">Puede leer también: Un periodismo equivocado</a></strong></p>



<p>Estas respuestas, al menos para mí, resultan poco creíbles. No corresponden a la conducta de alguien conocido por su microgerencia, por su deseo de controlar cada detalle, por su carácter posesivo y dominante en todos los espacios de poder.</p>



<p>Sin embargo, nada de esto basta para que sus seguidores se atrevan siquiera a cuestionarlo. Para ellos, es suficiente con que Uribe afirme que es inocente, que todo ocurrió sin su conocimiento. En resumen: que los culpables son otros, nunca él. Ellos repiten su discurso como si estuvieran embrujados o hipnotizados.</p>



<p>Por eso no me sorprende que afirmen que el fallo dictado por la jueza Sandra Heredia —en el que se acusa al exmandatario de fraude procesal y soborno a testigos a través de su abogado, Diego Cadena— no corresponde a la verdad sobre quien, para ellos, es Uribe. Al fin y al cabo,  los uribistas y el mismo Centro Democrático actúan como si no les importara si el es culpable o inocente; lo único que importa es que nadie lo contradiga, lo critique o siquiera lo señale.</p>



<p>Han convertido a Álvaro Uribe Vélez en un dios, y él parece habérselo creído. Lo más grave es que han olvidado que no es más que un ser humano, y que, como figura pública, sus actuaciones deben estar sometidas a la justicia, como ocurre con cualquier ciudadano colombiano, sin importar quién sea.</p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
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        <pubDate>Tue, 29 Jul 2025 20:36:27 +0000</pubDate>
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