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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Universidad Nacional de Colombia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Crónica de una memoria rescatada: la odisea de Antommarchi</title>
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        <description><![CDATA[<p>Durante más de un siglo, unas láminas anatómicas de extraordinaria belleza y precisión viajaron en silencio a través del tiempo, cruzando imperios, guerras y continentes, hasta quedar sepultadas en el olvido. Lo que comenzó como un encuentro improbable entre ciencia, arte y poder en la Europa napoleónica, terminó convertido en un enigma dormido en los archivos de Colombia. Esta es la historia de ese largo extravío… y del gesto apasionado que, contra toda lógica, logró devolverle la voz a la memoria</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>Por Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero</em></p>



<p>El mejor legado que se puede tener de una persona es el de poder transmitir, a futuras generaciones y a las propias, no solo la información ni el conocimiento, sino la pasión por el desarrollo y la inventiva humana, que se traduce en cultura. Los mecanismos para transmitir la pasión a generaciones no conocidas han sido siempre una tarea muy difícil, pues requieren múltiples artilugios que permitan apreciar las consideraciones, separar las confidencias, remover los recuerdos y tener un criterio claro, completo y libre de ruidos, el cual une el futuro con el pasado en pensamiento, palabras, idiomas, invenciones e interpretaciones.</p>



<p>Estella Restrepo Zea logró, en muchas ocasiones, llevó estas interpretaciones del pasado a nuestro presente y del presente al futuro lejano. Sus estudios, carácter, propósitos y formación le permitieron crear un mecanismo capaz de comunicar la ciencia, la tecnología, la política y el arte de los siglos XVIII y XIX en sus investigaciones, que perpetuaron sus hallazgos, sacándolos de un letargo temporal hacia una perseverancia, así como las flores en primavera, que son muchas, pero pocas las que dan fruto.</p>



<figure class="wp-block-image alignleft size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="803" height="816" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28221822/Aloys-Senefelder.png" alt="" class="wp-image-127514" style="aspect-ratio:0.9840796726042628;width:290px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28221822/Aloys-Senefelder.png 803w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28221822/Aloys-Senefelder-295x300.png 295w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28221822/Aloys-Senefelder-768x780.png 768w" sizes="(max-width: 803px) 100vw, 803px" /></figure>



<p>Es así como se desarrolla este ingenioso proceso de transmisión intergeneracional de memoria: Estella nos llevó a un viaje histórico que inició en 1796, en Múnich, donde nos encontramos con Aloys Senefelder, un dramaturgo y músico checo que no tenía mucha fama en sus actuaciones, por lo que el destino lo llevó a incursionar en la escritura del arte dramático con su obra <em>Mathilde von Altenstein</em>, a la que no logró conseguirle un editor. Por ello, decidió realizar una serie de ensayos a fin de poder replicar las publicaciones a través del estampado de una matriz que resultara como un método económico de impresión para difundir sus obras de teatro. En medio de su experimentación, escribió la lista de la ropa que llevaría a la lavandería en una piedra lisa con una crayola; así encontró la técnica que se denominaría en adelante como litografía, considerada uno de los inventos tecnológicos más revolucionarios de la época, cuya fama Senefelder no dimensionó.</p>



<figure class="wp-block-image alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="800" height="819" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28222313/Paolo-Mascani.png" alt="" class="wp-image-127515" style="aspect-ratio:0.9768244206105152;width:288px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28222313/Paolo-Mascani.png 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28222313/Paolo-Mascani-293x300.png 293w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28222313/Paolo-Mascani-768x786.png 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p>Por la misma época, en 1780, en la Universidad de Siena (Italia), el profesor de medicina Paolo Mascagni estaba encontrando los primeros resultados de sus investigaciones sobre el sistema linfático humano, lo que lo llevó a documentar y describir más de la mitad de los elementos anatómicos linfáticos que conocemos hoy en día. Sus hallazgos los realizaba a través de la disección de numerosos cadáveres en condiciones consideradas peligrosas e imprudentes, acompañado por un nutrido grupo de dibujantes que plasmaban, con excelencia artística, el fruto de la herencia del exquisito Renacimiento. Sus descubrimientos quedaron consignados inicialmente en la publicación <em>Vassorum lymphaticorum corporis humani Historia et iconographia</em> y, posteriormente, en la <em>Anatomía Universia</em> (publicada <em>post mortem</em>), que lo consagraron como uno de los más notables anatomistas de todos los tiempos.</p>



<p>Las dificultades de reproducción de sus dibujos, dada su meticulosa definición y detalle, llevaron a los sucesores del legado de Mascagni —Bernardo y Aurelio— a conformar una sociedad anónima para la publicación póstuma de sus obras, contratando como curador y editor al médico Francesco Antommarchi, quien en ese momento estaba siendo recomendado por el cardenal Joseph Fesch para ser el médico de Napoleón Bonaparte. Fue así como, en la isla de Santa Elena, desde 1818, donde permaneció el emperador preso luego de su derrota en la batalla de Waterloo, se encontraron estos personajes.</p>



<figure class="wp-block-image alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="589" height="641" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28224611/Francesco-Antommarchi.png" alt="" class="wp-image-127516" style="aspect-ratio:0.9189219987465101;width:264px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28224611/Francesco-Antommarchi.png 589w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28224611/Francesco-Antommarchi-276x300.png 276w" sizes="(max-width: 589px) 100vw, 589px" /></figure>



<p>En ese pequeño y árido islote africano estaban confinados Bonaparte y Antommarchi, quienes conjugaron los dibujos inéditos de la anatomía de Mascagni con la novedosa tecnología de la litografía, cuya idea había sido traída por uno de los visitantes al depuesto emperador: el general Louis François Lejeune, quien estaba fascinado por esta técnica luego de conocer los talleres de Senefelder durante la campaña alemana de las guerras napoleónicas de 1808. Así se confabularon el arte con la innovación técnica, y estas, a su vez, con las invenciones médicas y el poderío político en una obra majestuosa titulada <em>Planches anatomiques du corps humain executées d’après les dimensions naturelles accompagnées d’un texte explicatif, par F. Antommarchi</em>, publicada en París en 1826, cuya edición fue dedicada a Napoleón.</p>



<p>Las 83 láminas anatómicas del cuerpo humano, de tamaño real, que componen la obra, gozan de una precisión y detalle únicos para la época y aun para nuestros días. Litografiadas con especial cuidado, nos conducen a un estudio detallado de cada una de las capas, desde los músculos del cuerpo hasta el esqueleto, dejando una increíble expresividad de los modelos, que semejan estar vivos en medio de una naturaleza vegetal reducida, con el fin de mostrar la grandeza de las proporciones antropomórficas como un canon divino. Tal magnificencia plasmada en el proyecto de las litografías representó para Napoleón su descanso y refugio cuando los guardias presionaban fuertemente su ánimo. Más de una vez fue este pasatiempo el alivio que redujo el peso de sus horas, pues “amaba estudiar el hombre físico y compenetrarse con el hombre moral”, según lo describió el mismo Antommarchi en su diario.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="474" height="622" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28225144/planches-anatomiques.jpg" alt="" class="wp-image-127517" style="width:650px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28225144/planches-anatomiques.jpg 474w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28225144/planches-anatomiques-229x300.jpg 229w" sizes="auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px" /></figure>



<p>Al morir Napoleón en 1821, Francesco Antommarchi partió a tierras americanas, atracando su barco en Brasil, en Colombia, en México y finalmente en Cuba hacia 1838. El médico encontró en Santiago de Cuba un lugar de remanso a su duro vivir, en compañía de su primo Antonio Benjamín Antommarchi, hacendado cafetero, y de su hermano menor José María Antommarchi, quien estaba casado con la cucuteña Victoria García-Herreros y Santander, con quien tuvo once hijos.</p>



<p>Francesco se dedicó en Cuba al estudio de la fiebre amarilla y trabajó intensamente por combatirla. También llevó a cabo, en la hija del marqués de Moya, gobernador de Cuba, la primera operación de cataratas realizada en la isla, logrando el más completo éxito, lo que desembocó en la fundación de un hospital para que pudieran beneficiarse de sus servicios los numerosos pacientes que sufrían afecciones oculares, encomendándose su dirección a Francesco Antommarchi. La isla había declarado una epidemia de fiebre amarilla que él contrajo, falleciendo a causa de esta enfermedad el 3 de abril de 1838. Luego de su deceso, su hermano José María viajó a Venezuela, donde se estableció hasta su muerte. Su viuda, Victoria García-Herreros, decidió regresar a San José de Cúcuta (Colombia), acompañada de las pertenencias y legado de su esposo y de su cuñado. Tras establecerse en la ciudad fronteriza, su hija Hortensia se casó con José Vásquez Durán.</p>



<p>Ya en Bogotá, José y Hortensia concibieron a Ana Francisca Vásquez Antommarchi, quien años después se casó con Juan Manuel Carrasquilla Hernández, hijo del afamado médico y filósofo Juan de Dios Carrasquilla Lema, egresado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y del San Bartolomé, conocido por haber sido el primer jefe del Departamento Nacional de Agricultura —que luego se convertiría en el Instituto Nacional de Agricultura—, miembro de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales, autor de numerosos estudios sobre paludismo y lepra, profesor de medicina de la Universidad Nacional de Colombia y creador del Instituto Carrasquilla para el estudio de la lepra y otras enfermedades infecciosas, donde instituyó un suero llamado leprina, que contenía el cultivo del bacilo de Hansen.</p>



<p>Ana Francisca conocía la pasión de su suegro por la medicina y la anatomía, por lo que decidió entregarle las láminas que con esmero cuidó su tío abuelo y conservó su madre durante tantos años. Sin embargo, el doctor Carrasquilla decidió donar las láminas, junto con libros y estudios, a la Biblioteca de la Universidad Nacional de Colombia antes de su muerte en 1908.</p>



<p>Pasaron muchos años, y las láminas, perdidas y cubiertas de polvo, reposaban entre miles de libros universitarios. En algún momento del siglo XX fueron dobladas por la mitad, cosidas y empastadas, desconociendo su origen y sus aventuras errantes, extraviadas en el olvido del sótano de la Biblioteca de la Universidad, hasta que, en la década de los sesenta, en medio de los ímpetus de los movimientos estudiantiles y bajo la rectoría del médico José Félix Patiño, el doctor Andrés Soriano Lleras, dedicado médico y entusiasta de la historia de la medicina, avistó un deteriorado y húmedo empaste cuyo contenido parecía ser de buena factura. Pensó en llevarlo a su recién creado museo de historia de la medicina del ente universitario; sin embargo, no encontró suficiente información. El museo funcionó hasta su muerte, en 1974.</p>



<p>Ya nadie vivo podía dar fe de esta epopeya, que se perdía sin recuerdo y sin dolientes. Sin embargo, el destino confabulaba contra el olvido de tan importante obra y, para ello, se valió de la pasión escondida de una talentosa historiadora que siempre quiso ser médica: la antioqueña Estella Restrepo Zea, quien había ingresado como docente a la Universidad Nacional de Colombia en 1975. Durante más de una década buscó piezas y artefactos antiguos utilizados en la enseñanza de la medicina. En 1988 encontró una posible veta que sirviera a su investigación y, junto con el decano de Medicina, Augusto Corredor, trabajó para la reapertura del museo, que se llevó a cabo en 1991. Durante su proceso investigativo encontró los apuntes del doctor Soriano y, con ello, el hallazgo de las extrañas láminas.</p>



<p>Conformó entonces el Grupo de Investigación sobre Historia de la Medicina; trabajó con litógrafos y artistas; entrevistó a profesores de la Facultad de Medicina y a académicos como Zoilo Cuéllar; realizó visitas a museos y bibliotecas de París, Florencia y Siena; leyó el diario de Antommarchi; consultó los programas de anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad durante el siglo XIX y la primera mitad del XX; indagó con bibliotecólogas de la Universidad Nacional de años anteriores, y logró aclarar lo fundamental de las preguntas que daban tantas vueltas en su cabeza. Con ello, consiguió desenmarañar la majestuosa trama histórica, volviéndola más valiosa que las mismas láminas, maravillosas por su tradición artística y tecnológica al servicio de la ciencia.</p>



<p>Su impulso no se detuvo allí, pues Estella tenía la misión de evitar que estas piezas volvieran a perderse en el abandono. Emprendió entonces el propósito de restaurarlas en el mejor laboratorio del país y, una vez reintegradas a su forma original, almacenarlas en un espacio especialmente diseñado con las mejores tecnologías de conservación en el Archivo Histórico del alma mater. Logró reproducirlas digitalmente con la mayor resolución y definición existentes a nivel global y, finalmente, consiguió la reproducción numerada de cincuenta réplicas, que fueron entregadas a igual número de instituciones académicas y de memoria en el mundo, a través de la Comisión de la Universidad Nacional para el Bicentenario de la Independencia, conformada por el Gobierno Nacional como reconocimiento al desarrollo de la cultura del mundo en Colombia.</p>



<p>Pero esa pasión que nos permitió desentrañar esta enorme odisea tuvo un nombre propio: Estella Restrepo Zea. Una mujer de semblante sereno, acento paisa y una sensibilidad profunda por los estudios sociales. En ella se adivinaba, casi de forma natural, una vocación temprana por la medicina, como si desde niña hubiese cultivado una sed silenciosa por comprender el cuerpo y sus misterios.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28220854/Estella-Restrepo-Zea.png" alt="" class="wp-image-127513" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28220854/Estella-Restrepo-Zea.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28220854/Estella-Restrepo-Zea-300x225.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/28220854/Estella-Restrepo-Zea-768x576.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotografia de Estella Restrepo Tomada por su Hijo Juan Manuel Martinez, con ajuste digital.</em></figcaption></figure>



<p>Esa inclinación se transformó, con los años, en una disciplina rigurosa y en una constancia admirable, que la llevaron a recorrer los caminos de la historia con la precisión de quien observa, pero también con el cuidado de quien comprende. Su trato, firme y a la vez maternal, marcó a quienes la acompañaron en sus investigaciones —como Ona Vileikis—, guiándolos con la paciencia de quien no solo enseña, sino que forma.</p>



<p>Historiadora de oficio y por vocación, Estella dedicó su vida a explorar los vínculos entre la medicina, la ciencia y la sociedad. Durante décadas, desde su labor como docente en la Universidad Nacional de Colombia, no solo investigó, sino que sembró preguntas, despertó curiosidades y abrió caminos. Fue, en esencia, una tejedora de memoria: alguien capaz de ver en los fragmentos dispersos del pasado una historia viva, esperando ser contada.</p>



<p>Estella Restrepo falleció el 1 de enero de 2019, dejando su investigación como fuente para la memoria y su pasión cultural para el mundo, Estella aun nos acompaña en esta odisea eterna por la memoria.</p>
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        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127511</guid>
        <pubDate>Sun, 29 Mar 2026 03:59:26 +0000</pubDate>
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        <title>Leonor Muñoz, eterna guardiana de  la custodia de la memoria de Camilo Torres</title>
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        <description><![CDATA[<p>Entrar en esta lectura es encontrarse con una memoria que no descansa y una vida que se niega al olvido. Desde la mirada fiel de Leonor Muñoz, “Cebollita”, se despliega la figura de Camilo Torres Restrepo no como mito ni consigna, sino como presencia viva: sacerdote que nunca dejó de serlo, humanista atravesado por la fe y la rebeldía, y hombre entregado al amor eficaz por los pobres. En esta travesía de recuerdos, dolores y lealtades, se revela el vía crucis de quien custodió su legado frente a la estigmatización, el silencio y la manipulación de la historia, hasta devolverlo al lugar que le pertenece: la conciencia colectiva. Estas páginas invitan a mirar a Camilo en su complejidad humana y espiritual, como una voz que aún interpela, incomoda y convoca a repensar el sentido de nuestra propia humanidad.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero Velásquez.</p>



<p>Se dice que Dios habita en un eterno presente, y ese recuerdo nos llega a través de la inspiración de Leonor Muñoz, o “Cebollita”. Fue ella quien nos presentó a Camilo Torres Restrepo, sacerdote fallecido hace ya sesenta años, pero también fue quien lo trajo de nuevo a nuestro tiempo. Su figura permaneció en nuestras vivencias como si se tratara de un amigo eterno. Su memoria trascendió el tiempo y nos permitió sentir la espontaneidad y la franqueza de aquel hombre que se hizo libre y, por qué no decirlo, que también nos hizo libres.</p>



<p>El día en que conocimos a Leonor Muñoz de Correal recorrimos juntos su finca en Cota (Cundinamarca), donde mostraba con orgullo sus plantaciones. Su apariencia frágil, su mirada dulce y, al mismo tiempo, su temple espiritual dejaban ver que su sosiego actual había sido pulido con sensibilidad y bajo enormes presiones, como se pule una gema para que pueda brillar. El trayecto de su vida no fue sencillo. Cebollita conservaba en su memoria aquella mañana en que asistió a la misa de las siete, hace ya sesenta y dos años. Era una alborada fría, cargada de soledad, pese a la presencia de algunas almas en el templo. La voz retumbante del sacerdote —ronca, queda, atravesada por la tristeza, el miedo y la angustia— sobresalía por encima de las lecturas bíblicas. Solo ella sabía que aquella misa cifraba la despedida y la manera en que Camilo había creído posible transformar las realidades.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003506/20260202_053114668_iOS-683x1024.png" alt="" class="wp-image-125366" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003506/20260202_053114668_iOS-683x1024.png 683w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003506/20260202_053114668_iOS-200x300.png 200w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003506/20260202_053114668_iOS-768x1152.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003506/20260202_053114668_iOS.png 1024w" sizes="auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>



<p>Leonor conservaba la esperanza de que existiera una salida a esa maraña de oposiciones y ataques que surgen cuando alguien se atreve a hacer lo que nadie más se atreve. No comprendía por qué la bandera del amor eficaz y de la teología de la liberación generaba tanto escozor en la sociedad, en la Iglesia y en la vida misma. Creían en ideales y soñaban utopías; estaban llenos de inocencia. Sin embargo, sabían que, cuando no hay soluciones, es necesario buscar estrategias. Así fue como Leonor Muñoz presenció cómo su confesor, líder espiritual, amigo de infancia y ejemplo a seguir tomaba una decisión tan dolorosa como desafortunada: despojarse del hábito tras aquella inolvidable y penosa misa. Con lágrimas en los ojos, el sacerdote entregó sus dos tesoros a su entrañable amiga: su hábito y el cuidado de su madre, Isabel Restrepo, mientras emprendía un viaje sin retorno.</p>



<p>Los hechos que condujeron a esa determinación se remontan al momento mismo en que Camilo decidió no seguir el camino de su padre, Calixto Torres, el pediatra más reconocido de Bogotá. De haberlo hecho, habría tenido una vida colmada de comodidades. No obstante, Camilo vivió allí su primera rebeldía. Lleno de vitalidad y determinación, logró sobreponerse a sus propios gustos: la música llanera, la gastronomía exquisita y su pasión por los riñones al jerez. Fue más fuerte el llamado al prójimo, a las necesidades de los pobres, a esa voz interior que desde la infancia lo había llevado a conmoverse con la cruz del otro. Así, Camilo Torres Restrepo se inclinó hacia la vocación sacerdotal, guiado por el ejemplo de Jesús.</p>



<p>Ese camino también fue seguido de cerca por Cebollita, testigo de la transformación de un joven galante, bohemio y amante de la vida, hacia la senda espiritual. Aun así, percibió que Camilo nunca perdió su esencia. Por ello lo acompañó en sus visitas a la junta de acción comunal de Tunjuelito, en la entrega de mercados y en el apoyo a trabajos comunitarios. Compartió su afán por lo social y su dolor frente a las injusticias. Observó el surgimiento de la opción preferencial por los pobres, aprendida en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), así como los seguimientos, las amenazas, los ataques de grupos represores y la firme postura de Camilo frente a esos embates. Notaba cómo lo seguían en sus recorridos en su moto Vespa y se angustiaba ante las amenazas o aquel episodio en el que dispararon contra la ventana del apartamento de su madre durante una de sus visitas.</p>



<p>La cadena de presiones comenzó cuando, junto con Orlando Fals Borda, impulsó la creación de la carrera de Sociología en la Universidad Nacional de Colombia, convencido de que la academia podía ser un medio para transformar la sociedad. “Aborrecía Camilo la sociología congelada, matemática, ajena al compromiso con la realidad que se trata de analizar. Quería una ciencia social comprometida con los hombres, encarnada en la realidad, aterrizada en un sitio concreto”, como lo expresó Teófilo Escribano en un artículo publicado en <em>El Tiempo</em> en 1971, titulado <em>Camilo Torres, cinco años después</em>.</p>



<p>Poco a poco, sus acciones fueron diezmadas: se cerraron sus círculos y se limitó su contacto con amigos y allegados. Intentaron acallar sus reuniones y encuentros, donde congregaba multitudes de simpatizantes y curiosos deseosos de escuchar a un sacerdote que hablaba de manera distinta a la de sus coterráneos. Surgieron enemigos visibles e invisibles. “Camilo era un viento nuevo, un aire fresco sobre la herida infectada de la injusticia social que continuaba devorando todo el cuerpo, bello pero ajeno, de Colombia”, como lo señaló Fernando Soto Aparicio en su libro <em>La siembra de Camilo</em>.</p>



<p>Aquella mañana marcó en Leonor un cambio radical en su manera de comprender la realidad, la crueldad y la desesperación humanas en la búsqueda de transformaciones sociales que desbordan al individuo hacia aspiraciones idealistas de una sociedad política. Sus lágrimas de dolor y angustia le valieron el apelativo de Cebollita. Desde entonces inició un vía crucis al asumir la imagen y la vocería de Camilo, pues la muerte posterior y precipitada de su amigo la obligó a hacerse cargo de lo que quedó de él y de una familia forzada al exilio, dejándole a Leonor la responsabilidad de representarla.</p>



<p>La lucha por conocer el lugar de sepultura de su cuerpo la llevó a entrevistarse con militares y con agencias del Estado colombiano, que de manera sistemática ocultaron la información y se llevaron el secreto de sus restos hasta la tumba, como ocurrió con su primo Álvaro Valencia Tovar, quien irónicamente fue también su verdugo. Fue señalada como colaboradora de comunistas. Leonor fue reconstruyendo fragmentos de una identidad perdida y de archivos personales donde se entrelazaban lo espiritual y lo social, lo sagrado y lo profano. Los depositó en un crisol de la historia oculta y, en silencio y soledad, aguardó el momento oportuno para limpiar la imagen estigmatizada de su amigo.</p>



<p>En su camino, conoció las múltiples facetas de quienes permanecieron en el mundo. Algunos traicionaron sus ideales y los llevaron a la radicalización; otros se vanagloriaron de haberlo conocido y se creyeron con derecho a ondear sus banderas. Hubo quienes escribieron biografías de personajes irreales —mártires, héroes o demonios— todos con un solo nombre: Camilo. Otros intentaron mantenerlo vivo en el espíritu de quienes no lo conocieron, construyendo un mito de un ser lejano, salvador o villano, completamente ajeno al Camilo que ella conoció.</p>



<p>Estos embates menoscabaron su corazón y su alma, creando en Leonor capas de protección frente a la desconfianza en la sociedad, el sistema y la amistad. Conoció la hipocresía, la deslealtad, la arrogancia y el desprecio hacia el caído. Se desató una tormenta que duraría más de cincuenta años, marcada por la violencia que ha atormentado a nuestro país. La radicalización de los ideales polarizó a la sociedad hasta un punto en el que el pensamiento ajeno dejó de ser tolerado.</p>



<p>El año 2009 marcó el inicio de un despertar lento sobre lo que quedaba de aquel personaje que se desvanecía en el olvido de las nuevas generaciones. Tras un proceso de reconocimiento y de restablecimiento de la confianza en la institucionalidad, Leonor decidió donar la imagen terrenal de ese recuerdo sacro. Así, la Universidad Nacional de Colombia, a través de su Archivo Histórico, reconoció institucionalmente la trayectoria multifacética de Camilo, recibiendo sus sotanas como símbolo de comunión entre la academia, la historia, la diversidad, el respeto y la memoria.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-1024x683.png" alt="" class="wp-image-125367" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-1024x683.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-300x200.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-768x512.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS.png 1536w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>El crisol se abrió y permitió mostrar su contenido. La promesa de realizar una exposición documental que revelara la integralidad de un ser que transitó entre el bien y el mal, la revolución y la evolución, nos permitió dimensionar su obra y forjó en nosotros un compromiso personal, utópico e ineludible. Este se materializó en 2016, en el marco de la conmemoración de los cincuenta años del fallecimiento de Camilo Torres, gracias al impulso del profesor Ramón Fayad y de su Centro de Pensamiento sobre este enigmático personaje, con la realización de una exposición en el nuevo edificio del Archivo Histórico.</p>



<p>Para la muestra <em>Camilo, pensamiento y acción</em> se convocó a docentes de diversas áreas del conocimiento para contextualizar esa compleja manera de entender la vida, dando como resultado un análisis de su pensamiento en tres ejes: el universitario, el investigador y el organizador social. La magnífica curaduría de William López reveló todas las caras de la moneda. Con franqueza, Leonor pudo soltar su carga de medio siglo. El peso de las ideas pasó a ser patrimonio de un país convulsionado, amado y rechazado a la vez.</p>



<p>Leonor sintió la levedad del deber cumplido. Con generosidad nos regaló una sonrisa dulce, colmada de gratitud y de un auténtico amor eficaz. Nos enseñó que la verdadera brillantez del alma habita en lo sencillo, en dejarnos conmover por la reconciliación y el perdón. Cómo olvidar la mirada de nuestra querida Leonor: una mirada bañada de nostalgia, pero también de una fe inmutable en darnos a conocer al verdadero Camilo Torres.</p>



<p>Cebollita cumplió su propósito. Así la recordamos quienes la evocamos, reviviendo ese eterno presente que anhelamos habitar en la presencia de la divinidad. Leonor alcanzó la paz al volver a la casa del Padre el 6 de octubre de 2018, en la serenidad de su hogar, tomada de la mano de sus hijos, Camilo y Juan, mirando al infinito con aquella expresión inolvidable que la acompañó hasta el final.</p>



<p>Hoy, tras tantos embates, el destino continúa jugando con la memoria del padre Camilo Torres. Padre, porque un sacerdote nunca deja de serlo, aun cuando se despoje del hábito; Camilo, porque su personalidad y su pensamiento permanecen vivos. No como el guerrillero que nunca pudo ser, sino como el humanista entregado al amor eficaz por los pobres. Sin afán de vanagloria, a diferencia de quienes pretenden apropiarse de su figura y erosionan la memoria de aquello que Leonor quiso resguardar.</p>



<p>Si Cebollita aún viviera, con seguridad recitaría de memoria el primer capítulo del libro de quien fuera amigo de Camilo —y también sacerdote— Gabriel Guzmán Campos. En su obra <em>Camilo, presencia y destino</em>, obsequiada a Leonor con dedicatoria el 5 de febrero de 1967, se conserva una huella íntima de esa amistad, de la cual nos permitimos transcribir, a continuación, un fragmento textual:</p>



<p><em>DINAMICA DE UN SIMBOLO</em></p>



<p><em>Para dialogar sobre Camilo Torres Restrepo se nos exige una actitud mental nueva.</em></p>



<p><em>Su gesto es demasiado apremiante, casi hostil. Su mensaje es tremendamente agresivo e inaudito.</em></p>



<p><em>Camilo es nada, para quien no lo viva. Aún más: conviértese en algo monstruoso si no se llega hasta el fondo de su individualidad humana.</em></p>



<p><em>Solo así se le encuentra sentido a su vida y a su acción.</em></p>



<p><em>Después de adentrarnos en él, nos impide retornar satisfechos a nuestro propio mundo. Produce ecos, resonancias, compasión, desconcierto, admiración, desprecio, afecto. Tal vez&#8230; remordimiento.</em></p>



<p><em>No nos envía mensajeros. Nos grita las cosas cara a cara.</em></p>



<p><em>No se le puede interpretar como un accidental episodio momentáneo de la problemática colombiana o del acontecer latinoamericano, porque tiene dimensión y trascendencia históricas. Se evade del presente para proyectarse en el futuro. Es ahí donde cumple su destino.</em></p>



<p><em>¿Juicio de valor?</em></p>



<p><em>¡No!, si se cree que la historia —pero esa que por fortuna todavía no es un lugar común— estará de parte de Camilo.</em></p>



<p><em>Nadie logra entenderlo si no lo ubica dentro de un contexto global.</em></p>



<p><em>Si de esto no se tiene cuenta, es muy fácil adoptar ante él posiciones extremistas: de abominación para sepultarlo bajo una plúmbea losa de silencio; de dilusión, alegando que no debe mencionársele por mediar aún demasiadas conveniencias de tipo político, religioso, estatal, militar o estructural; de sublimación, que lo superexalta como héroe y mártir sin venia del acontecer histórico; de explotación, para hipotecarlo a intereses personales o de grupo; de asco, por su absurda determinación final; de subvaloración, pregonándolo demagogo, loco, bandolero y criminal.</em></p>



<p><em>Corresponde a las generaciones que luchan por la libertad y la democracia auténticas, desentrañar el contenido del propósito y el sacrificio de Camilo.</em></p>



<p><em>¿Vana esperanza o generosa cuasi ingenua conjetura?</em></p>



<p><em>Quizás&#8230;</em></p>



<p><em>Camilo es y será siempre un ser contradictorio, controvertido y contradicho.</em></p>



<p><em>Como toda personalidad multifacética, corre peligro de ser enfocado de manera unilateral y recortada, adulterando por razones de simpatía o aversión, lo que realmente fue, para entregar los disminuido, mixtificado, manoseado, mútilo, a quienes anhelan conocerlo.</em></p>



<p><em>Para unos, podría ser el mártir proteico, heroico, inimitable, único, intangible, ubicado más allá de cualquier intento de análisis; para otros, resultaría el lastimosamente equivocado, el loco tremebundo, el rebelde sin causa, el frustrado cuyo nombre se debe pronunciar a media voz, el antisocial que degeneró en arquetipo malicioso del delincuente común.</em></p>



<p><em>Se puede también caer en el desatino de hacerle decir a Camilo cosas que no dijo ni pensó; o de hacerle expresar cosas que pensó, pero no en la forma como se dicen.</em></p>



<p><em>Es difícil interpretar a hombre de tan contrapuesta conducta, de tan sorpresivas soluciones, de ímpetus tan vehementes, de tan millonaria honestidad, crédulo hasta lo increíble, bondadoso sin límite de cálculo, al con sólo nombrar “ ya se sabe que se mientan la generosidad, el amor, el noble pecho, la valentía, la lealtad, la sinceridad, la franqueza, la honradez acrisolada, el heroísmo, la amistad, la hidalguía, la hospitalidad, la cortesía, el buen trato, la gratitud, la liberalidad, la decencia y cultura y todas aquellas cualidades con que es uno cabal y perfecto caballero&#8221;.</em></p>



<p><em>No hay derecho a tomar por asalto la personalidad de Camilo Torres, para distorsionarla.</em></p>



<p><em>Ridículo es contemplarlo en parábola simplista y tratarlo con lástima, con piedad gimoteante, con efugios, como a un ingenuo terco cuyo sacrificio débese diluir hasta evaporarlo en una atmósfera donde apenas si flote vagamente su recuerdo.</em></p>



<p><em>¿Cómo lograr su exacta ubicación? ¿Entre el héroe y el mito, la deificación y la insignificancia, la genialidad y la insensatez, la grandeza rampante y el infantilismo envanecido, la cálida presencia permanente y la momentaneidad efectista, la máscula figuración y la audacia promisoria, el auténtico testimonio y la apostasía irreverente, el grito y el eco, la eclosionante racha tormentosa y el breve estremecimiento ocasional, la verdad en meridiana plenitud y la equivocación fatal, la rebeldía altanera de su sinceridad iluminada y el erguido gesto vanidoso?</em></p>



<p><em>¿Cómo interpretarlo? ¿Soñador o creador, visionario de momento, mesiánico destino, incendio contagiante, frustración deplorable, bandera auroral, empeñosa afirmación de desolados litorales, magnífico o ridículo, atormentado o iluso, germen en plomo aprisionado o raíz honda, respuesta cabal a la esperanza de un pueblo que podía coronarlo de ignominia o de laureles?</em></p>



<p><em>En Camilo el análisis intríncase porque surgen y se entrecruzan múltiples valores o fallas que subyacen bajo su personalidad, entendida esta -siguiendo el concepto de Ribot &#8211; como el individuo mismo en su totalidad, en su continuidad y en su unidad psicoorgánica.</em></p>



<p><em>Tendencias hereditarias y constitucionales, aportes de ambiente y educación, oscilaciones endogenas, variables psíquicas, predisposiciones afectivo-activas, podrían arbitrarse como marco de referencia para encuadrar la personalidad de Camilo. Sin embargo, quiero desligarme de patrones preestablecidos para encontrar al hombre y, a través de este, inquirir lo que fue Camilo, lo que anhelo y soñó y quiso realizar. Porque es inútil pretensión comprenderlo, captarlo, omitiendo su dimensión humana. Hay que partir del hecho real hombre para avizorar toda su recóndita urdimbre de triunfo y dolor.</em></p>



<p><em>Viví y conviví con él cerca de cinco años.</em></p>



<p><em>Asistí al desbordamiento de su germinal inquietud; supe de tantas cosas suyas; vi cómo se proyectaba hacia metas por él concebidas. Con base en esto y en muchos otros motivos valederos quiero entregar a Camilo depurado de mixturas arbitrarias: a Camilo-verdad, a Camilo-realidad, a Camilo-autenticidad, a Camilo-hombre.</em></p>



<p><em>Me rebelo por igual contra la cáfila de sepultureros a sueldo y de exhumadores histéricos. Aquellos, intentan ocultarlo, deshacerlo, borrarlo de la conciencia de Colombia y de América empeñándose en exhibirlo como &#8220;muerto a tiempo&#8221;; mientras estos, lo reclaman para rendirle homenaje de zalemas y baldías memoraciones. Y ahí está el error: en que todos, exhumadores y sepultureros, se aferran al &#8220;cadáver&#8221; de Camilo: a Camilo-cadáver, a Camilo-negación, a Camilo-frustración, al Camilo-emocional que se quedó en el monte en espera de que &#8220;su boca se le llenara de flores y de trigo&#8221; .</em></p>



<p><em>Por respeto a Camilo, que no lean este libro los pacatos, los de espíritu fariseo, los de conciencia maniquea, ni tampoco los mañosos y mucho menos los sempiternos genuflectos ante el dios miedo, el dios cálculo, el dios conveniencia.</em></p>



<p><em>¡No!, no toquen este libro los magos de la entrega y la mercadería; los recelosos; los de mentalidad de bodegueros; los prudentes escandalizables; los cristianos sin testimonio; los cambalacheros del honor; los censores puritanos; los adulteradores de intención; los oportunistas que no se comprometen.</em></p>



<p><em>Que ni tan siquiera lo miren cuantos anhelan vivir incontaminados, impolutos, imperturbados, inconmovibles y satisfechos.</em></p>



<p><em>Que no abran estas páginas tantas plañideras ocasionales que expresaron su pena en ridículas farsas ululantes, tan en extremo impertinentes, que más parecían decepcionadas beldades disputándose el honor de haber sido las únicas confidentes de Camilo a última hora. ¡No. Que no lo lean cuantas lo soñaron como al hombre apetecible e imposible, víctimas de su propia fantasía otoñal y de sus emociones en receso.</em></p>



<p><em>No toquéis este libro vosotros los profanadores de cadáveres. Ni vosotros los gacetilleros de pacotilla con vuestras plumas fletadas. Ni tampoco vosotros los buhoneros de cebido toda vosotros os aventadores de reputación. Ni vosotros los tránsfugas de toda responsabilidad que os horrorizáis de las crucifixiones.</em></p>



<p><em>Que no lo toquen muchos que se infiltraron en su movimiento y lo delataron y lo traicionaron a cambio de monedas.</em></p>



<p><em>Que lo den por no escrito cuantos quieren hollar a Camilo ya muerto, con la sordidez de sus pezuñas salvajes.</em></p>



<p><em>Camilo tiene un heredero único en la dimensión de lo temporal y de la historia: el pueblo. ¿Este lo mantendrá auténtico?</em></p>



<p><em>Le pertenece al pueblo pobre, campesino y obrero, porque es la respuesta al clamor que viene desde la manigua, el hambre, el desamparo la endemia secular. Voz de clase explotada, de gleba, de agro colombiano, de hombre anónimo destinado a ser arteria rota, sangre que acusa, inmolación silenciosa, cadáver profanado, cuerpo insepulto, carroña de caminos, rebeldía, fusil, tea libertaria, grito. Grito de esperanza, en llamas y banderas; de certeza en un destino inconmensurable.</em></p>



<p><em>Camilo planteó cosas que la gente sentía. Con base en esta evidencia, puede afirmarse que aproximó la revolución a todos.</em></p>



<p><em>Despertó la inconformidad y vapuleó el conformismo.Por eso, unos lo siguen y otros lo maldicen</em>.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125364</guid>
        <pubDate>Mon, 02 Feb 2026 05:38:39 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Leonor Muñoz, eterna guardiana de  la custodia de la memoria de Camilo Torres]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ramón García Piment</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Entre lo apacible y lo indomable</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/entre-lo-apacible-y-lo-indomable/</link>
        <description><![CDATA[<p>Revolución, es uno de los pensamientos que se me viene a la cabeza cuando traigo al presente mi pasado de estudiante en los corredores del edificio 303 de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Revolución de ideales, revolución de pensamiento, revolución de moda, y sin embargo la mayor revolución de una clase, la tuve en el aula de uno de los docentes que con su presencia inspiradora de respeto y de bondad nos hablaba sobre el orden y el poder.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hace ya varios años recibí la invitación para escribir sobre un docente que me había dado algunas clases. Al escuchar su nombre, comprendí de inmediato que no se trataba de un profesor universitario cualquiera, sino de alguien que deja huella profunda por su conocimiento y, sobre todo, por la forma en que lo transmite.</p>



<p>El profesor <strong>Carlos Niño Murcia</strong> es un maestro en el sentido más pleno de la palabra: uno de esos seres que nacen para enseñar y para encender en sus discípulos la pasión por el arte de la arquitectura. En sus clases, las formas pétreas de los edificios se transformaban en relatos: historia, legado, memoria, identidad.</p>



<p>Acepté gustosamente escribir un artículo, desde la mirada del alumno que fui, sumando mi voz a tantas otras que reconocen lo que significa el oficio de la arquitectura y su ejercicio en Colombia.</p>



<p>El libro en el que aparece este texto lleva su nombre como título —porque su nombre mismo es una marca— y fue editado por la Universidad Nacional de Colombia (Castell, E. et al. (2024). <em>Carlos Niño Murcia</em> (1.ª ed.). Grupo Editorial: Universidad Nacional de Colombia).</p>



<p>Comparto aquí, para <em>La Conspiración del olvido</em>, un abrebocas que invita a dejarse cautivar por este oficio vital, sagrado y pleno que, cuando se ejerce con verdadero sentido, permanece vivo para siempre.</p>



<p class="has-text-align-right">Ramón García Piment</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p>Revolución, es uno de los pensamientos que se me viene a la cabeza cuando traigo al presente mi pasado de estudiante en los corredores del edificio 303 de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Revolución de ideales, revolución de pensamiento, revolución de moda, y sin embargo la mayor revolución de una clase, la tuve en el aula de uno de los docentes que con su presencia inspiradora de respeto y de bondad nos hablaba sobre el orden y el poder.</p>



<p>De esa manera conocí a Carlos Niño Murcia, quien andaba con su mirada altiva y risueña, atareado en medio de muchos proyectos que tenía con el distrito para levantar perfiles urbanos e investigar sobre los desarrollos poblacionales de las urbes. Siempre se le veía, rodeado de estudiantes que lo admiraban y lo asediaban en la cafetería cuando salía de sus clases.</p>



<p>Sin embargo, la mejor forma de introducirnos en su pensamiento era a través de sus libros, en particular recuerdo el de “Arquitectura y Estado”. En él, podíamos ver la relación que tuvo el estado insipiente luego de las terribles guerras civiles decimonónicas para poder, no solo administrar una nación heterogénea, sino para poder mostrar la cohesión centralista del poder del Estado a través de la consolidación de edificios municipales a manera de palacios modernos, en donde se ubicarían las instituciones de correos y telégrafos, junto con las alcaldías, aduanas, oficinas de impuestos y otros estamentos propios de la administración del estado. Todos ellos, planeados y diseñados desde el Ministerio de Obras Públicas de Colombia.</p>



<p>Ese panorama lleno de conceptos teóricos sobre poder local, población y ordenamiento territorial, altamente impregnado de modelos estilísticos nos transportaba a un ideario lleno de formas e inspiraciones que se salían de las burguesías y oligarquía, de los poderes políticos para llevarnos a una utópica relación entre forma y control.</p>



<p>Así nos inspirábamos, viendo que no solo los preceptos se daban en la funcionalidad y la estética, sino en la dominancia y el poder, fusionados en un matrimonio indisoluble con una sociedad perturbada entre control social, pobreza y riqueza.</p>



<p>Es así como el profesor Carlos Niño, resultó siendo inspirador de una revolución no actual, sino una revolución pasada, llena de dificultades sociales y estudios etnológicos amañados de ansias de poder. Fue así como el maestro nos permitió ver un aprendizaje que iba más allá de los conceptos, que se encontraban matizados en las formas, en el desarrollo conceptual encriptado.&nbsp; Empecé a ver en los perfiles urbanos, en las fachadas, los mensajes ocultos que permitían decodificarse a cada clase, con cada texto. Fue así como las clases pasaron a tener un matiz de desciframiento de lo oculto.</p>



<p>Como no recordar al maestro que pasó a educar basado en los textos pre- existentes, a ser un investigador que concluía sus apreciaciones casi en el mismo momento que las formulaba a los alumnos. &nbsp;Así captó nuestra atención, así transformó el pensamiento de sus estudiantes, permitiéndonos la motivación que nos llevaba a buscar en nosotros mismos las virtudes que se encontraban adentro y afuera, en los estudios de campo.</p>



<p>Su voz plausible, pausada y a la vez reflectiva, nos llevó a ver que la arquitectura respondía a los valores de una sociedad, a reflexionar de manera crítica sobre una escritura de las formas y del poder. Luego de veinte años de haber estado en las aulas, aún recuerdo como en sus clases en un salón cubierto de cortinas gruesas, a través de un caluroso proyector de acetatos o de un moderno proyector de diapositivas, nos llevaba a recorrer la ciudad, sus tramas, la forma de concepción de barrios y urbanizaciones. &nbsp;Nos presentaba las etapas en las que se formaban las ciudades, con materiales y formas llenas de pensamientos sociales, y como se generalizaba la forma cúbica, el material a la vista que se recubría, y por otro lado el trabajo de las oficinas de planeación que competían en la intervención de los espacios públicos, en donde lo único común era la consecución de hitos urbanos y puntos de encuentro. &nbsp;La pugna de dos miradas, la de la sociedad que busca habitar y la del Estado que imponía el orden en el hábitat.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115967</guid>
        <pubDate>Mon, 08 Dec 2025 22:12:30 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Entre lo apacible y lo indomable]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ramón García Piment</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Así era la vida en el Asilo de locas de Bogotá</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/asi-era-la-vida-en-el-asilo-de-locas-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>A través de una minuciosa investigación, la profesora Luz Alexandra Garzón reconstruyó la historia de la locura durante la primera mitad del siglo XX en Bogotá. Con sus hallazgos hizo un relato desgarrador: &#8220;Las mujeres de Ningunaparte&#8221;.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-deeb035e544e555763cfc9e9ea92fbf6"><em><strong>“El manicomio es un lugar sin tiempo”:</strong> </em>Luz Alexandra Garzón, investigadora colombiana.</p>



<p>El alma se encoge: mientras más pequeña se vuelve, más grande es la impotencia que uno siente. Estamos en <em>Ningunaparte</em>, el lugar donde viven, conviven y malviven mujeres a quienes les han diagnosticado algún tipo de locura. La vieja casona, que fue la finca de recreo de un español durante la independencia y luego Hospital Militar, está ubicada en la calle 5 No 12A-25, en el centro de Bogotá. Con el tiempo se convirtió en Hospital Psiquiátrico, a cargo de la Beneficencia de Cundinamarca.</p>



<p>Este mundo pertenece al pasado pero la profesora Luz Alexandra Garzón lo desenterró al hurgar con paciencia en los archivos psiquiátricos de la Junta General de Beneficencia. <em>“Estas voces han sido desplazadas de la historia desde su condición de mujeres, locas, analfabetas y pobres”,</em> me cuenta ella.</p>



<p>Lo que se vivió de puertas para adentro está descrito con crudeza y a la vez con empatía en el libro <em><strong>“Las mujeres de Ningunaparte: voces del Asilo de Locas de Bogotá, 1930-1950”</strong></em>, una coedición de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad del Rosario.</p>



<p>Se trata de un relato intimista, escrito en primera persona, que nos conecta como lectores con el dolor, el sufrimiento, las alegrías y los vínculos&nbsp;que se dieron al interior de dicho asilo. <em>“Mujeres incomprendidas, dominadas, relegadas y olvidadas de por vida en estas instituciones”</em>, señala la autora.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-33d1c0daff6fc7e767ef300f914d73ce"><strong><em>“… surgen diferentes maneras de nombrarlas: ´las enfermas´, ´las enajenadas´, ´enferma con trastorno mental´, ´las reclusas´, ´las locas´”.</em></strong></p>



<p>La idea de escribir el libro le surgió mientras revisaba archivos judiciales del siglo XIX, donde a algunas mujeres se les declaró locas, además de infanticidas. <em>“Cuando realicé la inmersión en cada folio, </em>-señala la investigadora- <em>advertí la presencia de las mujeres, particularmente pobres, analfabetas, dedicadas a oficios domésticos, que vivieron sus embarazos y partos solas; acusadas luego de infanticidio, fueron arropadas por la vergüenza y la culpa”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-112258" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-768x768.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI.jpg 1512w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Las pacientes llegaban a este lugar especialmente de Cundinamarca, el Viejo Caldas, Tolima y Valle, <em>“regiones donde la violencia se vivía con mayor intensidad”. </em>Rechazadas por sus familias, muchas fueron abandonadas a su suerte en las calles, recogidas por la policía y llevadas a <em>Ningunaparte</em>. Las que provenían de muy lejos, eran traídas <em>“en camiones de carga o en los carros de transportar bestias en los ferrocarriles (…) o si no amarradas sobre un caballo o a píe, sufriendo atroces maltratos, consecuencia del terror que inspiran a nuestras gentes los seres privados de la razón”.</em></p>



<p>A modo de contexto histórico, la profesora cuenta en su obra que <em>“las mujeres han sido vinculadas con las emociones, ´la irracionalidad, lo subjetivo y lo caótico´, mientras que los hombres con el mundo racional”.</em> La obra explica que esta concepción <em>“</em><em>tiene sus orígenes en la filosofía ilustrada, particularmente en los trabajos de J.J. Rousseau, para quien las mujeres no eran sujetos de razón y, por tanto, debían ser objeto de la sujeción de la razón masculina”. </em>De hecho, en un tiempo se las catalogó como brujas: <em>“… por medio de la tortura de sus cuerpos, eran obligadas a confesar su propio locura para, finalmente, ser quemadas o ahogadas según lo establecía la ley”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-22c7fca9033a8814fdf37cc95e9fb062"><strong><em>“—La vida en este asilo es ¡durísima! Espantosa. Estas mujeres no tienen ninguna privacidad (…) vestidas todas iguales, descalzas (…) tan sin identidad. Escuchen, no las llaman por su nombre, les dicen ´córranse para allá´, ´pasen para acá´”.</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="987" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-1024x987.png" alt="" class="wp-image-112104" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-1024x987.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-300x289.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-768x740.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3.png 1155w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imagen tomada del libro &#8220;Las mujeres de Ningunaparte&#8221;. </em></p>



<p>De la mano de la autora, recorremos el lugar y percibimos la angustia que debieron experimentar las residentes. Sentadas en bancos de piedra o acurrucadas, visten&nbsp;batas grises largas.&nbsp;Conversan, ríen, caminan, deambulan descalzas por el lugar. El suelo les sirve también de comedor. Las que no cuentan con cama, duermen sobre el suelo frío. Ahí están, entre otras, Antonia, Mariana, Ana, Ovelia, Micaela, Cecilia, Soledad, Purificación, Josefina y Efigenia. </p>



<p>Engañadas u obligadas por sus parientes a firmar documentos, algunas fueron despojadas de sus bienes.&nbsp;</p>



<p>Una mujer grita desesperada, atormentada por los piojos, mientras las demás, se encogen en sus puestos, cubriéndose los oídos. Otra mujer corre desnuda queriendo besar a tres de sus compañeras. Las religiosas y enfermeras que las cuidan <em>“dirigen sus ojos al cielo, como buscando fuerzas para continuar”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b2174ad363fc6a79bcc8c4c5b1aaacbe"><strong><em>El Asilo de Locas de Bogotá “marca los inicios de la psiquiatría en el país”.</em></strong></p>



<p>De acuerdo con la investigadora, a partir de 1940 los médicos aplicaron cuatro tratamientos (insulina, cardiazol, electrochoque y lobotomía), considerados efectivos para el manejo de enfermedades mentales como la esquizofrenia.</p>



<p>La primera y la última lobotomía, un procedimiento quirúrgico para el control de la agresividad, fueron practicadas en el Asilo de Locas de Bogotá, entre los años 40 y 50 del siglo XX.</p>



<p>“ —<em>Para la operación vamos a utilizar la técnica de Freeman-Watts: procedemos a realizar un orificio de trepanación a cada lado de la cabeza e introducimos el leucotomo para cortar la sustancia blanca </em>(…)<em> El resultado del procedimiento fue nulo”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e46ea77684a29d5e51f9ecceb3d0d124"><strong>&nbsp;“Otros tratamientos para las mujeres histéricas era el casamiento para el control de los llamados ´deseos genésicos´, la masturbación, y en casos extremos, la amputación de los ovarios. También se aplicaban lavativas con láudano, sanguijuelas en la entrepierna y baños de agua fría”.</strong></p>



<p>A través de sus 344 páginas, <em>“Las mujeres de Ningunaparte”</em> nos enseña de una manera dolorosa que el mundo nunca ha estado cuerdo y que contar estas historias nos ayudan a entender lo que somos, tanto ayer como hoy. Mientras tanto, desde su campo de saber, la profesora Luz Alexandra Garzón trabaja en un nuevo proyecto relacionado con el estudio de la locura femenina.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="285" height="370" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164316/ASILO-2.jpg" alt="" class="wp-image-112103" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164316/ASILO-2.jpg 285w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164316/ASILO-2-231x300.jpg 231w" sizes="auto, (max-width: 285px) 100vw, 285px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Breve entrevista con la autora</strong></p>



<p>Doctora en Ciencias Humanas y Sociales y magíster en Desarrollo Educativo y Social, la investigadora Luz Alexandra Garzón es profesora asociada del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia. Su interés por abordar la locura femenina lo resume con una frase de la escritora Margaret Atwood: <em>&#8220;Les dije que no estaba loca, que me habían tomado por otra, pero no me escucharon&#8221;</em>.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-de868946e9644c12d2a1c49773a6d9b9"><strong>¿Qué la motivó a emprender esta investigación?</strong></p>



<p>Siempre&nbsp;me habitó esta tensión histórica entre el silenciamiento de las voces de las mujeres, especialmente aquellas que han roto el canon impuesto: locas, putas, madres con hijos ilegítimos y el para qué, cómo y por quiénes han sido leídas. A partir de las voces de algunas de las mujeres pude hallar indicios de un amor, un sentir hacia sus esposos, con ellas fue posible recrear el imaginario del amor romántico y las maneras de relación entre hombres y mujeres,&nbsp;aquí nace una interesante paradoja&nbsp;entre ser diagnosticada&nbsp;con una enfermedad mental, encerrada y no cumplir con el rol asignado en la época y expresar el amor y los recuerdos de una vida de pareja, el matrimonio y la procreación.&nbsp;</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-86da876c31d547e0958cd07ab3c5fa9a"><strong>¿Qué sintió mientras leía sus historias clínicas?</strong></p>



<p>Me invadió un sentimiento de dolor, también de indignación que se fue tejiendo con esperanza, fortaleza y sororidad. Me conecté con la afectividad y sus vidas como mujeres que vivieron soledad, rechazo, abandono o violencias y que, sin embargo, tejieron de una u otra manera una red de afectos al interior del asilo.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9966f68c2e10c02d3f78878122fcae7"><strong>¿Alguna historia la tocó de manera especial?</strong></p>



<p>Varias historias, pero destaco la de Mariana Aponte. Con ella ahondé en cómo la ruptura del deber ser mujer jugaba en contra de su sufrimiento íntimo, el hecho de mostrarse descuidada en su persona, con sus hijos y esposo se convierte en un&nbsp;argumento sólido para la aplicación de electrochoques que circularon por su cuerpo y después ser lobotomizada y al final &#8220;no servir&#8221; y ser devuelta por su esposo al asilo. Me sentí indignada y movida a profundizar en estas vidas, contarlas y hacer que sus voces oscurecidas tengan el lugar que les fue negado en la historia.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-11bf6dfe33d66dcb29a84df67b6e27a7"><strong>¿Visitó algún centro psiquiátrico como parte del proceso investigativo?</strong></p>



<p>Mientras escribía, caminé por las calles del centro de Bogotá donde existió&nbsp;la casa de <em>Ningunaparte</em>, me conecté con el lugar y fue inspirador para crear los relatos. También visité el Manicomio de Sibaté, llamado Hospital Neuropsiquiátrico <em>“Julio Manrique”.</em> Las instalaciones, que se encuentran en abandono, coincidieron con la representación que pude crear a partir de los informes de la Junta General de Beneficencia, las voces de las mujeres, los médicos y los administrativos.&nbsp;</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0af9e8159fea65894a04030e15244e36"><strong>Finalmente, usted pertenece a la Red Internacional de Estudios de las Emociones (<a href="https://renisce.com/2023/01/17/luz-alexandra-garzon-ospina/">RENISCE</a>). ¿De qué manera las emociones se relacionan con la salud mental de las personas?</strong></p>



<p>Al sufrimiento psíquico se le sigue leyendo como enfermedad, patologizado y subyugado por los fármacos. Comprender qué hacen los afectos y emociones en los diversos contextos, permitirá redireccionar las políticas sociales en salud mental. Asuntos como la migración, las violencias políticas e intrafamiliares, desplazamientos forzados, las desigualdades&nbsp;sociales, la pobreza o la xenofobia, se encuentran&nbsp;atravesadas por las emociones, estas poseen un carácter político, social y cultural que debemos&nbsp;comprender para actuar.&nbsp;&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112099</guid>
        <pubDate>Fri, 28 Feb 2025 13:45:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Así era la vida en el Asilo de locas de Bogotá]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Totó la Momposina (1940)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/toto-la-momposina-1940/</link>
        <description><![CDATA[<p>En la aldea de Talaigua existe un pueblito ubicado al interior de una isla situada en el descomunal río Magdalena, ese río que nace en los Andes y desemboca en el Mar Caribe. El pueblito tiene el nombre de Mompox, y de allí que Sonia Bazanta Vides haya elegido el seudónimo de “Momposina”. Ella es [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En la aldea de Talaigua existe un pueblito ubicado al interior de una isla situada en el descomunal río Magdalena, ese río que nace en los Andes y desemboca en el Mar Caribe. El pueblito tiene el nombre de Mompox, y de allí que Sonia Bazanta Vides haya elegido el seudónimo de “Momposina”. Ella es una mezcla racial de aborígenes y españoles, cuando en el siglo XVI los indígenas rehuyeran a los conquistadores refugiándose en lo más profundo de los bosques, pero en años posteriores conseguirían mezclarse, comenzando de esta manera una nueva cultura sincrética, nutrida de dos mundos. Esta identidad pudo reconocerla siempre la cantautora colombiana: “La música que yo hago tiene sus raíces en una raza mixta; siendo africana e india, el corazón de la música es completamente percutiva.” Y es que estos ritmos de los tambores no sólo se alojaban en sus genes ancestrales, ya que los encontraría en la primera línea sanguínea junto al par de músicos que fueron sus padres. Así mismo la música en su familia tanto por vía materna como por vía paterna se remonta a varias generaciones. El abuelo Bazanta era un experto en el clarinete y director de una banda en Magangué, su padre era percusionista y su madre cantante y bailarina. De esta forma toda su familia vivía en torno a los ritmos de la música de la costa Caribe, siendo ella el fruto más fino de una dinastía que alcanzaría su fulgor toda vez que fuera la receta perfecta, el conjunto y el bagaje de un conocimiento legendario, y que desde muy joven quiso explayar al permitirse recorrer los distintos parajes de la costa Atlántica, indagando y conociendo de los pueblos caribeños las distintas formas de hacer música, así como sus tradiciones y costumbres propias. Momposina era ya una prometedora cantante y bailarina, contaba con la belleza, la fuerza y el talento, y ahora lo único que quedaba era pulir ese diamante en bruto hasta lograr sacarle todo el brillo. En Talaigua tendría a Ramona Ruíz como su mentora. Se trataba de una cantadora y voz líder del Chande, que eran las fiestas de la comunidad, y cuyos bailes interpretaría años más tarde Totó la Momposina sobre los escenarios de todo el mundo. Siendo todavía una adolescente, Totó integra una banda familiar que cobró cierta notoriedad a nivel local, ya que solían hacer apariciones frecuentes en <em>Acuarelas, </em>un conocido programa televisivo que se emitía cada sábado y en el que la familia bailaba al son del mapalé, el bullerengue y la cumbia. Por esos años Colombia estaba viviendo un conflicto que luego sería conocido como el período de La Violencia, donde liberales y conservadores se asesinaban por montones, y sería debido a este conflicto que la familia de los Bazanta Vides tuvo que mudarse a Barrancabermeja. Era un ambiente de terror, y en su infancia era común que Totó se topara en las calles con los muertos que habían dejado los tiroteos recientes, por lo que la familia tuvo que trasladarse a Villavicencio y un tiempo después instalarse finalmente en la capital. Su madre quiso mantener encendida la llama de la música, por lo que llevaría consigo todo el arsenal de instrumentos autóctonos del Caribe, e hizo de su casa en el barrio Restrepo un espacio de encuentro donde acudían los más prestantes músicos del folklor Caribe y que residenciaban en Bogotá. Tal es el caso de Pacho Galán, Lucho Bermúdez, Aníbal Vásquez, Los Gaiteros de San Jacinto, entre otros. Su hogar también sirvió de hogar para estudiantes que provenían de la costa y que no tenían dónde alojarse o a quién acudir. Totó estudió en el conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia y luego de su graduación comenzaría a darle forma a su producto propio. Combinó sus raíces y revitalizó los ritmos de la gaita, el porro, el sexteto y la chalupa. Supo integrar a sus espectáculos el sensual y cadente baile de la cumbia con el colorido de sus trajes, mezcla de la cultura indígena y española. La danza sugiere un cortejo en donde las mujeres sostienen una vela encendida en una de sus manos mientras los hombres esperan por su encuentro cercándolas en un corrillo. Sería así como su propuesta permitió que su país y el mundo entero se enterara de una pieza de arte que hasta el momento parecía desconocida. Fue ella quien hizo conocer la cumbia en todo el mundo, y su música estuvo acompañada por las letras tradicionales que expresaban las costumbres y el repertorio oral de los pueblos caribeños, acabando de darle forma a un producto genuino y digno de ser reconocido en todo el mundo. Su música se fue a recorrer los distintos países y junto a su grupo musical se iría de gira por Polonia, Suecia, Yugoslavia, Inglaterra, la Unión Soviética, la República Democrática Alemana y también en Alemania Occidental. En 1982 Gabriel García Márquez la invitó junto a una comitiva cultural para que lo acompañara durante la premiación del Premio Nobel en la ciudad de Estocolmo. Muchos creían que la comitiva pudiera resultar ridiculizada, pero contrario a esto gozó de la aceptación del público que disfrutó con un espectáculo que les ofrecía la música decantada de los pueblos del Caribe colombiano. Ese mismo año grabó un disco en Francia, <em>Totó la Momposina y sus tambores, La Colombie,</em> y se matriculó en la Universidad de La Sorbona, en París, para luego viajar a Centroamérica y profundizar sus estudios en Santiago de Cuba. En 1989 lanza un álbum patrocinado por el colectivo boliviano <em>Boliviamante, </em>y en 1991 participa de varios festivales en diversos países tales como Japón, Canadá, España, Finlandia y también en México, donde se presentó en los festivales de Cervantino de Guanajuato y en el de La Música del Caribe en Cancún. Pero sería en 1993 por medio de la fundación Peter Gabriel y el sello discográfico Real World Records cuando el álbum <em>La Candela Viva </em>vería la luz, y con este gran éxito el pleno reconocimiento mundial de la música que mejor sabía interpretar el folklor colombiano. En 1992 viaja a Sevilla para representar a Colombia en la Feria Mundial, y de la mano de MTM Colombia publicará dos álbumes de gran éxito: <em>Carmelina </em>de 1995 y <em>Pacantó </em>de 1998. En 1999 es galardonada con los Congos de Oro del Festival de Barranquilla en la categoría “Lo nuestro”, premio con el que volvería a alzarse una década después. Para 2002 es nominada al Premio Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum Tropical Tradicional por <em>Gaitas y Tambores. </em>En el 2006 se le distinguió con el premio a la trayectoria del Festival Womex, que “rinde homenaje a los artistas que han desarrollado un trabajo destacado de influencia en la vida cultural de su país y con proyección al mundo entero.” Para el 2009, con el apoyo de Astar Artes, lanza su álbum <em>La bodega, </em>y al año siguiente sería invitada a participar de la conmemoración del Bicentenario de Argentina, donde se reunirá con un selecto grupo de músicos latinos. En 2013 se le otorgó el Premio Grammy Latino Especial a la Excelencia Musical, y que le concedieron como un reconocimiento a su trayectoria excepcional y a su importante contribución artística. Dos álbumes más recientes: <em>Tamborero </em>con Real World Records, y del 2014 <em>El asunto, </em>con la producción de Sony Colombia. A lo largo de su carrera se ha reunido con personajes notables y con quienes ha compartido canciones y espectáculos: Gilberto Gil, Calle 13, Pablo Milanés, Jorge Celedón, Manu Chau, Carlos Vives y León Gieco, por citar algunos. En el 2017 la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia le concede el título de Doctora Honoris Causa. Totó la Momposina es reconocida, sin dudarlo, como una de las figuras más importantes y representativas de Colombia.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-85473" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/218.-TOTÓ-LA-MOMPOSINA.jpg" alt="TOTÓ LA MOMPOSINA" width="259" height="194" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85472</guid>
        <pubDate>Fri, 31 Mar 2023 21:42:29 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Totó la Momposina (1940)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La Universidad Nacional y sus primeros 150 años</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/la-universidad-nacional-primeros-150-anos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Alma Mater floreat / Florezca la Universidad Quae nos educavit / que nos ha educado Caros et conmilitones / y ha reunido a los queridos compañeros Dissitas in regiones / que por regiones alejadas Sparsos congregavit. / estaban dispersos. Fragmento del Gaudeamus Igitur (Alegrémonos pues), himno universitario. Cuando pienso en la Universidad Nacional de Colombia [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-58975" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/09/logo-Universidad-Nacional-300x128.png" alt="logo-universidad-nacional" width="300" height="128" /></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Alma Mater floreat / Florezca la Universidad</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Quae nos educavit / que nos ha educado</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Caros et conmilitones / y ha reunido a los queridos compañeros</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Dissitas in regiones / que por regiones alejadas</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Sparsos congregavit. / estaban dispersos.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Fragmento del <em>Gaudeamus Igitur</em> (<em>Alegrémonos pues</em>), himno universitario.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando pienso en la Universidad Nacional de Colombia lo hago con el mismo cariño que inspira rememorar a un querido familiar, quizás a un abuelo sabio y cariñoso, un tío serio y divertido al mismo tiempo, o una sobrina tierna y curiosa. Uno de los orgullos más grandes de mi vida es ser egresado de la mejor universidad del país, algo que no solo decimos antiguos estudiantes nostálgicos, sino los reportes internacionales en la materia.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-58974"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Si bien en 1826 en plena Gran Colombia se decretó la primera universidad pública y estatal (<em>Universidad Central de la República</em>), solo esta idea se concretaría en 1867 cuando el país se denominaba <em>los Estados Unidos de Colombia</em> y el presidente era el militar y médico Manuel María de los Santos Acosta, mediante la Ley 66 del Congreso de la República que se fundamentaba en un proyecto del liberal José María Samper. En medio de controversias políticas, surgía la universidad de todos los colombianos, una idea progresista para tiempos de conflicto.</p>
<p style="text-align: justify;">El momento mundial era propicio, 1867 fue un año fecundo, nacían el poeta Rubén Darío, el músico Arturo Toscanini, el arquitecto Frank Lloyd Wright, el pionero de la aviación Wilbur Wright, la gran científica Marie Curie, la escuela dental de Harvard se establecía, siendo la primera en su género en Estados Unidos. En otras palabras, confabulaban genes, astros, hadas y buenos vientos para que surgieran personas e instituciones creadoras de ciencia, arte, música, poesía, elementos propios de lo que encierra el significado de universidad.</p>
<p style="text-align: justify;">La Universidad Nacional es un espejo de Colombia, con toda su amplia diversidad, complejidades y conflictos, alegrías y llantos. La supervivencia del mejor centro educativo del país, hasta el momento ha sido guiada por el respeto, la tolerancia y el diálogo entre pares y diferentes. Sin duda, la unidad en lo diverso es lo que debe orientar la convivencia entre directivas, profesores, empleados y la razón de ser de todo centro educativo, sus estudiantes.</p>
<p style="text-align: justify;">La Nacional ha pasado por momentos difíciles, superando enemigos que van desde los poderosos que atacan lo público para fortalecer sus intereses particulares hasta aquellos grupúsculos reaccionarios que se esconden de vez en cuando tras una capucha, apropiándose de una representación que nadie les ha conferido, cuyas patéticas y poco creativas manifestaciones, siempre le dejan a la universidad una injusta y negativa publicidad.</p>
<p style="text-align: justify;">La universidad es nacional, no es popular, una distinción necesaria que no todos entienden, pues algunos consideran que es la alternativa para quienes no cuentan con los recursos para acceder a la educación superior en instituciones privadas de alto costo. Es un imperativo categórico la existencia de educación de máxima calidad a precios accesibles para todos, pero que este argumento no sea malinterpretado para permitir la mediocridad. El deber ser del Alma Mater es la excelencia académica e investigativa. A la Universidad Nacional llegan los mejores, no los más ricos o los más pobres, ni los de un estamento, región, partido político o religión particular. La única discriminación que debe defenderse a ultranza es la de la excelencia académica.</p>
<p style="text-align: justify;">Qué legado deja el paso por la Universidad Nacional a sus estudiantes? Aparte de conocimientos y experiencias, resalto dos condiciones que pueden ser valores o estados del alma, el sentido crítico y la honestidad. El sentido crítico debe prevalecer siempre, el no conformismo con el estado de cosas pero sobre todo con el actuar de uno mismo. En cuanto a la honestidad, siempre vi el ejemplo de maestros y funcionarios universitarios, del actuar pulcro con los recursos del Estado, algo que debería ser natural, pero que en estos tiempos de la corrupción rampante, se convierte en <em>rara avis</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">En mi caso, además, me dejó el placer de ser un transeúnte por los espacios del campus en la ciudad universitaria, que aparte de los edificios declarados monumentos de la nación, resultan un oasis verde dentro del agitado centro de la capital colombiana. La Universidad Nacional, mi lugar favorito de Bogotá, indispensable en cualquier guía de turismo colombiana.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-58976" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/09/campus-universidad-nacional-bogotá-300x215.jpg" alt="campus-universidad-nacional-bogota" width="300" height="215" /></p>
<p style="text-align: justify;">Para el ocasional visitante, o residente permanente de la capital, no hay mejor programa un sábado en la tarde que escapar del tráfico vehicular y disfrutar la música de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, también de aniversario (cincuenta años), en el auditorio León de Greiff, el principal escenario de esa joven universidad que apenas cumple sus primeros ciento cincuenta años.</p>
<p style="text-align: justify;">Feliz sesquicentenario, querida Universidad Nacional de Colombia!</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>
<p style="text-align: justify;">(Egresado de la Universidad Nacional como Dixon Moya).</p>
<p style="text-align: justify;">En Twitter sigo a mi Alma Mater como <a href="https://twitter.com/Dixonmedellin">@dixonmedellin</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=58974</guid>
        <pubDate>Mon, 18 Sep 2017 11:47:04 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La Universidad Nacional y sus primeros 150 años]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Ilustres colombianos transeúntes de la Universidad Nacional</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/ilustres-colombianos-transeuntes-de-la-universidad-nacional/</link>
        <description><![CDATA[<p>  Hoy deseo hacer un tributo a mi Alma Mater, la querida Universidad Nacional de Colombia y recordar algunos de los personajes ilustres, tanto colombianos como extranjeros, que han transitado por el campus de la Universidad Nacional. En la primera universidad del país durante sus 157 años de historia han pasado cientos de miles, quizás [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



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<p style="text-align: justify">Hoy deseo hacer un tributo a mi Alma Mater, la querida Universidad Nacional de Colombia y recordar algunos de los personajes ilustres, tanto colombianos como extranjeros, que han transitado por el campus de la Universidad Nacional. En la primera universidad del país durante sus 157 años de historia han pasado cientos de miles, quizás millones de profesores, trabajadores y estudiantes colombianos, pero quiero destacar algunos nombres que se han relacionado con el alma mater, seguramente dejo muchos por fuera que deberían ser registrados, perdón a ellos por el olvido o la ignorancia.<span id="more-25763"></span></p>
<p style="text-align: justify">En el campo de las artes, debemos recordar que dentro del grupo de profesores estuvieron los artistas Fernando Botero y Alejandro Obregón, así como el astrónomo y físico Julio Garavito Armero, humanistas como Orlando Fals Borda, músicos como Guillermo Uribe Holguín designado profesor honorario y Fabio González Zulueta. Carmiña Gallo la cantante de música lírica fue profesora en el Conservatorio de la Universidad Nacional, recordando que el maestro y compositor Francisco Zumaqué  fue alumno destacado.</p>
<p style="text-align: justify">Algunos de los profesionales que tituló la Universidad Nacional fueron colombianos de la talla de Jorge Eliécer Gaitán, Germán Arciniegas y Gerardo Molina quien fue rector de la misma, presidentes de Colombia como Eduardo Santos, Eustorgio Salgar, Antonio José Uribe, Roberto Urdaneta, Santiago Pérez quien fue rector de la Universidad, Laureano Gómez, Carlos Lleras Restrepo, Virgilio Barco. El ex presidente de la República Santiago Pérez fue rector, así como Pedro Nel Ospina fundó la Escuela Nacional de Minas (actual Facultad de Minas en la sede de Medellín de la Universidad).</p>
<p style="text-align: justify">Revolucionarios sociales como el padre Camilo Torres Restrepo, así su final fuera un desperdicio absurdo de su intelecto y Jaime Bateman. El periodista y humorista Jaime Garzón estudió Derecho y Ciencias Políticas, recibió título póstumo en 1999. Alfonso López Pumarejo quien desde la institucionalidad revolucionó la educación con su apoyo a la Ciudad Universitaria, donde se integraron las escuelas de la Universidad Nacional.</p>
<p style="text-align: justify">Científicos como Manuel Ancízar, el astrónomo Julio Garavito Armero, Juan N. Corpas, José Félix Patiño quien fue rector y reformador de la Universidad, Manuel Elkin Patarroyo, el médico e inventor Salomón Hakim, Ingenieros aeroespaciales como Edhbertho Leal e Iván Ramírez Atehortúa, ingenieros civiles como Carlos Alberto Barberi. Geólogos como Ricardo Lleras Codazzi, geógrafos como Ernesto Guhl y botánicos como Rodrigo Bernal. Arquitectos como Rogelio Salmona, Germán Samper, Leopoldo Rother, Guillermo Bermúdez, Fernando Martínez, Diana Pombo Holguín, quien se consagraría como ambientalista.</p>
<p style="text-align: justify">Artistas de la estatura de Andrés de Santa María, Pedro Nel Gómez, Édgar Negret, Enrique Grau, Doris Salcedo, Marta Traba, Carlos Rojas, Carlos Jacanamijoy, Ángel Loochkartt,  Pablo Solano Puerto, Víctor Laignelet, Dicken Castro (referente del diseño gráfico en Colombia). Dramaturgos como Enrique Buenaventura. Directores de cine como Pepe Sánchez, Lisandro Duque, Ciro Guerra, Libia Stella Gómez, actores como Enrique Pontón, Alberto Saavedra, Álvaro Rodríguez, Mauricio Figueroa, Catherine Siachoque, Margalida Castro, hombres de radio como Manolo Bellón. Músicos como la pianista Teresita Gómez, Totó la Monposina, Jorge Velosa, motor de la música campesina carranguera.</p>
<p style="text-align: justify">Gerda Westendorp Restrepo, primera mujer que ingresó a una universidad colombiana en 1935. Lyla Carvajal de Peña que en 1955 pasó de la Universidad Nacional al doctorado en la Universidad de París.</p>
<p style="text-align: justify">En las humanidades, Luis López de Mesa, Nicolás Pinzón, el recién fallecido Mario Laserna fue rector de la Nacional, filósofos tales como Rafael Gutiérrez Girardot,  Estanislao Zuleta, Danilo Cruz Vélez, Carlos-Enrique Ruíz y Guillermo Páramo. Economistas como Antonio García, Luis Ángel Arango, Salomón Kalmanovitz, Eduardo Sarmiento (aunque su título fue de ingeniero civil), Lauchlin Currie, Jesús Antonio Bejarano. Los abogados y sociólogos Eduardo Umaña Luna y Eduardo Umaña Mendoza, padre e hijo respectivamente. Políticos como Víctor Renán Barco, Germán Bula Escobar, José Galat, Mario Aramburo, Antonio Hernández Gamarra, Germán Cardona, Andrés Uriel Gallego, Jorge Enrique Robledo, este último como profesor.</p>
<p style="text-align: justify">En cuanto a escritores y poetas, se puede dedicar varios tomos. Desde José Eustasio Rivera, Manuel Mejía Vallejo, Efe Gómez y León de Greiff, (los dos últimos, estudiantes de la Escuela de Minas de Antioquia), Manuel Zapata Olivella estudió medicina en la universidad. Germán Castro Caycedo, estudió un año de antropología. De igual forma, Rafael Humberto Moreno-Durán, Luis Vidales, Rafael Maya, Arturo Camacho Ramírez, Fernando Charry Lara, Piedad Bonnet, Harold Alvarado Tenorio, Tomás González, Celso Román, Sandra Uribe. Como editor de una revista literaria de ciencia-ficción, me consta que muchos autores contemporáneos de este subgénero vienen de la Nacional, empezando por Campo Ricardo Burgos.</p>
<p style="text-align: justify">Caricaturistas destacados como Beto Barreto, Harold Trujillo (Chócolo), Julio César González (Matador) y Jorge Grosso, fueron estudiantes de la Nacional.</p>
<p style="text-align: justify">Igual de interesante puede resultar la galería de aquellos que iniciaron estudios en la universidad pero por diferentes situaciones no se graduaron. Qué habría pasado si Gabriel García Márquez hubiera culminado sus estudios de derecho en el alma mater? Es probable que hubiéramos tenido un brillante abogado pero perdido un premio Nobel. Fernando Vallejo estudió un año en la Facultad de Filosofía y Letras. Mientras el gran hombre de televisión Fernando González Pacheco estudió un día en la facultad de derecho.</p>
<p style="text-align: justify">Curiosamente dos de los más grandes empresarios y millonarios colombianos, se graduaron como ingenieros civiles de la Universidad Nacional, Carlos Ardila Lülle y Luis Carlos Sarmiento Angulo. La Universidad no fue ajena al deporte (debe recordarse que fue la sede de los I Juegos Bolivarianos en 1938) y participó en el campeonato de fútbol de Colombia entre 1948 y 1952, en plena era del Dorado. Es decir que en la grama del estadio Alfonso López jugaron futbolistas  de la talla mundial de Alfredo Di Stéfano (además porque varias veces el estadio fue prestado tanto a Millonarios como a Santa Fé para sus encuentros), pero debe recordarse al menos dos grandes jugadores que estuvieron en el Club de la Universidad, el argentino Oswaldo Rodolfo Pérez y el colombiano Luis Alberto Rubio.</p>
<p style="text-align: justify">Tenemos el caso de Antanas Mockus, filósofo, matemático, político/antipolítico, alcalde de Bogotá y candidato a la presidencia de la República, quien ha sido estudiante, profesor y rector de la Universidad. Incluso varios destacados miembros de la Carrera Diplomática, que por méritos se han desempeñado como embajadores y/o cónsules de Colombia en el exterior son egresados de la Universidad Nacional de Colombia.</p>
<p style="text-align: justify">Para quienes hemos tenido el privilegio de haber sido parte del semillero germinado en el campus de la Universidad Nacional, no deja de ser un orgullo que a compatriotas eximios como los mencionados (al menos la gran mayoría), se les pueda tratar en el tiempo y espacio con el título de compañeros.</p>
<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>
<p style="text-align: justify">En lo que algunos seguimos llamando Twitter visito de vez en cuando mi ciudad universitaria como<b><a href="https://twitter.com/dixonmedellin">@dixonmedellin</a></b></p>

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        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Sat, 27 Jul 2013 05:02:46 +0000</pubDate>
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