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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Suramérica | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Grupos armados, minería ilegal y mercurio: la tragedia silenciosa en la frontera amazónica entre Colombia y Venezuela</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/grupos-armados-mineria-ilegal-y-mercurio-la-tragedia-silenciosa-en-la-frontera-amazonica-entre-colombia-y-venezuela/</link>
        <description><![CDATA[<p>Para el momento en que Argemiro Luzardo* experimentó la sutil inminencia de la muerte llevaba unas tres horas sumergido en el agua. Casi a punto de terminar su trabajo notó que la manguera que había estado manipulando dejó de succionar material; se atascó entre las piedras profundas y verdosas del&nbsp;río Inírida, en el departamento de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Mongabay Latam recorrió los ríos Inírida y Atabapo en el departamento de Guainía, en la Amazonía colombiana: la investigación documentó la presencia de 32 balsas mineras que extraen oro ilegalmente.</em></li>



<li><em>Las fuentes consultadas afirman que la mayoría de estas unidades son controladas por la guerrilla y documentos de inteligencia del Ejército señalan a la estructura Acacio Medina de las disidencias de las FARC y a la comisión Santiago Lozada del ELN como actores que controlan, financian y cobran “vacunas” por la minería.</em></li>



<li><em>Estudios sobre contaminación por mercurio en la región, publicados entre 2001 y 2022 y analizados para esta investigación, evidencian niveles por encima de los límites seguros en sangre y cabello de las personas, en peces y sedimentos de los ríos del departamento.</em></li>



<li><em>Comunidades que viven a orillas del contaminado río Atabapo no cuentan con centro de salud y en algunas no hay ni un acetaminofén para atender la más mínima dolencia.</em></li>
</ul>



<p>Para el momento en que Argemiro Luzardo* experimentó la sutil inminencia de la muerte llevaba unas tres horas sumergido en el agua. Casi a punto de terminar su trabajo notó que la manguera que había estado manipulando dejó de succionar material; se atascó entre las piedras profundas y verdosas del&nbsp;<strong>río Inírida, en el departamento de Guainía</strong>, en Colombia. En la superficie, sus compañeros esperaban señales mientras la balsa se bamboleaba. Estaban allí para sacar arena y restos de rocas que, tras un rudimentario proceso con mercurio, terminarían convertidas en pepitas de oro.</p>



<p>Decidió salir a flote y, estando a metro y medio de lograrlo, sintió el estallido de una gran ola que lo devolvió a lo hondo del cauce. La manguera, de unas 10 pulgadas, ocasionó un derrumbe en las entrañas turbias del lecho. La tierra debajo del agua crujió.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/01/colombia-corredor-guerra-deforestacion-desplazamientos-pueblos-indigenas-nukak-jiw/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Colombia: el corredor de guerra que genera deforestación y desplazamientos en los pueblos indígenas nukak y jiw</a></strong></p>



<p>Otras piedras conocidas entre los mineros como “mariposas” —porque tienden a moverse y a volar dentro del río— se desplazaron creando un jugo de barro y palos que le impidieron a Luzardo ver algo de luz. Varios años después, sentado en la cocina de su casa a orillas del río Inírida, recuerda que estuvo sumergido en el caos no más de diez segundos, tiempo suficiente como para haber creído que moriría.</p>



<p>La historia de este hombre de 55 años, de padre curripaco —pueblo con alta presencia en la amazonia colombiana— y de madre indígena yeral, originaria de Brasil, es apenas una mínima muestra de los lastres que deja la&nbsp;<strong>minería ilegal en el departamento del Guainía</strong>. Hace más de diez años, Luzardo aprendió en Brasil el riesgoso oficio de ser buzo, un trabajo que hoy sigue realizando pese a los peligros y que es muy apetecido por las dragas que extraen oro de los afluentes amazónicos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268366"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/01/08204430/IMG_4920-BLUR.jpg" alt="" class="wp-image-268366" /><figcaption class="wp-element-caption">Uno de los buzos que arriesgan su vida a 40 metros de profundidad para succionar el material del lecho del río. Por este peligroso oficio, reciben hasta el 40 % del oro extraído, en un mercado donde el gramo ronda los 410 000 pesos colombianos. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>Es tan cotizada esa labor, que en la zona se ha sabido de gente a la que han enviado a Miami, Estados Unidos, para entrenarse en la complejidad del océano, según cuenta Juan Sebastián Anaya, experto en los impactos de la minería y asesor de incidencia política en la Fundación Gaia Amazonas.</p>



<p>El pago para los buzos en el río Inírida se traduce en metal dorado.<strong>&nbsp;El mismo Luzardo dice que 40 % de lo que sacan siempre está destinado al hombre capaz de arriesgar su vida sumergido en profundidades que pueden llegar hasta los 40 metros.</strong></p>



<p>Cada balsa podría llegar a extraer 20 gramos de oro en una semana, cuenta el buzo. Dos fuentes consultadas en el territorio indican que en la zona (para septiembre de 2025) comerciantes informales estaban comprando el gramo a 410 000 pesos colombianos (unos 97 dólares).</p>



<p>No es un secreto que la zona está plagada de dragas, artefactos responsables de una buena parte de la contaminación con mercurio en los ríos. <strong>Mongabay Latam</strong> y <strong>Vorágine</strong> recorrieron distintos parajes del departamento y a través de varias entrevistas con trabajadores informales de la minería de aluvión —a los cuales protegemos por seguridad— <strong>pudimos establecer la ubicación de al menos 31 balsas que, a plena luz del día, continúan sacando oro del río Inírida</strong>, una actividad que ha dejado preocupantes daños al ambiente y, de paso, a la salud de los habitantes de esta región selvática del oriente del país. La mayoría de las balsas son operadas por la guerrilla, relata un hombre que recorre constantemente la zona y de quien omitimos su nombre por razones de seguridad.</p>



<p><strong>Una draga</strong>&nbsp;es algo parecido a una barcaza flotante que trabaja directamente sobre el lecho de los ríos. En un trayecto por el&nbsp;<strong>río Atabapo, que divide a Colombia de Venezuela</strong>, observamos una de ellas en pleno funcionamiento. La función principal de esta infraestructura, que a simple vista luce precaria, es servir como un centro donde se realiza la amalgamación (o compactación) del oro que se encuentra disperso en el sedimento del río. Este proceso se logra al mezclar el material extraído con mercurio metálico, que se une al oro, lo que permite luego su separación del resto de componentes de los sedimentos.</p>



<p>La pregunta es, ¿qué hacen luego con el&nbsp;<strong>mercurio</strong>? ¿Cómo lo manipulan? Ramiro Andrade*, un hombre que se gana la vida transportando en lancha a los mineros que trabajan en las balsas, lo ha visto con sus propios ojos:</p>



<p>—Lavan, sacan el material y lo botan. Lo botan por ahí, así, al borde, nomás llega un aguacero y eso cae al río otra vez, imagínese—dice—.</p>



<p>Esa es la razón por la que&nbsp;<strong>las dragas son una gran amenaza para el ambiente</strong>. Un&nbsp;<a href="https://guainia.micolombiadigital.gov.co/sites/guainia/content/files/001553/77604_informe-de-analisis-de-resultados-mercurio-2019-sec-salud.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">informe de consultoría de la Gobernación del Guainía (2018-2019)</a>&nbsp;indica que todos los desechos del proceso de extracción de las balsas detectadas en la región son vertidos directamente al ambiente, sin ningún tipo de tratamiento, tal como lo reafirma Ramiro, el motorista. Una vez en el agua y por su alta densidad, el mercurio usado en la extracción se va al fondo del río. Ese es apenas el comienzo del desastre ambiental.</p>



<p>La mayor toxicidad aparece cuando microorganismos del fondo de los ríos convierten el mercurio inorgánico en metilmercurio, la forma más peligrosa para los humanos.<a href="https://www.researchgate.net/publication/372774192_La_calidad_de_los_ecosistemas_acuaticos_amazonicos_y_sus_recursos" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;Un estudio del Instituto Sinchi</a>&nbsp;documenta que este componente se acumula a lo largo de la cadena alimentaria hasta alcanzar sus mayores concentraciones en los llamados depredadores tope, que son los peces carnívoros en la cima de esa cadena. En ellos, el químico se concentra en el tejido muscular, lo cual es grave si se tiene en cuenta que el pescado es la base de la dieta en Guainía.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Economías ilegales, sin freno</strong></h2>



<p>Pablo Álvarez* es un joven venezolano que trabaja con personas que trafican el mineral coltán en Guainía. Desde el balcón de un hotel en Puerto Inírida dice que llegó a la zona atraído por la riqueza de vetas (depósitos de minerales) que hay en la región.</p>



<p>“Es de los lugares del mundo donde más encuentras minerales, están a flor de piel,<strong>&nbsp;de aquí puedes sacar oro, coltán, estaño, rodio</strong>… es impresionante. El coltán es más abundante que el oro”, dice.</p>



<p>Tener en el bolsillo gramos de metal dorado, añade, es como andar con plata en efectivo y por eso sigue siendo tan apetecido. El rodio, en cambio, se parece más a cargar con una pieza de arte porque se vende en lugares más especializados.</p>



<p>Y es que gran parte del territorio de Guainía se asienta sobre el Escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del planeta, con rocas que tienen más de 1800 millones de años. Estos suelos tan antiguos facilitan la presencia de metales valiosos y de minerales como las tierras raras porque sus estructuras —como fallas y vetas— actúan como canales por donde circularon antiguas aguas calientes del subsuelo, capaces de mover y concentrar minerales.&nbsp;<a href="https://voragine.co/historias/investigacion/coltan-oro-y-pistas-clandestinas-el-botin-con-el-que-grupos-armados-desangran-al-guainia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">En resumen, la historia geológica de Guainía explica en buena parte la riqueza minera que hoy se encuentra allí.</a></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268184"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28105006/IMG_4885-scaled.jpg" alt="El Escudo Guayanés posee rocas de 1800 millones de años que facilitan la concentración de metales valiosos. Esta riqueza geológica ha convertido a la minería en la principal fuente de financiación de los grupos armados. Foto: José Guarnizo" class="wp-image-268184" /><figcaption class="wp-element-caption">El Escudo Guayanés posee rocas de 1800 millones de años que facilitan la concentración de metales valiosos. Esta riqueza geológica ha convertido a la minería en la principal fuente de financiación de los grupos armados. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>En contraste, en Guainía es difícil que brote una mata de coca. No es el terreno más propicio para que se extienda el cultivo. Y eso ha traído cosas buenas y malas. Por un lado, en esta parte del mapa colombiano el conflicto armado se ha sentido con un poco menos de intensidad que, por ejemplo, en el departamento de Putumayo (<a href="https://www.biesimci.org/index.php?id=57" target="_blank" rel="noreferrer noopener">en el último informe de cultivos ilícitos Guainía registró 42 hectáreas sembradas, mientras en Putumayo se contabilizaron 53 343</a>). Pero por otro,&nbsp;<strong>los grupos armados han encontrado en la minería una fuente de financiación menos perseguida que el narcotráfico</strong>.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/custom-story/2026/01/crimen-peru-destruccion-mafias-oro-madera-comunidades-rio-santiago/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Viaje al corazón del crimen en Perú: la destrucción que dejan mafias de oro y madera en comunidades del río Santiago</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Dragas arrojan mercurio sin control</strong></h2>



<p>En nuestras visitas a campo, mineros informales describieron el panorama de las balsas ilegales a lo largo del río Inírida.&nbsp;<strong>Señalan la presencia de 31 dragas activas, ubicadas a más de seis horas en lancha desde Puerto Inírida, pasando por los cerros de Mavicure y en dirección a la reserva Puinawai</strong>, mucho más al sur del departamento. El daño comienza a apreciarse con mayor claridad río arriba de una comunidad llamada Morroco. Las zonas de mayor concentración se extienden desde un sitio conocido como Caño Mina hasta otro de nombre Zancudo, incluyendo comunidades como Báquiro y Barranco Alto, donde los entrevistados calculan la presencia de al menos doce balsas en un solo sector. La mayoría de las dragas, insisten las fuentes, pertenecen a la guerrilla.</p>



<p>Los grupos armados ejercen en la zona una fuerte influencia, como dueños directamente de las balsas o cobrando “vacuna” a los operadores civiles. Para evadir a las autoridades, la guerrilla frecuentemente disfraza su propiedad usando como fachada a miembros de la comunidad.</p>



<p>Así se ve reflejado en varios documentos reservados de la Fiscalía General de la Nación y Ejército conocidos por&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>. Estos confirman lo dicho por las fuentes consultadas en el territorio y además dan cuenta de que la problemática viene de tiempo atrás. Se trata de seis informes producidos entre 2020 y 2022, que revelan información crucial sobre el accionar de grupos armados en la zona.</p>



<p>La mayor parte de este material se compone de reportes de inteligencia militar, como apreciaciones estratégicas y diagnósticos orientadores emitidos por batallones del Ejército. Estos documentos están formalmente clasificados como “secretos”. También hay archivos de la policía judicial, incluyendo informes de campo y declaraciones juradas de testigos, producto de investigaciones de la Fiscalía.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268183"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28104742/documento-de-inteligencia.png" alt="Informes secretos indican que cada draga debe entregar dos gramos de oro diarios a las guerrillas como &quot;impuesto de guerra”. Documentos militares confirman la alianza entre la estructura Acacio Medina y el ELN en la zona. Foto: José Guarnizo" class="wp-image-268183" /><figcaption class="wp-element-caption">Informes secretos indican que cada draga debe entregar dos gramos de oro diarios a las guerrillas como «impuesto de guerra”. Documentos militares confirman la alianza entre la estructura Acacio Medina y el ELN en la zona. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>Los papeles indican que en la zona, ya desde 2020, operaba una intrincada&nbsp;<strong>red de explotación de oro de aluvión</strong>, arenas negras y materiales asociados al coltán, controlada y financiada por lo que las autoridades llaman Grupos Armados Organizados Residuales (GAO-r). Entre ellos está la Estructura Acacio Medina (disidencia de las FARC asociada a la Segunda Marquetalia) y la comisión Santiago Lozada del Ejército de Liberación Nacional (ELN).&nbsp;<a href="https://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/la-alianza-criminal-entre-el-eln-y-la-segunda-marquetalia-por-el-oro-negro-en-vichada-y-guainia-3442184" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Un informe citado</a>&nbsp;por el diario El Tiempo de 2025 señala que ambos grupos estarían operando unidos en la región.</p>



<p>El negocio de las&nbsp;<strong>dragas</strong>&nbsp;—continúan los documentos reservados— se sostienen también gracias a lo que los guerrilleros llaman «impuestos de guerra»: “Los propietarios de estas unidades de extracción, que pueden producir hasta 50 gramos de oro diarios, son obligados a entregar aproximadamente dos gramos de oro por draga funcional al día a las estructuras residuales”. Es entonces cuando el mineral ingresa a la cadena de comercialización a través de presuntos integrantes de la red de apoyo, es decir, milicianos vestidos de civil que operan desde los pueblos. Estos últimos coordinan los insumos y traen repuestos de maquinaria para la minería de ciudades como Villavicencio (Meta).</p>



<p>Hay dos formas de sacar el oro del Guainía. Los informes de las autoridades que citamos líneas arriba muestran que el “blanqueo” —como se llama a los mecanismos usados para legalizar el oro— se ejecuta principalmente en el municipio de Puerto Inírida.&nbsp;<strong>Allí algunos establecimientos de compraventa actúan como «fachadas de legalidad». En estos locales facilitan el lavado de activos de los grupos armados.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268182"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28104706/WhatsApp-Image-2025-10-18-at-11.48.12.jpeg" alt="El oro ilegal se traslada a Puerto Inírida, allí algunos locales de compraventa actúan como fachadas para su legalización. El mineral se reporta a nombre de mineros artesanales inscritos en el RUCOM para ser enviado a Bogotá. Foto: José Guarnizo" class="wp-image-268182" /><figcaption class="wp-element-caption">El oro ilegal se traslada a Puerto Inírida, donde algunos locales de compraventa actúan como fachadas para su legalización. El mineral se reporta a nombre de mineros artesanales inscritos en el RUCOM para ser enviado a Bogotá. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>El proceso de «formalización» se da cuando<strong>&nbsp;el oro llega a estas compraventas</strong>, allí es reportado a nombre de supuestos mineros artesanales o “barequeros”, que están inscritos en Registro Único de Comercializadores Mineros (RUCOM). Después llevan el metal a las ciudades siguiendo distintas rutas. Una de las mencionadas es el trayecto Puerto Inírida-Cumaribo (Vichada)-Villavicencio (Meta)-Bogotá. En ocasiones, dice uno de los documentos clasificados, este tipo de tráfico cuenta con el apoyo de funcionarios o miembros de la fuerza pública.</p>



<p>Por otra parte, los mineros consultados por&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;hablan de un desgaste de los canales habituales y aseguran que muchos traficantes desvían el botín por otras vías. Esto se debe a que en Inírida cada vez hay más ojos. Transportan el material por río hacia el municipio de San José del Guaviare y de ahí lo sacan para Bogotá. Prefieren este camino, narran al menos dos personas de la zona, porque, en comparación con Inírida, los operativos se concentran en la cocaína y no en el oro. Mencionan que también hay contrabando en Brasil, donde pagan un precio más alto, aunque no especifican los montos. El mercurio llega a la zona gracias a las labores de grandes comerciantes locales, quienes son, a su vez, administradores o testaferros de fondos de la guerrilla, se lee en los papeles de inteligencia.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268181"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28104704/WhatsApp-Image-2025-10-18-at-11.47.35.jpeg" alt="Para evadir operativos, el oro se trafica por los ríos hacia San José del Guaviare o se contrabandea en Brasil. La operación depende del mercurio suministrado por comerciantes locales que sirven como testaferros de la guerrilla. Foto: José Guarnizo" class="wp-image-268181" /><figcaption class="wp-element-caption">Para evadir operativos, el oro se trafica por los ríos hacia San José del Guaviare o se contrabandea en Brasil. La operación depende del mercurio suministrado por comerciantes locales que sirven como testaferros de la guerrilla. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p><strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;quiso contrastar con el Ejército Nacional los testimonios y datos que recogimos en la región, así como los documentos secretos. La solicitud fue enviada al general Luis Emilio Cardozo Santamaría, comandante de la fuerza a nivel nacional, quien autorizó una entrevista con la Brigada 28 de Selva, responsable de la seguridad en esta parte del territorio colombiano. Sin embargo, tras el envío de un cuestionario con preguntas sobre operativos desarrollados en Guainía contra la minería ilegal, no obtuvimos una respuesta.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Ríos y personas contaminadas, según estudios</strong></h2>



<p>José Paiva Cordero no se paró de la cama durante quince días. Fue tanto el delirio por la fiebre que llegó a pensar que sus dolencias lo estaban subiendo al cielo; es su manera de decirlo. El capitán Iván Hernández, un joven indígena de 29 años que tiene la responsabilidad de liderar y tomar las decisiones más importantes de la comunidad, entró en desesperación.</p>



<p>Playa Blanca, donde vive, es un caserío escondido en uno de los bordes del río Atabapo, afluente que delimita la frontera entre Colombia y Venezuela, y expuesto a uno de los focos de mayor contaminación por mercurio, según<a href="https://guainia.micolombiadigital.gov.co/sites/guainia/content/files/001553/77604_informe-de-analisis-de-resultados-mercurio-2019-sec-salud.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;un estudio de la Gobernación</a>&nbsp;de Guainía que procesó muestras que datan de 2019. Allí no hay ni siquiera un acetaminofén. Mucho menos un centro de salud. Quizás no era tan grave la enfermedad de José Paiva, quizás sí. El caso es que no hubo un diagnóstico. Los síntomas deambularon libremente por el cuerpo de este hombre de 66 años: dolor de cabeza, malestar general, mareo, deshidratación. Paiva sobrevivió, dicen en su comunidad, gracias a las plantas de una curandera. Esa es la constante en esta región fronteriza:&nbsp;<strong>un abandono absoluto del Estado</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268189"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28105041/IMG_5042-scaled.jpg" alt="José Paiva sobrevivió a fiebres intensas en Playa Blanca sin acceso a médicos ni medicamentos básicos. Su caso ilustra el abandono estatal en una región donde el mercurio en sangre supera el límite de la OMS en un 3360 %. Foto: José Guarnizo" class="wp-image-268189" /><figcaption class="wp-element-caption">José Paiva sobrevivió a fiebres intensas en Playa Blanca sin acceso a médicos ni medicamentos básicos. Su caso ilustra el abandono estatal en una región donde el mercurio en sangre supera el límite de la OMS en un 3360 %. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>El tema no deja de ser grave si se tienen en cuenta antecedentes que evidencian que&nbsp;<strong>los ríos de la zona están contaminados con mercurio</strong>.&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;analizó los seis estudios más recientes sobre la presencia de este metal en los afluentes de Guainía, publicados entre 2001 y 2022 por distintas instituciones y organizaciones. La muestra incluyó el análisis de sangre y cabello, además de los estudios aplicados a peces y sedimentos fluviales.</p>



<p>A esa información se sumaron datos preliminares de una investigación inédita de 2025, desarrollada por la Alianza Amazónica para la Reducción de los Impactos de la Minería de Oro (Arimo). Parte de esos hallazgos fueron compartidos por Esperanza Leal, directora en Colombia de la Sociedad Zoológica de Frankfurt, en el marco de la COP6 del Convenio de Minamata sobre Mercurio. En ese trabajo se estudiaron muestras de los ríos Isana y Cuyarí, en el extremo sur de Guainía, justo en la frontera con Brasil.</p>



<p>Los resultados dejan ver una catástrofe silenciosa. En todos los estudios,&nbsp;<strong>los niveles del metal pesado superan los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud</strong>&nbsp;(OMS). En entrevista con&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>, la ingeniera Yady Cristina González Álvarez, consultora de la Gobernación de Guainía, aseguró que en el departamento la exposición ha sido continua y prolongada: durante al menos medio siglo se ha vertido mercurio de manera indiscriminada en los ríos de esta parte de la Amazonía.</p>



<p>La contaminación persistente quedó aún más clara&nbsp;<a href="https://guainia.micolombiadigital.gov.co/sites/guainia/content/files/001553/77604_informe-de-analisis-de-resultados-mercurio-2019-sec-salud.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">en el informe elaborado por la Gobernación de Guainía</a>. En las muestras de sangre de las comunidades, el registro más alto alcanzó los 346 μg/L (mililitros por litro). Para dimensionarlo mejor: la OMS fija en 10 μg/L el límite de referencia, lo que significa que ese caso superó el umbral en un 3360 %. Además, rebasó el llamado horizonte clínico, a partir del cual suelen aparecer los primeros síntomas.</p>



<p>Ese estudio examinó a 500 habitantes de las cuencas de los ríos Guainía, Inírida y Atabapo, estos dos últimos visitados por el equipo de&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>. El 85 % de las personas analizadas (425 en total) tenía concentraciones de mercurio en el cabello superiores al valor considerado normal por la OMS. De esos, 116 (el 23 %) admitieron que tenían alguna vinculación laboral directa con la minería. El registro más alto fue de 77,6 μg/g, un nivel que, según los expertos, indica una exposición de largo tiempo que se bioacumula en el cuerpo.</p>



<p>También analizaron 125 ejemplares de peces y encontraron que el 47 % excedía la concentración máxima recomendada. Un caso extremo fue el de una muestra de bagre rayado (<em>Pseudoplatystoma metaense</em>) del río Atabapo, cuyo valor superó en un 112 % el límite permitido.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268186"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28105020/IMG_5004-scaled.jpg" alt="El metilmercurio se bioacumula en los peces depredadores del Atabapo, principal fuente de proteína en la región. El 47 % de los peces analizados excede los niveles permitidos, convirtiendo la dieta local en un peligro latente. Foto: José Guarnizo." class="wp-image-268186" /><figcaption class="wp-element-caption">El metilmercurio se bioacumula en los peces depredadores del Atabapo, principal fuente de proteína en la región. El 47 % de los peces analizados excede los niveles permitidos, convirtiendo la dieta local en un peligro latente. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Enfermos abandonados</strong></h2>



<p>Saliendo desde Puerto Inírida por el oriente, el trayecto hacia el Atabapo pasa por un brazo del río Guaviare hasta desembocar en la estrella fluvial del Orinoco, donde confluyen los tres caudales. El viaje por la frontera se asume sabiendo que se navega por el territorio de&nbsp;<a href="https://insightcrime.org/colombia-organized-crime-news/gener-garcia-molina-alias-jhon-40/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Gener García Molina, alias “Jhon 40”</a>, comandante de la Estructura Acacio Medina de las disidencias, narco y guerrillero responsable de la minería ilegal y los negocios ilícitos en ambos países.</p>



<p>Funcionarios de la secretaría de Salud de Guainía dicen que el&nbsp;<strong>problema del mercurio</strong>&nbsp;se exacerba por la falta de capacidad estatal para atacar la fuente de la contaminación. Las soluciones de fondo no están necesariamente en su sector, agregan, pues ellos solo están al «final de la cadena, viendo los enfermos».</p>



<p>Los intentos por mitigar el daño mediante la atención clínica se enfrentan a un ciclo vicioso: los pacientes que son valorados en Inírida, la capital, pueden recibir un tratamiento costoso y dispendioso (como la quelación), pero regresan al territorio,&nbsp;<strong>donde continúan expuestos al mercurio</strong>&nbsp;por el pescado contaminado o por seguir ejerciendo la minería. Y ahí es donde aparecen de nuevo los niveles altos del metal. Pero para ser atendido cuando llegan los males, se necesita pagar la gasolina de una lancha, plata que, por ejemplo, don José Paiva Cordero no ha visto en muchos años de vida.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268185"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28105013/IMG_4993-scaled.jpg" alt="Navegar el Atabapo implica cruzar el dominio de alias &quot;Jhon 40&quot;, responsable de la minería ilegal en la frontera. Pese a las inversiones en salud, el ciclo de intoxicación se repite al consumir pescado contaminado en el territorio. Foto: José Guarnizo" class="wp-image-268185" /><figcaption class="wp-element-caption">Navegar el Atabapo implica cruzar el dominio de alias «Jhon 40», responsable de la minería ilegal en la frontera. Pese a las inversiones en salud, el ciclo de intoxicación se repite al consumir pescado contaminado en el territorio. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>En el departamento de Guainía, el Ministerio de Salud y Protección Social dice que ha invertido 100 000 millones de pesos en el fortalecimiento de infraestructura sanitaria. Aseguran, además, que han capacitado al personal de salud en el Protocolo Clínico de Atención Integral para manejar los casos de exposición en Inírida. Se han notificado apenas cuatro casos de intoxicación por mercurio en Guainía entre 2007 y 2023 y la cifra abre el interrogante sobre si se trata de un registro subestimado debido a las dificultades de vigilancia en zonas remotas.</p>



<p>Esta precariedad se replica de manera constante a lo largo del&nbsp;<strong>río Atabapo</strong>. En la comunidad de Caño Raya, con 180 habitantes, tampoco cuentan con un centro de salud, transporte ni medicamentos. En medio del silencio que cubre la frontera, aparecen niños que se lanzan sin camisa al río. Una bandera de Colombia desteñida ondea lánguida sobre un asta alquitranada. Atrás se dibujan palmas de moriche, caucho, vegetación densa, entretejida; raíces expuestas en la orilla cubiertas de musgo y líquenes.</p>



<p>Aunque los estudios no mencionan directamente a Caño Raya, sí analizan el río que moja sus orillas. El informe de la Gobernación del Guainía documentó una contaminación ambiental severa en este afluente. Los análisis de sedimento del Atabapo, que actúa como&nbsp;<strong>depósito del mercurio usado en la minería, superaron el límite de seguridad establecido por la USEPA en el 100 % de las muestras</strong>. Además, la amenaza se extiende a la dieta, pues los peces capturados en el río han registrado niveles de mercurio total que duplican el máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).</p>



<p>En este caserío ya perdieron la cuenta de las veces que han pedido a los gobernantes un espacio adecuado para atender a los enfermos. El centro de salud más cercano está en Cacahual, a dos horas de distancia, un trayecto difícil por la falta de transporte. Gripa, diarrea, malaria, paludismo, dengue, dolores de cabeza y mareos son las enfermedades más comunes en las familias, según el líder Santiago Garrido.</p>



<p>Mucho más al sur de Caño Raya y Playa Blanca está Chaquita, la comunidad más grande de esta parte del Atabapo, en la&nbsp;<strong>frontera con Venezuela</strong>. Tienen casi 400 habitantes y no hay ni siquiera botiquín. “Una enfermera contratada por la Gobernación tuvo que retirarse después de tres o cuatro meses porque le daba pena atender personas sin tener medicamentos”, denuncia el capitán Jacobo Garrido López.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268188"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28105034/IMG_5015-scaled.jpg" alt="En Chaquita, niños presentan niveles de mercurio en el cabello que superan los límites de la OMS en más de un 1400 %. La comunidad carece de botiquines y enfrenta graves secuelas neurológicas por la contaminación ambiental. Foto: José Guarnizo." class="wp-image-268188" /><figcaption class="wp-element-caption">En Chaquita, niños presentan niveles de mercurio en el cabello que superan los límites de la OMS en más de un 1400 %. La comunidad carece de botiquines. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>Además del oro, Juan Sebastián Anaya, el consultor de Gaia, advierte que&nbsp;<strong>la región enfrenta la amenaza de una minería ilegal cada vez más tecnificada</strong>. Es más, asegura que todos los ríos de la Amazonía están&nbsp;<strong>contaminados con mercurio</strong>. El impacto más alarmante de esta acumulación de afectaciones se observa en los niños. Los testimonios que ha escuchado Anaya en la región relatan malformaciones en bebés, problemas neurológicos y lesiones en la piel, posibles afecciones ligadas a la exposición al mercurio. En Chaquita, por ejemplo,&nbsp;<a href="https://cda.gov.co/apc-aa-files/31636561376436316331633537343462/articulo-web-final.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un estudio de la CDA (2020)</a>&nbsp;reveló una situación alarmante: se detectaron niveles de mercurio en el cabello de niños que superan el límite establecido por la OMS en un 1410% y un 1910%.</p>



<p>Los resultados preliminares de la investigación de la Sociedad Zoológica de Frankfurt de 2025 tampoco son alentadores y más bien reflejan que la situación continúa al límite en el sur de Guainía, de donde recogieron muestras. Según Esperanza Leal, la media de concentración de mercurio total en el cabello de la población indígena analizada es “significativamente alto”. Lo mismo sucede con los peces.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_268187"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/12/28105027/IMG_5014-scaled.jpg" alt="Entre Chaquita y Playa Blanca, esta draga opera a todo motor vertiendo mercurio al río Atabapo. El metal se desplaza por las corrientes, extendiendo una mancha tóxica que envenena el ecosistema y alcanza incluso a las comunidades más aisladas. Foto: José Guarnizo" class="wp-image-268187" /><figcaption class="wp-element-caption">Entre Chaquita y Playa Blanca, esta draga opera a todo motor. El mercurio que vierten este tipo de máquinas se desplaza por las corrientes, extendiendo una mancha tóxica que envenena el ecosistema y alcanza incluso a las comunidades más aisladas. Foto: José Guarnizo</figcaption></figure>



<p>Leal dijo que la contaminación en Guainía no puede entenderse como un hecho aislado. El mercurio está llegando a comunidades que ni siquiera están cerca de las zonas mineras. Esto ocurre porque el metal se desplaza de muchas formas: una parte viaja por los ríos arrastrada por las corrientes; otra se libera al aire durante las quemas y luego cae con la lluvia; y otra más se mueve desde los mismos campamentos mineros a través de suelos y quebradas.&nbsp;<strong>“La Amazonía se está convirtiendo en el sumidero de todo este mercurio agregado”</strong>, dijo. Su mayor temor es que las secuelas de la minería estén alcanzando incluso a los pueblos en aislamiento voluntario.</p>



<p>En uno de los recorridos que hicimos por el río Atabapo, el motorista advirtió que en cualquier momento podía salir al paso la Guardia venezolana, o los señores de ‘los grupos’, o el ejército colombiano. Pero luego de seis horas navegando por la arteria que moja los dos países no se asomó nadie: ni disidencias ni soldados ni uniformados de Venezuela. En medio de las garzas que planeaban sobre las aguas brillantes y oleosas del Atabapo, lo único que saltó a la vista en el camino fue una draga que trabajaba a todo motor.</p>



<p><strong><em>*Nombres cambiados para proteger la identidad de las fuentes.</em></strong></p>



<p><strong><em>Imagen principal:&nbsp;</em></strong><em>l</em><em>as aguas de los ríos Inírida y Atabapo esconden una crisis de salud pública por el vertimiento indiscriminado de mercurio durante más de medio siglo. Esta investigación documentó al menos 32 balsas mineras operando en zonas controladas por estructuras como el ELN y disidencias de las FARC</em><em>.&nbsp;<strong>Ilustración:&nbsp;</strong>Angie Pik</em></p>



<p><em>El artículo original y completo fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/jose-guarnizo/">Jose Guarnizo</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/01/grupos-armados-mineria-ilegal-mercurio-frontera-colombia-venezuela/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Wed, 21 Jan 2026 19:29:11 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Grupos armados, minería ilegal y mercurio: la tragedia silenciosa en la frontera amazónica entre Colombia y Venezuela]]></media:description>
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        <title>Gabriela Mistral (1889-1957)</title>
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        <description><![CDATA[<p>De maestra de escuela a Premio Nobel de Literatura, ese fue el recorrido de Lucila María Godoy Alcayaga, conocida en todo el mundo por su seudónimo de Gabriela Mistral. Nació en una familia de clase media, “entre treinta cerros”, como ella misma mencionó en más de una ocasión. Su padre abandonó el hogar cuando Lucila [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De maestra de escuela a Premio Nobel de Literatura, ese fue el recorrido de Lucila María Godoy Alcayaga, conocida en todo el mundo por su seudónimo de Gabriela Mistral. Nació en una familia de clase media, “entre treinta cerros”, como ella misma mencionó en más de una ocasión. Su padre abandonó el hogar cuando Lucila tenía tres años, pese a lo cual la escritora dice no guardar mayores resentimientos, e incluso confiesa que “revolviendo papeles” hallaría unos versos “muy bonitos” escritos por su padre, y que fueron cruciales para su aventura literaria: “Esos versos de mi padre, los primeros que leí, despertaron mi pasión poética.” Precoz, autodidacta, aprendía de lo que veía, y fue así como a los 15 años ya servía como ayudante de profesora en la Escuela de la Compañía Baja, en La Serena, donde aprovecharía para aportar con notas que fueron publicadas por el periódico <em>El Coquimbo, </em>y un año más tarde colaboraría con algunas columnas para <em>La voz de Elqui, </em>de Vicuña. De estos años se recuerdan escritos como <em>El perdón de una víctima, La muerte del poeta, Las lágrimas de la huérfana, Amor imposible </em>y <em>Horas sombrías. </em>En 1908 fue profesora en La Cantera y luego en Los Cerrillos, camino a Ovalle, y fue ese año con la publicación del poema <em>Del pasado </em>donde Lucila asumiría el seudónimo con el que firmaría en adelante sus escritos y con el que sería reconocida en el mundo entero: “Gabriela Mistral”, el nombre que eligió por sus dos poetas predilectos: Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral. Sus notas y apuntes ya mostraban una preocupación política, interesada por las obras y proyectos sociales que pudieran lograr una equidad económica para Chile. Siempre se mostró curiosa por aprender, y a pesar de que siempre se le impidió cursar formalmente estudios académicos, fuera por motivos económicos, o como aquella vez que fue discriminada para estudiar en la Escuela Normal por la ideología religiosa que profesaba. Para 1910 convalidó sus estudios y obtuvo el título de Profesora de Estado en la Escuela Normal No. 1 de Santiago, por lo que ya podría ejercer como profesora, y aunque siempre fuera subvalorada por muchos de sus colegas egresados del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Ese mismo año se traslada a Traiguén, en la Araucanía, y con apenas 21 años es encargada de remplazar a la directora del Liceo de Niñas, además de oficiar como maestra interina de labores, dibujo, higiene y economía doméstica. Para ese momento de su vida Gabriela empezará a descubrir las comunidades indígenas de los <em>mapuches</em>, interesándose en su cultura y así también como en sus problemáticas, “estos saben amar sus tierras”, diría años más tarde. Gabriela continúa explorando la poesía y en 1911 publica en el diario <em>El Colono </em>su poema titulado <em>Tristeza, </em>en el que decanta los sentimientos generados a partir de quien fue su amante y que se habría suicidado un año antes. Semejante a este poema surge ese mismo año el que tituló <em>Rimas, </em>donde se puede apreciar la impotencia y angustia que se experimenta después del adiós. Y será a finales de ese año en Los Andes cuando empieza a dar vida a lo que después sería compendiado bajo el título de <em>Sonetos de la muerte, </em>obra que le valió su primer reconocimiento, luego de alzarse con el primer premio en los Juegos Florales. “Ignoraba yo por aquellos años lo que llaman los franceses el <em>metier de côté</em>, o sea, el oficio lateral; pero un buen día él saltó de mí misma, pues me puse a escribir prosa mala, y hasta pésima, saltando, casi en seguida, desde ella a la poesía, quien, por la sangre paterna, no era jugo ajeno a mi cuerpo. En el descubrimiento del segundo oficio había comenzado la fiesta de mi vida”, confesaba así la mujer que se había descubierto en el arrobo poético y, plenamente identificada con la poesía, se empeñaría en consagrarse a ella. De aquellos años se destacan poemas como <em>Ensoñaciones, Junto al mar </em>y <em>Carta íntima. </em>Para 1917 se publicó una de las más representativas y estudiadas antologías poéticas chilenas, y en donde figuraba Gabriela como una de las más destacadas figuras, y aunque sus poemas conservaran todavía su nombre de pila. Gabriela se muda a Antofagasta, al norte del país, y un tiempo después viajará hasta el sur, a Punta Arenas, donde estará encargada de la dirección del Liceo de Niñas Sara Brown, y especialmente de la encomienda personal del Ministro de Justicia e Instrucción Pública: “La chilenización de un territorio donde el extranjero superabundaba.” Gabriela lamentaba sin embargo el exterminio de poblaciones indígenas que estaban siendo víctimas de estas políticas, como el caso de los <em>selknam </em>que casi fueron exterminados por completo. Continúa recorriendo el territorio chileno y es así como llega a Temuco para dirigir el Liceo de Niñas, y en donde permaneció poco tiempo debido al insoportable clima polar que afectaba su salud, por lo que un año después regresará a Santiago. En Temuco tuvo la oportunidad de conocer y compartir con un joven poeta llamado Neftalí Reyes, y que años más tarde sería reconocido por todos como Pablo Neruda. El poeta comentó años después la importancia de esos encuentros con Mistral en sus inicios poéticos: “Ella me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí.” Ya en la capital Gabriela aplica para el cargo de directora en el prestigioso Liceo No. 6 de Santiago. Contaba con una carrera en la que ya se había desempeñado como directora en otros liceos, y pese a no contar con los créditos académicos que los profesores del instituto le reclamaban, la hábil poetisa conseguiría ganarse el puesto y encargarse en adelante del liceo. En 1922 publica en New York lo que es considerada su primera obra maestra, <em>Desolación, </em>un poemario compuesto por escritos que había acumulado desde hacía diez años y que apenas ahora verían la luz. Durante la década de los veinte Mistral se desempeñaría en cargos diplomáticos y como representante de organismos internacionales en América y Europa. Invitada por el Ministro de Educación, comienza su periplo abordo del <em>Orcoma </em>con destino a México, donde haría parte de la Reforma Educacional, presentando un novedoso sistema educativo que se mantiene hasta hoy, y apoyando la educación popular y los lineamientos de la Educación Nueva y la Escuela Activa, que luego compartiría en la Liga de las Naciones Unidas. Sugería una educación lúdica, práctica, creativa y activa, creyendo posible convertir la escuela en “el corazón de la sociedad.” Dos años permanece en México sirviendo como profesora en distintas escuelas y relacionándose con los más célebres intelectuales del momento, y sería allí mismo donde se publicaría su libro <em>Lectura para mujeres. </em>En Chile aparece también su poemario <em>Desolación </em>con una tirada de veinte mil ejemplares<em>, </em>y en España se publica una primera antología de la poetisa, titulada <em>Las mejores poesías</em>; y también en Madrid para 1924 verá la luz el libro titulado <em>Ternura, </em>el cual se compone de una “poesía escolar”, una renovada poesía infantil compuesta de canciones de cuna, rondas y arrullos con un estilo escueto y depurado<em>. </em>Antes de regresar a Chile Mistral pasará por Estados Unidos, donde será invitada en algunas universidades para dictar conferencias respecto al sistema educativo que proponía, y con los mismos propósitos realizó un corto viaje por Europa. Sin embargo, de regreso a su país, Gabriela encontró un ambiente de agitación política del que quiso evadirse, y para 1926 se mudaría a Ginebra asumiendo el cargo de secretaria del Instituto de Cooperación Internacional de la Liga de Naciones. A comienzos de la década de los treinta viajará por Puerto Rico, Cuba y otros países del Caribe, y en Nicaragua el general Augusto Sandino la nombraría “Benemérita del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional”. Los próximos veinte años ejercerá una carrera de cónsul que la llevará a recorrer distintos países de Europa, y donde no desaprovechará para continuar su prolífica colección de poemas que serían traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, sueco, entre otros. En 1942, residiendo en Petrópolis, Brasil, Gabriela quedó devastada al enterarse del suicidio de una pareja de amigos judíos que huían de la persecución de los nazis, y un año más tarde cuando su amado sobrino que había criado con el afecto y cariño de una madre, Juan Miguel (al que llamaba “Yin-Yin”), y con tan solo 17 años, tomaría la misma fatídica decisión de la pareja judía. Al año siguiente, todavía morando en Brasil, Gabriela Mistral recibiría la noticia por parte de la Academia Sueca de que se había convertido en la primera mujer iberoamericana y el segundo latinoamericano en ser galardonado con el prestigioso Premio Nobel de Literatura. Se le reconoce “su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”. En su discurso pronunció: “Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza.” Ese mismo año regresa por cuarta vez a Estados Unidos, en esta ocasión para oficiar como cónsul en Los Ángeles, donde invertiría el dinero del premio en la compra de una hacienda en Santa Bárbara, California. En 1946 conocerá a Doris Dana, una mujer que se convertirá en una figura fundamental en su vida, y que aportará en la historia de la consagrada escritora a un nivel más que profesional, y cuya relación persistiría hasta la muerte de Mistral. Doris Dana era una joven escritora estadounidense de 28 años que había despertado una cierta admiración por la escritora chilena, y por lo que un día quiso enviarle una misiva. Expresándole sus respetos y compartiéndole un texto que había escrito sobre Thomas Mann, valiéndose de algunos textos que Mistral había publicado años atrás, le escribió: “En la profunda ternura contemplativa y la fuerza de sus obras, el mundo ha encontrado en usted una maestra de sentido y una llama viva del arte más puro.” Las palabras con las que Gabriela había conquistado al mundo, serían las mismas con las que fuera seducida por una mujer treinta años menor, y teniendo el efecto previsto la escritora chilena se puso en contacto con Dana. La estadounidense sugerirá sin embargo un encuentro: “De haber sido posible hubiera preferido, desde luego, gozar del privilegio de poner este libro personalmente en sus propias manos.” En adelante y durante nueve años sería un ir y venir de cartas, que décadas más tarde serán una pieza fundamental en el estudio de la vida personal de Gabriela Mistral y que se recogieron bajo el título de <em>Niña errante. </em>El compendio se compone de una veintena de cartas de Doris Dana, y más de doscientas misivas que Mistral le habría enviado a quien, al parecer, sería mucho más que una amiga, una colega y, a la postre, su albacea. En las misivas se entrevé una discreta atracción que se va pronunciando con el paso del tiempo y de las palabras, y a momentos Mistral parece obsesionada con Doris, identificándose a sí misma como una figura más bien masculina dentro de la relación. A menos de un año empieza a llamarla “amor”, y le escribe: “Tú no me conoces todavía bien, amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz… Duerme, mi amor, descansa. Yo procuraré ser menos brutal y necio. Yo te debo el lavarme de estos defectos. Yo te debo felicidad por cuanto he recibido de ti.” En algunos pasajes puede leerse el apego que sentía Gabriela por Doris y cómo extrañaba su presencia en su vida: “Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura. Yo no puedo saber aún, amor mío, lo que ocurra conmigo a lo largo de los sesenta días de nuestra separación.” Las cartas permiten revelar desilusiones, pasión, reproches, todo como si se tratara de una auténtica relación de pareja. “Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, puedan abrazarte y besarte para mí”, le contesta Doris en una de sus pocas respuestas. Doris siempre negó que entre las dos se hubiera dado un encuentro íntimo, y que a pesar del afecto evidente que las unía nunca hubo un trato que excediera el límite de la amistad. La sociedad conservadora de Chile tildó a Gabriela de “lesbiana de armario”, por lo que no se le conoció tampoco una relación sentimental con ningún hombre. Poco le preocupó lo que pudiera pensarse respecto a su sexualidad. “De Chile, ni decir. Si hasta me han colgado ese tono lesbianismo, y que me hiere de un cauterio que no sé decir. ¿Han visto tamaña falsedad? Yo soy una mujer como cualquier otra chilena.” Lo cierto es que se mantuvo soltera a lo largo de toda su vida y, sin importar si era heterosexual o no, tal parece que no sólo se consagró a sus escritos y a su trabajo pedagógico sino también al celibato. Sus amoríos parecieron ser todos epistolares, platónicos, casi prohibidos, y en donde raras veces se concretó un encuentro. Era mujer, una gran mujer, no exenta de pasiones, y de allí que sus versos no solamente fueran las rondas infantiles por las que se le conoce, ya que podemos encontrar a lo largo de su obra muchos versos cargados de erotismo. Lo cierto es que Gabriela no gozaba de una gran autoestima, se consideraba a sí misma una mujer de rasgos indígenas, más alta de lo normal, fea, algo deforme, y que se acentuaba con una personalidad desafiante y conflictiva. Solía vestir trajes de dos piezas y sujetar su pelo recogido en moño, además de llevar el ceño fruncido y los labios apretados. “Yo nací mala, dura de carácter, egoísta enormemente y la vida exacerbó esos vicios y me hizo diez veces dura y cruel”, confesaba en alguna de sus cartas. A su amada Doris le escribía: “Tú no me pudiste querer mi vejez, mi fealdad… Tu orgullo, muy visible, te alejó de mí.” En 1949 muere su madre y ese mismo año publicará uno de sus libros más conocidos y admirados: <em>Tala. </em>En 1953, ejerciendo aún como cónsul, se trasladará a New York, acompañada en muchas ocasiones por Doris, quien sería reconocida como su asistente, y con quien un año más tarde viajaría a Chile para recibir varios homenajes y condecoraciones que esperaban desde hacia años para celebrar su vida y conmemorar su obra. En Santiago se declaró día festivo. Las calles fueron bloqueadas para que la poetisa pudiera saludar desde una carroza jalada por caballos a una multitud de personas que anhelaban conocerla mientras le arrojaba flores y besos. Al día siguiente el presidente Ibáñez la recibió en el palacio de La Moneda y en la tarde la Universidad de Chile le concedió el Doctor Honoris Causa. Sería la última vez que saludaría a su patria. Regresa a Estados Unidos, “país sin nombre”, así se refería a este país, donde confesaba no sentirse del todo a gusto con el clima frío de New York, y por lo que estuvo buscando su sitio en Florida o New Orleans y mudarse junto a su amiga, para finalmente irse a vivir a la mansión heredada por Doris en Long Island. “Pero si tú no quieres dejar tu casa, cómprame, repito, un calentador y quedamos aquí”, le escribía Gabriela en torno burlesco. Por esos años Doris fue consciente de la presencia grande que había hallado en su camino, y lo mucho que ella como su amiga más cercana podría aportar para quienes querían conocer de fondo la historia de la gran escritora chilena, y por lo que iniciaría un registro detallado de las conversaciones y experiencias que mantenía con Mistral, además de miles de ensayos literarios que consiguió conservar y que luego legó a su propia sobrina, Doris Atkinson. En 1954 da a conocer el poemario <em>Lagar I, </em>poemas que había redactado una década atrás con toda la carga emocional provocada a partir de la Segunda Guerra Mundial. Gabriela padecía diabetes desde hacía varios años y había sufrido un par de complicaciones cardiacas, y sin embargo sería un cáncer de páncreas lo que le daría un final a su vida. En 1957, a sus 67 años, en el Hospital de Hempstead de New York, Lucila María Godoy Alcayaga se despedía de este mundo acompañada de su infaltable Doris, quien se convertiría en delante en la guardiana de sus escritos y en la encargada de hacer cumplir de manera póstuma la voluntad de la difunta. Sus restos fueron trasladados a su país y su cuerpo velado en la Casa Central de la Universidad de Chile, para después ser inhumada en Montegrande, como fuera su deseo, por ser ese el lugar que le recordaba su infancia feliz, y en donde años después, y cumpliéndole también a uno de sus deseos, el cerro conocido como Fraile pasaría a llamarse Gabriela Mistral. Además en su testamento Gabriela dejó estipulado que los fondos recaudados por la venta de sus libros en Suramérica fueran destinados a los niños pobres de Montegrande. En vida recibió toda clase de halagos y homenajes, premios, condecoraciones y títulos, y tras su muerte y para perpetuar su memoria y honrar su nombre, son varias las calles y avenidas, museos y academias, estaciones, parques y plazas, bibliotecas y centros culturales que han sido bautizados “Gabriela Mistral”. Sobre ella se han escrito cantidad de libros y biografías. Años más tarde se darían a conocer algunos textos inéditos que recogen su legado de cantos, rondas y prosas en <em>Motivos de San Francisco, </em>publicado en 1965, y en 1967 <em>Poema de Chile </em>y <em>Lagar II. </em>Traducida a más de veinte idiomas, “La divina”, “La santa”, como fue llamada, Gabriela Mistral constituye una de las poetisas más relevantes de la literatura española, así como un referente de la poesía femenina y una puerta para que las mujeres se aventuraran por estos caminos, y así su obra serviría para inspirar a otros grandes poetas que le sucedieron, como el caso de su compatriota Pablo Neruda o del mexicano Octavio Paz. Durante algunos años Doris conservó los manuscritos de Mistral y no los haría llegar a Chile hasta pasados cincuenta años, cuando sería su sobrina Doris Atkinson quien donaría al gobierno chileno una herencia poética compuesta de más de 40.000 documentos y 563 piezas que incluyen fotografías, elementos personales, documentos privados y epistolarios, y que hoy permanecen en el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile. La figura de Mistral aparece desde 1981 en el billete de 5.000 pesos chilenos, y para 2015 se recuerda la intervención de la presidenta Michelle Bachelet al momento de promulgar la ley que posibilita a parejas del mismo sexo formalizar la unión civil, y donde se refirió a Gabriela Mistral como un apoyo a dicha ley: “Nuestra Gabriela mistral escribió a su querida Doris Dana; ‘Hay que cuidar esto, Doris, es una cosa delicada el amor’”. Recordamos por último un par de líneas de su poema <em>Yo no tengo soledad: </em>“Es la noche desamparo de las sierras hasta el mar. Pero yo, la que te mece, ¡yo no tengo soledad! Es el cielo desamparo si la luna cae al mar. Pero yo, la que te estrecha, ¡yo no tengo soledad! Es el mundo desamparo y la carne triste va. Pero yo, la que te oprime, ¡yo no tengo soledad!”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 03 Feb 2023 23:51:12 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Gabriela Mistral (1889-1957)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
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        <title>Los lagos y acuíferos más grandes del planeta   </title>
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        <description><![CDATA[<p>Del lado de los lagos tenemos al Lago Superior como el más grande del mundo, con una extensión de casi 80.000 Km2. En segundo lugar está el Lago Victoria, seguido por otros dos pertenecientes al sistema de los Grandes Lagos de Norteamérica, el Hurón y el Michigan. El sexto puesto lo ocupa el lago africano [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Del lado de los lagos tenemos al Lago <strong>Superior</strong> como el más grande del mundo, con una extensión de casi 80.000 Km2. En segundo lugar está el Lago <strong>Victoria</strong>, seguido por otros dos pertenecientes al sistema de los Grandes Lagos de Norteamérica, el <strong>Hurón</strong> y el <strong>Michigan</strong>. El sexto puesto lo ocupa el lago africano de <strong>Tanganica</strong>, y muy cerca lo acompaña el lago siberiano del <strong>Baikal</strong>. El Lago <strong>Aral</strong>, que más parece un mar y que se le conoce como tal, ocupa el séptimo puesto.</p>
<p>Del lado de los acuíferos la extensión subterránea de agua dulce más grande del mundo está bajo la parte oriental del desierto del Sahara. <strong>El Sistema Acuífero de Piedra Arenisca de Nubia</strong> cubre más de dos millones de Km3, y se estima que puede contener cerca de 150.000 Km3 de agua. También al <strong>Norte del Sahara</strong> hay escondida una gran reserva de agua con más de 1.000.000 de Km3 de extensión. Y hacia el suroeste de Libia la Cuenca de <strong>Murzuq</strong> cuenta con un poco más de 700.000 Km3. Y es también bajo el continente africano donde se encuentran las vastísimas cuencas de <strong>Illuermenden </strong>y <strong>Taoudeni</strong>.</p>
<p>Al interior de Australia, y ocupando una cuarta parte del subsuelo, la <strong>Gran Cuenca Artesiana</strong> es la única fuente de agua pura confiable para gran parte del país. Además de la reserva de casi 400.000 Km3 que comprenden las aguas subterráneas de<strong> Canning Officer</strong>.</p>
<p>El tercer lugar lo ocupa el gigantesco reservorio natural que se extiende por debajo de la superficie suramericana: <strong>El Acuífero Guaraní</strong> constituye una de las fuentes más prístinas de agua dulce de nuestro planeta.</p>
<p>En Norteamérica hallamos el gigantesco y sobreexplotado <strong>Acuífero de Ogallala</strong>, y en Asia el <strong>Acuífero</strong> <strong>Saudí</strong> está conformado por otros acuíferos ocultos bajo el sector sur de la península arábiga.</p>
<p>Fuente: latercera.com / univision.com</p>
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        <author>Bastián Baena</author>
                    <category>300 GOTAS</category>
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        <pubDate>Fri, 02 Feb 2018 07:28:39 +0000</pubDate>
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